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Esa noche de pesadilla (Silvia)

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Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Ene 16, 2012 1:26 am

Me sentía inquieto. Mucho.

No había valido de nada eso de estarme todo el día preparándome mentalmente. Llegada la noche, me había caído con todo el equipo, era automático. Estaba por salir corriendo al saber lo que se me estaba apunto de abalanzar por la escuadra, y eso que la idea había sido mía.

Observé la cama de Silvia, donde estaba yo sentado, abrazando a mis rodillas, mordiéndome las uñas con grotesca ansia. Era estrecha. Jodidamente estrecha.

El contacto con ella me asustaba, pero no de la forma que podía llegarse a pensar. Ya me imaginaba de antemano que yo no podría pegar ojo (sería un milagro el que no me diera un ataque) estando acostado en la misma cama que ella. Pero si eso le permitía dormir más tranquila, iba a tener que aguantarme. Por su bien. Eso o fingir un repentino contratiempo...

- No seas cobarde -me gruñí a mi mismo entre dientes.

Apurado, me levanté de un salto, expecionando el terreno con un soplido. Calma, calma ¿Primer paso? Ponte el pijama y espera a que vuelva con la cena ¿Segundo paso? Intenta no fundirte a sus pies cuando la veas.

Silvia me había prometido una pizza precocinada como la cena más apetitosa que tenía a su alcance, y a mi ya me estaba bien. Podía caber la posibilidad de que los nervios no me dejaran ni probarla, daba igual que fuese pizza, marisco o una vaca entera.

Fui tremendamente rápido a la hora de quitarme y ponerme los pantalones, pero no lo suficiente con la parte superior del pijama improvisado. Cuando ella llegó, haciéndome rebotar por el chirrido de la puerta, yo aún tenía el torso al descubierto.

Sonrojo instantáneo.

- Oh... Hola -la saludé de la forma mas estúpida posible. Ya de por si, la situación daba corte. No hacia falta ponerle más inri con una escena de desnudo. Ni que sea medio desnudo.

Silvia llevaba el plato con la pizza en una mano y hacia equilibrio con la otra para aguantar dos latas de coca cola sin cafeína. Durante un momento, pareció que se había olvidado lo que sostenía, porque el castillo de bebidas casi se le derrumba.

Por alguno motivo que solo ella sabía, se me quedó mirando con una fijación. Con una intensidad y una fiereza que yo reconocía por haberla sentido en mi propia mirada, en mi piel. Pestañeé, perplejo ¿Eso era...deseo?

Deseché la idea con rapidez, sacudiendo mi cabeza y mi flequillo. En tus sueños, Lucas. Eso es tu imaginación, tu obsesión y poco más. Pero era un detalle que no hubiera señalado mis marcadas costillas echándose a reír.

Me puse la camisa del pijama lo más rápido que pude, con pudor.

- Emmm... ¿De qué es la pizza? -me sentí aún más imbécil al no saber que más decir.

Iba a ser una noche extremedamente larga.


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Lucas Castillo
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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Lun Ene 16, 2012 7:46 am

Ya había llegado la hora y la gran pregunta ¿Podría dormir por primera desde el accidente por lo menos ocho horas seguidas? Esperaba que sí. Lo necesitaba.

Justo al llegar a casa y dejar mi mochila en mi cuarto, me había abalanzado sobre la cama. Me había sabido a gloria. Me había quedado ahí dos horas. Dos horas sin dormirme pero que aun así sentía que me habían descansado algo.

Sonó el aviso del horno. Las pizzas ya estaban listas. Pillé la más próxima para dársela a mi tía en el salón. Era insufrible ver como no mejoraba. Se había estancado en el pasado con ayuda del alcohol y los kleenex.

Una lástima.

De no ser por Lucas, probablemente estaría igual que mi tía. Sola, llorando en cada rincón y buscando cualquier mecanismo que me haga olvidar la infancia al lado de mis padres.

Me dirigí de nuevo a la cocina para subir la pizza y dos coca colas sin cafeína. El colmo sería que me pillase una con. Si no, en la vida podría dormirme…

Empujé la puerta entornada de mi cuarto con naturalidad. Pero cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con un Lucas sin camiseta. Me quedé estática, pétrea. Exhibía su colgante camaleónico y estaba de lo más atractivo. Su instantáneo sonrojo me hizo tilín ipso facto. Hasta casi se me caen las bebidas.

Cuando volví a equilibrarlas me centré más en Lucas. Me daban unas tortuosas ganas de abrazarlo, sentir sus costillas, besarlo… Pero se me pasó (el… ¿calentón? ¿Sería eso?)cuando se cubrió con una camiseta de Spiderman de manga larga.

Vaya… ¿Dónde la habría conseguido? Siempre las había visto de manga corta…

- Emmm... ¿De qué es la pizza?

- ¿Eh? Pues… -la miré. Ya ni me acordaba de qué era- es una cuatro quesos. –contesté con simpleza.

La dejé encima de la mesa y me fui directa al armario. Tenía que tener por algún lado un pijama de manga larga ¿no? Rebusqué entre mis montañas de vaqueros y, al ver que iba para rato le aconsejé a Lucas que fuese pillando una porción. Tras cinco minutos rebuscando en mis montañas de ropa, lo vi. Tenía un pijama negro de la pantera rosa. Me quedaba algo grande así que sería perfecto. No sentía pudor alguno. Estaba cómoda a lado de Lucas, así que cambiarme delante de él no me supondría ningún problema. Estaba desabrochándome el cinturón cuando Lucas abrió los ojos de la sorpresa, impresionado y sintiéndose tremendamente violento.

Estaba claro que, si yo me había empanado con su cuerpo, él lo haría con más intensidad…

- Ahora vengo. Voy a cambiarme al baño. Tú vete comiendo –le dije al ver que la pizza seguía intacta- que se va a enfriar.

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Ene 16, 2012 8:39 am

La vi desabrochar, con esas ágiles manos cubiertas por tela, el primer agujero de su cinturón.

Dilaté las pupilas, rebotando del pasmo sobre la planta de mis pies. Oh, no... ¿No sería capaz, verdad? ¿Desnudarse delante de mí? ¡Maldita pirada! Más le valía no hacerlo, si no quería resvalar y partirse la crisma con las babas que dejaría yo esparcidas por todo el suelo.

Durante un momento, creí que esa sería otra de sus bromas, de esas que hacía ella para comprobar como se me acelera el pulso antes sus seducciones. Pero decidió ser compasiva por una vez.

- Ahora vengo. Voy a cambiarme al baño. Tú vete comiendo que se va a enfriar.

No supe a que se refería hasta que no me señaló la pizza con la mirada. Asentí varias veces, atontando, siguiendo con el cuello su trayectoria mientras desaparecía pasillo a través.

Dejé ir todo el aire que ella había contaminado con su perfume, aliviado. Grácias Jesucristo.

Para matar tiempo, hice caso a sus recomendaciones culinaras y le hinqué el diente a la porción de pizza más próxima. Mastiqué con pesadez, centrando la vista en la parte de ese cuarto que era el constante martirio de mi amiga.

Tragué. No supe decir si lo que comía estaba bueno o no. Mi mente no acompañaba al queso bajando por la garganta.

Estaba más centrada en las fotos. Toda la vida de Silvia estaba plasmada en ese corcho. En ese recordatorio constante de lo que tuvo, de lo que perdió.

Yo ya me sabía todas sus historias, así que me decanté por centrarme en una de ellas. En la que Silvia no parecía tener más de nueve años y estaba sobre la arena de la playa. Las hebras mojadas de su pelo, confundiéndose con el suelo que pisaban, caían con gracia sobre sus párpados. Se reía, feliz, porque una mujer a su lado le hacía cosquillas. Madre e hija.

Las dos guapísimas.

Me sobresalté al oír el crujir dela madera del suelo a mi lado. Silvia había entrado, observándome y ni me había dado cuenta. Le sonreí. Estaba divertida con ese pijama de la pantera rosa. No le quedaba tan holgado como mi sudadera, pero si lo suficiente como para disimular sus curvas. Eso ayudaría a mi concentración.

- Me habría... gustado conocerles -susurré suavemente, volviendo a centrar la vista en su mural. En realidad, me había hablado tanto de sus padres que ya sentía que yo también había perdido algo. Algo importante. Echaba de menos hasta a la perra- Oye ¿A ti te hace bien tener... esto aquí? -señalé las fotos- Lo digo porque...será duro acordarte a todas horas de que...

No quise seguir. No sabía como.

Recordé que mi trozo de pizza aún estaba a medio comer y me lo metí entero en la boca, sin masticar, mirando el suelo con fijación.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Lun Ene 16, 2012 9:02 am

- Oye ¿A ti te hace bien tener... esto aquí? Lo digo porque... será duro acordarte a todas horas de que...

¿Tendría razón Lucas? ¿Debería quitarlo? Pillé una porción y me puse al lado de mi amigo. Cavilando.

Ahí estaba toda mi vida. Tampoco quería destruirla, y mucho menos teniendo en cuenta que había sido una gran vida. Le di un mordisco a la ración. Tenía mucha razón en decir que me acordaba a todas horas de ellos. Viendo esas maravillosas fotos, me sentía querida. Tragué.

- Quizás tengas razón… pero es lo único que me saca una sonrisa cuando no estoy contigo –contesté apesadumbrada. Ni siquiera vi cómo le brillaban los ojos cuando se lo dije.

Me senté en mi cama y le di un trago a la coca cola cuando terminé la porción. Bostecé como si tuviese la mandíbula de un hipopótamo. Por raro que parezca, no quería más pizza. Mi cuerpo solo me gritaba porque me tumbase en la cama y mi mente se peleaba por mostrar la realidad de mis malignos actos cuando cerraba los ojos. Muerte, enfermedad, dar salud para luego arrebatarla… Pero en ningún momento me decían que comiese. Ni siquiera a mi estómago le importaba.

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Ene 16, 2012 9:24 am

Se me dibujó una sonrisa de ternura al ver como Silvia se hundía en la cama, con los párpados luchando por cerrarse. Era monísima. La última vez que algo así le pasó, iba drogada hasta las cejas.

- Vale... Yo creo que ya es hora de que los Lunnies y Silvia se vayan a la cama ¿No te parece?

Rodó los ojos ante mi broma, haciéndome reír.

- Siempre nos podemos comer la pizza mañana, para desayunar están que te cagas -le dediqué mi sonrisa más animada, mientras retiraba las sobras.

Había llegado el momento. Mis nervios eran equivalentes a mi felicidad. La felicidad de saber que sería ella lo primero que vería al despertarme. Era emocionante. Y angustioso.

Cogiendo aire para que no me diera un síncope, le hice un gesto para que me hiciera un hueco sobre el colchón. Era bueno eso de que ninguno de los dos ocupara demasiado espacio, pero eso no evitaba lo inevitable: Una vez sobre la almohada, cara a cara, nuestras narices estaban a la nada recomendable distancia de un palmo. Podía sentir mis respiración mezclándose con la suya, caliente, con ese regusto dulzón e hipnótico que me invitaba a acercarme más.

Nos cubrí con las mantas. Cada vez que me comprovaba la muñeca, mis latidos se hacían más estruendosos. Deslicé el brazo por debajo las sábanas para poder morder mi uña, siempre con cuidado de no entrar en contacto con ella. Se la veía también algo tensa, pero estaba claro que sus motivos y los míos para eso eran totalmente diferentes.

Eso no era como dormir en los sacos. Para nada.

- ¡Oye! -me alarmé ante una repentina idea en mi cabeza- Si me duermo... No se te ocurra volver a preguntarme nada ¿Eh?

Lo que me faltaría, hombre ya.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Lun Ene 16, 2012 12:02 pm

Eché la cabeza para atrás, indignada. ¿Que no podía preguntarle nada? ¿Pero nada de nada? ¿Entonces dónde tendría mi diversión? Nunca podría saber qué fue del beso ese con su mejor amigo…

- Vaaaale… no te preguntaré nada. Me aburriré como nunca lo he hecho estando contigo… pero con dos condiciones –le impuse. Estaba seria. Lo que le iba a decir no era para risa- la primera es que en cuanto te sientas mal, sientas que nos hemos tocado, debes apartarte de mí. Prométemelo. –lo último sonó más que como una orden, a una súplica de lo más lastimosa.

No podía perderle. Aparte de traumático, se había convertido en mi razón de existencia. Sin él, yo no pintaba nada en el mundo. Nadie me echaría en falta.

- Y la segunda es… -esta vez estaba más animada- tienes que contarme por qué tu primer beso fue con tu mejor amigo. ¿Qué pasó? ¿Querías descubrir si eras gay? ¿Él era gay? Venga dímelo. Es que me he quedado de lo más intrigada -solté como una niña pequeña.


Última edición por Silvia Fest Fox el Mar Ene 17, 2012 11:26 am, editado 1 vez

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 17, 2012 8:37 am

El tono de su primera condición me recordó mucho al que usaba mi repelente hermana María cuando se quería imponer. Claro que ella nunca aflojaba su voz hasta convertirla en un ronroneo desesperado que partía almas.

Sentí que algo se fundía en mi interior y, inevitablemente, sonreí como un memo ¿Cómo me iba a negar? Silvia solo quería lo mejor para mí. Era encantadora. Me tenía loco.

- Y la segunda es… tienes que contarme por qué tu primer beso fue con tu mejor amigo. ¿Qué pasó? ¿Querías descubrir si eras gay? ¿Él era gay? Venda dímelo. Es que me he quedado de lo más intrigada.

Muy bien. Acababa de perder gran parte de ese encanto.

Abrí la boca para soltar un jadeo de plena indignación y, a toda prisa, me incorporé apoyando mi codo en el cojín, mirándola con los ojos en su punto máximo de dilatación.

- ¿Eso también lo sabes? -gemí, intentando sonar más crabeado que avergonzado. Estaba ambas cosas, no sabía que sensación debería imperar sobre la otra. ¡Es que no era justo! ¿Por qué leches se le ocurriría destapar mis secretos más intimos?- ¡Dios! Eres...¡Eres peor que Rosa Ruano!

Le di una patada (eso sí, muy suave) en la espinilla antes de dejar caer mi cabeza contra la almohada. Junté las cejas y me decanté por mirar el techo, proponiéndome a mi mismo que le haría el vacío durante, como poco, los proximos quince minutos.

Se lo tenía merecido... O lo hubiese tenido. No duré ni dos.

El caso es que, fue sentir como se apretaba un tanto contra mí a modo de disculpa y el cambio de temperatura bajó el exceso de adrenalina, nivelándola con mi testosterona. Su aliento erizó cada pelo de mi nuca. Solté un resoplido apurado, sin mirarla.

- Juegas sucío -le recriminé con un hilo de voz que deltaba el vaivén de mi respiración. Atisbé su sonrisa más traviesa por el rabillo del ojo, contagiándome de un sano bienestar.

No había mucho que hacer. Ella era mi mayor debilidad... y lo peor es que lo sabía. Podía usarlo en mi contra, estaba claro que siempre cedería.

Cogí aire, intentando, poco a poco, recuperar la cabeza.

- Fue un beso... Raro. Ni bueno ni malo, solo raro -me encantaba esa pose de profundo interés por parte de mi amiga. Silvia era la persona que más atención me prestaba, desde siempre- Hugo no es gay. Es más, estuvo enamorado de la misma chica durante cinco largo años y... bueno, hazte a la idea que para estos temas era incluso más paradito que yo. No se decidía a decírselo hasta que llegó la data límite. Vanesa, así se llamaba, se iba del cole y del país, así que el tío no le quedaba otra que declararse. Solo había un pequeño problemilla -acerqué mi índice a mi pulgar para remarcar la nimiedad trascendental del asunto- Vanesa tenía novio: Pablo.

Silvia soltó un grito mudo de sorpresa. Se la veía cada vez más intrigada en el asunto. Ahora que lo pensaba, aquello era clavadito a una telenovela barata. Protagonizada por mi. Sonreí.

- El caso es que Pablo convenció a su chica para gastarle una broma a Hugo. Quedaron en una especie de cita, pero ella no tenía intención de ir, solo de echarse risas a su costa -hice una mueca de desagrado al recordar aquello. Otra de esas tantas situaciones en las que nuestro querido compañero de clase se pasaba de graciosillo- Hugo... estaba hundido y yo sabía que jamás volvería a tener confianza en si mismo o en alguna chica si Vanesa no iba a la cita. Así que...

Dejé la frase al aire. Por la expresión reveladora de mi amiga, supe que lo había cazado al vuelo.

- Exacto. Estuve todo el rato intentando hincharle el ego, ya sabes, para que acabara desclarándose... Pero el caso es que creo que me pasé con eso de darle confianza -sí. Y él se pasó tres pueblos y una lengua. Me encogí de hombros, un tanto sonrojado al llegar al punto clave- Me agarró cuando estaba apunto de irme y me plantó uno de esos morreos que hacen historia. Vamos, que el tío se desquitó de esos cinco años conmigo.

Hubo un silencio. Un silencio de lo más breve antes de que oyese una risa escandalosa intentando quedarse en la privacidad de la almohada. Silvia se partía, la muy condenada.

Gruñí.

- ¡No te rías! -me reboté como un crío- ¿Te crees que a mí me hizo gracia que mi mejor amigo me llamara para decirme que acababan de darle el beso más increíble de su vida? ¡Casi muero de verguenza!

Además, dudaba mucho de su opinón. Seguro que yo no besaba ni la mitad de bien de lo que Hugo me había dicho. Solo que él estaba enamorado y tenía poquísimos referentes para comparar... Y yo no tenía ningun otro. Aunque me gustaría.

Me quedé empanado con las líneas rosada que perfilaban los labios de Silvia. No creo que me quedara muy disimulado eso de apartar los ojos de golpe.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 17, 2012 9:36 am

Me hinché a reír. No podía evitarlo. Lucas no podía tener más mala suerte. Mira que darse su primer beso de aquella forma…

- Venga va… no te enfades… -reprimí una risa con bastante poco éxito- admite que es gracioso. –me giré hacia él, buscando su mirada alegre.

Pero estaba claro que no me había escuchado. Me estaba… ¿comiendo con los ojos? Me habría encantado seguirle el juego pero habría sido una completa estupidez. Tenía que cambiar mi modo de pensar… Simplemente le miré a sus ojos, absorbiéndonos mutuamente.

- ¿No crees que te estás aprovechando un poco al querer besarme sabiendo que estoy en tan baja forma? –se lo dije traviesa, pícara.

Ya hasta pasaba de decirle que no podíamos tocarnos porque moriría. Eso estaba tan claro que no había ni que recordarlo. Lo que realmente pasaba era que yo también deseaba besarlo… y sabía que no podía tenerlo. Aunque a pesar de todo… verle muerto de la vergüenza era mi debilidad. Me encantaba.

Se había puesto muy nervioso. Quizás hasta tendría el corazón a mil por hora. Pobrecillo.

- Ey –le dije suavemente para que no me desviase la vista. Me miró- que no te preocupes ¿vale? Que no pasa nada.

Le cogí de la mano más próxima que tenía. Le di un breve apretón. Aportándole la confianza que le faltaba. Tampoco me apetecía que se sintiese tan incómodo.

Inevitablemente, producto de la falta de cariño que recibía desde el accidente, acomodé mi cabeza en su pecho, procurando que ni siquiera mi pelo le tocase la cara. Era una posición un tanto extraña, pero estando en la cama, tampoco se podían hacer muchos más movimientos con cuidado. Sin embargo disfruté con locura esa colocación que nos habíamos montado. Me sentía protegida y quizás, calmada.

Como sabía que aún me quedaba un rato para tener que intentar dormirme, no me sentía mal. Pero sabía que en cuanto ya estuviesen las palabras como “venga, vamos a dormir ya” y “a qué hora nos despertamos” el mundo se me echaría encima.

Apenas recordaba cómo se sentía uno sin estar cansado físicamente. Pudiendo dar lo mejor de uno mismo. Era horrible, y esta semana en especial. Estaba hecha un trapo. Y saber que a cada hora que miraba el reloj, se reducían considerablemente las ocho horas recomendadas de sueño diario, intentar dormirme empeoraba. Mi corazón empezaba a latir con más y más intensidad debido a mi nerviosismo.

De momento, hoy me contentaba con que Lucas saliese vivo. Si eso lo conseguía, ya iría al médico al día siguiente para que me recetase más pastillas… si me daba unas para montarme en vehículos, también me daría para conseguir dormirme ¿no? ¿A quién le importaba ser adicto a eso? De momento a mí no…

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 17, 2012 10:23 am

No sé si el hecho de que se acomodara en mí mejoró o empeoró considerablemente mi estado de absoluto nerviosismo. Pero sí sabía que sentir sus mejillas cerca de mi costillar era una bendición. Me dejaba en el lugar más cercano al limbo. Para atravesar esas puertas, solo habría hecho falta besarla.

Pero eso nunca pasaría.

O pasaría y después estiraría la pata. Era una buena forma de morir ¿No? Robándole un pico a Silvia. Sería tan rápido que no le daría ni tiempo a partirme la cara de una bofetada tal y como me merecería. Ya estaría muerto.

Quizás algún día, cuando fuésemos viejitos...

Suspiré, haciendo que su cabeza subiera y bajara al hinchar los pulmones de aire ¿A quién pretendía engañar? No tendría los cojones de hacerlo. Nunca.

Me centré en que, como mínimo, me quedaba el consuelo de sus esquivos gestos de cariño. La tenía lo suficientemente cera como para saber que era el tío con más chorra del planeta, solo por poder estar ahí, con ella. Era una ocasión irrepetible.

Derrochando valor en mi timidez, hice trepar mis dedos por su espalda. No fue dificil palpar la tensión en cada uno de sus músculos. Para mi desagradable sorpresa, parecía hecha de cartón piedra.

- Oye... ¿Estás bien? Te noto algo tensa y eso normalmente me ocurre a mí -bromeé a media voz.

Me detesté a mi mismo un momento al comprobar que, con eso, solo conseguí que gruñera, dando la vuelta para acomodarse en algún lugar un tanto alejado de mí. Seguíamos prácticamente pegados, pero me sabía mal de todas formas.

¿Hace falta decir que cuanto más cerca mejor?

Tras verla probar mil posiciones diferentes, aún dudando bastante de mi mismo y de los límites que me había impuesto, deslicé mi mano hasta colocarla sobre su vientre, totalmente plano. Noté como lo contraía, a lo mejor de sorpresa.

- No vas por buen camino si quieres dormirte -le susurré con ternura, observando las tonalidades en su iris marrón. Apreté mis labios- Yo...Puedo... ¿Hacer algo?

Me valía cualquier cosa con tal de hacerla sobar. Verla tranquila y descansada no podía tener precio.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 17, 2012 11:02 am

Y una posición más, y otra, ¡y venga a probar! Ninguna me satisfacía… pero eso ya no era porque estuviésemos comprimidos dos personas en una cama individual. Era porque hacía ya meses que había olvidado cómo ponerme para dormirme.

Finalmente, supongo que en un intento porque me estuviese quietecita, me rodeó dejando la mano en mi vientre. Lo contraje de la sorpresa. Hacía mucho tiempo que no sentía, por poco que fuese, el tacto humano fuera de la zona de los hombros y los brazos… Sabía tan bien…

- No vas por buen camino si quieres dormirte Yo... Puedo... ¿Hacer algo?

¿Podría hacer algo?

- Pues… no lo sé… estoy muy nerviosa… el saber que tengo que dormirme ya y que el tiempo corre y… y q-que me cuesta mucho ahora… desde lo de mis padres… se me pone el pulso a mil por hora porque además… además no me apetece soñar lo de siempre…

Más que sueños eran recuerdos. Recuerdos macabros sobre mi accidente en coche, la muerte de mi padre, el cómo lo descubrí quieto, con sangre en la cabeza…; el cómo maté a mi madre, el tenerla en mis brazos muerta, la impotencia; la despedida que me brindó mi perra; los continuos rechazos de Marta…

Me sorbí la nariz a la vez que apagaba la luz. El colmo sería que Lucas me viese más veces con lágrimas en los ojos que estando normal y sonriente…

Volví a cambiar de posición, a la de antes. Mi cabeza se había posado de nuevo en su corazón, pringándole con lágrimas silenciosas su camiseta de Spiderman.

Guardé silencio como pude. Quería escuchar sus latidos. Los suyos eran más calmados. Tampoco estaba completamente relajado o, al menos, eso decía su pulso… Era como escuchar un vals. Cuando uno hace ese baile, cuesta en un principio seguir el ritmo. Hay de varios tipos y aun así, no es tan tranquilo como parece. El que es profesional hace un gran juego de pies… en cambio en mi interior se encontraba el rock and roll en su estado más duro. No existía baile. Era como un huracán, como el Katrina.

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 17, 2012 11:42 am

No entendí bien porque volvía recostarse en mi pecho hasta que sentí la humedad de sus lágrimas filtrándose en mi ropa, estremeciéndome al instante.

Odiaba ese olor salado que me subía esófago a través, ese que me impregnada de oleadas de malestar ¿De verdad creía que me engañaba callándose los sollozos? Iba lista, la conocía como a la palma de mi mano.

No lo pensé. Actué simplemente, impulsado por mis sentimientos y su férrea necesidad. La de encontrar calor, algo, en medio de la nada.
Lentamente, con cuidado, rodeé su espalda con ambos brazos, engañándome a mi mismo que era solo por el pretexto de consolarla. Bueno, ese era el principal.

Luego estaban esas ganas incontrolables de estrecharla hasta ser una parte de ella, prácticamene. La oscuridad me ayudaba muchísimo a controlar mis nervios. Ni yo podía verla ni ella podía verme.

Perfecto. Bueno, lo sería si su corazón no fuese a la velocidad que se utilizaria en la base de un requetón.

- Silvia, yo no tengo prisa para que te duermas, ¿Eh? Tómatelo con calma. Si no funciona, siempre puedo volver a dormir en tu cama mañana...y pasado...y el otro... Es más ¿Por qué no me quedo a vivir aquí? -bromeé animadamente.

Me sentí contento conmigo mismo al sentir un débil risilla de su parte. Froté su espalda con las palmas de mis manos. Me suspiró como respuesta, echando un vaho de aire caliente en el cuello.

- Y...si sueñas, yo estoy aquí ¿Vale? Puedes contármelo para oírme decir que... bueno, que pase lo que pase seguiré en el mismo lugar. Ya sé que eso no es una gilipollez que no te va ayudar, pero... -pero es lo que siento. Eso tendría que haber dicho, si fuese capaz. Suspiré- Qué mal... Me parece que mis latidos son más elocuentes que yo.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 17, 2012 12:30 pm

Solté un risita. Era el mejor. Sacaba alegría de donde no la había.

- Gracias Lucas –contesté sin despegarme de su pecho, en un tono que demostraba completa felicidad. Me sentía tremendamente querida estando entre sus brazos.

Solo faltaba poder besarle y sería perfecto.

Me quedé en esa posición, quieta, en silencio. Escuchando su corazón. Él había conseguido relajarse al cabo de los minutos y ya estaba empezando a transmitírmelo. Ya no parecía que bombease sangre a 300 km/h… ahora iba a 250 km/h y remitiendo paulatinamente.

Me permití el capricho de cerrar los ojos, olvidando por completo el cuello de Lucas.

¡Zas! Escuché en mi mente el claxon de mi madre. Acto seguido nos proporcionaban un tremendo golpe y dábamos vueltas de campana. Capté la sangrante imagen de mi padre. Tenía hasta la boca abierta…

Parecía mentira que aún me afectase. Llevaba esos flashbacks en mi cabeza desde que pasó.

Apreté los ojos con fuerza imponiéndome ver otras imágenes mentales. Decidí la foto que había estado viendo mi amigo antes en el corcho. Yo en la playa, riendo y jugando.

Ese día habíamos estado toda la mañana dando largos paseos por la playa. Sintiendo el chocar de las olas en nuestros pies. Jugando con mi padre a saltarlas. Incluso me hacía de trampolín en aquellos tiempos. Me impulsaba con sus brazos hasta el cielo para descender entre risas. Mi padre adoraba el agua casi tanto como yo. Buceábamos, jugábamos al pilla-pilla, intentábamos cazar pececitos… y luego, a lo lejos, estaba mi madre. Me decía continuamente que me acercase a la orilla para después verme embadurnada de kilos y kilos de crema protectora. Y luego mi padre y yo la observábamos desde el agua, tronchándose de risa por las tonterías que hacíamos. Así que al cabo del rato, mi madre también tenía envidia de nuestra diversión y se apuntaba a la fiesta. Y reíamos juntos, nos hacíamos aguadillas juguetonas y nos montábamos una guerra de cosquillas. Ellos contra mí. Siempre perdía. Y cuando pasaba, mis padres sonreían contentos, cómplices. Y se miraban a los ojos y había amor, adoración, fascinación…

Y yo, feliz, me quedaba embobada observándoles.

Desde luego, aquellos tiempos eran maravillosos…

Cuando quise darme cuenta, noté como mi corazón iba al mismo ritmo que el de Lucas. Él tenía razón. Había hecho un record personal y todo gracias a él. Estaba claro. Hoy no sería la última vez que dormiría junto a él.

Ese fue mi último pensamiento. Lo siguiente ya fueron sueños. No muy bonitos que digamos, pero sueños al fin y al cabo…

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Ene 18, 2012 7:11 am

Me parecía increíble que en mi pecho ya no desatara una batalla campal. A Silvia se la notaba en paz por fin y eso causó un efecto dominó para que yo también lo estuviese. O a lo mejor al revés, la cuestión es que nos ayudamos mutuamente.

¿Relajado con ella apretada contra mí? Pues sí. Quién me lo habría dicho... Estaba en la gloria. Una gloria que me invitaba a sobar hasta que se me cayesen los ojos.

Con el paso de los minutos, sentencié que mi amiga había sucumbido antes que yo. Su respiración, caliente, marcaba un punto fijo en mi camisa de spiderman. Dulce y rítmico. Acabó por atontarme.

Tanto que ni me enteré en el momento que elevé mi mano (queriendo cambiar de posición inconscientemente, como cuando dormía solo) y tuve el gran fallo. Entré en contacto con la manzana prohibida. Con su mejilla.

Instintivamente alarmado, estuve a milésimas de gritar y salir disparado de la cama tal y como ella me había ordenado, pero parte de mí, más pequeña pero menos miedica, me mandó mantenerme anclado, aún sosteniéndola en mis brazos. No sé si por el potencial susto o porque, simplemente, llegué a darme cuenta de algo base. No me encontraba mal en absoluto.

Todo lo contrario.

Intrigado, bajé la mirada, forzando a mis cervicales a acercarse a su cara. Los ojos se me acostumbraron a la oscuridad lo bastante como para poder distinguir sus rasgos y descubrir que mi caricia involuntaria no la había despertado.

No acababa de entenderlo ¿Porqué leches no funcionaba su poder? A estas alturas, yo debería estar tosiendo como un descosido y con la temperatura en alza. Solo el último síntoma se cumplía, pero dudaba que fuera por la fiebre. Esa sensación pletórica, al tocarla, había sido clavada a la que tuve cuando estaba inconsciente por las drogas, dócil e indenfensa.

¡Una buena noticia! Significaba que su poder no funcionaba estando dormida ¿No? Aquello me hizo sonreír.

¡Pam! Idea de bombero al canto.

Sabía de sobras que, si su poder no iba a conseguir matarme, lo haría ella si se enteraba pero… En estos casos, adoro el riesgo. No tendría más oportunidades y sería una pena desaprovechar esta.

Antes incluso de acabar ese pensamiento, sentí mis dedos resiguiendo la fila línea de su cuello, dejándome un resquemor interno. Fascinado, extendí la mano de nuevo a lo largo de su mejilla, cerrando los ojos para potenciar el maravilloso sentido del tacto. Habría gastado la vida haciendo aquello.

Pero paré. Paré porque, de improvisto, asaltó un ruido parecido a un quejido de dolor. El miedo a que mi amiga despertara no fue equivalente a la angustia que sentí al entender lo que pasaba. Estaba soñando.

Y hablaba. Tal vez no con tanta claridad como yo, pero, entre sus labios de porcelana, pude distinguir algo parecido a “mamá”, “papá” y un lo siento en toda regla…

Era horrible, pero tenía que verla sufrir hasta cuando dormía.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Miér Ene 18, 2012 8:21 am

Volví al mismo sueño de siempre. A un recuerdo editado por mi subconsciente.

Estábamos en el coche. La familia al completo. Todos menos Lima. Ella se había quedado sola en casa mientras que nosotros íbamos a ir a visitar a mi tía Marta. Estaba enfadada. ¿Por qué no se podía venir? A marta le caían bien Lima… Esa fue la razón por la que estuve de morros durante todo el camino. (Cuando me daba la vena, podía llegar a ser muy cabezota).

Pero luego pasó algo. Mi madre le dio al claxon con todas sus fuerzas para evitar un golpe. El golpe que tocó nuestras vidas. Cayendo con brusquedad por aquel barranco, no pude evitar que mi mejilla impactase contra la ventanilla del coche.

Entonces pasó hacia adelante mi cerebro a velocidad rápida para mostrarme a mi padre muerto en el asiento. Pausa. Mi desgarrador dolor debía ser contemplado cruelmente sin ninguna prisa. Era como si estuviese en el modo demo de un videojuego.

Siguiente escena. Mi madre me acaricia la cara llena de felicidad. Era un milagro que estuviese ilesa. Me toca el cuello, las manos, la cara. En especial mis mejillas y la silueta de mi nariz. ¡Pum! Muerte instantánea. Ella está muerta en mis brazos. Pausa.

Dos seres queridos menos. Falta Lima.

Nueva escena. Yo en mi casa a punto de acariciarla. Muerte. Pausa. Mi cruel subconsciente quiere que vea a la vez los tres escenarios en un primer plano. Mi padre.

Vuelvo a ese momento. Por fin puedo moverme.

- ¡Papá! –grito con todas mis fuerzas. Vuelvo a hacer lo que una vez hice. Sacudir su cuerpo, volver a intentar reanimarlo. Fracaso absoluto.

Pruebo lo mismo con mi madre.

- ¡Mamá! –Esta vez el grito es más desgarrador. Sin ella no tengo a nadie que me consuele. La confusión y el histerismo se apodera de mí con más intensidad. No hay nada que hacer.

Último intento. Lima.

Tiene los ojos cerrados. Parece un peluche de no ser porque aún está caliente. No se mueve. Nada en absoluto.

Se me empiezan a caer las lágrimas. Ya lo he entendido. Era yo. Yo mato. Yo hago estas cosas.

Triste y derrotada, me pongo de rodillas y la recojo en mis brazos. Las lágrimas corren, bailando sobre mis mejillas. No puedo hacer nada. Nada, salvo:

- Lo siento, lo siento, lo siento… -me disculpo una y otra y otra vez.

La impotencia se convierte en mi sombra. Tres muertes en menos de veinticuatro horas. Dos de ellas provocadas por mí.

Siguiente escenario. Un hospital. A mi lado, Lucas.

Me sonríe. Tiene absoluta confianza en mí. Va a abrazarme y a besarme apasionadamente.

- ¡Lucas! –le respondo con fervor. Yo siento lo mismo que él. Nos fundimos en un abrazo pasional.

Ambos estamos enamorados y somos pareja. Nos besamos. Ahora hemos dejado de ser dos, nos hemos fundido. No tenemos ni un principio ni un fin, solo amor, pasión y devoción.

Luego, frío.

Lucas cae al suelo. Su cabeza impacta contra el mármol. Él tiene miedo. Yo, más.

Su sangre sale a borbotones. La impotencia me rodea con sus brazos de espinas. No puedo hacer nada salvo observarle angustiada y desesperada.

Él no para de hablarme, de suplicarme para me acerque a él. Quiere despedirse… Su color va desapareciendo. La tiza va rediseñándolo para convertirlo en su pariente. Sus ojos van perdiendo su brillo.

La impotencia se apiada de mí por una milésima de segundo. Deja que me arrodille a él. Luego vuelve a atraparme. Ahora solo me deja utilizar mi voz.

- Lucas, Lucas ¡no! ¡Tú no, Lucas! ¡No te vayas! ¡Lucas! ¡Lucas!

Y así repetidas veces, nerviosa, desesperada, frenética, histérica. Impotente.

Mi sádico subconsciente quiere mostrármelo no una, sino veinte veces seguidas, de forma lenta y desgarradora. Tan vivo, tan real…

Por fin logro tener el control de mi cuerpo.

¿Mi primera reacción? Un espasmo recorre todo mi cuerpo. El miedo había aflorado en mí. Me había ilustrado, enseñado mi futuro. Abro los ojos y no veo nada. Mis lágrimas impiden mi visión. Solo hay una cosa que intento retener: convulsionar del llanto. Sin darme cuenta ya había estando llorando en el sueño, en la pesadilla, en mi infierno nocturno. Salvo por una excepción: la parte de Lucas es la primera vez que la visualizo.

Sin ser capaz de evitarlo, rememoro esa escena en mi cabeza mientras me limpio las lágrimas con mis guantes. Y cuando llego a ver, ahí está él. Angustiado, triste y compasivo. Mirándome como nunca. Parecía que, sin decirle nada, sabía lo que estaba sufriendo.

¿Habría hablado durante la pesadilla?

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Ene 18, 2012 10:04 am

Había intentado mil y una cosas para despertarla de aquella vivida pesadilla, de llamarla por su nombre a sacudirla sobre mi pecho, pero no hubo manera hasta que su mismo subconsciente decidió traerla de vuelta.

Y me la devolvió en un estado lamentable. Llorando con cruel desolación. Estaba convencido de que debía haber soñado sobre lo más horrible del mundo, el terror se le palpaba a distancia. Nos incorporamos en la cama y, resiguiendo la pared con nerviosismo, acabé por dar con el interruptor.

El corazón me fue a escapar por la garganta al poder ver, con el indiferente resplendor de la luz, su estado rozando la definición de deplorable. Pequeña, despeinada, tremendamente frágil... rota.

- Silvia -susurré con una nota de angustia que hacía timbrar mi caja torácica. Me daba mucha lástima. Siempre llorando, siempre.

Fui a atraparla en un nuevo abrazo (total, ya no vendrá de aquí), pero para mi sorpresa y desagrado, me apartó. Temblaba en unas convulsiones que casi afectaban a la cama y no quería mi cariño ¿Dónde se ha visto?

- No me harás daño -me quejé, pero ella no parecía pensar lo mismo o le daba igual. Agotada, escondió la cara entre los guantes, dejando caer la cabeza en peso muerto. Estaba aterrada y no se le iba a pasar tan ricamente.

Eso me instó a volver a intentarlo, si no un abrazo completo, me atreví a rodearla la cintura con un solo brazo, estrechándola un tanto en mi costado. Lo justo para que notara mi calor y mi cuerpo. El suyo seguía convulsionando.

Silencio.

- ¿Q-qué has soñado? Nunca había visto a nadie retorcerse así mientras duerme... Ha tenido que ser -no encontraba definición que se nivelara con el horror que había visto en su cara. Así que me decanté por na palabra más suave- espantoso.

Observé su cabellera rubia un instante, esperando respuesta. Y como no llegó, tuve que continuar.

- ¿Sabes que también hablas en sueños? Supongo que no con tanta claridad como yo, pero... Has repetido mucho mi nombre -esa era la parte que más me había deconcertado. Y asustado. Se tapó más con los guantes. Apreté los labios, hundiendo una uña en ellos - ¿Dónde se supone que no tengo que irme?


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Miér Ene 18, 2012 10:50 am

Me llamó por mi nombre, angustiado. Quiso abrazarme, consolarme, darme su apoyo, su amor.

Pero no podía. No podía dejarle. Aún estado destrozada, destruida por esa lamentable pesadilla profética, no podía tenerlo. Simplemente por eso, porque no podía perderlo.

- No me harás daño –me recordó cansado por mis precauciones.

Pero era mentira. Lo había visto. Lo había visto veinte veces seguidas y sabía el resultado. El fatídico resultado. Y me negaba a obtenerlo. Antes ponía mi vida por delante. La destrozaría en cachitos. Me negaba a que una familia tan unida como la suya tuviese que pasar por el mismo dolor que yo. Eso sería demasiado insoportable.

Me dejé caer, cubriendo mi cara. Aún no me había recuperado y sabía que tardaría. Normalmente mis pesadillas no eran tan reales, tan… adivinatorias. El pasado quedaba atrás y no podía solucionarlo de ninguna manera pero… la parte de Lucas… mi subconsciente me había mostrado las consecuencias de mi amor. Sería idiota si no lo escuchase…

Estaba agotada. De nuevo no había conseguido dormir todo lo recomendable y me pasaría factura. Y para colmo no me sentía preparada para volver a intentar conciliar el sueño. Cerré los ojos. Otra vez volvía aquél asqueroso dolor de cabeza. Ya no sabía si era por falta de sueño, por exceso de lágrimas o por un combinado de ambas. El resultado era claro. Estaba fatal. Y encima, cada vez que Lucas me veía así, sabía que le rompía el alma. Pobrecillo. Él no se lo merecía.

Sufriendo por mí, volvió a intentar a abrazarme. Pero esta ver lo hacía de una forma más impersonal, menos peligrosa… no pude negarme. Lo necesitaba.

- ¿Q-qué has soñado? Nunca había visto a nadie retorcerse así mientras duerme... Ha tenido que ser –dudó- espantoso.

Lo que faltaba. Encima lo hacía sufrir también mientras dormía. Sí, era cierto. Había sido la peor pesadilla que podía recordar. Llegaba hasta ese nivel simplemente porque sabía que lo que había soñado, o bien había sucedido (ciertamente de una forma menos siniestra) o porque iba suceder…

¿Cómo reaccionar a eso?

- ¿Sabes que también hablas en sueños? Supongo que no con tanta claridad como yo, pero... Has repetido mucho mi nombre

Otra oleada de angustia asoló mi cuerpo. Me cubrí de nuevo el rostro. Esto ya era el colmo… ya hasta sabía qué soñaba… ¿Cómo iba a poder seguir mirándolo a la cara y negar que no me gustaba? ¿Que estaba perdidamente enamorada de él? Si este sueño no había sido el elegido, otro lo sería. Y entonces se desataría la hecatombe.

- ¿Dónde se supone que no tengo que irme?

¿Qué decir ante tal pregunta? Creo que, a estas alturas de la película, sería ridículo decir que lo llamaba por teléfono y que perdía la señal…

No tenía otra.

- A la tumba –respondí agotada- Estaba soñando con que te mataba… -la última parte surgió con voz débil.

Me negaba a decirle que le había visto veinte veces seguidas muerto. Eso sería demasiado.

Rendida, cogí a mi oso de peluche favorito y me tumbé en la cama con él. Veía imposible dormir sin pastillas.

Parecía mentira que la única alegría en mi vida fuese el que se llevase todos los disgustos…

¿En qué situación me dejaba eso?

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Ene 18, 2012 11:57 am

- A la tumba. Estaba soñando con que te mataba…

Su voz estaba estrangulada por una mano fantasma, pero entendí hasta la última coma. Y se heló cada partícula por dentro, menteniéndome hierático de asombro.

Creí que estaba preparado para cualquier cosa, pero eso no estaba en mi lista ¿Matarme? ¿A mí?

Incrédulo, seguí el movimiento que hacía Silvia para abrazar a su oso, al parecer, el único ser que se atrevía a tocar en ese cuarto, estirándose de nuevo en la cama. Me llegó una abalancha de intrínseca pena al recordarme a la imagen de una niña pequeña y desolada.

Parecía corroida hasta los huesos por su pesadilla. Por la culpa, la tristeza... ¿No eran elementos demasiado habituales en su vida?

- Deja de manosear al oso o tendré que ponerme celoso -no sabía que hacer, mucho menos que decirle, así que consideré que tomárselo con sentido del humor podría levantarle algo la moral. Me estiré a su lado, mirando la bola peluda que se interponía entre nosotros.

Aclarando mi garganta, busqué a la desesperda sus ojos. Inmediatamente, me prohibió el privilegio de mirarlos, escondiendo la cara en el peluche.

- Así que... ¿M-me matabas? ¿Y qué hice para merecer eso? ¿Te robé un cómic? ¿Me comí tu postre?

Mis bromas le hicieron la misma gracia que una patada en la entrepierna. Levantó la mirada, solo para fulminarme con sus ojos cristalizados. Las dichosas lágrimas parecían querer permanecer ahi para siempre.

Dejé de respirar un segundo, espantado.

- L-lo siento, yo... Lo siento. Supongo que no es el momento para cachondearse -susurré en voz extremadamente baja, rozando a la inexistencia. Sentía piedras en el estómago. No tenía forma de reaccionar ante aquello, simplemente no existía un prtocolo ¿Cómo consolarla ante el hecho de mi propia muerte? ni idea, pero probaría diciendo lo evidente- Sigo vivo y tú... no cambiarás eso. No tienes porque tener miedo... Yo no lo tengo.

Resiguiendo primero las líneas de la manta, deslizé mis dedos a través del oso, llegando a acariciar suavemente uno de los brazos de Silvia. Sentí que se estremecía.

- Silvia, solo era un sueño. Deja de pensar que en cualquier momento puedes matarme, porque no pasará ¿Vale? No soy tan débil -me molestaba que me consideraba com una flor que se deshojaria con un roce. Era insultante- Llevas apenas dos meses con tus poderes, date tiempo... Lograrás hacer lo que quieras y cuando quieras en cuanto lo tengas dominado, es cuestión de mentalizarte aquí.

Apreté mi indice contra mi frente, mostrándoselo. Y le sonreí, desprendiéndome de mi caldez, regalándosela toda. La quería lo suficiente como para poner en peligro mi vida. Pero eso se lo traduje con otras palabras.

- A mi nunca me perderás. No me iré a la tumba. En realidad, no me iré a ninguna otra parte... No sin ti.


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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Invitado el Jue Ene 19, 2012 7:23 am

Me deshice de mis lágrimas con mi mano, emocionada. Lucas seguía ahí y no pensaba irse, nunca.

Era el mejor.

Sabía que era un sueño, que no lo había matado. Pero aun así… Mi pesadilla me había atravesado el cerebro. Sería muy difícil borrarlo de mi cabeza. Él dirá todo lo que quiera con que no es débil, pero eso a mi poder le da absolutamente igual. El segundo toque mata. Ya sea al más débil del mundo o al más fuerte. Solo queda el vacío, el otro mundo. No hay más.

A pesar de todo, estaba dispuesta a intentar superar mi nuevo miedo. Quería tocarle, pero necesitaba tiempo. Deslicé mis ojos hasta su mano más cercana. Con mucho cuidado, acomodé mis dedos a los suyos, estrechándolos. Eso era lo único que me atrevía a hacer.

Estática, estuve reflexionando acerca de mi poder. ¿Sería cierto que podría controlarlo algún día? ¿Llegaría a acariciar a la gente durante todo el rato que quisiese? Sonaba bien, de eso no había duda. ¿Pero cómo hacerlo?

Miré mi otra mano, la que aún abrazaba a mi oso. A pesar del guante, podía ver a través de él, viendo mi piel. Me sentía intrigada. ¿De verdad algún día podría hacerlo? ¿Podría volver a acariciar a los perros?

- ¿Y cómo puedo controlarlo? –lo miré, absolutamente expectante.

Seguro que ya sí que tendría un aspecto de búho. Ojeras y una intensa mirada…

- Ni siquiera me noto extraña usando mi poder. Es más, ni siquiera sé si hago algo… divertida, aterrada, feliz, triste… da lo mismo. Las reglas que tiene mi poder son las mismas… la muerte siempre llega a la meta…

Aún seguía agarrada a Lucas, quería estar a su lado, abrazarlo, besarlo… pero todavía no. Aún tenía miedo de cumplir la pesadilla…

Sin quererlo, bostecé. Vaya mierda… ahora estaba más cansada que cuando me había acostado. Lo malo era que no quería volver a dormirme. No estaba preparada para soñar de nuevo, no teniendo aún restos del miedo en el cuerpo…

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Re: Esa noche de pesadilla (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Jue Ene 19, 2012 8:26 am

Sonreí de medio lado, observando las manos que teníamos entrelazadas. Sus dedos tenían el tamaño perfecto para encajar entre los míos. Pero ella nunca se daría cuenta.

- Ya... Sé que tu poder y el mío no tienen nada que ver -susurré, suspirando cerca del osito de peluche- El tuyo es de efecto continuo y yo puedo elegir cuando usar el mío. Pero... No te creas ¿Eh? Al principio yo estaba igual. No podía vivir tranquilo pensando que, en cualquier momento, me convertiría en la persona que tenía enfrente, que no podría detenerlo.

Sonreí suavemente, mirando su carita de curiosidad crispada de sueño. No podría luchar mucho tiempo contra él, se veía a venir.

- ¿Quieres saber que hice para evitarlo? -asintió, con ganas. Parecía ansiosa- Pues dejando de preocuparme. Soy como soy, no hay más. La verdad es que de buen comienzo me costó aceptarlo, porque pensaba que, si mis padres no podían quererme siendo así, nadie lo haría...Estuve con esa idea en mi cabeza dos años. Padre, el jefe de esa organización, me lo inculcó a base de machaque psicológico -Silvia frunció el entrecejo. Parecía indignada a pesar de la lucha que hacían sus parpados por medio entornarse- Si algo me sirvió estar con él, es que me enseñó a tener esto bajo control -con sobreexplotación continua, pero el resultado canto por si mismo. Ahora que me quiten lo bailao. Le estreché con momentanea fuerza la mano a Silvia, transmitiéndole mi más ferviente cariño. Sabía que lo necesitaba- No puedo explicarte exactamente como controlar, cada persona y cada poder son únicos. Hay gente que piensa en un lugar feliz, otros como yo simplemente lo dejan fluir, otros se centran en contar sus latidos... Solo tienes que encontrar tu método.

Tenía fe en ella. En el que algún día lo haría. No hoy, ni mañana.

Algún día.

- Yo creo que, por el momento, sería un gran logro que pudieras dormir tranquila -finalicé, observando con deje burlon la pelea interna que sufría mi amiga. Solté una risilla ante su bostezo- No te esfuerces... Deja que pase o será peor. Sabes que seguiré aquí cuando te despiertes ¿Verdad?

Era una promesa.


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