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Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

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Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Ene 22, 2012 3:25 am

Chunda-chunda-chunda.

La musica rebotaba en las paredes de mi cerebro, estridente, cansina. Era horrible. Como volviese a oír a Pitbull diciendo "1,2,3,4 ¡Dale!" me pegaría un tiro. Voy muy en serio.

Y ahí estaba el populacho, una aglomeración de peña en la culminación de la noche, bailando, saltando, apretujados de forma agobiante, empujando al más pintado al pasar. No se podía oír nada, solo ese agobiante "chunda-chunda-chunda". Las luces de variados colores, descendiendo del techo, paseándose por el suelo de forma concéntrica, era otro añadido para el potencial mareo que empezaba a sentir. Me quería ir a casa.

Lo intenté (por quinta vez), pero el caso es que algo sostenía mi mano y me anclaba en el lugar, inmóvil. Un guante.

Con un suspiro, reseguí el brazo que precedía a la tela blanca hasta toparme con una sonrisa despanpanante, esa capaz de tirarme al suelo de culos. Carraspeé, desviando la vista con rapidez.

Silvia sí que parecía satisfecha con el ambiente. Cuando me preparé para volver a mirarla, intenté ponerle mi mejor cara de "Te estoy empezando a aborrecer". Pero soy un actor pésimo, no iba a convencer a nadie.

Solo me quedaba la opción de quejarme como un crío.

- Sabes que odio el ruido, las aglomeraciones y bailar -le gríté (porque solo así me oiria) cerca de su oído- ¿Por qué has tenido que traerme aquí? Es más... ¿Cómo leches has conseguido que nos colaran aquí? Esto es para mayores de dieciocho, tú y yo no los aparentamos ni de coña -bueno, si yo quisiera sí. Pero el caso es que al llegar, para mi sorpresa, nuestros nombres estaban escritos en la lista VIP. Flipé- ¿Qué? ¿Has sobornado a alguien?

Mi novia (jamás me cansaría de repetir aquello) me regaló otra sonrisa, esta vez dejándome un regusto intrigante y aire de empanado total.

Y el jodido chunda-chunda dando por saco.


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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Invitado el Dom Ene 22, 2012 9:48 am

- Nos ha colado un amigo que conocí en el bosque. Cuando nos vayamos te lo presento –grité, moviéndome al ritmo de la música.

Me sentía súper feliz, en mi ambiente. Vale, sí. Era la primera vez que iba a una discoteca de estas características pero la alegría de los chavales y la música a todo meter hacía que me incitase a bailar. Y obviamente, mi acompañante sería Lucas, mi fantástico novio.

De compras, había encontrado un modelito la mar de mono. Hoy era una tía completamente diferente. De calle, mi estilo eran las camisetas, cazadoras, vaqueros y converse. Pero para estas ocasiones, los vestidos eran fundamentales, y los tacones también. Así pues, había encontrado unos tacones tremendamente cómodos que hacía juego con mi vestido pardo. Y, como protección, llevaba unas medias junto a una chaquetita de manga larga y unos elegantes guantes de cuero. Sí, estaría mona y dando protección, pero aun así, el calor era inolvidable. Pero eso era insignificante. Nada me pararía.

Cogí a Lucas por las manos, alegre e ignorando sus quejas. Sabía que nos reiríamos y que disfrutaríamos.

- ¡Venga, vamos a bailar! –Y dicho esto, lo empecé a desplazar de la barra a la pista de baile.

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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Ene 23, 2012 3:09 am

- Sabes bien que yo...que yo no...

Sé bailar. Esa habría sido la frase completa si hubiese valido la pena seguirla. Pero entre el sonido estridente de la música y ante la indiferente alegría de Silvia... Era aliento perdido.

Clavé los talones en el suelo, ofreciendo la mayor resistencia posible, suplicándole que me soltara. Pasaba de derretirme de puro bochorno justamente en ese lugar. Ciertamente, no acababa de entender el empeño que tenía mi novia por verme de color cereza, ni mi tendencia a seguirla a todas partes hasta precipitarme al ridículo más humillante.

El caso es que, antes de saber reaccionar, estaba en medio de la pista de baile, hipnotizado por el movimiento sinuoso de unas caderas. Las de Silvia para ser concretos. Mis palpitaciones, subiendo hasta la cabeza, iban totalmente acorde con el ritmo de sus movimoentos, graciles, sutilmente sensuales. No me permitía ni pestañear, seria una lástima perderme algún vaivén de su trasero. Joder, si es que estaba como un maldito tren...

Sentí que ese pensamiento, y su sonrisilla burlona al ver donde tenía anclada la mirada, consiguió agolparme la sangre en las mejillas. Que fueramos pareja no quitaba mi nerviosismo al verme pillado in fraganti cada vez que... Bueno, eso.

- Silvia...Por millonésima vez: Yo no bailo- remarqué un tono cansino en mi voz, a pesar de que el puchero que me puso consiguió derretirme en cuestión de milésimas- Afróntalo, aqui la única con gracia eres tú

Puede que no me escuchara. O puede que, simplemente, pasara mazo de mi opinión, porque, cuando la música de estilo reagge invadió la sala, me puso una expresión parecida a si le hubiese tocado la loteria.

Negué con la cabeza, horrorizado.

- Ni lo pienses...

Creo que esa advertencia llegó tarde. Voy a morir.


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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Invitado el Lun Ene 23, 2012 6:32 am

Vale sí, lo sabía. En estos ambientes, a Lucas le habría dado igual convertirse en un elefante con patines o no. El resultado sería parecido. Justamente por eso mi novio no paraba de protestar, pero también sabía que, una vez que consiguiese pillar un poco el ritmo y algunos movimientos, no se querría ir.

Estando él quieto, yo empecé a moverme al son de la música, disfrutándolo y así, con un poco de suerte, le incitaba para que me siguiese, pero al notar que no tenía los resultados deseados, me giré para ver qué pasaba. Con lo que me encontré fue tronchante. Lucas estaba de lo más empanado viendo mi culo, babeante. Por extraño que parezca, me halagó.

- Silvia... Por millonésima vez: Yo no bailo –repitió de nuevo como una cotorra intentando ignorar su anterior estado de empanamiento.

Le puse mi mejor puchero. Es cierto, lo manipulé. Quería que bailase, que disfrutara un poco en el buen ambientillo que se respiraba, y ese era mi último recurso. Estoy segura de que podría haber competido con el gato de Shrek. Y, como no podía ser de otro modo se subyugó. Lo malo es que no lo suficiente.

- Afróntalo, aquí la única con gracia eres tú –replicó nuevamente.

¿Qué podía hacer? ¿Lo daba por perdido? Por una milésima de segundo estuve a punto de cumplir su deseo, pero entonces el destino me sonrió con la canción de Ella no sigue modas. Con esta sí que era imposible que no se animase. Porque si él no lo hacía, le contagiaría yo con mi energía.

Sonreí, alegre, eufórica. Iba a ser la mejor noche de toda mi vida. Lucas me miraba horrorizado, se negaba en rotundo. Le ignoré.

- ¡Venga Lucas! –le grité cerca de su oído- ¡Que yo te enseño!

Y dicho esto, le di mi espalda. Cogí sus manos y se las dejé sin ningún miramiento en mi cadera, contoneándola tal y como dictaba la canción.

Entre tanto rodeo y tanta indecisión de mi tímido novio, empezamos a bailar justo con el estribillo. Me arrimé más a él, sintiéndole plenamente. Ya estábamos listos.

- ¡Venga, ahora baja lentamente, más o menos al mismo ritmo que yo! ¡Venga, fíjate en ese tío de ahí, que lo está haciendo bien! –le guié señalando al tío de nuestra diagonal. Bailaba bien, pero porque era más pulpo que otra cosa. Aunque… de eso trataba este baile ¿no? De magrearse…

Lucas siguió mis directrices, pero no estaba cómodo, no me hacía falta ni verlo para notarlo. Se intentaba separar de mí ¿Estaría avergonzado? No pude reprimir una risa ante tal hecho. Me di la vuelta, hipnotizándole con mis divertidos ojos. Éramos pareja y aun así le daba corte estar así de cerca conmigo…

¿Tendría miedo de enfermar? No, seguro que no. Hoy únicamente era peligroso mi escote y mi cabeza. Lo demás estaba a buen resguardo…

Le volví a posar a posar sus manos en mi cadera y, aprovechando que tenía adelantada una pierna, la encajé con mi cuerpo. Y así, empecé a moverme lentamente, escuchando el ritmo. Me reservé bastantes movimientos. Todavía Lucas no se había soltado y si los realizaba, saldría por patas…

A pesar de todo, yo no paraba de sonreír. Nada podía arruinarme la noche. Quería a Lucas con locura, estaba aquí por mí y aún no me había mandado definitivamente a la mierda por obligarle a bailar. ¿Qué más se puede pedir?

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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Ene 23, 2012 11:45 am

- ¡Venga Lucas! ¡Que yo te enseño!

Fruncí el ceño, incrédulo ¿Enseñarme a bailar? Discrepo. No sabía lo que estaba diciendo, la muy pirada. Era como querer enseñar a un hipopótimo a jugar al yo-yo. Antinatural.

Estuve a punto de replicar con algo parecido a "Anne ya lo intentó y fracasó"... Pero decidí callarme la boca, porque supuse que ese dato haría decrecer su buen humor y porque, antes de darme cuenta, me había dado la espalda.

Durante un segundo, pensé que estaba harta de mis quejas y que, por fin, se había dado por vencida... Pero se demostró que me equivocaba en mucho cuando, tomando mis muñecas, guió mis manos sin pudor hasta su cintura, provocándome una taquicardia al instante.

No me dio tiempo ni a aclimatarme... Los movimientos circulares y mareantes acercaron su culo hasta pegarlo contra mi pelvis. Me falto nada y menos para salir corriendo al sentir ese restriegue que me nublaba mi cabeza de fieras hormonas.

El calor original ya se sentía por triplicado. Comprimí las costillas, tenso como el alambre.

- ¡Venga, ahora baja lentamente, más o menos al mismo ritmo que yo! -lo intenté. Juro que lo intenté, pero la cosa no pasó de ahí. Ella tenía un don y un estilo para moverse de una forma absolutamente bestial y yo apenas podía coordinarme para caminar y mascar chicle a la vez. Mala combinación- ¡Venga, fíjate en ese tío de ahí, que lo está haciendo bien!

Silvia, más feliz que un anís, me señaló con un movimiento de brazo a un tipo que había a unos metros de distancia. Hice una mueca de desagrado. Menudo elemento para tomar ejemplo... Yo no lo veía bailar, simplemente meterle mano a su pareja de una forma por completo indecente.

Sentí un hormigueo cerca de mi nuca, alarmándome ¿En serio Silvia quería que yo hiciera eso? ¡Me daría un jamacuco! Me lo estaba dando solo por tenerla así de próxima. Hice amago de apartarme un tanto, apuradísimo... pero no acabo de entender porque, una parte de mí le apetecía seguir sufriendo. Más todavía ¿Soy masoca?

Como si pudiera leerme la mente igual que Lucía, Silvia se dio la vuelta más rápida que un demonio y, mirándome a los ojos, ni corta ni perezosa, atrapó mi pierna entre las suyas.

Podría haberme dado un cataplasma llegados a ese punto, en el que movió las caderas en un sinuoso ocho aplastado, deslizándose por mis pantalones, acompañada de un escalofrío. Yo echaba humo, lo juro.

No sabía dónde meterme.

- Silvia...Para -supliqué, con un hilo de voz rídiculo. A pesar del volumen estridente de la música, estaba lo suficientemente pegada a mí como para oírme. Era imposible distinguir el comienzo de su cuerpo y el acabamiento del mío.

Mi preciosa novia se echó a reír echando la cabeza hacia atrás. Adoraba ponerme en situaciones comprometedoras. Lo demostró empeorando la sitación con su contoneo constante.

Dulce, me rodeó el cuello con los brazos, asegurándome de no dejarme escapar, dando golpes de su pelvis contra la mía, descendiendo, volviendo a subir. Las manos con las que sujetaba sus costados me ardían. Todo yo ardía.

Para ser sinceros, empezaba a notar todos mis musculos en absoluta tensión. Y cuando digo todos... son todos. Yo rezaba para que Silvia no se diera cuenta de mi... de que me había puesto cachondo, hablando en plata.

Era una de las consecuancias de quererla... Irremediablmente, la deseaba, y eso era chungo de disimular. La anhelaba a ella, a su cuerpo entero en roce constante contra el mío, llenando el aire de esa electricidad estética y palpable, de ese sudor. Su pecho chocaba en míi, dejándome notar que, en su caja torácica, parecía haber un caos semblante al que había en todo mi ser.

Y he de reconocer que, si sobrellevaba la tremenda verguenza, estaba empezando a disfrutar de aquello ¿Qué importaba que mi baile fuera estilo pato? Estaba con Silvia.

Tuve el atrevimiento de mirarla a los ojos. Esos ojos centelleantes, marrones y cálidos. Esos que me tenían loco. Para mi sorpresa, pude distinguir en ellos lo mismo que yo sentía en ese momento, en pleno hervor.

Fuego. Cariño. Deseo. Contención.

Pero ella no dejaba los ziga zagas de su trasero. Me sacaba de quicio entender que no podría ir más allá. Que podríamos provocarnos sed, pero beber esaba prohibido.

- ¡Estás caliente! -chillé para que me oyera, aunque luego preferí que no lo hubiese hecho. Se quedo momentáneamente quieta, con las cejas en alza. Tragué. Si pudiese haberme sonrojado más, lo habría hecho- ¡Me refiero a que...a t-tu temperatura... ¿No te fríes c-con todo esto?!

Yo con mi sudadera me sentía a la parrila. Ella, exhibiendo cuero y curvas de infarto en conjunto con vestido y medias, más aún.

Eso sin contar que, si estaba en mi mismo estado de ánimo, la sangre se le debía estar evaporando en contra los poros.


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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2012 6:50 am

Estaba completamente a tope, ardiendo de pasión. Quería besarlo, devorarlo, hacerlo enteramente mío. Pero no podía. Lo más cercano a aquello era seguir bailando, sentir sus manos en mi cuerpo, en mi cintura, acariciándome fugazmente. Y yo, moviéndome, contoneándome, disfrutando de su olor. Porque solo podía tener eso, su aroma, su esencia.

Pero Lucas perdió por unos segundos todo su encanto con su obviedad.

- ¡Estás caliente! –me chilló, haciéndose oír por encima de los decibelios.

¿No me digas, Sherlock? ¿Tú no?


- ¡Me refiero a que...a t-tu temperatura... ¿No te fríes c-con todo esto?! –Me aclaró.

Ni me había dado cuenta de esa gran verdad. Entre el calor ya presente en la discoteca, rodeada de gente, más la ropa que llevaba para que nadie muriese y el calor interno que sufría debido al baile y mi excitación estaba, como muy bien había dicho Lucas, caliente. Quizás demasiado… pero no me importaba. Mi novio ya se estaba empezando a divertir, y si iba a la barra a por una bebida, ya habríamos perdido el ambiente que tanto había tardado en conseguir… no, de ninguna manera podía permitirlo. Además, si aún no estaba sudando… ¿no sería para tanto, verdad? Estaba claro. Era joven así que… ¡a disfrutar de la vida!

- ¡No te preocupes! ¡Ya estoy entrenada! –contesté sonriente y totalmente despreocupada.

En realidad no estaba para nada entrenada. Siempre había sido una chica calurosa y mi nuevo poder no me ayudaba para nada… Pero ¿Qué más daba? Me estaba divirtiendo como no lo hacía en mucho tiempo. ¡A la porra las preocupaciones!

- ¡Venga, vamos a seguir! –lle animé alejándole de su preocupación por mí. Me arrimé más a él y volví a poner sus manos prácticamente en mi culo.

Y seguimos bailando. Pero el sofoco no hizo acto de presencia hasta pasadas una canción y media. Luego, me empezó a atacar una brutal presión en mi cerebro. Era un dolor de cabeza de lo más cruel… y tenía mucha sed. Pero todavía no tenía ni una gota de sudor así que ignoré como pude el malestar gracias a las incontables risas que me echaba con Lucas y a nuestros roces producto del provocativo baile.

Ignoré el malestar hasta que ya fue inevitable: empecé a marearme un poco. Como acto reflejo, me agarré al hombro de Lucas. Ya está. A la mierda la noche…

Ya no podía disimular más, Lucas ya no se lo tragaba.

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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 24, 2012 8:51 am

Desde siempre, había sido una tozuda empedernida. Cuando a Silvia se le mete algo entre ceja y ceja, ya puedes cantar misa: No la vas a hacer entrar en razón.

Tenía el presentimiento de que se iba a fundir incluso con más rapidez que yo, pero de todos modos la tía se negaba en rotundo a parar por un instante, ni para descansar, ni para hidratarse, ni para darme la oportunidad de calmar mi evidente exitación.

Preferió seguir ahí, restregándose contra mí, fijando mis manos en la entrada de sus nalgas a pesar de la resistencia que puse en un principio. Viéndome perder litros de baba por ella, deseándola sin poder tenerla.

Pero (quitando esa frustración constante) estaba a gusto. Siempre estaba a gusto a su lado, estuviésemos donde estuviésemos, hiciésemos lo que hiciésemos. La adoraba, en eso desembocaba todo.

Era tan increíble que hasta había conseguido hacerme reír en medio de mi peor pesadilla (bailar). Claro que el buen rollo se lo llevó mi última carcajada. Justo después de esa, caí en la cuenta de algo angustioso: Mi novia parecía haberle robado el color de cara a un semáforo del centro de la ciudad.

Dio un traspiés, apoyándose en mi hombro. Buen aspecto no tenía...

- ¡Así que entrenada...! -gruñí, con sorna. Pestañeó con fuerza, esforzándose por centrar la vista en algún punto fijo. No le dio buen resultado que digamos. - A ti te va a dar algo ¡Si estás más roja que yo! ¡Deberíamos parar!

Negó con la cabeza, haciéndome girar los ojos momentaneamente en blanco. Tan pancha, quiso seguir a lo suyo, como si su cuerpo y ella no tuviesen nada que ver. Clarísimamente, el primero le pedía una pausa. Aguantar ese calor, no puede ser nada recomendable para la salud de una adolescente.

Normalmente los sofocos se pasan durante la menopausia ¿No?

- ¡En serio, me parece que deberías...! -no pude acabar de expresar mi preocupación. Agotada, Silvia dejó caer la cabeza contra mi hombro, casi en peso muerto. La pobre, ya no podía moverse ni gota y yo menos. Un paso en falso y su nariz rodaría hasta mi cuello. Tragué grueso, apurado, considerando que era preferible subir las manos, de su culo a la espalda. Así me aseguraba de poder aguantar su peso- Joder, Silvia... ¡Ey tía! ¡Espabila!

Se acabó. Íbamos a sentarnos y yo le iba a comprar algo que estuviese helado. Su temperatura ya rozaba a lo insano, a lo febril. No la iba a dejar morir frita por su capricho de bailar reggeaton.

Mareada como una sopa, se esforzó en lo que pudo para elevar el cuello. Eso fue un error monumental.

Sentí un revuelo interno que me congeló. La tenía demasiado cerca.

Gracias a sus tacones, mi boca y la suya, se encontraban más próximas que nunca. A la distancia de un pulgar, a un segundo de separación. Subió un burbujeo por mis piernas, hasta centrarse en mi corazón. No podía separar la vista de aquella fina línea rosada. Jodidamente tentadora.

Sabía que no debía. Todo aquello estaba absolutamente fuera de mi control. Su aliento entraba por mi nariz, rasgaba mi garganta, se me comía el alma. Sucumbí como un idiota sin fuerza de voluntad.

Quise aplastar mi boca en la suya. Y besar, y morder, y sentir como su respiración se fusionaba con la mía, y saborear su saliva y su lengua y... Lo quise tanto que ni recordé las normas, mucho menos las consecuencias.

Si en ese momento no llega a perder la conciencia, cayendo en arco hacia atrás, inerte en mis brazos... Posiblemente la habría besado y más posiblemente... yo estaría muerto.

Se me estrujó el pecho de angustia.

- ¡Silvia!

Mierda. Estaba peor de lo que creía.

Y yo podía contenerme mucho menos de lo que esperaba.



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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2012 9:26 am

Apoyada en su hombro, empecé a ver borroso. Mierda… ya empezaba a olerme cómo acabaría la historia… pero me negaba por aceptarlo. Quería seguir como hasta ahora, divertida, olvidando mis penurias. Parpadeé con fuerza con el objetivo de conseguir ver algo. Nada, que no tenía suerte…

Y, para más inri, mis oídos se fueron desconectando paulatinamente. Mierda, todo mi cuerpo estaba pasando de mí. El calor estaba siendo tan angustioso que podía conmigo pero ni si quiera tenía ni el valor ni la fuerza necesaria para, aunque sea quitarme la chaqueta. Ni si quiera podía salir fuera del local y disfrutar de la refrescante noche… mis últimos esfuerzos por moverme se quedaron en dejarme caer sobre mi novio. Me estaba encontrando fatal, esto era peor que mis calmantes para el autobús. Al menos ahí solo lo flipaba en colores pero ahora… ahora simplemente es que estaba marginada por mi cuerpo. Este había tomado la iniciativa de hacer lo que le diese la gana. Ni si quiera me permitía escuchar en condiciones, apenas podía respirar bien… Mis últimas fuerzas se perdieron elevando la cabeza, tratando de aspirar oxígeno. Ni si quiera podía ver, se me había nublado la vista en menos que se dice “supercalifragilisticoespialidoso” así que… ¿qué podía hacer? Cerrar los ojos y suplicar porque alguien helase mi cuerpo. Toda yo ardía, lo malo es que en el peor sentido de todos. El roce del cuerpo de Lucas contra el mío ya no me provocaba en absoluto. Es más, apenas podía sentirlo ya. Lo único que sentía era un sofocón de miedo, una sed y un dolor de cabeza que flipas y una preocupación de lo más angustiosa porque, aparte de que mis sentidos fallaban, ¡mi respiración también lo hacía!

Esto me estaba dando demasiado mas rollo… me encontraba como si estuviese en aguas pantanosas y que encima no supiese nadar…

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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 24, 2012 10:21 am

Fui despotricando una serie de maldiciones vudú contra el tío que le había invitado a la discoteca. Entendía perfectamente que ese pobre desgraciado no tenía la culpa de nada, pero aún así, en alguien iba a tener que descargar mi potencial miedo, mi angustia y mi cabreo.

Silvia se me había ido. De nuevo, inconsciente, roque, como cuando iba drogada. Los nervios se me comían al abrir paso a través de la disco, con ella en brazos, sin poder notar su respiración regular. Se estaba ahogando.

Tenía que sacarla de ahí. Era urgente, me lo decía el nudo en mi esternón.

- ¡Eh! ¡A tu churri le ha dado un chungo, colega! -se rió un gilipollas al pasar a mi lado. No tardé en apuñalarle unas tres veces con la mirada, enervado. Tú ves metiendo el dedo en la yaga, capullo...
- Ya me he dado cuenta -maldije entre dientes, intentando aguantar la cabeza de "mi churri" sobre el hombro.

Fue una auténtica Odisea. Es más, en mi opnión, el Polifemo ese le puso las cosas más fáciles a Ulises que a mí esos pelagatos egocéntricos; pero al final, entre bamboleos y empujones, conseguí alcanzar la salida posterior de aquella macrodiscoteca, yendo a parar en medio de un callejón desierto, oscuro, maloliente... con la bendición del frío aire de la noche. Todo lo que necisitábamos.

Los golpes de calor no son cosa de risa. Había oído el caso de peques que la habían palmado justamente de eso. Y solo ese dato ya mantenía cada fibra de mi piel temblando.

Agotado, dejé resbalar mi espalda por la pared más cercana, hasta interceptar contra el asfalto. No se me ocurrió nada mejor que sentar a Silvia, o lo que quedaba de ella, sobre mi regazo. Siendo realistas, era la única opción que tenía. Su peso en mi pecho me limitaba otros movimientos.

El cuerpo de mi novia estaba presente, pero ella no. En definitiva, eso significaba que no habría peligro si la tocaba, era una lección deliciosa que había aprendido hace mucho.

Lleno de angustia, le quité la chaqueta a toda prisa, casi con violencia, como si tuviera una ganas espantosas y urgentes de echarle un buen polvo. Lo cierto es que había sentido esa necesidad hacía apenas unos minutos, pero al parecer, verla en estado vegetal era el mejor remedio contra los calentones.

Ya solo sentía pánico. No podría volver a respirar hasta ver sus ojos otra vez.

Me deshice de sus guantes también, dejando descubrir unas manos tan enrojecidas como su cara, toda ella pequeña y frágil. Lo último que pude hacer (para mi gran cruz) fue abrirle algo más el escote, queriendo filtrar el aire dentro su ajustado vestido. Como no le quitara las medias, a mi no se me ocurría más...

- ¡Oh! ¡Por favor, Silvia! ¡Despierta! ¿Por que siempre acabas desmayándote cuando salimos de fiesta? -me desesperé.

No contestó. Era de suponer que no lo había oído. Eso o que le parecía inecesario contestar.

A medida que pasaban los minutos, mi inquietud crecía contando sus respiraciones, acariciándole las ardientes mejillas... Y la idea de que, un milagro no iria nada mal, se reafirmó en mi interior.

Yo debía caerle bien a alguien de allá arriba. Por primera vez en mi vida, mis súplicas por bajarle la temperatura a Silvia fueron escuchadas.

Sobre su frente acababa de caer la primera gota de lluvia. Sonreí al sentir un tacto helado en la coronilla.

Y otra, y otra, y otra...


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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2012 10:55 am

- ¡Oh! ¡Por favor, Silvia! ¡Despierta! ¿Por qué siempre acabas desmayándote cuando salimos de fiesta? –escuché gritar a Lucas súper bajito…

Quise responderle algo así como… “va con el paquete de traumas y poderes” pero nada, mi cochambroso cuerpo no me dejaba, pasaba de mí tanto como yo de las mates… Aunque por suerte, empezó a remitirme el espantoso dolor de cabeza. Ahora solo era malo.

Poco a poco empecé a notar frescura y… entonces… algo húmedo me tocó en mi frente, y así, poco a poco, en cada parte en la que se encontraba al descubierto mi piel. Esto provocó una deliciosa sensación de independencia. ¡Al fin era yo la que poseía a mi cuerpo y no viceversa!

Abrí pesadamente los ojos descubriendo que apenas me costaba respirar. Cuando conseguí enfocar la visión, me encontré con un novio de lo más aliviado y un lugar de lo más maloliente. ¡Mierda, pero donde estamos! Una gota me cayó sobre la punta de mi nariz.

Estaba lloviendo… miré hacia arriba, intentando contemplar algo en especial, pero solo había oscuridad. Negrura y agua. ¿Lo bueno? Que cada gota hacía despejarme más y más. ¿Lo malo? Que solo me dejaba pensar una cosa… Que tenía tanta sed como Jesús cuando estaba por el desierto durante cuarenta días…

Pero en el fondo me daba igual… me sentía muy a gusto con Lucas así… en esa posición. Aunque tendría que hablar si no quería preocuparle… ¿qué decirle?

- ¿En dónde estamos? Huele fatal… -dije a media voz. Un poco perdida, quizás.

Creo que ese comentario le hizo casi reír. Solo casi. Al parecer me había pasado de la raya con mi insistencia en seguir meneando el trasero…

¿Se atrevería a volver a bailar conmigo? No, por desgracia seguro que jamás volvía a bailar junto a mí…


Última edición por Silvia Fest Fox el Mar Ene 24, 2012 11:42 am, editado 1 vez

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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Ene 24, 2012 11:38 am

- ¿Hasta hace poco? Estábamos en la autopista hacia el infierno...-gruñí malhumorado. La fulminé con la mirada, o esa fue mi intención principal. La tía coontratacó poniendo esa cara de cachorrito abandonado, sabiendo que me llenaba de una ternura insufrible por dentro. Resoplé- No me vuelvas a pegar estos sustos, ¿Vale?

Asintió, obsequiándome con su sonrisa más preciosa. Para rematar, en un gesto de cariño, Silvia se convirtió en obillo en mi pecho, achuchando la oreja en mi corazón. Me removí, inquieto. No sé porque le debía gustar tanto oírme latir.

Debía sonar atronador. Vergonzoso.

La lluvia también ayudaba en mucho a mis pómulos.

- Emmm... ¿Te quitas de encima mío? -le pedí timidamente, sin atreverme a mirarla con demasiada fijación.- Tenemos que despedirnos de tu amigo... Y ya de paso, comprarte algo para beber antes de que te deshidrates como un higo.

Como empezó a reírse, de una forma tan melódica, tan pura... me contagió. Se borró toda mi angustia, dejándome disfrutar de la situación. Estábamos abrazados, juntos, empapados... Me encantaba. No cambiaría nada de ese cuadro.

Bueno sí. El olor a basura de la semana pasada, por ejemplo.


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Re: Mucho ruido y pocos cubatas (Silvia)

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