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La condena de la Educación Física (Silvia)

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Re: La condena de la Educación Física (Silvia)

Mensaje por Silvia Fest Fox el Miér Feb 22, 2012 9:09 pm

Vale… el codo ya no era lo que más me incordiaba… ¡Era el puñetero pie! Cinco minutos… solo llevaba cinco minutos y era de lo más martirizante. Sentía la tela de la zapatilla rozar continuamente con la venda de mi herida. Y así, una y otra y otra vez… Taladrándome los poros, recordándome la causa de aquel dolor. Creo que ya me era muy difícil interpretar el papel de “todo va bien”. Mentiría si dijese que un banco en el que descansar no me vendría mal…

- Emm… ¿Necesitas una manita? ¿Te…te llevo? –Vale… escuchar esas palabras con la voz del director daba un poco de mal rollo… es más, hasta me dio la sensación de que me hablaba un pederasta… -Emmm ¿Eso te ha sonado tan raro como a mí? –concluyó mi novio con una sonrisa ruborizada en su cara robada.

- Sí, demasiado –me reí, divertida por la situación… sonaba de lo más extraño.

Pero a pesar de todo no podía olvidar el motivo de todo ello. Si ya me disgustaba que mi novio siendo él mismo me llevase en brazos, ya no era comparable el que lo hiciese el director. En serio… las transformaciones de Lucas eran extremadamente realistas… si no actuase tan mal me creería por completo su papel. Y en este momento lo que menos me apetecía era –aparte de seguir andando- respirar tan cerca de mí el aroma que desprendía el director. Sería demasiado raro. Y tampoco me hacía excesiva gracia que me tratase como a una tullida. Yo no lo estaba… o no del todo. Podía apañármelas por mí misma. Se me daba bien. Vivir con mi tía me había hecho darme cuenta de ello.

- Y no es necesario que me lleves –le sonreí- Estoy b... –pero al ver cómo empezó a formar esa ruda expresión, me incliné por un comentario menos polémico- no es para tanto… -esta vez preferí no mirarle. Ya el colmo sería que me soltara algún discursillo como qué heridas son consideradas graves y cuáles no…

Yo estaba bien si me comparaba a la Silvia encerrada en casa de Padre. Y esto no era para tanto si teníamos en cuenta que hacía menos de setenta y dos horas que casi me explota la cabeza… No. Comparándome con eso, esto no era para tanto.


Última edición por Silvia Fest Fox el Dom Mar 25, 2012 8:37 pm, editado 1 vez

Silvia Fest Fox

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Re: La condena de la Educación Física (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Feb 22, 2012 11:05 pm

Rodé los ojos. La madre que la hizo...

- Joer Silvia… Tú y tu cabezonería –terminé por resoplar, exasperado. Era incorregible, en serio.- Si no me cuesta nada… llevarte en brazos se está convirtiendo en una costumbre, casi.

Era cierto hasta el punto de haberme habituado a las agujetas en los brazos y el dolor de espalda. Al fin y al cabo… ella podía acabar curándomelo ¿No?

Dictaminé que no había discusión posible ante eso. Para mí, se podía considerar una ventaja añadida y ya de paso, amansaría un tanto mi horroroso mal de conciencia. Ni siquiera la dejé protestar.

De nuevo, fui tremendamente rápido, cogiéndola al vilo de un revuelo. La oí soltar un gritito, no sé si de sorpresa o de indignación, pero ya era tarde. Yo avanzaba a paso condescendiente, jactándome cuando la vi más roja que un tinto de verano. La situación pasó de rara a cómica en un plis, en cuanto me fijé en como nos miraba la gente con la que nos cruzábamos.

Muecas de incredulidad, ojos de besugo, bocas entreabiertas y hasta llegamos a encontrarnos con algún malpensado que me puso aspavientos, como si esperasen una violación in situ. Rosa Ruano ya lo habría denunciado. No reírme ante ese pensamiento habría sido pecado. Jamás habría imaginado al dire de ese buen humor.

Parecía hasta antinatural.

Pero lo bueno de poder tener una cara diferente, es que luego no tienes que rendir cuentas sobre nada de lo que hagas. Sabes que va a ser otro el que la pringue, así que me importaba poco que todo el mundo me tomara por un pirado rapta-niñas. Es más, estaba disfrutando con ello, y más al ver la cara de circunstancias que me ponía Silvia.

La pobre no parecía sentirse nada a gusto. Más bien todo lo contrario. Luchaba con todos sus medios por separarse ni que fuera un centímetro del pecho de dire, más incómoda con mis… bueno, sus brazos que con un cactus rodeándola.

Esa era la mejor parte. Por primera vez, era yo quien la metía en un aprieto embarazoso y no al revés. Era de lo más entretenido. Le puse una sonrisilla burlesca.

- ¿Qué? No te pone el dire, ¿Eh? –me cachondeé, tan pancho. Arrugó la frente, aún con las mejillas echando humo y la expresión de aversión en la cara.

Me acuchilló con esa mirada de “te voy a matar” que ponía cuando creía que alguien se pasaba de la raya con su orgullo. Fue por eso que decidí que la broma podía darse por terminada. La había disfrutado durante casi diez minutos; mi columna vertebral, quejándose entre crujidos, me lo recordaba.

Hice deslizar a mi novia traje abajo, hasta que sus bambas quedaron sobre los elegantes mocasines italianos que yo llevaba. Asegurándome repetidas veces que estábamos solos en la calle, di paso a que se convirtieran en unas convers.

Mi cuerpo volvió a ser el que era cuando aún tenía las manos en la parte más estrecha de la espalda de mi novia.

- ¿Mejor? –pregunté, amable.

Eso parecía.

Mi sonrisa se tambaleó cuando sus ojos se reflejaron en los míos, con la fuerza atrayente que equivalía a un agujero negro.

Sólo entonces me di cuenta de que seguía sobre mis zapatos y eso me acercaba a ella, a sus labios, a una distancia más que temeraria y milimétrica. Algo en mi interior me prohibía aspirar su aliento. Me quedé estúpidamente absorto, contando la aceleración progresiva de mis latidos…

Cada terminación nerviosa de mi cuerpo cobró vida.



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Re: La condena de la Educación Física (Silvia)

Mensaje por Silvia Fest Fox el Jue Feb 23, 2012 7:50 pm

- Si no me cuesta nada… llevarte en brazos se está convirtiendo en una costumbre, casi.

¿En brazos? ¿Cuándo me ha llevado en brazos aparte de hoy? Intenté hacer memoria a gran velocidad. Nada, no me acordaba.

- Oye, ¿C… -terminé la frase con un grito de sorpresa. ¡Me había cogido sin consultármelo! -¿¡Pero qué haces!? ¡Bájame ahora mismo! –le ordené.

Su respuesta fue simple. A su rollo…

Esto era humillante, en serio. Intentaba bajarme pero el muy c… imbécil, no me dejaba. Con su nuevo cuerpo no había quien pudiese con él. Y era muy extraño… jamás pensé que el director estuviese tan fuerte… no lo aparentaba.

Forcejeaba y el resultado era el mismo así que decanté por resignarme. En un principio no era algo tan espantoso… sí, sentirme tan cerca de aquel cuerpo era súper incómodo. No olía como a Lucas y… eso me rayaba mazo. Era como estar con dos hombres a la vez, pero con la desventaja que el sustituto de mi novio no era demasiado atrayente…
Dejé de tener este pensamiento en cuanto empezó a transitar la gente. Mi rubor se extendió a todas mi mejillas.

- ¡Bájame, por favor! –llegué incluso a optar por la súplica- Pero qué vergüenza… -me piqué escondiendo mi cara como podía.


Lucas al parecer estaba de un humor excelente porque no paraba de reírse. ¡Será cruel!

- Oye, ¡no te rías! Esto no tiene ni pizca de gracia… -protesté. Me estaba tocando el orgullo.

Intenté separarme de su pecho todo lo posible, pero el resultado era el mismo…

Solté un grito comprimido.

- Idiota…

- ¿Qué? No te pone el dire, ¿Eh?

Le fulminé con la mirada. Se estaba comportando como un imbécil integral… ¿Por qué narices le costaba tanto dejarme descansar unos minutitos para volver a retomar nuestro camino? Vale, sí que era cierto que de esta forma mi tobillo cantaba unas cuantas alegorías de pura felicidad, pero aun así… él no mandaba en mi cuerpo. Mi pie podría resistir mucho más, así que ¡qué se aguantase!

Por lo menos fue considerado al bajarme. Al parecer ya habría notado que me negaba a que mi orgullo desapareciese como si tal cosa…

Me plantó en sus zapatos/converse, mostrándome en un primer plano su transformación y la tentación de sus labios… Su aliento hizo olvidarme de todo mi berrinche.

Lo quería a él, por tanto me vi incapaz de reprimirme y me abalancé sobre su boca, con pasión. Desde lo de Juliette, se había negado a que le tocase para que así pudiese tener una cuartada, pero ya que la había mostrado, no habría peligro alguno.

O eso pensé yo hasta que me hizo la cobra… ¿Qué pasaba ahora?

Extrañada, me retiré de sus zapatillas; quería verlo bien.

- ¿Qué narices te pasa? ¿Estás enfadado? Porque resultaría de lo más irónico teniendo en cuenta que he sido yo la que ha sido transportada como una niña pequeña…

Fui a cruzarme de brazos, pero me quedé en el intento. El dolor era muy fuerte con solo un simple roce… Iba a decirle lo de siempre, que estaba bien y que no me dolía nada. Pero él me conocía y comenzaríamos de nuevo otra discusión. Así que esperé porque no hiciese comentario alguno.


Última edición por Silvia Fest Fox el Vie Feb 24, 2012 12:15 am, editado 1 vez

Silvia Fest Fox

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Re: La condena de la Educación Física (Silvia)

Mensaje por Lucas Castillo el Jue Feb 23, 2012 11:55 pm

Sentí como Silvia se reclinaba hacia mi mandíbula en un fogoso arranque, intentando alcanzar mi boca. Y yo, presintiendo el posterior roce de nuestros labios, reaccioné haciendo algo que no creí que haría ni a punta de pistola: Me aparté.

Le hice la cobra, echando la cabeza hacia atrás con unos reflejos que me dejaron flipando de mi mismo; a ella igual. Casi de inmediato, mi novia puso un paso de distancia, con una expresión que iba de confusa a herida.

- ¿Qué narices te pasa? ¿Estás enfadado? Porque resultaría de lo más irónico teniendo en cuenta que he sido yo la que ha sido transportada como una niña pequeña…

Ese reproche no me sorprendió en absoluto. En primer lugar porque estaba claro que ese viajecito la había picado, y en segundo porque jamás me había creído capaz de algo así. Jamás antes había tenido ganas de esquivar su boca, jamás lo había querido hacer… y en ese momento, tampoco quise.

Pero al sentirla cerca, al saber que se me iba a nublar deliciosamente la cabeza, que iba a provocar un estallido interno que sería la definición de inmejorable… supe que me la merecía menos que nunca.

Había sido un tremendísimo golpe de suerte que alguien como ella se hubiese pillado por mí. Un maldito milagro. Me sentía más suertudo que el tipo que gana la lotería con expectativas nulas de llevarse el gran premio. Y por algún motivo yo lo tenía. La tenía a ella…a Silvia.

Sus besos colmaban con la luz de una super nova. Era la mejor sensación que hubiese sentido hasta la fecha… por eso justamente me había apartado. Porque después de lo que le habían hecho por mi culpa, no merecía ni mirarla a la cara, y mucho menos que me hiciera sentir esa gamma de sensaciones que parecían querer elevarme los pies del suelo

Que no pudiese ni cruzar sus brazos para demostrar su molestia me hizo sentir todavía más despreciable. Suspiré.

- No estoy enfadado, tonta –le susurré, intentando amansarla con una sonrisa agridulce- ¿Por qué me iba a enfadar? Es sólo que… que… - ¿Qué? Seria de idiotas decirle la verdad. Porque volveríamos a discutir por lo mismo o, tal vez, siendo como era, pasaría mazo de mi opinión y me comería la boca. He de reconocer que la segunda opción era tentadora a sobremanera. Demasiado. Mordí mi uña- emmm… voy a quedarme contigo. Toda la tarde y si hace falta toda la noche también… me quiero asegurar de que no te tengan que amputar el brazo –señalé su herida en un intento de hacer burla, aunque a mi de gracia me hacía la justa- así que… si no es que quieres acojonarte cada vez que me acerque a ti para curarte y tal ¿Te parece que nos reservemos para luego?

Eso me daría un margen. No muy extenso, pero quizás me sintiera un tanto mejor conmigo en cuanto la atosigara con mis cuidados.

Con timidez, di un paso para tomar su mano y tirar de ella, haciéndola avanzar a paso tortuga antes de esperar respuesta. No habría dudado en cogerla en brazos otra vez si su casa no hubiese estado en esa misma calle.

-Y no te quejes. Te recuerdo que normalmente no soy yo el que tiene reparos en besarte –le musité, observándola de reojo con una sonrisa que rozaba a lo desafiante. Luego callé.

No pensaba decirle algo como “Si no nos besamos cada día es porque tú no quieres”.

Primera porque le dolería; segunda porque me podía salir el tiro por la culata en esa concreta ocasión y tercera, porque cuanto más hablaba del tema, menos claro tenía eso de contenerme.

Era extremadamente duro sentir que todos tus instintos reclaman algo a la desesperada, que está a tu alcance y que no puedes tomar. Dolía.



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