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Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Luis Mendañá el Sáb Feb 11, 2012 8:50 am

OFF: Sí, ahora salgo de escena definitivamente

ON:

Observé toda la escena, como Juliette llamaba algunos de los recién llegados a ver aquella masacre, "Madre" no lo aprobaría, pero hacía mucho que "Madre" no aprobaba nada de lo que hiciera, los secuaces no iban a decirle nada a "Madre" porque estaban divididos entre los que les gustaban más mis métodos y los que seguían la metodología de "Madre", por lo que si se chivaban a "Madre", los que seguían mis pasos se vengarían de alguna manera. Tampoco creía que Juliette fuera a decirle nada a la gran jefa porque había sido la misma Juliette la que me había sugerido que trajera a los novatos para aprender la lección, por lo que no creía que quisiera quedarse sin aquellos espectadores. El problema era que Lucas llegara a convencer a "Madre", en el caso de que llegarán a mediar palabra, de lo que habíamos hecho.

Todos aquellos pensamientos se me fueron de la cabeza cuando escuché los primeros gritos de dolor, lo que hizo que sonriera de lado, satisfecho con el dolor de Lucas como una especie de recompensa por las malas consideraciones que tenía por parte de "Madre", pero más me contenté al escuchar a Lucas suplicar por su muerte, visto aquello no había necesidad de ver nada más de la tortura, no podía haber nada mejor que aquella humillación. Así pues, subí las escaleras hacia mi despacho para acabar de tramar el plan para capturar al resto de la familia, escuchando los gritos cada vez más lejanos.
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Feb 13, 2012 3:22 am

A pesar de mi estado de total desconexión con la realidad, era imposible pasar por alto ese sonido tan bonito.

Juliette era un ser diabólico y sin escrúpulos, pero cantaba de lujo, todo hay que decirlo. Su voz tenía un contrapunto tan puro, tan nítido y harmónico que hasta me daba cosa seguir estropeando su canción con mis grotescos gritos de dolor.

Pero no podía evitarlo. Me veía incapaz de parar cuando sentía que me tiraban aceite hirviendo sobre el cerebro. No, peor. Era como si un soplete invisible quemara mis sesos y fundiera mi cráneo. Kilos y kilos de hierro al rojo y brasas ardiendo. A ese fuego se le iba echando cada vez más leña, sin piedad alguna.

Insoportable sería la palabra, pero lo peor es que lo tenía que soportar quisiera o no. No había más opción. Mi única vía de escape era chillar, llorar desesperadamente, retorcerme, dar patadas, arañar el suelo como si pretendiese cavar una zanja... una zanja que sería mi tumba. Y aún así, no era desfogo suficiente. Necesitaba más. Arrancarme la piel a tiras sería una buena opción ¿No? O desenroscarse de mi cabeza. Ser dos partes independientes.

Casi podía oler el olor a carne calcinada. Era muy angustioso.

No sé cuanto tiempo pasó desde que tuve el último pensamiento coherente. Todo estaba distorsionado, todo se regía por ese calvario. Pudieron pasar milenios o solo unas horas. A lo mejor ni eso.

Sólo sé que de repente, fui consciente de que ya no escuchaba esa melodía alemana. Hacía rato que no la oía, en realidad. Ni tampoco me oía a mí. El dolor seguía ahí, con su resquemor insufrible, pero de repente... quedó en un segundo plano. Como si no fuera tan importante. Como si lo sufriese otro.

Veía chiribitas a través de mis párpados fuertemente apretujados. Y esas chiribitas se convirtieron en personas. En sonidos poco definibles.

Solo veía flashes de momentos concretos, poco claros, con borrones. Como verlos a través de un cristal de bohemia.

El día que me abandonaron. La expresiones de asco y miedo que me dedican mis padres.

Yo transformándome. Nunca fue una sensación que me gustara.

La primera vez que veo a Padre. Da miedo, impone.

Jimena me abraza, pensando que soy Silvestre. Huele bien y no parece mala persona. Nadie me había abrazado en dos años.

Yo transformándome en Mario. Quiero ayudar.

Hugo me sonríe. Es un gran tipo, tiene un gusto más que bueno para los cómics.

Estoy viendo una peli con los Castillo. Son una familia cojonuda, me siento parte de ellos. Parte de algo.

Le leo un cuento a Carlos para que se duerma.

Estoy convertido en Vanesa. Hugo me besa. Con ganas.

Culebra me pide ayuda. Debo convertirme en un profesor. Lo que se hace por la familia.

Veo a Mateo. Y a mis padres después. Pero no puedo volver a casa, me han hecho daño.

Conozco a Silvia. En la clase se ríen de su apellido. No me parece bien, parece una chica simpática. Y guapa...

A partir de ese momento, todo se volcó en ella. Silvia. Silvia y más Silvia. Silvia a contraluz, Silvia riendo, Silvia semidesnuda, Silvia con vestido de fiesta, Silvia llorando desconsolada, Silvia enfadada, Silvia en diapositivas, en multicolor, abrazándome, cogiendo un cómic entre los guantes, comprando una sudadera, tentándome con sus piernas, obligándome a bailar, mirándome, pegándome una galleta, besándome, probándose ropa... En el cole, en la calle, en mi casa, en la cama, en el parque, en la piscina. Da igual.

Eso marcaba el fin de un ciclo. Era bonito pensar que lo último que vería sería a ella, por más estúpido que pueda sonar.

Mi cerebro se empezó a apagar. El fuego seguía ahí, simplemente es que ya había empezado a consumirme. Me entregué a él, acepté el eco del dolor con cierta indiferencia, sabiendo que llegaba a las puertas de la muerte. Que estaba tocando el felpudo con mis bambas.

Pero justo antes de poder cruzar, todo se quedó a oscuras. Ya no pude ver nada. Ni sentir nada.


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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Juliette Müller el Lun Feb 13, 2012 8:16 am

Canta. Canta. Sigue cantando. Pase lo que pase no dejes de cantar.

Mi mente me hablaba mientras que seguía su consejo y continuaba con aquella aria, sin apenas dejarme tiempo ni de respirar entre compás y compás, como si el silencio minúsculo que pudiera suponerme la toma de aire me asustara. Y sí, realmente me daba miedo escuchar el silencio, dejar de oír todo lo que me rodeaba, de tal modo que solo mi conciencia se hiciera escuchar. Me aterraba poder oír la voz que siempre me aconsejaba, pues sabía que me iba a decir con claridad que aquello que estaba haciendo era lo más vil que jamás llegaría a hacer.

Puede que hace tan solo dos semanas, aquella tortura me hubiera sido más placentera que una noche de buen sueño. Habría reído de buena gana con los alaridos de dolor, habría jugado con el infeliz de turno hasta que este se encontrase a las puertas de la Muerte, habría hecho miles y miles de diabluras a aquel que tuviera que soportarme como verdugo. Las habría hecho, y las habría disfrutado sin dudarlo, regocijándome en el dolor ajeno como la criatura sin alma que era, disfrutando del sufrimiento de otros como los reyes de la antiguedad en su momento hicieran. Puede que incluso hubiera intentado experimentar, tensar más la cuerda por llamarlo de algún modo, y tratar de acercar a la pobre víctima un poquito más a la Muerte, aunque sin dejarla caer en las huesudas manos de la Parca.

Pero ahora eso se me hacía muy complicado, ciertamente. No podía dejar de pensar en que estaba destrozando a más de una persona con aquello: tanto a Lucas, como a esa condenada familia suya y a su dichosa y pava novia. Y este sentimiento de desazón era lo que me ponía de los nervios, pues ¿cuándo había yo sido una persona compasiva? ¡Nunca, ni un solo de los días que ocupaban mi vida hasta ahora! Y allí estaba yo, intentando ignorar a mi conciencia, para seguir siendo la misma de siempre. Y para ignorarla, cantaba, cantaba y seguía cantando, aunque me quedara afónica.

En un momento dado, los gritos de Lucas cesaron, y también hizo eso que mi voz enmudeciera. Detuve prestamente el flujo del fuego por sus venas, pues ese silencio significaba que la fina línea que marcaba el paso de la vida a la muerte estaba a punto de ser cruzada. Si seguía dejando al fuego correr, probablemente Lucas acabaría muriendo en menos de un minuto. Ya era hora de parar y echarle un buen cubo de agua por encima para que se espabilara un poco. Así pues, mandé a uno de los niños a por el recipiente, mientras que yo me acercaba a la cámara como quien no quiere la cosa.
-Vuestro querido Lucas os está esperando-dije a esta, con una malvada sonrisa curvando mis labios-¿Por qué no venís a jugar con nosotros? Lo vamos a pasar muy bien...
Dicho esto, apagué el aparato. El vídeo sería más que suficiente para convencer a aquella familia de que Lucas no se encontraba bien.

Al poco rato, el chico que había enviado, regresó con el recipiente, que vacié sobre el malaventurado de turno. El agua gélida siempre los reanimaba y les ayudaba a recuperarse un poco de mis salvajes sesiones.
-Bueno, creo que por hoy ya hemos jugado bastante, chico freak. Me gustaría seguir un poco más, pero no quiero molestar a la Parca con una pieza a la que no se va a poder cobrar, o al menos no todavía. Pero seguro que estás implorando su llegada, ¿no es así?
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Feb 13, 2012 10:16 am

Mucha gente usa esa expresión de "Me desperté como si acabaran de echarme un jarro de agua fría a la cara", pero no tienen ni idea de lo que hablan. Es brusco y desagradable.

Yo no pedía para nada recuperar la conciencia. Recuerdo estar infinitamente más a gusto flotando en esa intensa negrura sin sentido. Sin pensar, sin notar ni mi cuerpo. Era más fácil de ese modo ¿Para qué quería regresar al mundo real? Da miedo. Me decantaba por quedarme ahí para siempre, en algún lugar entre la muerte y la vida... pero no pudo ser. Sin consultármelo, me devolvieron de sopetón todos mis sentidos, mismamente como si acabaran de darme una bofetada. Una bofetada helada.

Jadeé, abriendo los ojos de par en par por el puñetero y enorme sobresalto. Me sentía perdido y profundamente desorientado, ya que lo único que reconocía a mí alrededor eran mis propios latidos desordenados. Ni siquiera conseguía recordar como había llegado hasta esa sala tan fría.

Mis pensamientos, filtrándose con lentitud igual que las gotas que rodaban nariz abajo, empezaron a esclarecerse. Me horroricé por ello. Si esas imágenes no fueran tan nítidamente vividas y encarnizadas, habría apostado algo a que todo había sido una pesadilla. Pero de nuevo, iba muy equivocado.

Juliette seguía ahí. Observándome con su actitud de condescendiente superioridad, cruel e indiferente a cuanto se le pusiera en medio. Ese “cuanto se le pusiera en medio” era yo. Aturdido, observé el recipiente que sujetaba entre sus manos. Encajé ideas. Bueno, no me habían tirado el contenido de un jarrón, precisamente, pero me acercaba.

Aturullado, me esforcé por incorporarme, de forma pesada, torpe. Fue despegar la mejilla del suelo y el mundo entero se puso a dar vueltas como un tiovivo. Tenía hasta ganas de vomitar.

Solté un quejido lastimoso, apartándome las hebras del flequillo empapado de mis ojos. El agua me había hecho relativo bien. Sentía un débil eco del cataclismo acontecido anteriormente, pero no pasaba de ser algo parecido a una simple resaca en comparación con su jueguecito de las venas combustibles. Eso sí era algo que no me venía capaz de soportar. No otra vez.

Claro que al procesar las palabras de Juliette, supe que iba a haber más. Ya habíamos tenido bastante por hoy… Es decir que se volvería a repetir. Claro. Como si no lo supiera.

Gimoteé ya sin lágrimas, apoyando los codos sobre mis rodillas y la cabeza entre mis manos, para no desfallecer ¿Qué si me seguía queriendo morir? Sin duda. Pero ese no era el deseo que imperiaba en ese momento. Lo sería en cuanto las llamas me comieran.
Pero no ahora.

- Yo solo… yo solo quiero irme a mi casa –confesé con voz apagada. Caí en la cuenta de que quizás hasta me hubiese quedado un tanto afónico. No sería de extrañar, esa loca sádica me había hecho gritar como nadie en mi vida.- ¿Por qué me haces esto? ¿Yo qué te he hecho? ¿Eh? ¿Y mi familia?

Me quejaba como un niño pequeño al que han castigado injustamente. Pero la diferencia es que yo convertía la frustración, la mera pataleta, en un simple susurro de vencimiento. No podía más. De verdad que no.


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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Feb 19, 2012 12:22 am

Respirando entre dientes, como si hubiera corrido la maratón, observaba aquel ovillo tembloroso y achicharrado que ahora era Lucas. Sabía que, a sus ojos, yo no era más que una bruja surgida del averno, una nazi que se había equivocado de época. Bueno, no en vano afirmaban muchos que yo podría haber sido capaz de poner a Hitler de rodillas y hacer que me suplicara cualquier cosa que yo quisiera. Había quien incluso afirmaba que podría ser la dueña de todo el mundo si me lo propusiera, pues con un simple gesto de mis dedos podía conseguir que el mayor líder mundial quedase reducido a un montoncito de cenizas. Era poderosa, y lo sabía. Era casi una diosa, y lo sabía. Pero a pesar de todo nunca me había arriesgado a hacer semejantes cosas, por el simple hecho de que no aspiraba a tanto. Me conformaba con ser una cantante de ópera reconocida en ese mundo, y lo demás me traía al pairo. No quería ser una emperatriz o una reina (más que nada porque era republicana y sería un poco contradictorio a mis ideales) sino una cantante. Nada más.

Claro que cualquiera que me viera actuar como ahora había hecho, no consideraría eso sobre mí. Pensaría que no era más que una sádica y una loca que gozaba con el dolor ajeno. Puede que disfrutara un poco, pero no gozaba tanto como pudiera hacer creer a los demás. Parte de ese gozo no era más que una sensación de liberación, de relajación. Soltar el fuego que me corría por dentro, dejarle libre para arrasar y correr a voluntad era un verdadero descanso para mi mente. Todos los días, desde que me levantaba hasta que me acostaba, había de andar cuidando que mi poder fuera controlado en cada minuto, y que no se me fuera de las manos cuando me sobresaltaba o similar. Ese era uno de los motivos por el que la tortura me gustaba: el fuego no debía ser controlado, y podía desfogarse sin consumirme a mí con él.

Mas seguramente, los demás no entenderían ese sutil detalle que parecía tan obvio pero tan enrevesado. Ellos no sabían lo que era vivir todo el día pendiente de evitar provocar incendios, de estar concentrada cada hora en mi mente, manteniéndola en en el estado apropiado para no crear un cataclismo. No iba a decir que no me conviniera, pues así me hacía respetar por los demás, me hacía ser una persona temida y, al mismo tiempo incluso admirada por mi sadismo. Sabía perfectamente que mi presencia era notable en toda la organización, más que nada porque aunque yo no estuviera presente, la gente siempre hablaba con temor sobre mí. Se podría decir que era una especie de Conde Drácula de la época moderna, aunque en versión humana y femenina.

Miré a Lucas, que en esos momentos, con debilidad, me preguntaba por los motivos de mis actos. He ahí otra prueba de su idiotez, pues ¿se pensaba que iba a decirle las razones de mis acciones por que sí? Desde luego, eso no era algo que estuviera anotado en mi lista de prioridades. Si quería seguir pensando que yo era una bruja, no le iba a quitar la ilusión, ciertamente. Aunque lo peor de todo es que yo misma reconocía que había cierta saña en mi comportamiento con él, y todo debido a que él si podía mostrarse humano, cercano a las otras personas, mientras que yo no. El mío era un destino sublime y solitario, ciertamente.
-Me has hecho lo peor que pudieras creer, aslog-dije con calma y frialdad-Existir, vivir, respirar. Por eso voy a destrozarte, hasta que sepas la agonía que supone el sentir el fuego corriendo por tu cuerpo sin que tu hayas querido que esto suceda.
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Feb 19, 2012 3:00 am

Me quedé observando su rostro níveo, conmocionado. El horror volvía a revolotear en mi pecho.

- ¿Sólo porque existo? ¿Eso es todo? –gemí con gesto incrédulo.

Uy, pues perdóname por haber nacido Juliette. No imaginé que eso te fuera a molestar tanto.

Sacudí mi flequillo empapado, e hice otra intentona de ponerme en pie. Esta vez casi lo consigo… si no me hubieran temblado tanto las rodillas. Tropecé y volví a caer, destartalado. Humillante. Menuda mierda.

Inhalé aire, apoyando las palmas de las manos en las frías baldosas del suelo, para tener sujeción, algún punto de apoyo. Seguía sintiendo unas imperiosas ganas de echar la pota, no era plan de tentar a mi estómago con movimientos bruscos.

- Yo… yo nunca he creído que las personas sean malas por naturaleza –murmuré, observando la caída de una gota de agua, de mi barbilla hasta precipitarse sin remedio al suelo. Igual que me había pasado a mí- Soy de la opinión de que… de que todo el mundo puede redimirse. Ya sabes, que incluso las personas más cabronas tienen su parte buena –incluso Pablo, por ejemplo. O mis padres, por muy crueles que pudieran ser conmigo. Todo el mundo necesitaba una segunda oportunidad. Suspiré, abatido- P-pero en una de esas… a lo mejor me equivoco. Puede que Culebra tenga razón cuando dice que soy un iluso que vive en el país de la piruleta –sentí como me subía la curvatura de mis labios, impregnados con una sonrisa amarga. - Tú debes ser una excepción.

Echaba de menos al macarra de mi primo. Con indisoluble fuerza. A él y a todos los Castillo ¿Cuánto tiempo sobreviviría separado de ellos? ¿Y de Silvia? No demasiado, Juliette se encargaría de ello. Quizás me volviera loco antes de que pudiese acabar conmigo. Tenía muchas posibilidades de que eso ocurriera.

Y sí, estaba equivocado. Existía la maldad en genuina primicia. “Padre” sería un buen ejemplo y la pirómana alemana también. Era la recadera de Satanás.

Usé las pocas fuerzas que resistían a morir en mí. Me levanté, ignorando el tambaleo que eso ocasionó en todo mi cuerpo, haciendo un efecto dominó en cada partícula. Estudié en profundidad su iris de color sanguinoliento.

Sí. Puede que me equivocara.

- ¿Él… conoce esta parte de ti? -acabé por pronunciar, con voz lúgubre- Me refiero a… a tu amigo de infancia -¿Ben, verdad?- No parece… mal tipo, así que n-no sé si aprobaría esto que me haces –volví a recurrir a machacar la uña con los dientes, agolpando la ansiedad- ¿Te la suda decepcionarle?

Era algo rastrero, pero yo solo tenía un hilo del que tirar para que cambiara de opinión o, como poco, para hacerla sentir una milésima parte de mi angustia. Jamás conseguiría hacerle la mitad de daño del que ella me hacía a mí y, curiosamente, tampoco quería. Eso era lo que nos diferenciaba.


Última edición por Lucas Castillo el Dom Feb 19, 2012 5:41 am, editado 1 vez


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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Feb 19, 2012 3:22 am

Con una sonrisita de suficiencia, observaba al despojo humano que yacía como un perro a mis pies. Me gustaba sentirme superior, sentirme alejada de mi propia naturaleza y creerme algo más que una simple humana con unos poderes que la diferenciaban un poco del resto. Siempre me había repetido hasta la saciedad que era diferente, que no era una persona normal. Siempre lo había hecho cuando recogía las cenizas de los objetos que, sin querer, había quemado, e incluso cuando enterré yo misma a mi conejo, el día en que sin querer lo achicharré vivo. Aquella bolita de suave pelo que hasta hacía unos minutos siempre correteaba detrás mía, me hizo ser consciente de que no era normal, y de que por mucho que me doliera ese hecho, jamás podría llevar una vida como el resto de los seres humanos. Me había concienciado, me había adaptado a esa forma especial de ser, de tal modo que ya apenas si me reconocía en la chica que fui en un pasado. Había aniquilado mis sentimientos para no sufrir si, por error, quemaba a algo vivo.

Y lo cierto es que me traía al pairo el haberme convertido en una persona gélida, sin sentimientos y sin piedad. Me daba igual ser un caso perdido, o un interesante proyecto para algún psicólogo; yo ya era fuerte y había conseguido el equilibrio perfecto en mi vida para poder vivir con mis poderes sin odiarlos. Me había adaptado a ellos, de tal forma que, a cambio del sacrificio de mis sentimientos, había recibido un poco de paz y de ganas de vivir. Porque había pasado muchos días de mi pasado odiándome por ser capaz de desatar tales catástrofes, por no poder tocar a nadie a riesgo de quemarle vivo. Eso era algo que aquel chico había tenido la suerte de no experimentar.
-¿Eso piensas?-dije con calma-¿Que soy una déspota sin sentimientos? Creo que deberías conocer mejor los motivos por los que soy así antes de juzgarme, o es que eres demasiado tonto para ello. La verdad, creo que algo cortito sí que eres, wissen?

Y era cierto. Él no sabía lo que era ver como los demás tenían esperanzas de poder tener una pareja, de poder tener a alguien a su lado, mientras que tú debías recordarte que tus manos no eran más que llaves que abrían las puertas del Infierno, que todo tu cuerpo ardía como el núcleo de la tierra. Había pasado muchas noches derramando humeantes lágrimas, pensando en que siempre estaría sola, que nadie en mi vida me podría tocar. Y el ver como él se relacionaba con la pavisosa de los guantes era un aliciente para sumar a mi lista en su contra. Pero claro, eso no le interesaba en lo más mínimo.

Fui a marcharme, cuando tocó el tema más delicado que pudiera pasársele por la cabeza. Ben. Mi único punto débil, mi único reducto humano. Lo cierto es que había sido un consuelo el poder ver que era posible estar con él sin quemarle, que pudiera tocarme sin sentir el anormal calor de mi cuerpo. Si hubiera tocado esos detalles, por escabrosos que fueran, no me habría importado en lo más mínimo. Pero no, el idiota había ido a la parte más espinosa de todas, sobre si sabía la verdad sobre mi comportamiento. Y lo peor es que usó unas palabras completamente vulgares. ¿Qué se había pensado ese idiota, que no me importaba lo que Ben pensase de mí? Me importaba, y mucho, pero estaba segura de que la esfera que correspondía a Ben y a mi vida personal no debía mezclarse con la esfera perteneciente a mi trabajo con Padre. No era la primera asesina que tenía una pareja, ni la primera criminal que poseía a alguien a quien realmente amaba. Que me hubiera esforzado por no parecer humana no quería decir que hubiera dejado de serlo.

Podría haber ignorado aquellas palabras, irme sin más y dejarle allí solo con sus miserias. Pero no era conveniente permitir que aquel chico pudiera volver a tocar el tema de Ben como si tal cosa, era necesario escarmentarle para que no volviera a mencionarle. No iba a correr el riesgo de que Padre conociera su existencia y me mandase a ir a por él.
Así pues, me acerqué con paso firme, para luego agacharme y propinarle una fuerte bofetada.
-Si vuelves a mencionar su nombre, me encargaré de que Padre me de permiso para matarte. Y créeme, esto no es ningún farol, pues puedo ser muy persuasiva, como ya has visto. No me tientes, pues soy capaz de poner a todo el mundo de rodillas si así me place.
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Feb 19, 2012 7:36 am

¡Carambas! Para nada esperaba una reacción tan violenta por su parte, pero teniendo en cuenta lo desequilibrada que estaba, no debía haberme sorprendido tanto.

La bofetada que me pegó hizo restallar la carne de mis mejillas y me giró la cara hacia un lado. Nunca sabía cómo debía reaccionar ante esa clase de agresiones, así que simplemente, atónito, llevé una mano hacia el hormigueo punzante que empezó a invadirme donde había marcado sus dedos.

La piel de Juliette era extraordinariamente cálida. Y su guantazo picaba cosa mala.

Mi padre, la madre de Hugo, Silvia, ella… ¿Cuántas personas más me iban a cruzar la cara antes de cumplir los dieciséis? Bueno, eso si los cumplía, claro. Porque según Juliette, era capaz de no dejarme pasar de esta semana.

Ignoré el estremecimiento de alarma que mostró mi instinto de supervivencia. Eso y el miedo… no podía estar más asustado, así de fácil.

- Yo…no iba a decírselo a nadie–apunté rápidamente, separándome un paso y medio. No me hacía ninguna gracia estar cerca de ella. Su cuerpo desprendía un halo de calor que me agobiaba, me hacía presentir todo lo malo por venir. Suspiré y separé la palma de mi mano del pómulo, seguramente enrojecido- Pero… matándome ahora casi me harías un favor ¿No? Es eso o… seguir y arrepentirme por no haber muerto durante el resto de mi vida.

Las palabras sonaron estranguladas. Me eran abrumadoras. Desde luego, ninguna de las dos opciones molaba en exceso, pero dejando aparte la cobardía, me decantaba más por la última. A lo mejor un día les sorprendía a todos suicidándome, claro que aún estaba por ocurrírseme cómo.

- Hay cosas peores que morir –acabé por sentenciar, sombrío.

Mucho peores, entre ellas, el juego de persuasión de la psicópata. O perderlo todo de un plumazo, en una sola tarde. Repentinamente desolado, giré hasta sentarme en la cama de rígidos muelles, provocando un crujido con la brusquedad con la que me dejé caer.

La habitación ya no se quemaba, pero en contraposición me atacó un frío intrínseco que arrasaba con todo. Me sentía tan triste…

- Ya me has jodido la vida. Y quieres joder también la vida de los Castillo ¿Qué más crees que puedes hacerme?

No era un reto, para nada. Sólo era una pregunta vacía de significado.

Porque la respuesta tenía que ser “Nada, en absoluto”.

¿Verdad?


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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Juliette Müller el Lun Feb 20, 2012 5:31 am

Me reí levemente ante sus palabras. Vaya, ahora tenía a un ovillo humano completamente derrotado ante mí, que era justamente lo que yo pretendía, el poder ver a otra persona sufriendo, retorciéndose de dolor por la suerte aciaga que le había tocado vivir. No es que fuera lo sumamente placentero que yo quería, ni mucho menos, pero al menos era algo que me llenaba medianamente, por decirlo de algún modo. Era ahora otra persona la que se veía resignada a la suerte de su existencia, y viendo ese dolor me sentía más tranquila conmigo misma, aunque supiera que aquella calma fuera a ser algo simplemente temporal. Bueno, al menos era algo, y era preferible a nada.

Aún agachada al lado de lo que quedaba de Lucas, miraba como la marca de mi mano iba formándose en su mejilla, con una nitidez más fuerte que la que habría producido la bofetada que cualquier otra persona le pudiera haber dado. Gajes de tener las manos como hierros ardientes, aunque al menos le había hecho más daño, asegurándome así de que no volvería a tocar el tema de Ben. Por mucho que prometiera no contarlo, por mucho que lo asegurase, yo sabía perfectamente que, como una medida desesperada para librarse de mí, podría decírselo a Padre o similar, con la esperanza de que me relegara a un puesto más bajo y poderse así librar de mi ígnea presencia.

No me convenía dejar que Padre supiera el nexo que me unía a Ben, ciertamente. De conocer mi único punto débil, me usaría más a voluntad que nunca, pues me tendría sujeta de pies y manos, cosa que hasta la fecha nunca había podido conseguir. Dejaría de ser un ente más o menos libre, para ser una sometida más a su tiranía y a su mando de hierro. Y eso era algo que a mí no me apetecía en absoluto, ciertamente. Prefería morir de pie, como se decía en mi país, que vivir arrodillada, rindiendo pleitesía a una persona a la que no le debía nada en absoluto.
-Nadie ha dicho que fuera a matarte-dije respondiendo a su súplica-Eso sería lo fácil y me restaría horas de diversión. Ya hemos dicho que vamos a jugar muchos días, y no voy a dejar este juego tan divertido solo porque tú consideres una salida de cobarde.

Y encima decía que le había jodido la vida. No, si el pobre muchas luces no tenía, o no parecía conocerme con todo lo que ya le había hecho. Le hacía falta espabilarse sin lugar a dudas, ciertamente.
-Aún no he hecho tu vida miserable de verdad. Pero créeme, voy camino de hacerlo.

OFF: perdón por la calidad, pero escribir un post después de pasarte toda la noche en los carnavales no es fácil.
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Feb 20, 2012 7:27 am

Conteniendo el aliento, me masajeé la mejilla candente, a una temperatura considerablemente más alta que el resto de mi cuerpo.

Claro que la creía cuando decía que iba a hacerme miserable, pero mi imaginación no daba para más. No podía concebir nada más doloroso, nada que fuese peor. Las expectativas me aterraban. Me esforcé por tragar grueso, impidiendo que la bilis trepara hasta mi boca.

En la vida me había sentido más desgraciado y va la tía y me hace la promesa de poder redoblar aquella sensación, como si todo lo que había soportado apenas fuera el comienzo… Y lo era. Mientras que yo simplemente me planteaba como sobreviviría a un día más, Juliette ya tenía planeada la forma de desmenuzar mi existencia entera entre sus manos.

Me mordí la uña, observando el suelo con estúpida fijación. Estaba desecho, odiándola a ella y a mi suerte. Seguro que estar en Guantánamo era como visitar un hotel de cinco estrellas, en comparación.

No pude evitar preguntármelo. Cómo y cuánto tiempo tardaría en chafar mi espíritu, hasta convertirme en una bola humeante y martirizada que no sería ni humana. Hasta desatar la cuerda que me ataba a la razón.

- No es justo –gimoteé, como si acabara de perder al póker por una trampa descarada ¿Qué había hecho yo para merecer aquello?- Ni siquiera pedí haber nacido siendo… así. Yo solo quería una vida normal. Una vida alejada de todo esto. Y de “Padre”.

Justamente eso era lo que querían también los Castillo. Y éste, su precio a pagar por haber desafiado una organización de calibre mundial.

Es de suponer que esa clase de privilegios no estaban hechos para nosotros. Que no existían ni los arcooiris ni el país de la piruleta, ni los finales felices. No para gente así.

Iban a condenarnos. A todos. Obligados a ver como las personas que más te importan en el mundo se retuercen delante de ti; a sentir que te arrancaban la piel desde dentro usando una cizaña al rojo. A estar encerrados. Muertos cuando apenas habíamos empezado a vivir.

Me estremecí al recordar la prueba más cruenta de ello. El vídeo.

- Te han ordenado capturar a los Castillo –le recordé, con la garganta reseca por la angustia- A nadie más.

M sentí vibrar.

Si Silvia veía aquello, moriría de dolor. No podía permitirlo.

OFF: Bah! No es mala calidad, mujer... De todos modos, yo tampoco ando muy fina, llevo pachucha desde ayer. Cada loco a su tema XD


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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Juliette Müller el Mar Feb 21, 2012 10:13 pm

Sentía mi cabeza a punto de reventar, como si fuera una olla a presión. Y era normal, debido a que estaba pensando en demasiadas cosas en esos momentos. En mi culpabilidad por lo que estaba haciendo, en la lealtad que debía a Padre, e incluso en esas nuevas sensaciones llamadas remordimientos, o algo similar, y que me estaban carcomiendo por dentro. Gracioso, ¿verdad?. La mujer de hielo, derretida, la inhumana, apiadándose. Raro era esto, y lo demás tontería. Nunca me imaginé a mí misma teniendo un dilema moral, debatiéndome contra mis propias y arraigadas creencias. Eso no era algo habitual, y lo cierto era que incluso me estaba comenzando a asustar de ver como yo misma me estaba... ¿humanizando?

Necesitaba poner en orden mis prioridades, poder decidir que era mejor en que ocasión, por llamarlo de algún modo, refiriéndome a mis personalidades. Siempre había lucido la de persona fría y déspota, y ahora esa especie de carcasa en la que me protegía se estaba quebrando poco a poco, dejándome desprotegida ante los avatares del mundo. Y eso era algo que no me hacía ninguna ilusión, ciertamente.

Estuve tentada de decirle a Lucas unas cuantas verdades sobre eso de que "no era justo". ¿Qué sabría él de la justicia? ¿Qué sabría él de lo que nosotros queríamos o no hubiéramos querido? La respuesta era simple, poco. Él al menos había podido encontrar una especie de familia donde llevar una vida más o menos normal, donde poder desenvolverse como si todo esto no fuera más que un sueño descabellado. Pero no sabía lo duro que el mundo podía llegar a ser con alguien, lo cruel y déspota, incluso aunque desconocieran el hecho de que tenías poderes.
-¿Me vas a hablar a mí de justicia?-le espeté-¿Me vas a decir que no has querido elegir tener poderes, cuando yo tampoco lo escogí? Nos tocó a nosotros el ser marcados con ese destino, ya sea por algo o no. Pero a diferencia tuya, yo le intento sacar el máximo partido en vez de irme llorando por las esquinas.

Fui cruel, desdeñosa y fría. Podría haberle consolado, pero eso no entraba dentro de mi cómputo de reacciones, así que lo obvié. Además, me haría parecer increíblemente débil el mostrarme... condescendiente con alguien a quien yo misma había torturado de forma casi inhumana. Ya rumiaría mis problemas personales a solas, pues no me apetecía hacer partícipe a los demás de ellos, y menos a aquel niñato.
-Una cosa es lo que me ordenen, chico freak, y otra muy distinta es lo que yo haga. Creo que nos lo vamos a pasar mucho mejor cuando tu novia se una a nuestro pequeño juego, ¿no crees?

Y dicho esto, me marché de la sala, dejando atrás a aquel chico sin ni siquiera preocuparme por ver el efecto de mis palabras. Tenía más cosas que hacer, aparte de torturar a un idiota hasta que se volviera loco.

OFF: dejo el post.
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Re: Reencuentro anhelado (Juliette y Lucas)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Feb 22, 2012 6:55 am

¡Zas!

La sangre se zafó de mi cara.

De inmediato, sentí que se me congelaban las entrañas ante la idea de echar una partida de tres al juego favorito de Juliette.

Me horroricé desde cada vena resquemada; me contuve de respirar hasta tal punto que empecé a marearme. Cuando fui conciente de lo que eso implicaba y pude regresar del shock, la alemana psicópata había desaparecido. Me había dejado ahí, solo, desvalido. Sintiéndome a sacudir.

Ya sabía a lo que se refería. Ya entendía cómo conseguiría hacerme realmente desgraciado. Era retorcidamente sencillo. Únicamente podía existir una cosa peor que soportar ese dolor: Que fuese Silvia quien lo sufriera. Y Juliette lo sabía.

Fue brutal la masacre interna que sufrí. Había perdido la cuenta de las veces que me había desmoronado ese día. Estaba roto, al límite de las fuerzas... pero eso no me impidió levantar de un revuelo. Impulso, irracional. Mi corazón bombeaba con una cantidad ingesta de odio y pánico.

La cara de Silvia, contorsionada de dolor, se recreó con cruel exactitud en mi subconsciente.

Tenía la boca llena de ponzoña, de insultos y de gritos. Pero antes de poderlos expulsar, yo ya apaleaba la puerta con los puños. Sabía que tenía que dolerme, pero la adrenalina no me dejó notarlo. Solo podía pensar en una cosa.

- ¡Eh! ¡Eh tú! ¡Espera! ¡Vuelve aquí! ¡No la toques! ¡VUELVE! -los guardias de la entrada debían flipar con las patadas feroces que le pegaba a la puerta. Como si esperara tumbarla. Pero ya no esperaba nada. Sólo morirme y que el funeral fuese barato- ¡Ella no ha hecho nada! ¡No tiene nada que ver! ¡NADA! ¡No te acerques a Silvia! ¡¿Me oyes o qué?!...¡Joder! ¡QUIERO SALIR! ¡SACADME DE AQUÍ!

Grité eso último a todo pulmón, a pesar del escozor en mi garganta, media docena de veces más, por pura y simple desesperación, por histerismo. Llegó el punto en que no pude confiar en mis extremidades y me dejé caer, rodillas contra el suelo. Hasta que el vacío en mi pecho se infló tanto que fui incapaz de aspirar una sola bocanada de aire. Mis ojos quedaron arrasados por el llanto otra vez, para variar.

Me bastó sollozar una sola vez para sellarme el destino. Para sellar el de Silvia, el de todos los Castillo.

Si alguna vez tuve la esperanza en que alguno saldría impune, vivo, acababa de ser truncada.

No quedaba nada a lo que aferrarme. Se acabó.

OFF: Ale, pos... A cerrarlo!


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