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Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

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Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Sáb Feb 04, 2012 6:30 am

Tenía que ser valiente en este asunto por una vez. Sí, dejar de esconderme, de ser siempre una persona a la sombra, que espera una simple oportunidad que nunca llega para declarar lo que siente. Dejar de cortarme cuando intentaba sincerarme, y poder aclarar las cosas de una vez, sin tener que seguir indagando al respecto. Ya me había hartado de no saber a que atenerme con Juls, a desconocer la forma de etiquetarla dentro de mi vida. Era mi amiga, sí, pero después de lo sucedido me parecía que podía ser algo más que eso, más allá que una simple amiga de los viejos tiempos. A fin de cuentas, había confesado que me quería, y eso ya es un paso, ¿no?

La cosa era clara: tenía que ir a verla y aclararlo todo de una vez. Y esta vez no iba a dejarme ir, a dormirme en los laureles por cobarde y esperar a que ella fuera la que se dignase a venir. Porque si la esperaba, seguramente no aparecería. Sería yo quien fuera a buscarla por una vez en mi vida, y a confesarle con mucha más calma lo que de veras sentía por esa centella humana.

Así pues, aquella tarde me decidí por completo. Iría a verla y zanjaríamos ese espinoso tema de una vez por todas. Ya no habría más medias palabras, ni indecisiones por nuestra parte, o al menos por la mía. Lo que hiciera Juls siempre me era una incógnita, ciertamente.
Busqué su casa durante bastante rato, algo desorientado aún por aquellos lares, cuando finalmente di con ella. Era como si le hubieran puesto un letrero con su nombre, pues el edificio, sobrio y elegante, era una representación de su moradora.

Tuve que contarle quien era a varios miembros de su servicio antes de que por fin pudiera acomodarme en una salita que seguramente ella destinaba a las visitas. No comprendía esa manía suya por tener servicio hasta para quitarse el sombrero, pero lo cierto es que siempre había sido así, incluso en Berlín. No me quedaba otra que esperar a que la "diva" quisiera aparecer.
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Benjamin Von Cassel

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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Sáb Feb 04, 2012 6:49 am

Tic. Tac. Tic. Tac.

Mis ojos seguían el oscilante movimiento del péndulo del reloj casi con desgana, mientras que estaba tumbada en el diván de mi sala de música, sin ganas de hacer nada. Simplemente me bastaba ver correr el tiempo, seguir con mis ojos el oscilante péndulo del reloj, sintiendo la caída de los segundos como las hojas secas en otoño. Tic. Tac. Tic. Tac. A un lado. A otro. A un lado. A otro.
No sentía deseos de hacer otra cosa que perder el tiempo, nunca mejor dicho. Me sentía especialmente extraña, como si aquella que estuviera espatarrada en el diván no fuera yo, como si fuera otra la que estuviera papando moscas en aquella pesada tarde de finales de invierno.

Me sentía cambiada, diferente. Como si mi vida hubiera superado un punto de inflexión y lo que ayer era cierto o firme en mí, hoy no lo era. Ya no era la misma Juliette que podría haber sido una semana antes, ahora era... diferente. Un poco más humana, quizás, o tal vez menos sádica de lo que normalmente era. Todo debido a esa confesión a grito pelado en medio de mis propias llamas, una confesión que me hizo soltar mi secreto más celosamente custodiado: mi amor por Ben. Mi punto débil. El motivo de mi odio por mí misma.

Me rebullí en mi reclinatorio, furiosa por ser tan condenadamente humana, por haber sido capaz de dejarme llevar por un sentimiento tan cursi. ¿Yo enamorada? Jamás de los jamases habría imaginado que me vería en ese estado, débil y aovillada como una cualquiera que se viera alcanzada por la flecha de Cupido. Enamorada. Odiaba incluso el sonido de la palabra, su pronunciación me costaba y me llenaba de bilis el estómago. Y lo peor era que lo estaba, oh sí, completamente hasta la médula. Y una prueba de ello era que no me quitaba a Ben de la cabeza.

En esas estaba cuando mi mayordomo me avisó de que cierta persona me estaba esperando en la salita. Ni más ni menos que el causante de mis tribulaciones, el mismísimo Benjamin Von Cassel. Vaya, hablando del rey de Roma, había vuelto a ser inoportuno. Tal vez tenía ese don, como aquel otro que dejó entrever cuando estuve a punto de secuestrar a Lucas. Un escudo, creo que era.

Despaché a mi criado con un gesto desganado, para mentalizarme de lo que estaba por venir: iba a ver a Ben tras mi confesión de aquel día. Y lo peor era que no sabía como actuar, si seguir como siempre o mostrarme más cercana. Dilemas de alguien que nunca había sentido aprecio por nadie, ciertamente.
Así pues, decidí improvisar. Actuaría sobre la marcha, y ya se vería donde acabaría todo. De modo que bajé a la sala donde él me esperaba, controlando mi respiración para relajarme.
-Buenas tardes-le saludé de forma cordial y educada, y algo recelosa también-No esperaba verte por aquí...

Sentía mis piernas temblar, un temblor provocado por esos ojos azules que tanto adoraba. Ay cielos, a saber que iba a pasar si se quedaba mucho tiempo...
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Sáb Feb 04, 2012 7:11 am

Sentía como si aquel instante de espera se hiciera eterno, se alargase hasta más no poder, torturándome de paso con la incertidumbre. Y es que no sabía como actuaría Juls, como me recibiría, como reaccionaría. Siempre había sido tan indómita como su elemento, y jamás había sabido a que atenerme con ella. A veces parecía apreciarme por encima de todo, y otras se mostraba condenadamente distante. En más de una ocasión su errático comportamiento me había producido unas jaquecas de campeonato. Desde luego, si han de existir premios a relaciones complicadas, la nuestra se lo llevaba fijo. ¿Cómo entender a una mujer tan variable y temperamental? Iba a tener que comprarme... no sé, un manual o similar, porque estaba harto de sentirme perdido cuando trataba con ella.

Me prometí que en esta ocasión sería tan indiferente como Juliette, que no permitiría ser tan explícito en mis sentimientos para con ellas. Sería educado, cordial, pero no me mostraría tan deseoso por conseguir una simple mirada suya. Al menos no quedaría como un idiota enamorado de la mujer más inaccesible del mundo.

Ya hacía mis cábalas cuando ella, mi centella personal, hizo acto de presencia en la sala. No sabía como se las apañaba, pero era como si su mera presencia hiciera que la temperatura subiera poco a poco. A lo mejor era debido a esa sangre suya de lava, tan ardiente que se transmitía por el mismo aire de la estancia. Y ese mismo calor hizo que todos mis propósitos se fueran al traste, y cuando sus iris rojos se clavaron en los míos, noté que incluso mis latidos se aceleraban. No podía negar que amaba a esa mujer de fuego, a esa centella caída en la tierra cuya esencia aún corría por sus venas. Mi Juliette. La única por la que sería capaz de traicionar incluso mis principios más arraigados, como ya había hecho aquel día en el que ella me confesó sus sentimientos.

-Me apetecía visitarte-respondí a su pregunta-Pasaba por aquí y pensé, ¿por qué no visitarla...?-me sonaba estúpido incluso a mí, ciertamente. Alcé de nuevo los ojos hacia ella y, en un gesto casi maquinal, aferré sus manos entre las mías. Ardían; su temperatura era más elevada de lo normal, como siempre. Era habitual, pues después de todo ella era puro fuego.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Sáb Feb 04, 2012 7:31 am

Casi me dio un vahído. Y digo casi porque creo que fue mi férrea voluntad la que me hizo mantenerme en pie y no caerme al suelo como si un rayo me hubiera fulminado, como si me hubiera desmayado o similar. Ben tenía ese efecto sobre mí, esa capacidad de anular mis sentidos y obnuvilarme de tal forma que no podía pensar en otra cosa que no fuera él. Era una descripción de mi sensación un tanto manida, y más parecida a un texto sacado de una cursi novela romántica, pero ciertamente era así como me sentía: como si fuera una doncellita victoriana que ve con timidez al que será su pretendiente. Y eso me ponía de los nervios.

Supuestamente, ya estaba todo fuera, ¿no? Había confesado mis sentimientos, me había sincerado en un momento en el que los nervios me dominaron y me impulsaron a soltar todo lo que sentía, como si fuera una especie de surtidor humanizado o similar. Arrojé todo fuera con un ímpetu casi visceral, que incluso me dejó a mí misma completamente patidifusa. Y eso se debía a que había descubierto que seguía siendo humana, después de todos mis esfuerzos. Aún tenía sentimientos, y el que Ben me despertaba era, sin duda, el más intenso de todos.

Pero no iba a decirle eso, obviamente. No le iba a decir que deseaba abrazarle y besarle por fin, pegarme a él y sentir el calor de su cuerpo... todo eso no eran más que tonterías, bobadas de niña idiota y tonta, que no sabía nada de la vida. Yo conocía esta mucho mejor que cualquier enamorada de tres al cuarto, y sabía que si no eras cruel y fría, te comerían viva. Y por eso ahora temía ser destruida, ser arrancada de mi puesto privilegiado solo porque me había enamorado de Ben. La reina destronada...

Escuché sus palabras sin dejar entrever nada, viendo como sus ojos volvían a brillar al verme. Esos ojos que tan complicado me ponían el hecho de mentirle, porque me miraban con tanta sinceridad que me obligaban casi a responderles de la misma forma.
-Agradezco tu visita-musité con cierta timidez en mis palabras. ¿Yo, tímida? Eso jamás se había visto en mí-Sabes que siempre eres bienvenido en mi casa; siempre lo has sido.

Fui a decir algo más, como que si quería tomar algo o similar, pero las palabras quedaron atrapadas en mi garganta cuando sus manos tomaron las mías, acelerando mi pulso como si su mero tacto me quemase. Tener la sangre caliente era un defecto en algunas ocasiones, y esta era una de ellas; te impulsaba a actuar más rápido que si la tuvieras a una temperatura más baja. Y eso, como era de esperar, volvió a suceder. Cuando vine a darme cuenta, le había echado los brazos al cuello, refugiando mi rostro en su cuello, como si fuera una niña pequeña. Ya estaba harta de ser una mujer de hielo, quería ser humana, quería sentir como cualquier otro. Quería dejar de llevar mi máscara de fría.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Dom Feb 05, 2012 3:20 am

Escuché sus palabras con el rostro relajado, aunque mi interior era más parecido a un termitero que a cualquier otra cosa, pues me sentía completamente lleno de nervios. La situación se me hacía incómoda, pues me parecía que ninguno de los dos se iba a atrever a romper el hielo abordando el tema que intentábamos esquivar con notable ahínco. Juls no había hecho amago de tocarlo, y desde luego yo no pensaba sacarlo, pues temía acabar de patitas en la calle por haber hablado más de la cuenta. Tratar con ella era como jugar una partida de ajedrez, había que preveer las reacciones y tratar de escoger las correctas para no causar un desastre. La calma y la cautela debían ser primordiales, ciertamente.

Sentí deseos de soltarlo todo, de decirle aquello que me había impulsado a venir, pero no era capaz de reunir el valor suficiente para ello. Me sentía como un idiota por eso mismo, viendo como era incapaz de juntar unas cuantas palabras para decirle a esa chica de ojos rojos lo que sentía por ella. Patético era que no me amilanase en lo más mínimo tocar delante de miles de personas, y que decir unas cuantas palabras a una me fuera tan complicado.

Estaba seguro de que si conseguía relajarme un poco, podría hablarle con sinceridad, dejarle clara las cosas, pero de buenas a primeras me encontré con Juls abrazada a mi cuello y acomodándose contra mí, como si hubiera tirado por la borda su actitud fría y distante. ¿Acaso había conseguido derretir el hielo que rodeaba sus sentimientos, tan celosamente guardados? No lo tenía claro, pero lo que sí sabía es que algo, por pequeño que fuera, había cambiado en esa cabeza loca.
Le devolví el abrazo, enterrando el rostro en su pelo erizado, como si creyera que fuera a escaparse de un momento a otro. Era una personita de temperatura elevada; tenía la sensación de estar abrazando a una estufa. No me cabía ninguna duda de que en invierno debía de ser una compañía de lo más calentita. Eso explicaba por que nunca la había visto tiritar en ningún momento. Con su temperatura corporal, no era de extrañar que siempre se sintiera como en verano.

-Ya sé que lo sabes, pero yo también te quiero-musité, para luego levantar su rostro y besarla en los labios, pero no como cuando me despedí de ella en el concierto, sino con mucha más calma. Ya había esperado demasiado.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Feb 05, 2012 3:43 am

El calor nunca era nada nuevo para mí, pues siempre había venido teniendo una temperatura más elevada que el resto de la gente, seguramente provocado por el hecho de que por mis venas corría fuego puro. Me hacía gracia eso, ciertamente: la mujer con sangre de fuego. Para que luego se dijera por ahí que los latinos eran quienes tenían la sangre caliente; era yo, una alemana, la que ostentaba el récord de mayor temperatura sanguínea, no me cabía ninguna duda. Sería gracioso bajarles los humos a esas tipas que presumían del calor de sus cuerpos (en más de un sentido, aunque el mío era uno solamente: la temperatura de mi sangre) cuando las hiciera rozar mi piel, siempre más cálida de lo habitual. Al menos nunca necesitaba abrigarme en exceso, pues siempre me encontraba calentita.

Pero ahora el calor que sentía era un poco diferente al habitual, no era un calor propio, por llamarlo de alguna manera, sino provocado por el contacto con Ben, por sentir su cuerpo entre mis brazos. Me encontraba muy bien en aquella situación tan novedosa para mí, sintiendo el contacto físico con otra persona. No era yo alguien dada a abrazos o similar, y el sentir la cercanía de otro me era también una experiencia a sumar a las vividas; una experiencia nueva y la mar de agradable, ciertamente. De haber sabido lo bien que me encontraba así, no habría sido tan reacia en el pasado a abrazar a la gente... o a Ben, si me ponía más exquisita.

Me parecía haber perdido un tiempo enorme, haber desperdiciado los días que pasábamos juntos en Alemania. Nos podríamos haber abrazado hasta la saciedad, pero siempre yo andaba poniendo límites, como si el más mínimo contacto me fuese nocivo. Ahora me sentía como una idiota por ello, como una idiota que no sabía lo que se estaba perdiendo por temor a ser débil. No creía que algo que resultase tan agradable fuera necesariamente nocivo para mí. Me gustaba sentirme así, protegida casi, como si estuviera abrazada a... no sé, a una especie de armadura o similar.

En un momento dado, susurró algo, que oí a medias, pero que entendí perfectamente: que también me quería. No hacía falta que lo dijera, pues se le notaba simplemente cuando me miraba, pero oírlo me agradó mucho, escuchar como mi ser más preciado me confirmaba que me correspondía. Conocía a muchas personas que sufrían por enamorarse de alguien que no las amaba; yo no iba a tener que pasar por ese mal trago, según veía. Era afortunada, al parecer.
Fui a decirle algo, cualquier estupidez, cuando mis labios se toparon con los suyos. Sentí como mi pulso aumentaba por momentos, como mis manos hormigueaban incluso, como mis brazos le estrechaban aún más contra mí, como si necesitara agarrarme a él para comprobar que era real, que no era un producto de mi alocada mente. No podía serlo, no podía ser mi mente capaz de recrear con tanta perfección a aquel hombre que me tenía entre sus brazos mientras me besaba. Casi me sentía tocando el cielo, me sentía como nunca antes me había sentido. Completamente humana y libre de rencores. Feliz. Sosegada. Llena. Y, por que no, enamorada hasta la última célula de mi cuerpo.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Dom Feb 05, 2012 7:19 am

Era cálida, mucho más cálida que como la recordaba en mis recuerdos, ya borrosos por el tiempo. A lo largo de mis viajes por Europa, siempre en pos de ella, no dejaba de recordarla, de sumergirme en los recuerdos que tenía de los momentos pasados juntos con la esperanza de que, si seguía aferrándome a ellos, pudiera sentirme aunque solo fuera un poquito más cerca de ella. Pero con el paso del tiempo esos recuerdos se habían ido difuminando, perdiéndose poco a poco en el océano de mi memoria, hasta que muchos de sus detalles se fueron borrando. Ya no recordaba bien el olor de su pelo, la textura de su piel o el tono exacto de sus iris. Eran cosas que me había resignado a perder, y que jamás creí que podría volver a ver, en vistas de como se estaban desarrollando los acontecimientos.

Pero ahora me volvía a empapar de Juliette, volvía a recuperar aquellos retazos de ella que creía perdidos para siempre. Era como si en esos momentos todos los instantes pasados se volvieran a condensar, y las lagunas de mis recuerdos desaparecieran. Estaba allí de nuevo, entre mis brazos, toda ella, ya no un mero fantasma del pasado, sino una persona real, de carne, hueso y fuego, que comenzaba a incendiarse, viendo como su temperatura iba aumentando. Suerte que a mí no me podría hacer nada, o de lo contrario ya estaría convirtiéndome en una pila humeante.

Era extraño lo que sentía al abrazarla, como si no la apretase lo suficiente, como si de hacerlo más suave, se fuera a escapar, cosa que no podía permitir que ocurriese, ciertamente. Ahora no iba a dejar que se marchase, cuando la estaba besando, cuando la tenía entre mis brazos y la sentía arder como la llama que realmente era. Un poco curioso, ciertamente, el hecho de estar abrazando a una centella. Sonaba poético dicho así, casi más propio del guión de una obra de Shakespeare que de un uso cotidiano que se le pudiera dar.
Sentía mi mundo descolocarse por completo, gracias a aquella chica. Siempre había sido como una guía a lo largo de mis días, pero ahora era mucho más que eso, era casi algo imprescindible para que yo siguiera avanzando por el constante trasiego del tiempo. Mi apoyo en el largo camino que suponía la existencia humana.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Feb 05, 2012 7:40 am

Tuve que centrarme unos instantes en las palmas de mis manos, concentrarme en ellas para evitar montar un incendio de los grandes. Sentía como el fuego estaba a punto de desbocarse, como si el mero contacto del otro me hubiera hecho perder el celoso control que mantenía sobre mi elemento. De haber sido un elemento menos... destructivo, no me habría importado perder el dominio por una vez, pero el fuego nunca se andaba con chiquitas cuando perdía los estribos que yo misma le adjudicaba: a mí siempre me respetaba, pero devoraría todo lo que se encontrase a mi alrededor, como otras veces había hecho. No debìa olvidar que tenía a mi cargo a un animalito hambriento.

Separé mi rostro un poco del suyo, rompiendo el beso que nos estábamos dando. Me sentía dividida, un poco desorientada en medio de esas sensaciones que ahora me recorrían. Yo siempre había odiado el amor, había rechazado el romanticismo y los sentimientos. Siempre había defendido la frialdad, la estoicidad, el comedimiento en lo relacionado a los sentimientos. Siempre había pensado que eran una debilidad, un handicap a la hora de actuar frente a los desafíos que te ponía la vida delante tuya. Jamás los había valorado, y no había ocasión en la que me apartase de ellos, como si temiera contagiarme por el mero contacto de una enfermedad mortal.

Pero ahora me daba igual aquello, aquella frialdad ansiada que estaba tirando por la borda en esos momentos. Se acabó, puede que de puertas afuera siguiera siendo una tirana, pero con Ben me iba a abrir por completo, le iba a dejar llegar a lo más íntimo de mi alma. No volvería a usar la máscara de diva altanera con él, pues estaba segura de que no me iba a hacer falta. Ya estaba harta de fingir, puesto que llevaba haciéndolo toda mi puñetera vida. Ahora sería solamente Juliette.

Mis latidos aún eran más rápidos, y prácticamente me faltaba el aire. Sentía la vista nublada y la garganta seca, como si llevara siglos sin beber algo. Me sentía muy extraña, pero muy viva y consciente de cada célula de mi cuerpo. Era como si me sintiera en plenitud, por llamarlo de alguna forma, pero quisiera sentirme aún más plena. Y necesitaba a otra persona para ello.
-Llévame al dormitorio-musité. Puede que fuera acelerar todo un poco, pero la sangre de lava siempre hace que quieras ir más deprisa.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Dom Feb 05, 2012 8:14 am

Creo que mi rostro era la viva imagen de la sorpresa cuando Juls dijo aquello. No me esperaba que fuera a pedirme que la llevase directamente a la cama la misma tarde en la que nos volvíamos a ver sin nadie de por medio. Era una situación extraña y algo... incómoda también, pues no me sentía completamente seguro de lo que acabaría sucediendo. Es decir, sabía perfectamente lo que se le estaba pasando a Juls por la cabeza, tonto no era, pero lo que no sabía era lo que ella podría esperar de mí. Ella era una persona activa, vivaz, que derrochaba energía en cada uno de sus movimientos. Yo era más bien sosegado, de tomarme las cosas con calma. Aquello podría acabar como el rosario de la aurora si las cosas se torcían.

Mas, ¿qué idioteces eran esas? Tenía a Juliette abrazada a mí, pidiéndome que me acostase con ella, hablando con prontitud. Se me estaba poniendo en bandeja, ofreciéndome aquello que siempre había soñado con probar, pero que jamás había catado. Se estaba entregando por completo, sinceramente. Y no iba a negar que tal propuesta no me atraía... y me ponía nervioso, ciertamente.

Arrinconé esas tonterías en mi cabeza, mientras volvía a besarla, cogiéndola en peso y siguiendo sus indicaciones (off: no puedo saber donde está el dormitorio pues técnicamente es la primera vez que está ahí, ¿no? No me vayas a salir ahora con eso de que te manejo, que nos conocemos) avancé por los pasillos y las escaleras de aquella descomunal vivienda donde ella habitaba, una vivienda exageradamente grande teniendo en cuenta que ella vivía sola. Tal vez le gustase la apariencia sobria de aquella construcción, o simplemente era debido a que estaba habituada a las casas de tamaño desmesurado.

Llegué a la estancia requerida sin perderme (un nuevo récord, sobre todo teniendo en cuenta que estaba más ocupado en besarla que en escuchar sus palabras de indicación), ignorando la elegancia de la misma mientras depositaba a mi fardo particular sobre el lecho, para luego situarme junto a ella. No quería ir rápido, quería exprimir cada segundo al máximo, estirar el tiempo a más no poder. Por eso la besaba despacio, como si fuera de cristal, como si fuera a romperse si me sobrepasaba. Mis manos, algo tímidas, comenzaban a explorar su cuerpo, como si se estuvieran adentrando en una selva virgen, mientras que sentía el tacto de su piel ardiente bajo las llemas de mis dedos.

Separar mis labios de los suyos me costó, a pesar de morder suavemente aquel cuello de ardiente porcelana, que latía movido por su pulso rápido y rítmico. Era algo turbador, ciertamente.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Feb 05, 2012 8:42 am

Besos. Miles de besos. Miles y miles y miles y millones de besos.

Besos suaves, dulces, cortos, largos, apasionados, más fuertes... besos en los labios, en las mejillas, en el cuello... todos esos besos que me estaban cogiendo desprevenida, que me sorprendían por cualquier parte, pero que me encantaban, que me hacían el ser más dichoso de la tierra. Besos que me llevaban al cielo, que me enardecían, que hacían a mi pulso desbocarse. Era una suerte que el fuego siguiera controlado, que se limitase a achicharrarme a mí, sin salir de las fronteras de mi cuerpo. No me importaba sentirme como en pleno Sáhara cuando en esos momentos me encontraba tan cerca de mi querido ángel rubio que poblaba los recuerdos de mi infancia.

Y sus caricias... nunca imaginé que el simple tacto de sus manos cálidas y suaves sobre mi piel ardiente fuera a ser tan placentero, tan agradable, tan enloquecedor. Me sentía colmada en cierta parte sintiendo como él exploraba mi cuerpo, como osaba dejar atrás las barreras que siempre respetó, pero sin perder la compostura. Seguro que cualquier otro ya me estaría metiendo mano a lo bestia, pero Ben se iba tomando su tiempo, como si obtuviera más placer en la espera, en el preludio de lo que luego vendría. Lo cierto es que me gustaba que me tratara así, como si fuera una princesa o similar. Actualmente no había muchos hombres de ese tipo.

Suspiré suavemente, recostando la cabeza sobre la almohada, mientras sentía sus besos descender por mi cuello, al mismo tiempo que mis manos, de forma independiente a mi mente, se aferraban a los botones de aquella camisa que él llevaba, soltándolos poco a poco, como si su lentitud se me hubiera contagiado. Lo que más deseaba en esos momentos era sentirle lo más cerca posible, hundir mis manos en su pelo mientras sentía su peso sobre mí. Ben era ahora mismo el eje que mantenía mi universo sujeto, y sentí que si me separaba de él en esos momentos, caería y caería sin remedio.

Mis manos, victoriosas, se deshicieron de la prenda y exploraron su pecho como él había hecho antes conmigo. No era el clásico tío musculoso de gimnasio que a todas las tías tanto les gustaba últimamente. Era delgado, pero a mí me atraía mucho más que cualquier culturista inflado a hormonas. A mis ojos Ben eclipsaba a cualquier otro hombre que hubiera en el mundo. Y lo mejor es que ahora estaba allí, conmigo, cuando tal vez cualquier otra chica pudiera estar ocupando mi sitio. Él me quería a mí, solo a mi. Y ese pensamiento me llenaba de una satisfacción inconcebible.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Lun Feb 06, 2012 2:26 am

No sabía bien que hacía, si me guiaba mi mente o si más bien actuaba casi de forma maquinal. Me sentía muy consciente de mí mismo, pero al mismo tiempo algo torpe, llegando a una mezcla de sensaciones que se me hacía casi imposible de catalogar. Euforia, expectación, deseo, cariño.... una lista que se me hacía muy difícil de expresar en todos sus aspectos. Claro que nadie jamás había dicho nada de abrazar a una centella, y esa era justamente mi situación actual con aquella personita de ojos rojos y pelo erizado.

Creí que ella a lo mejor no haría nada, que se quedaría quieta, aunque estaba más que claro que era imposible que ella, una persona tan vivaz e inquieta, fuera a permanecer indiferente. Y eso se notaba en sus manos hábiles, que se encargaron de deshacerse de mi camisa con una suavidad tal que ni siquiera me di cuenta de ello. Había algo en sus gestos que los convertía en silenciosos, en casi felinos. Actuaba con improvisación, ciertamente, como si deseara sorprenderme. Bueno, no sería la primera vez que ella lograba tal cosa.

Tenía que obligarme a avanzar, a no eternizarme en memorizar su cuerpo. De por mí me tiraría horas y horas acariciando ese cuerpo de alabastro que ella gastaba. Bueno, ya habría más tiempo en un futuro, o eso esperaba.
Por eso me encargué de retirarle la elegante camisa que ella usaba, besando cada centímetro de piel que antes hubiera estado cubierto por la prenda, como si fuera descubriendo la mayor de las joyas en lugar de un simple cuerpo. Bueno, a fin de cuentas ella era lo más valorado en mi vida, de modo que eso la alzaba a la categoría de obra de arte, por llamarlo de alguna forma.

-Tengo la sensación de estar frente a un ser mitológico-musité-Nunca imaginé que hubiera algo más hermoso que esas criaturas que son descritas en los libros de esa época. Pero veo que me equivocaba por completo.
Y era cierto a mi parecer, pues no había en mi opinión nada más hermoso que Juls mirándome con esos ojos rojos suyos mientras que una simple sábana ejercía la función de cubrir parcialmente un lado de su cuerpo de marfil.
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Benjamin Von Cassel

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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Lun Feb 06, 2012 2:41 am

Sentía que mis labios se encontraban curvados en una leve sonrisa. Puede que no fuera nada del otro mundo, pero para alguien como yo, que se había pasado toda su vida sonriendo de forma cínica, el sonreír por simple voluntad, simplemente por disfrutar de lo que me estaba sucediendo, me era un cambio agradable. No siempre había tenido ocasión de sonreír abiertamente, pero a parte de eso, nunca me había dedicado a prodigar ese gesto. Era como si me sintiera débil simplemente por demostrar que era feliz, que me sentía a gusto, que estaba disfrutando. Pero eso ahora no me importaba, pues lo único que daba vueltas en mi cabeza era la idea de demostrarle a Ben que su simple presencia me alegraba el día y me levantaba los ánimos por muy hundida que estuviese.

Tan liada estaba con esos pensamientos que cuando vine a darme cuenta, estaba sin ninguna prenda sobre mi cuerpo, sin nada que me tapase. Y por primera vez en mi vida sentí vergüenza, agitación por verme tal y como mi madre me trajo al mundo delante de otra persona. Temía que mi aspecto no le agradase, que mi palidez no fuera de su gusto. Aunque claro, eso solo mostraba lo tonta y olvidadiza que podía llegar a ser, pues ¿no me encontraba delante de la persona que había cruzado media Europa para verme?
Y sus meras palabras me lo confirmaron: le parecía hermosa, más que cualquier ser de fantasía o similar. Sentí deseos de responderle, pero estaba segura de que mi voz sonaría insegura, temblorosa, lo que era impensable para alguien como yo. Por eso me quedé callada, guardándome las ideas para mí. Ya se lo diría en otra ocasión.

Busqué a tientas sus labios, como si me fuera la vida en ello, y lo besé con fuerza, con ansia casi. Necesitaba saciarme de Ben, llenarme por completo de él, sentirme saciada, llena, completa, realzada. Sentirme conectada a su cuerpo, unida a él de todos los aspectos posibles. Por eso actué casi con desesperación mientras prácticamente le arrancaba aquellos pantalones que usaba y le presionaba contra mí, sintiendo con cierto placer el calor de su cuerpo sobre la ardiente piel que cubría el mío.
-Me parece que fueras a comulgar mi alma-dije en queda voz-Pero me encanta dicha cosa. No puedo entregarte algo que fuera más personal que mi pura esencia.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Jue Feb 09, 2012 9:49 am

Aquellas palabras me extrañaron, ciertamente, pues nunca había pensado en nada semejante. Comulgar el alma de una persona simplemente por estar a punto de tomar su cuerpo... me sonaba más a una descripción de una novela de época que a algo que Juliette pudiera decir, a fe de ser sinceros. Aunque tal vez esa obsesión suya por leer novelas clásicas fuera el motivo de su peculiar forma de expresarse, de buscar expresiones que a veces te dejaban desconcertado por la extrañeza y sonoridad que desprendían. Comulgar su alma... sonaba ciertamente comprometedor, como si después de aquel paso las cosas no fueran a ser iguales, como si el nexo que nos unía fuera a estrecharse aún más.

Esa idea me puso nervioso, ciertamente, pues no todos los días me sentía a punto de dar un paso tan importante en lo que sería el discurso de mi existencia. Claro que, ¿qué diferencia habría entre el pasado y lo que vendría cuando ella era lo único que me impulsaba a moverme por todo el globo en su busca? Se podría decir que esa unión que ella mentaba ya había tenido lugar mucho antes, sin que yo me diera cuenta.

La besé suavemente en los labios, mirando sus ojos del color de la sangre, del color de los rubíes. Muchos decían que esos ojos rojos eran aterradores, casi demoníacos. Yo no iba a negar que fueran inquietantes, un poco enervantes tal vez, pero no aterradores. Los consideraba incluso bonitos en su peculiaridad, en ese brillo ígneo que poseían. No eran de un color común, lo que a mi parecer los hacía exóticos, no terribles. Ese temor a lo distinto siempre había sido un rasgo del ser humano, aunque al parecer en mí brillaba por su ausencia. O eso o es que estaba ciego en lo referido a Juliette.
-Tengo la sensación de que la tomé mucho antes de este momento-le dije con una leve sonrisa, mientras acariciaba su mejilla.

Me daba cierto apuro dar el paso, ser yo quien acortase las distancias que aún separaban su cuerpo del mío. Pero alguien debía ser el que avanzase, y no me cabía duda de que debía ser yo, por lo que con cierta timidez me atreví a entrar en ella, con cuidado, como si fuera a quebrarla por pasarme. Me parecía alguien de porcelana más que el diablo que todos afirmaban que era.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Jue Feb 09, 2012 10:12 am

Pensé en aquello que Ben me dijo, calibrando sus palabras. ¿Comulgar mi alma en el pasado? ¿Cuando le había abierto yo mi corazón de la forma en que se lo estaba abriendo ahora? Yo no tenía conciencia de ello, siempre recordaba haber sido con Ben igual de distante que con los demás. Puede que hubiera demostrado algo, solo un poquito más de aprecio por él, pero tampoco en exceso. Nunca había dejado de ser la chica inaccesible, dura, fría y egocéntrica que todos veían en mí. Puede que fueran los culpables de que actuase de esa forma: ellos me encasillaban, y yo actuaba como tal. De todo podía ser, ciertamente.

Mas no estaba segura de que fuera el mejor momento para discutir sobre las causas de mi comportamiento, o al menos no era una cosa muy normal a hacer en una cama cuando aquel a quien más aprecias está a punto de poseer tu cuerpo. Vale, yo sola acababa de llamarme rara, como quien no quiere la cosa. Cojonudo, se me tenía que estar yendo la olla, o tal vez el culpable de esa locura era el que ahora me besaba mientras tomaba mi cuerpo con la misma delicadeza que alguien usaría a la hora de transportar algo muy delicado. ¿Tan frágil me creía como para tratarme así? O eso o es que estaba intentando ser caballeroso conmigo. Fuera lo que fuese, era un punto a su favor.

No supe que fue lo que se conectó en mi cerebro, o lo que encajó en mis sentimientos, pero de buenas a primeras, cuando sentí como nuestros cuerpos se encontraban conectados, fue como si algo me hubiera llenado por completo hablando en el ámbito psicológico, por llamarlo de algún modo. Como si las voces del dolor se callasen y por fin me sintiera completa... ¡eso era! ¡Completa me sentía, por primera vez en mi vida! Como si aquello cuya falta siempre había venido sintiendo ya hubiera desaparecido porque ya había hallado lo que me faltaba. Me sentía colmada, realizada, mejor que nunca. Y todo se lo debía a la adorable persona que tenía sobre mí.

No lo pude evitar, busqué su boca con desesperación, movida por ese impulso de plenitud que me invadía. Besarle, abrazarle, acariciarle, sentirle unido a mí, todo eso me colmaba de un placer más absoluto que cualquier otro que hubiera experimentado.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Sáb Feb 18, 2012 10:37 am

Era como caer de bruces en una piscina de magma, o como sumergirse en el interior de la caldera de un volcán. Bueno, no exactamente igual, pero sí muy parecido, pues sentía como el calor proveniente de su cuerpo se iba traspasando al mío, con el simple contacto de mi piel contra la suya. Mas ese fuego que salía de su interior no era dañino, o por lo menos no me estaba haciendo nada. Puede que esa singularidad que yo tenía, el ser inmune a alguno de esos otros dones, no hubiera sido una simple casualidad, sino que estuviera destinado a que pudiera estar con ella sin sufrir lo que cualquier otra persona sufriría al tocar esa piel de fuego.

Resultaba mucho más placentero el estar con ella, mucho más de lo que se pudiera haber imaginado a lo largo de toda una vida. Sentir como Juls se deshacía bajo mis manos, como su cálido aliento se filtraba sobre mi piel, dejando un rastro etéreo sobre esta. Había leído libros en los que se describían situaciones semejantes, pero había de asumir que la narrativa salida de la pluma de los autores no se podía comparar con todo lo que ahora estaba viviendo. Debería decirles a todos ellos que tendrían que retocar sus escritos, y añadir las sensaciones que por algún motivo u otro, habrían debido de obviar.

Pero no imaginé que esa sensación pudiera redoblarse hasta lo insospechado, que todo mi cuerpo se viera envuelto por un gozo tal que jamás había sentido con anterioridad. Nunca sospeché que el poder unirme a otra persona fuera tan sublime, tan... bueno, tan lo-que-fuera, pues me sentía escaso de adjetivos para definir las sensaciones experimentadas. Podría decirse que era como alcanzar el crescendo de una partitura que ambos hubiéramos estado componiendo y que ahora había llegado a su momento álgido.

Notaba la mente en blanco cuando me dejé caer a su lado, con el corazón corriendo como si fuera un caballo desbocado. Nunca me habría sentido preparado psíquicamente para lo ocurrido. Creía que había comulgado su alma, pero me parecía que ella había vuelto a tomar la mía, con más fuerza si cabe. Si antes separarme de ella era difícil, ahora podría serme incluso doloroso.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Vie Feb 24, 2012 9:58 pm

OFF: Querida Silvia, viendo que no has dejado de presionarme, incluso en el post de las votaciones, para que conteste, he decidido pedirle a Neuro que curre un poquito para poder soltar un post y así me dejes de atosigar para darle la lata a Ben. Así que, ahí queda eso.

ON:
Inexperta era la palabra que ahora rondaba por mi cabeza y que me sonaba incluso extraña de aplicármela a mí misma. Inexperta debido a que me sentía un poco perdida dentro de lo que estaba haciendo, un poco desorientada, y bastante cortada, todo fuera dicho. Había descubierto que, en algunos aspectos, aún no era más que una jovencita un poco extraviada que se perdía con cualquier cambio repentino que entrase en su vida sin ni siquiera avisarla. Acababa de sentir como mi mundo se convertía, como se transformaba en otro diferente, y con el problema de que era incapaz de comprender en esos momentos aquella nueva naturaleza.

Me sentía perdida, ciertamente. Hasta la fecha siempre había sido la desalmada, la inhumana, la fría y la despiadada. Una persona que nunca ha mostrado sentimiento alguno, y que siempre se había reído de estos como si no fueran más que una debilidad que los otros poseían pero que yo no. Y ahora estaba allí, con el norte completamente cambiado, como si alguien hubiera alterado la aguja de mi brújula interna. Y sabía perfectamente quien era el culpable de tal cambio en mis "polos magnéticos".

Mas lo peor no era eso, sino que me gustaban las sensaciones que mi cuerpo estaba experimentando, me agradaba sentir como toda yo caía en manos del placer y casi tocaba el cielo con las manos. Y eso no debería ser así, yo no debería estar disfrutando, no debería estar deseando que esos momentos que me llevaban al puro éxtasis no acabasen. Pero ya era demasiado tarde, pues algo había cambiado, para bien o para mal; y sabía que por mucho que me esforzara para que las cosas siguieran como antes de esta jornada, iba a ser una tarea imposible.

Cuando aquella sensación se deshizo como las olas cuando se repliegan mar adentro, me acomodé al lado de Ben, aún con la respiración entrecortada, y sin atreverme a tocarle. Sabía de buena tinta que mis manos estaban ardiendo como tizones, y no quería causarle algún daño por tocarle antes de calmarme un poco y hacer que mi temperatura corporal se redujera unos cuantos grados. Quise decirle algo, pero no conseguía reunir el aliento suficiente como para hablar. Me sentía como si hubiera estado corriendo una maratón o similar; notaba el sudor corriéndome por las sienes, y el pelo empapado del mismo.

Tuve que esperar unos minutos para poder ser capaz de pronunciar alguna frase, cualquier cosa. Pero lo que no me imaginaba era que iba a decir lo siguiente:
-Quédate conmigo. No te vayas.
Genial, ahora había dicho la clásica frase cursi que cualquier estúpida de novela suele recitar.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Dom Mar 04, 2012 7:26 am

De ser una persona menos imaginativa habría creído que esto era un sueño, o a lo mejor una especie de delirio o similar provocado por mi obsesión por ella. Seguramente pasaría algo y me encontraría en mi casa o similar, con un buen palmo en las narices y con una sensación de frustración casi insoportable. Sería como despertarse en la mejor parte de un sueño ansiado, dándote cuenta de que lo soñado, por muy real que pareciera, seguía estando dentro del ámbito de la mente. Ya me había pasado antes, y odiaba sentirme tan... bueno, tan perdido, por llamarlo de algún modo.

Mas era imposible que ahora estuviera soñando. Más que nada porque mi cerebro era incapaz de recrear con tanta exactitud todos los detalles que me rodeaban: el brillo de la luz en el pelo de Juls, los pequeños detalles de la estancia tales como su cello apoyando cuidadosamente contra una estantería, o aquel libreto que descansaba sobre la mesita de noche de ella, correspondiente a la ópera de Tristán e Isolda. Esos eran pruebas que, otrosí las sensaciones experimentadas, me hacían ser consciente de que era real, más que cualquier pellizco que pudiera darme, clásico remedio contra dudas sobre la veracidad de lo vivido.

Supuse que ella no hablaría, que se limitaría a ponerse en pie, a vestirse y a ponerme de patitas en la calle en cuanto volviera a ser la de siempre. Pero jamás imaginé que fuera a pedirme que me quedase allí, con ella. con la personificación de la misantropía en persona. Una bofetada no me habría cogido más desprevenido que sus palabras, que incluso la sorprendieron a ella, o eso parecía. Claro que si se mostraba de acuerdo, no pensaba irme por nada del mundo, pues ya había pasado bastante tiempo lejos de su persona.
-Por supuesto que no voy a marcharme, pues por fin he conseguido encontrar el sitio que llevaba tanto tiempo buscando.

OFF: ¡No me pidas más, que no puedo!
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Juliette Müller el Dom Mar 04, 2012 7:51 am

Aún me repateaba los intestinos haber soltado tal cursilería. ¿Yo, la más desalmada que creía conocer, diciendo esa tontería como si fuera una adolescente enamorada cualquiera, que babea para conseguir que un tío se la tire? Cielos, ni muerta me habría comportado así. Pero allí estaba yo, pidiéndole a Ben que se quedase conmigo, que no se marchara. Y es que me daba miedo quedarme sola, sentir el vacío que Ben dejaría si se marchaba, no solo en mi cama, sino en mi interior. Me quedaría sola, enfrentada a mis dilemas morales, por llamarlos de algún modo, y eso no pensaba consentirlo. No quería tener que pensar en todo lo que iba a tener que cambiar a partir de hoy para que las cosas siguieran como siempre.

Pero cuando escuché su respuesta, sentí como aquella vaga sensación de angustia se deshacía sin llegar a cuajar por completo. Ben se quedaría conmigo, aunque solo fuera un rato, me haría un gran favor. Con saber que se encontraba allí, me sentiría a gusto, y alejaría a los fantasmas de mi mente por largo tiempo. No me importaba que no hablase, su mera presencia era mi escudo que me salvaba de los ataques de mi subconsciente.

La palabra escudo me recordó aquel don que poseía. Había sido el único que había soportado mis ataques ígneos sin una queja, lo que me había descolocado. Que tuviera un don hacía la cosa un poco más peliaguda; temía que Padre me mandase capturarle si llegaba a sus oídos que Ben era uno más con un poder. Hice un pacto conmigo misma, en el que juré que jamás dejaría que Padre se enterase de su existencia. Le mantendría al margen de todo, para evitar que fuera un títere bajo su mando.
-¿Tanto me has añorado?-pregunté, un poco sorprendida. Nunca creí que pudiera remover Roma con Santiago por encontrarme, pero al parecer era eso lo que había hecho.
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Re: Tenemos de que hablar, ¿no crees? (+40 (?), Juls)

Mensaje por Benjamin Von Cassel el Lun Mar 19, 2012 8:04 am

No respondí a aquella cuestión en ese preciso instante, pues había algo en Juliette que me resultaba un poco extraño, por denominarlo de algún modo. Era como si actuase con desmedida cautela, o como si pareciera preocupada por algo. Fuera lo que fuese que se le estaba pasando por la cabeza, o al menos eso creía yo, no debía ser agradable en absoluto. ¿Pero en qué puñetas podría estar pensando ella en estos momentos? A saber... siempre había sido una personita peculiar, amiga de volar en dirección contraria a la que el resto tomábamos. Aunque nunca había sido excesivamente complicado ponerse en su lugar, más que nada porque en algunos aspectos era excesivamente transparente.

Así pues miré de nuevo aquellos iris rojos, intentando leer en ellos. No era fácil poder adivinar sus pensamientos en unos ojos que a veces podían ser más opacos que el mismo metal, aunque en esa ocasión parecían trozos de cristal coloreados. Y en cuanto me arriesgué a descifrar lo que en esa mirada se podía leer si te detenías el tiempo suficiente, me alarmé bastante al encontrar un vacío que echaba para atrás. No comprendía bien cual era el motivo de ese vacío que acababa de ver en esos ojos rojos. Un vacío que era tal que hasta a mí me pesaba.

No pude evitar sentir un súbito ataque de piedad por ella. Sabía de buena tinta que había sido un verdadero demonio a lo largo de los servicios que había prestado a Padre, o eso se rumoreaba. Alguien me había dicho que Juliette había sido más que capaz de quemar toda una casa, con sus habitantes dentro, para poder secuestrar a un niño para su organización. Bueno, eso explicaba también la suma libertad que parecía gozar; de no haber sido tan leal, o seguramente de no haberse mostrado tan cruenta, la tendrían retenida, como al resto. Tal vez aquella falta de escrúpulos de la que había hecho gala, no había sido más que una treta para poder seguir siendo libre, y dueña de su destino, o al menos en parte.
Pero lo que hiciera o dejase de hacer era lo de menos. Lo primordial era intentar paliar ese abismo, conseguir que aquello que la atormentaba, fuera lo que fuese, dejase de hacerlo. Paciencia me sobraba, y podía pasarme días, semanas y meses intentando sonsacarle cuál era el motivo de su desazón. Y nada mejor que empezar desde este mismo momento.

No estaba seguro de que ella quisiera que me quedase un tiempo por allí. ¡Si ni siquiera era capaz de adivinar si iba a salirme de buenas dentro de un rato, menos su reacción en un tiempo prolongado! Pero pensaba correr el riesgo de enfrentarme a su variable temperamento. Perseguir a una persona por todo un continente te hace ser más fuerte a la hora de plantarle cara cuando quieres evitar que te eche de su lado.
-Ni te lo imaginas-respondí, en un intento de calmarla. Parecía preocupada por obtener mi respuesta, como si creyese que... no sé, que me estaba quedando con ella o similar. Si pensaba eso, desde luego, no me conocía bien.

Pensé unos momentos en mis siguientes palabras. Hacía tiempo, alguien me dijo que si dejaba las cosas claras y establecidas desde un principio, me ahorraría más de un quebradero de cabeza. Y no era plan de que Juliette se creyera que la buscaba simplemente por una mera cuestión física. Puede que me ganase un buen golpe, pero me iba a arriesgar a decirle aquello que no le pude decir nunca en Berlín.
-Puede que suene estúpido e incluso anticuado-dije como si nada-Pero llevo mucho tiempo queriendo decirte una cosa, y temo que, si no te la digo ahora, dentro de un tiempo te volverás a ir y me volveré a quedar con las ganas. Así que... quiero que sepas que...-me estaba costando encontrar la forma más apropiada de soltárselo-Que en un futuro me encantaría casarme contigo.
Oh, genial, más ñoño imposible. Nota mental: dejar de leer novelas decimonónicas.
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