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La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

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La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Sáb Feb 25, 2012 5:15 am

La culpabilidad es una enfermedad poderosa. Una enfermedad que ni siquiera mi novia podía curar. Por supuesto, puedes intentar dar la espalda a esa desagradable sensación, ignorarla, pero entonces te acecha y… te come vivo.

Yo había derramado mi conciencia y todos mis sentidos en intentar aligerar el peso de me corroía, haciendo imposibles por curar la herida de Silvia sin tocarla (seguía sin merecérmelo) y desesperándola con continuos “¿Te duele mucho?”

Puede que fuera muy valiente, muy tonta o que simplemente se negara a preocuparme más de lo debido, pero Silvia no llegó a quejarse ni una vez, a pesar de que yo empezaba a sospechar que la quemadura del codo podría estar infectada. Me dio igual lo reticente que se mostrara ella en creérselo. Me sentía muy responsable, demasiado como para dejarla sola.

Tampoco es que Silvia se resistiera mucho cuando le pedí quedarme en su casa esa noche, para asegurarme de que no sería nada. La forma en que le brillaron los ojos fue colosalmente halagadora.

Conseguía conmoverme con más facilidad que la protagonista esa de la peli que estábamos viendo.

- Sobreactúa –la critiqué con un gruñido de aburrimiento. Silvia me chistó para que callara, sin apartar los ojos de la pantalla. Las imagenes de una noche de lluvia torrencial ocupaban el primer plano.

La ricachona de mi novia tenía un televisor en su cuarto, así que podíamos ver ese film romántico aún recostados en su cama. Yo apenas podía seguir con el argumento. Tenía faenas suficientes en controlar mis palpitaciones revolucionadas para evitar dejarla sorda. Es el mayor inconveniente a la hora de mantener su oreja aplastada en mi pecho, como le gustaba hacer.

Distraído, tracé una línea con el dedo corazón, dibujando formas esporádicas en el dorso de su brazo, llegando desde la mano que tenía en su espalda, pasando por su hombro. Sentir sus curvas, observar cada reacción suya, era con diferencia lo mejor de toda la peli.

- ¡¿Por qué no me escribiste?! Para mi no había terminado… ¡Te estuve esperando siete años y ahora ya es tarde! –chilló la chica, indefinida tras una capa de densa lluvia. Su ex novio se mostró perplejo.
- Te envié exactamente 365 cartas, ¡una cada día del año! –apuntó con una determinación que parecía inquebrantable. Se miraron unos segundos- Lo nuestro no terminó… ¡Nunca ha terminado!

Y así porque sí, se lanzaron a comerse los morros, con una pasión que casi rozaba a la violencia.

Alcé las cejas, perplejo.

- ¡Ala! ¿Pero qué le echan a la lluvia en Estados Unidos? ¿Vodka? –me flipaba que cada vez que se pusiera a llover, pasaran ese tipo de cosas en las pelis. Silvia soltó una risilla contenida.

En la siguiente secuencia, ya estaban en la casa de él, empujándose por las paredes, arrancándose la ropa con una impaciencia que no podía ser sana. Me esforcé para que no se me descolgara la mandíbula ante la inminente y previsible escena de sexo. Mi garganta se secó. Ya empezaba a sentir descargas de lo más bochornosas…

- Emmm ¿Me repites por qué nos haces ver esto? –murmuré con voz ronca, retirando con todo el disimulo que pude el brazo de sus hombros.

No me apetecía ver como esos dos se fundían, ni que fuera en la ficción. Es como ver a un gordo comiéndose una pizza cuando tú te mueres de hambre.


Última edición por Lucas Castillo el Dom Mar 04, 2012 7:45 am, editado 1 vez


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 25, 2012 10:26 am

- ¿Que por qué? –me giré hacia a él, sorprendida porque no fuese capaz de ver la obviedad- ¡Pues porque es preciosa! –exclamé encantada.

Siempre conseguía emocionarme con esta película. Podría ser bien la treintava vez que la reproducía que me daba igual. Siempre lloraba de alegría en la última parte.

Tras darse ese estupendo revolcón y jurarse amor eterno, se separaban. Jimmy no podía aguantar la vida en EEUU sabiendo que tenía un gran trabajo en Australia. Por tanto le pide a Kim que ella lo deje todo para marcharse con él. Obviamente, ella pasa, hasta que al fin, en una secuencia nocturna y con abundante agua, se reencuentran tras cuatro días de separación. Kim le pide matrimonio a Jimmy y, tras la afirmativa de él, ambos se funden en un apasionado beso en un primer plano, contrastando con el magnífico físico de ambos ayudados de la ropa empapada impregnada en la piel de ellos.

Adoraba esta peli porque desde que la vi por primera vez con trece años, me había parecido que pretendía transmitir la perpetuidad del amor y de la desintegración de las barreras. Nadie podría contra esa afectación mutua.

Era exactamente lo mismo que nos ocurría a Lucas y a mí.

Pero parecía que él no estaba muy de acuerdo en cuanto al cine se refiere… intentaba no mirar el film a toda costa. ¿Tan terrible era?

Le di al pausa, congelando la imagen.

- ¿De verdad no te gusta? –Para ver su rostro, me coloqué de tal modo que, tumbada, mi codo izquierdo me ayudase de apoyo para sostener mi cabeza con mi mano. Mientras, mi chamuscado brazo se quedaba en completo reposo.

Y era lo mejor. Desde lo del baloncesto, había podido percibir cómo el ardor se incrementaba paulatinamente. Para mí que andaba muy fastidiado, porque con solo flexionarlo, el codo me insultaba por triplicado. ¿Se estaría inflamando? Lo mismo, pero me daba igual; no pensaba prestarle la menor atención mientras que mi novio estuviese conmigo. El alma de Lucas se encontraba terriblemente torturada desde que Juliette me achicharró. En cuanto conseguimos salir de ahí, me había empezado a tratarme de forma diferente. Ahora se encontraba más distante conmigo.

Pronto fui consciente de que estar en esa posición no hacía más que enfriarme. Así que opté por introducirme en las sábanas. Sí, así se estaba mucho mejor.

- Bueno pues… -alcancé su mano de forma un poco insinuante.- si no quieres ver la peli… -empecé a trazar dibujos abstractos en su palma. Quería su contacto, más de lo que me había ofrecido esta tarde.- ¿Qué quieres hacer?


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Feb 26, 2012 12:12 am

Parecía hecho a posta ¡Tiene que ser una maldita broma!

Toma paradoja del destino. Ver una escena de amor efervescente cuando tú te tienes que dar un canto en los dientes y, encima, voluntariamente. Era masoquismo en estado puro… pero también parte de mi castigo. Me merecía pasar aquella sed.

El problema es que, a medida que veía como a los protas les caía la ropa y se lanzaban contra la cama, más ganas me entraban a mí de hacer lo mismo con Silvia. No. De hacerle lo mismo a Silvia. Jodidas hormonas…

Resoplé, trasladando la vista a cualquier lugar que no fuera la pantalla, donde aquellos dos se ponían manos a la obra con un festival de sutiles gemidos. De-puta-madre.

Me esforcé por que en mis pómulos no se impusiera el carmín. Agradecí muchísimo que Silvia parase la peli para ayudarme en ese propósito.

- ¿De verdad no te gusta?


Mi novia no parecía dar crédito. A ella le encantaba esa historia, me lo había comentado varias veces antes de ponerla y no parecía entender mi incomodidad. La verdad es que, quitando que se enfocaba desde un punto de vista más bien femenino, no estaba tan mal. No si no fuera porque me recordaba continuamente lo que me había prohibido hacer.

- Bueno pues… si no quieres ver la peli… -sin darme tiempo de preparación, Silvia cogió mi mano, sometiéndome a una tortura irresistible. La tela de sus dedos me acarició la palma, en círculos concéntricos, en elipses, en forma de s, en… me va a dar algo. Contuve la respiración, para no hiperventilar ante ese bendito cosquilleo que me haría perder el tarro. El tonito sugerente que empleó fue como ponerle la guinda al pastel- ¿Qué quieres hacer?

No sufrir una taquicardia estaría bien, por ejemplo.


Tragué saliva compulsivamente, recordándome a mi mismo el dolor de garganta y la sequedad.

- Aaaah… No sé –conseguí titubear, de forma muy poco original. Sí, sí sabía. Yo quería exactamente lo mismo que quería ella… pero no había hecho nada para ganármelo.

Por eso debería haberme controlado, pero mi fuerza de voluntad era de chiste. De chiste malo.

Mis ojos fueron directos hacia mi perdición. Esa línea rosada que me hacía perder el oremus. Me atravesaron relámpagos en el pecho cuando Silvia se mordió sutilmente el labio inferior. Era como si me acabaran de aplicar la carga de un desfibrilador.

En mi interior todo era demasiado caótico como para darme cuenta que me estaba inclinando instintivamente hacia ella. Conseguí reaccionar sólo a pocos centímetros de su boca. Cuando su aliento me atontó de forma peligrosa.

- Estooo… ¿Y si dormimos? Se te ve cansada –salté de repente, enderezando la espalda como si tuviese pinchazos. Carraspeé y mastiqué mi uña para calmar la ansiedad, teniendo por seguro que los mensajes que daban mi cuerpo y mis palabras eran totalmente contradictorios. Silvia mantenía el ceño un tanto fruncido, mirándome con aire de confusión.- Emmm… Bueno, la peli no está mal… pero la próxima vez, elegimos algo más a nuestro estilo. Alguna de Marvel, por ejemplo ¿Eh?…

Sonreí con un punto de nerviosismo antes de cogerle el mando y apagar definitivamente la tele. Estirarme a su lado aumentó mi inquietud.

Por tenerla cerca y… porque temblaba.

- ¿Tienes frío? –susurré, pasmado.

Yo sabía lo mal que toleraba el calor, así que verla encogida bajo las mantas me pilló forzosamente de sorpresa. No sé si me lo estaba imaginando, pero me daba la sensación de que sus ojeras empezaban a pronunciarse…


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 26, 2012 9:07 am

¡Bien! Lo había conseguido. Por fin Lucas dejaba de esquivarme y se atrevía a tocarme a… ¡a besarme! Era mi oportunidad. Ya no tendría que recordar nuestro último y apasionado beso. Ese por el que la culpa surcaba en mis venas.

No, este sería el mejor, corto pero aun así intenso. Me mordí mi labio inferior en gesto de deseosa desesperación. Ya me encontraba lista para la acción.

Se acercó a mí, enamorado, apasionado, incontrolado. Yo igual. Nuestros labios estaban a milésimas de segundos de reencontrarse. Y así se quedó. Lo que iba a vivir se iba a convertir en una fantasía porque Lucas se apartó.

- Estooo… ¿Y si dormimos? Se te ve cansada –comentó de pronto. Se había alejado de mi boca de manera insultantemente apresurada.

No supe responder ¿De verdad acababa de pasar lo que había pasado? ¿Me había hecho la cobra? ¿De nuevo? ¿¡Por qué!? Ya era más tarde… ¿¡Cuánto más quería esperar!?

Mi desesperación por conseguir un beso iba cada vez más en aumento. ¿Qué tenía que hacer? Él estaba enfermo… ¡Podíamos fundirnos con nuestra saliva! ¿Por qué no quería? ¿Y si estaba enfadado conmigo? Y si… ¿ya no me quería como novia? ¿Querría que solo fuésemos amigos? ¿O ni siquiera eso?

Preguntas y más preguntas se me agolpaban en mi cerebro sin una respuesta clara. Esto de que me hubiese rechazado dos veces era un duro golpe.

Lo miré sin verle en realidad. Me sentía en shock ¿A qué diantres venía esa postura tan angustiosa? Me estaba perdiendo…

- Emmm… Bueno, la peli no está mal… pero la próxima vez, elegimos algo más a nuestro estilo. Alguna de Marvel, por ejemplo ¿Eh?… -volvió a cambiar de tema.

Apagó la tele y entonces, se insertó en las sábanas junto a mí.

- ¿Tienes frío?

- ¿Eh? –pregunté patidifusa.

El dicho ese en el que se decía que los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez, no se aplicaba Lucas. Su mente iba a una velocidad alarmantemente rápida ¡En menos de medio minuto había cambiado de tema tres veces! Tardé en procesarlo, pero cuando supe que su comentario era cierto, yo también me extrañé. Tenía frío.

Levanté los hombros como muestra para darle poca importancia.

- ¿Algún día tendría que tocarme, no? –al juzgar por su expresión, para mí que Lucas no estaba de acuerdo… Desde luego… era todo un plasta preocupándose por mi salud… estaba bien ¿Por qué no podía darse cuenta? Ni mis padres me atosigaban tanto… Le respondí con tono cansado.- No te preocupes… ahora entraré en calor…

Y con el objetivo de que se callase, volví a arrimarme a su pecho. Quería escuchar su corazón mientras que subía mi temperatura gracias a su cuerpo. Como en esa situación también se quisiese apartar de mí, mi autoestima se desinflaría a la velocidad de la luz...

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Feb 26, 2012 11:03 pm

- No te preocupes… ahora entraré en calor…

¡Y que lo digas! Al menos, eso iba a pasar conmigo. Mi novia se acurrucó otra vez en mi pecho, abrazándose a mi cintura con un afecto que me caló hondo. Sentí que cada célula se me derretía y gritaba su nombre.

Me sentí bien. Completamente. Mi corazón se reveló.

Por varios motivos, pero el principal es que la tenía contra mí y que, esta vez sí, podía hacer algo por ella. Algo útil. Enzarcé los brazos a su torso, expandiendo mi caja torácica en un suspiro, llenándome de ese olor que desprendía su cuerpo y parecía dejarme en un estado próximo a la borrachera. Esa sensación de estar en la gloria podría haberse colmado con un beso suyo, pero de nuevo, tuve que recordarme que no era digno de tanta perfección. Una pena.

Nuestras piernas se enredaron. Tuve valor para apretarme todavía más contra ella, ridículamente necesitado, apelmazando cada centímetro de mi ropa a la suya. Froté su espalda con las manos repetidamente, en un intento de calentarla por fricción. Estaba helada.

¿Cómo podía la vida tratar tan mal a alguien tan flipante? ¿Y yo? ¿Cómo había dejado que la hiriesen de esa forma?

- Lo que no te pase a ti –gruñí suavemente.

Silvia no hizo ningún comentario al respecto, aparte de un leve resoplido que revoloteó el la pechera de mi pijama. Quizás no le apeteciera discutir, y eso me venía de perlas, porque volver a enzarzarnos en una pelea dificultaría en mucho estar en ese remanso de paz. Que acabara no estaba entre mis planes. Yo había pensado algo tipo tenerla de esa forma entre mis brazos y no soltarla nunca.

Con ese deseo, pasó el rato. Un largo rato. Incuantificable, callado, encantador. Era de ese tipo de silencios que se estropearían siendo llenados, así que me esforcé por cerrar la boca en la medida de lo posible, controlando los espasmos de vértigo de mi cuerpo cada vez que Silvia movía una mano para acariciarme.

Lo malo es que el estado de mi novia no me dejaba del todo tranquilo. A pesar de estar comprimida contra mi cuerpo, el suyo no estaba aumentando demasiado de temperatura, o al menos eso me decía los leves temblores que la hacían estremecer de tanto en tanto.

Sentí el filo de su boca rozando mi corazón. No podía hacer más que caldear la temperatura de mi sangre unas décimas. Pero la suya no.

- Esto no me gusta nada –acabé por romper nuestra burbuja, con fastidiada sequedad. Era muy mala señal que no recuperase los grados que le faltaban. Realmente mala.

Tomé como una señal todavía peor la reacción inesperada que tuvo Silvia entonces. Prácticamente pasando por encima de mí, sin consideración alguna por no clavar su codo bueno en mis costillas, se levantó de un revuelo de la cama, echando chispas.

Me incorporé a toda prisa, mirándola con aire aturullado ¿Pero qué narices…? Jamás me acostumbraría a esas incoherencias de su personalidad. Confuso, me rompí el coco intentando descifrar la razón de que apretara labios y puños, o de que sus ojos se empezaran a cristalizar, como si fuera inminente el llanto. O como si ya lo estuviera conteniendo.

- ¿Qué pasa? –susurré, dejando escapar las notas de sorpresa en mi voz.

En serio, yo la quería con toda mi alma. Pero estaba como una maldita cabra.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 27, 2012 12:58 am

Bien, parecía que lo había conseguido. O al menos el silencio parecía indicar aquello…

Sentaba bien eso de no discutir. Hoy estaba más cansada que de costumbre y sentirme querida en los brazos de Lucas me daba paz y mucha tranquilidad. Sí; aunque no me dejase besarle –algo que todavía no entendía- al menos me quedaba esto.

- Lo que no te pase a ti –resoplé ante la incomprensión. Estaba de lo más enigmático…

Vale… ¿a qué se refería con eso? ¿Qué todo en mí eran desgracias? ¿Qué era más rara que un perro verde? ¿Y si era eso? ¿Y si… no le gustaba eso de mí? ¿Y si ya no me quería y estaba buscando la forma de decírmelo? Y si…

Tirité nuevamente ¿Y ahora por qué reaccionaba de esa forma mi cuerpo? ¿Era por miedo a que me abandonase o por el frío? Ni idea… Aunque sí que sabía algo: mi cabeza me pedía que me relajase. Pero no le iba a hacer caso… las preguntas se me agolpaban a toda velocidad en mi mente…

Sí; estaba claro, debía ser eso. Ya no me querría… pero siendo como es él, buscaría la forma de ser más sutil… ¿Y qué podría hacer yo para intentar seguir estar con él? Nada. Ya le había prometido que no me interpondría si él buscaba algo más físico de lo que yo le podría dar… Aunque… justamente era ahora cuando nos podríamos besar… ¿Y si lo que pasaba era que me tenía miedo? Gracias a mí había podido experimentar torturas inacabables… Sí, yo le recordaría aquello tan desagradable, tan traumático. Querría deshacerme de mí. No es que hubiese otra persona especial como podría ser Anne, qué va; sino que él me temía. Quería acabar todo tipo de relación conmigo… Por su salud, por su vida.

- Esto no me gusta nada –contestó serio.

Ya está. Me había leído el pensamiento y se aprovechaba de la situación. ¿Pero qué podía hacer yo? Pues… lo mismo. Se lo pondría más fácil. Le ayudaría en su objetivo por cortar conmigo. Lo entendía a la perfección y lo respetaba. Probablemente yo habría hecho lo mismo.

Así que me liberé de su cuerpo a toda prisa y me escapé de mi cama. Fue entonces cuando la cabeza me chilló.

Uff… ¿Me habría movido muy deprisa? Seguro…

¿Pero eso qué importaba?, ignoré mi mente y me preparé para lo que venía ahora. ¿Qué sería mejor? ¿Qué cortase yo con él o que lo hiciese él conmigo? La primera opción, desde luego…

Ya estaba preparada, mis emociones me ayudaban. Sentía rabia y dolor por no poder darle lo que necesitaba, pena por saber que estos días tan maravillosos se acabarían en cuestión de segundos y mucho disgusto. Lucas sabía que odiaba la compasión, y aun así se estaba dejando dominar con ella…

Apreté los puños con saña, mi labio igual. Era el momento; ahora o nunca. Sí; mis ojos me suplicaban porque no lo hiciese, pero el orgullo me ganaba la partida. Si íbamos a cortar, mejor me quedaba yo con la dignidad intacta…

- ¿Qué pasa? –preguntó sorprendido.

¿Contesta “qué pasa”? ¿Ahora se sorprende? ¿Quería plantarme él? Pues se iba a aguantar… sería yo la que lo hiciese…

- ¿¡Que qué pasa!? –exploté- No, si ya sabía yo que era eso… ¡pues no me vas a dejar tú! ¿me oyes? Lo hago yo –contesté con cierto aire prepotente.- Sí, entiendo perfectamente que esto no te guste nada –nos señalé con mi mano izquierda- pero mira… -ya está, de nuevo las lágrimas volvían a enjuagar mi rostro. ¿Por qué tendré que ser tan puñeteramente débil?- soy así y no lo puedo controlar… -dejé los gritos para reflejar ahora dolor.

Mierda, seguro que ahora se compadecería de mí. Me aparté de su mirada para hablarle al suelo.

- Sé que te dije que en cuanto necesitases lo que yo no te podría ofrecer te daría vía libre… es solo que… -intenté controlar no sin mucho éxito mi voz- no esperaba que fuese a ser tan pronto…

Y ahí estaba mi límite. Dicho esto le di la espalda y exploté a lágrimas. Mi cabeza sentía toda la presión del momento y se había decidido a acompañarlo con los involuntarios temblores que ofrecía mi cuerpo…

Perfecto…

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Feb 27, 2012 2:28 am

Silvia era una de las personas más emocionales que había conocido en la vida. La más inestablemente emocional, sobre todo.

- Sé que te dije que en cuanto necesitases lo que yo no te podría ofrecer te daría vía libre… es solo que… no esperaba que fuese a ser tan pronto…

Observé, con la dentadura en cuelgue, como estallaba a lágrima viva, dándome la espalda. Vale. Rebobina.

¿Qué coño es lo que acaba de pasar? Intenté salir de mi atónito estupor, buscando comprender la escenita que acababa de montarme. Y casi de inmediato, conseguí darme cuenta del punto clave del malentendido.

Silvia, hipó, trémula. Frágil. Estaba claro que con ella debería esperarme siempre las reacciones más exageradas. Me levanté de la cama en cuanto pude reaccionar, llevado por un ataque de ternura y compasión.

- Silvia… -sonreí por lo ridícula que era toda la situación, acercándome por su espalda. Intentó sacudirse la mano que le puse en el hombro, encogida entre sollozos que lograba tragarse a duras penas.- Eres la reina del melodrama… Anda, ven aquí.

Le tomé el brazo para darle la vuelta y la atraje hacia mi, con dulzura a pesar de la resistencia que me puso al principio. La sentí vibrar. Y una vez que la tuve bien estrecha contra mi pecho, encogida, preciosa, me dio por soltar una carcajada.

- ¿Sabes? No sé que es más ofensivo… que dudes de mis sentimientos por ti o que pases mazo de luchar ni un poco por retenerme –bromeé, acunándola mientras nos balanceaba hacia delante y hacia atrás, como si la meciese. Levantó la cabeza de mi ropa, mirándome con unos ojos acuosos, tristes y, por encima de todo, extrañados. Elevé la vista al techo con exasperación- No voy a dejarte, mi niña tonta y potencialmente hipersensible. En realidad… no tengo intención de hacerlo nunca –sentí como el hervor subía a mis pómulos nada más acabar la frase. Era la primera vez que le ponía un apodo cariñoso. Tomé la nota mental para no repetir lo de mi niña…era demasiado vergonzoso. Carraspeé- En serio ¿Tan poca fe tienes en mí? Cuando dije “esto no me gusta” me refería a tu temperatura, no a nosotros…y me da igual lo que digas, tus delirios confirman que estás peor de lo que yo pensaba.

Vaya sarta de gilipolleces… ¿Cómo podía pasársele por la cabeza, ni por un momento, que yo fuese a dejarla? ¿O qué no la quisiera tal y como era? Ridículo. De momento seguía totalmente cuerdo, muy conciente de que separarme de ella sería la mayor atrocidad de la historia.

Le sonreí de medio lado, separándome a un paso de distancia, pero cogiéndole una mano como compensación. Silvia aún parecía algo aturdida, pero no lloraba. Ya no, y era un auténtico alivio. Elevé las manos que teníamos entrelazadas para acariciarle la mejilla con el dorso de su propio guante, secándole las lágrimas con un lento trazo.

- Eres genial así… tal y como eres. Incluso cuando te tomas las cosas a la tremenda.

Acabé la frase medio riéndome, satisfecho de que ella también soltara una débil y pulcra risilla.

Pero el buen rollo se cortó de cuajo. Justo en el instante en que mi novia dio un leve traspiés, apretándose las sienes con su mano libre. Jadeé, volviendo a cogerle la cintura como protección para una posible caída. Parecía haberse mareado.

- Vale… ¿Sigo siendo ahora un exagerado por preocuparme por ti? –gruñí con angustia.

No quedaba rastro de sangre en su cara. La cosa empezaba a asustarme.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 27, 2012 7:27 am

- Silvia… Eres la reina del melodrama… Anda, ven aquí. –hizo ademán de cogerme en sus brazos.

En un principio me resistí pero después… ¿Por qué no disfrutar los últimos momentos? Sí, eso era lo mejor, acceder. Y fue la gloria, noté por última vez su esencia, su aroma, sus arrítmicos latidos, su increíble calor… Sí, ahora más que nunca necesitaba su alta temperatura.

Me sentía como un cubito de hielo y eso era raro… ¿Debería seguir poniendo la calefacción? Ya lo pensaría más tarde, cuando mi cabeza estuviese más relajada… ¿Por qué me sentía así? ¿Sería del estrés? Probablemente…

- ¿Sabes? No sé qué es más ofensivo… que dudes de mis sentimientos por ti o que pases mazo de luchar ni un poco por retenerme –le observé confusa. ¿No iba a dejarme? ¿Iba en serio?- No voy a dejarte, mi niña tonta y potencialmente hipersensible. En realidad… no tengo intención de hacerlo nunca –sentí cómo un remanso de paz inundaba mi alma. En otras condiciones me habría molestado ese apodo, pero no ahora. Esa vez sí que eran acertados esos adjetivos pero… era su… ¿niña? Me gustaba eso. Sonreí, dejando el llanto de lado.- En serio ¿Tan poca fe tienes en mí? Cuando dije “esto no me gusta” me refería a tu temperatura, no a nosotros…y me da igual lo que digas, tus delirios confirman que estás peor de lo que yo pensaba.

¿Delirios? Tampoco eran delirios… solo era que se había expresado mal… y no estaba “peor” seguía igual que hacía unas horas, salvo por la excepción de este repentino frío y dolor de cabeza… Seguro que se debían a que estaba convencida de que me iba a dejar… sí; apostaba lo que fuese a que era por eso.

Se alejó de mí, algo que me fastidió en demasía. Quería su calor… ¡estaba sintiendo un frío espantoso! ¿De verdad él no lo notaba o qué? ¿Ahora vivía en el Polo Norte? Quizás era un problema de la casa, que acercándose el verano se hacía más fresquita… ¿tendría que comprarme una bata? Me distrajo cogiéndome de la mano izquierda. Sentaba bien.

- Eres genial así… tal y como eres. Incluso cuando te tomas las cosas a la tremenda.

Sonreí. Sí, quizás siempre lo llevaba todo un poco al extremo…

Iba a guiarlo de nuevo a la cama dispuesta a que siguiésemos abrazados como antes cuando no sé por qué, mi cuerpo –y en especial mi cabeza- me dejaron claro que la batería estaba en las últimas. Casi me caigo… pero Lucas me pilló a tiempo.

¿Qué narices me estaba pasando? ¿Estaría mala? No… si había podido con una tortura, mi cuerpo aguantaba con cualquier cosa…

- Vale… ¿Sigo siendo ahora un exagerado por preocuparme por ti?

Vale; sí. No estaba en mi mejor momento… pero tampoco era para ponerse de esa forma… lo mismo estaba así por la falta de sueño… era cierto que ahora me encontraba muy cansada, pero así lo estaba desde hacía meses… Lo único extraño que había hecho hoy era jugar al baloncesto y lo más probable es que andaba tan mal de pilas por eso…

Liberé mi mano izquierda de sus manos pero al parecer, Lucas no estaba muy seguro de que no fuese a caerme y me sostuvo por la cintura. Era un exagerado pero tenía muy claro que no me iba a quejar… adoraba sentirle por esa zona…

- Lucas… -contesté cansada ante tanta sobreprotección- estoy bien ¿vale? –antes de terminar ya estaba soltando una risita sarcástica. Me piqué. - ¿No te lo crees? Pues mira, que voy a por el termómetro… -Iba a hacerlo, de verdad que sí, pero mi novio me lo impidió. Me recogió en sus brazos y me inmovilizó.

- ¿Pero qué haces? –me molesté.- ¿No te lo creías, verdad? Pues ahora voy al baño a por el maldito chisme…

Nada, su silenciosa respuesta fue clara. Al parecer yo no iba a ir… a mí me tocaba guardar cama como una inválida… ¿Tan débil me creía? Resoplé frustrada… Estaba claro que luchar con él en estos temas era inútil… era tan insistente como yo y lamentablemente más fuerte que mi cuerpo.

No tenía opción de salirme con la mía…

Mierda.


Última edición por Silvia Fest Fox el Mar Feb 28, 2012 6:08 am, editado 2 veces

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Feb 27, 2012 12:00 pm

Ya no sé a quién quería convencer Silvia sobre eso de que estaba bien: Si a mí o a ella misma.

Fuese como fuese, hice oídos sordos a sus quejas. No me apetecía discutirme de nuevo con ella, porque estaba claro que no nos conduciría a nada. Nunca lo hacía.

Lo peor es que mi novia tenía tendencia en ganarme las peleas, así que huí rápidamente hacia el lavabo que había cerca de su cuarto para conseguir el dichoso termómetro, antes de que pudiese alcanzarme en la carrera en su busca. Intenté tragarme la angustia mientras volvía precipitadamente a su cuarto. Empezaba a sospechar el por qué de todo y, si era lo que me imaginaba… se convertiría en otra losa en mi mal de conciencia.

- A ver… abre el buzón –murmuré de forma automática, cuando me senté a su lado en el colchón. Silvia me puso tal mala cara que casi me hace reír. Sólo casi, si no fuera porque llegaba a desesperarme su cabezonería- Sé que te estoy dando mucho la brasa y que piensas que soy un coñazo, pero…puede ser que te haya cogido fiebre si la herida se te ha infectado y eso no es de chiste. Y…la verdad es que me siento bastante responsable por ello –vale, muy responsable. No maticemos. Ella iba a rechistar, cómo no, así que me apresuré a seguir, en tono casi de súplica- Si me dejas cuidarte puede que se me pase… ¡Venga! No me obligues a ir a por ti

Chasqueó la lengua y tras pensárselo un poco (quizás estuviese considerando la idea de que fuera a por ella), desencajó la mandíbula con aire resignado. Introduje el filo del termómetro entre sus labios, sabiendo que era preferible que tuviese la boca ocupada, ya que eso me daba la ventaja de que no podría seguir quejándose y, mejor aún, me evitaba a lo sumo la tentación que sentía removiéndose en mí, inquieta. Con desasosiego retenido, me quedé observando la creación de ojeras bajo sus párpados, lamentándome de ello y ahogándome por la falta de aire, como pasaba siempre que se me olvidaba respirar al mirarla.

Era preciosa y perfecta, aunque el color de sus pómulos regresa y, esta vez, en un nada sano tono rubí, haciéndome pensar en que el resultado tenía que llegar al punto de lo febril.

Bingo.

38 grados y medio.

- Odio decir “te lo dije”, pero… -antes de poder articular nada más, me encontré su guante aplastado contra mi boca, impidiéndome seguir con la coletilla. Silvia me amenazó con un “ni se te ocurra” directo de sus ojos castaños. Sofoqué una risita contra la palma de su mano, retirándola de mis labios para esbozar una sonrisa amable. Acaricié sus dedos- Como quieras, vamos a dejarlo. Pero admite que no estás bien y nos harás la existencia más fácil a ambos.

Hice amago de llevarle la mano a la frente. Por preocupación, por instinto… y de nuevo, volví a pararme a medio camino, frustrado. Era una molestia continua con ella. Decidí que emplearía mejor mis dedos mordiéndome la uña.

- Te...te iría bien tomarte unas cápsulas de ibuprofeno… -murmuré, evitándola con la mirada. La suya la sentía clavada en mí

Era de esperar que siguiese sin comprender mi reticencia a tocarla, cuando era dolorosamente libre de hacerlo.

Yo mismo podría apretar mis labios en los suyos, o un su frente, para comprobar en mis carnes hasta que punto había subido su temperatura. Para sentir ese vértigo que giraba como un torbellino interno.

Pero no debía. No todavía.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 28, 2012 6:51 am

- Si me dejas cuidarte puede que se me pase… ¡Venga! No me obligues a ir a por ti.

¿Tan importante era para él mi salud? ¿Tan preocupado estaba de las malditas quemaduras? ¿Y si realmente le “obligaba” a que viniese a por mí? ¿Conseguiría que me tocase de una vez por todas antes de que se le pasase ese dolor de garganta? Ansiaba tocarlo pero, aparte de esta presión que sufría mi cabeza, lo que más me mataba era que cada segundo que pasaba, sus defensas estaban trabajado a jornada completa para liberarle de su dolor… ¡Y yo quería ser sus “defensas”. Seguro que mañana ya se encontraba como una rosa…

Medité las opciones. ¿Por qué me decantaba? ¿Me rebelaba? Era tentador, demasiado incluso pero… la nota de angustia que transmitía su cuerpo dejaba claro que no estaba para jueguecitos… ¡Porras!

Chasqueé la lengua y, resignada, terminé por abrir la boca. Había que ver de qué era capaz por amor. Me quedé ahí, esperando a la nada. Sintiéndome de nuevo como una niña de cuatro años y gastando tiempo en balde. Pero eso daba igual, sabía que haciendo eso mi novio se quedaría tranquilo cuando viese que no me pasaba nada…

Terminó la espera y Lucas lo consultó como si de verdad fuese un auténtico médico. De no haber sido porque percibí su sonrisita de autosuficiencia, me habría reído ante la situación.

Me mostró el termómetro: 38’5ºC.

¿¡Qué!? ¿¡Cómo podía tener fiebre!? Hacía años que no enfermaba… ¿¡Por qué ahora!?

- Odio decir “te lo dije”, pero… -ni de coña le iba a dejar terminar esa frase. Siempre me había repateado así que, tan rápida como un colibrí, le tapé la boca con la mano. Esas reacciones eran mucho más efectivas que las palabras. Siempre lo eran..- Como quieras, vamos a dejarlo. Pero admite que no estás bien y nos harás la existencia más fácil a ambos.

¿Qué me quedaba si no era aceptar la realidad? Esos chismes nunca mentían… así que sí, al parecer tenía fiebre… pero tampoco era para tanto… un par de días comportándome como una flojucha sin moverme mucho y estaría solucionado, ¿no? Hacía tanto que no me daba fiebre que ya ni me acordaba de qué había que hacer…

Al menos ahora iba a tener mi “momento” de gloria sintiendo la mano de un paternal Lucas. O eso creía yo hasta que la apartó de mí con nerviosismo. Decidió que el sitio ideal sería su boca, como siempre.

¿Qué diantres le pasaba ahora? ¿Ni siquiera se atrevía a tocarme? ¿Pensaba que lo contagiaría o qué?

- Te... te iría bien tomarte unas cápsulas de ibuprofeno… -murmuró evitando a toda costa mis ojos.

Fruncí el cejo, intentando averiguar qué le pasaba por la cabeza… Todo en balde, por supuesto. ¿Y si lo chantajeaba?

- ¿Si me tomo el maldito ibuprofeno me dirás por qué no quieres tocarme? -Quería saberlo de verdad, no entendía su comportamiento- ¿Sabes que por esto no te voy a contagiar, no? –sonreí con socarronería- Y aunque así fuese no tendrías que sufrir demasiado… todo sería cuestión de tocarnos de nuevo… -Sí; eso era lo único bueno de mi poder, mis seres queridos no tenían por qué enfermar…


Última edición por Silvia Fest Fox el Mar Feb 28, 2012 10:01 am, editado 1 vez

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Feb 28, 2012 8:59 am

- ¿Si me tomo el maldito ibuprofeno me dirás por qué no quieres tocarme? ¿Sabes que por esto no te voy a contagiar, no? –me dedicó una espectacular sonrisa burlona- Y aunque así fuese no tendrías que sufrir demasiado… todo sería cuestión de tocarnos de nuevo…

Qué tía.

Podía estar orgulloso de decir que mi chica era de lo más avispada. Se olía algo raro. Seguro que desde el primer momento en que me negué a sus besos. Eso era tan... antinatural en mí.

Sentí que se me escapaba una sonrisa de medio lado, todavía sin mirarla. Derrotado sería la palabra. No me la merecía. Para nada.

- No me da miedo que me contagies, Silvia. Y… yo… -tragué, consiguiendo así una voz más queda y cortada de lo normal. Esa vibración de nerviosismo solía venir presidida por una atropellada confesión por mi parte- quiero tocarte. Siempre quiero tocarte. Pero… es que no se trata de lo que yo quiero ¿Sabes?

Avalué su expresión de total desconcierto. Debía ser sincero. No iba a poder retrasar esa discusión eternamente…pero sí hasta que se tomara la dichosa medicina. Así mi conciencia dejaría de gritarme. O como poco, bajaría el volumen de su serenata.

Suspiré.

- Tú ganas –musité finalmente, encajándole la mano como si fuéramos dos empresarios de éxito que acaban de cerrar el negocio de su vida- Si te tragas el ibuprofeno sin rechistar, yo te cuento lo que me pasa. Pero... no te va a hacer gracia…

Eso no pareció importarle. Es lo que tiene cuando te vence la curiosidad…

Silvia me dio las indicaciones sobre donde creía recordar que estaban las medicinas. Me costó lo mío, pero tras revolver el botiquín tres veces, encontré una caja con los analgésicos. Lástima que tuvieran una pequeña e insignificante pega.

- ¡Tía! ¡Esto caducaba en 2010! Hasta podría haber cobrado vida –flipé, leyendo la data que había en uno de los dorsos del cartón. Silvia me hizo un gesto de inocente indiferencia.

Vaya. Estaba claro que no tenía tendencia a enfermar… o al menos, no como hace el resto de la humanidad. Solté un resoplo de fastidio.

- Bueno, pues… tendré que ir a comprar. A lo mejor hay alguna farmacia de guardia… ¡No es molestia! –me apresuré a añadir, al ver su gesto reivindicativo.- Además, sabes que el trato no es válido hasta que no te hayas drogado, ¿Verdad? –me permití el lujo de sonreírle, amable. Lo iba a pagar caro, pero ambos acabaríamos saliéndonos con la nuestra, le gustara o no- Y ahora… emmm…¿Podrías cerrar los ojos?

Y en vez de eso, frunció el ceño, confusa. Ojaá hubiese tenido corazón para echarla del cuarto, o valor para desnudarme en otra estancia de la casa...pero se me pasaban las ganas al pensar en que su tía alcoholica podía pulular por ahí, dando eses.

- ¿Qué? Tengo que cambiarme. No pienso salir con pijama… pero mucho menos pienso hacerte un striptease –gruñí, poniendo los ojos en blanco para evitar que subiera la sangre a mis pómulos.

No supe si ella también estaba roja por lo que acababa de decir o por la fiebre incipiente. Las dos opciones me dejaban en mal lugar.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 28, 2012 10:36 am

- ¿Qué? Tengo que cambiarme. No pienso salir con pijama… pero mucho menos pienso hacerte un striptease –Se sonrojó.

Tardé en reaccionar pero cuando lo hice no pude evitar reírme ante la situación. Es que era increíble ¿tan vergonzoso era?

Aparte del frío, el dolor de cabeza y del ardor que sentía debido a las quemaduras, yo me encontraba como siempre y con ello, mis ganas de sonrojarlo todavía más.

Dejé de estar echada en la cama como una enferma para sentarme. Vale, levantarme tan bruscamente no era buena idea. Me llevé mi mano izquierda automáticamente a la sien, pero sin dejar de omitir mi buen humor.

- No me lo puedo creer… ¿De verdad que no quieres que te vea? –le dije de coña una vez que el leve mareo se había pasado- Ya te he visto en bañador, tonto… y no hay mucha diferencia, ¿no te parece? –Al juzgar por la expresión de mi novio, él no estaba de acuerdo. Rodé los ojos- Esta bien… enciérrate en mi baño si te apetece... -le avisé levantando mi índice ízquierdo- Porque yo me niego a cerrar los ojos. Yo este espectáculo no me lo perdería. Pero si quieres usa el puñetero pestillo… Desde luego que ¡qué pudoroso te me has salido! –comenté divertida.-Y que sepas que me habría molado alguna escenita de sex simbol –reí, imaginándome a Lucas quitándose el uniforme del colegio al ritmo de 9 Semanas 1/2 . Habría estado gracioso.


Última edición por Silvia Fest Fox el Mar Feb 28, 2012 10:46 am, editado 1 vez

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Feb 29, 2012 6:11 am

- Y que sepas que me habría molado alguna escenita de sex simbol – Silvia se descojonaba a mi costa.

Arrugué la frente, obligándome a seguir respirando con toda la normalidad posible. No le des lo que quiere… no te sonrojes…no te sonrojes...no te… Tarde. Ya lo estaba. Quedaba comprobado que mi orgullo y la presión sanguínea tenían líneas de pensamiento diferentes.

Esquivé su mirada, echando humo por los poros.

- P-pues vas lista… Vamos es que ni harto de vino te montaría yo un numerito...d-de ese tipo. Ni de ningún otro.

Pero que muy lista. Estaba convencido de que jamás lograría emborracharme lo suficiente como para que me creyese tener un cuerpo de sex simbol y mucho menos para que considerara conveniente exponerlo delante de ella. No existe tanto licor en el mundo.

Carraspeé sonoramente, mordiéndome el índice, cohibido… tal y como a ella le encantaba tenerme. Se notaba, en esa mirada enardecida por la fiebre y la picaresca, que lo estaba disfrutando. La muy perra...

- Bueno, ya vale ¿No? –ladré entrecortadamente, en vista de que no parecía poder abandonar esa sonrisa traviesa. Mi novia dejó escapar otra risita mientras yo recogía a toda prisa la ropa que había dejado en un rincón del escritorio y salía huyendo, despavorido y avergonzado a partes iguales, hacia el cuarto de baño.

Le grité algo como “¡Ahora vuelvo!” a tiempo que me aseguraba que le había dado la vuelta al pestillo como era debido. Todo y con eso, fui fulminantemente fugaz a la hora de despojarme de pantalones y camisa. Antes de los dos minutos, ya llevaba puesta la ropa de la calle y estaba más que dispuesto a salir corriendo hacia la farmacia más próxima…

Lo que no esperaba es que Silvia también lo estuviera.

- Pero… ¿Qué haces? –me alarmé al entrar en el cuarto de nuevo y encontrármela ahí, de pie, luchando contra su herida para quitarse la camisa del pijama. El corazón pareció pasarme por un socavón cuando logré verle el ombligo. Y al entender lo que pretendía. Pero sobre todo al verle el ombligo- ¡Ah, no, no, no!

Con mi color rubí, corrí hacia ella, extendiendo mis manos por la superficie de la tela para estirarla hasta que volvió a taparle el estómago. Tomé un minuto en decidir hacia donde dirigir mis ojos y otro para suprimir el hormigueo en mi nuca.

- E-estírate, anda… nadie ha dicho que vayas a acompañarme –gracias a su brazo bueno, pude guiarla hacia la cama de nuevo, ignorando su cara de profundo fastidio. – Tú… quédate ¿Eh? Quédate, por favor. Lo único que tienes que hacer es tumbarte en cama y sobrevivir hasta que yo vuelva ¿Vale?

Me puso una mueca de exasperada burla.

- Silvia… promételo. Esto es serio –musité, cubriéndola con las mantas con devoción instintiva.

Observé sus ojos hundidos por el malestar y las secuelas de la fiebre, mientras enredaba los dedos de mi mano libre en unos bucles rubios que caían por su hombro. Seguía guapísima. Siempre.

Pero el dato importante es que su belleza se ponía a prueba por mi culpa. Esa era la parte más seria de todo el asunto. Si empeoraba ya no tendría nada que hacer conmigo mismo.

Nada que me salvara del agujero que perforaba el espacio entre mis costillas


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Miér Feb 29, 2012 8:51 am

- E-estírate, anda… nadie ha dicho que vayas a acompañarme –Me guió hasta mi cama de nuevo. Vaya, al parecer yo no iba incluida en el paseo…– Tú… quédate ¿Eh? Quédate, por favor. Lo único que tienes que hacer es tumbarte en cama y sobrevivir hasta que yo vuelva ¿Vale?

¿Tumbarme y sobrevivir? ¿Iba en serio? me fue imposible no sonreír burlescamente. ¡Venga, hombre! Ni que la fuese a palmar en cinco minutos…

Pero a pesar de todo, me dejé mangonear en todo lo que me pidió. Primero porque me hacía gracia todo lo paternal que se ponía y segundo porque mi cuerpo ya estaba empezando a pedirme a gritos que descansara de una vez…

- Silvia… promételo. Esto es serio.

Lo observé. Intentaba averiguar hasta qué punto estaba preocupado, si podía ir a mi aire o no; si podía tratarme tal y como creyese conveniente. El resultado era evidente. Ni de coña. Lucas estaba preocupado de veras. Seguro que esto tenía algo que ver con el misterio de que no quisiese tocarme…

Jaque mate.

- Está bien… te haré caso –murmuré, cansada de tanta discusión.

Me era imposible luchar contra su insistencia. Estaba comprobado, podía llegar a convertirse en un verdadero plasta con mi salud.

Él me miró, parecía que no estaba muy convencido. Resoplé.

- Te prometo que me quedaré aquí tumbada, con las sábanas hasta los topes y muerta del asco… ¿Contento? –pero cuando terminaba la última palabra, recordé algo que sabía que le haría feliz- ¡Ah! –exclamé levantando mi índice izquierdo, con energía- y para que no te quejes intentaré, aunque en balde, echarme una cabezada en lo que vienes…

Y dicho esto, para que viese que lo decía de verdad, abracé a mi peluche favorito y lo inserté dentro de mi cama. Probablemente así me daría calorcito…

- Así que venga. Lárgate ya que quiero zanjar cuanto antes nuestro trato –sonreí divertida ante la situación. – ¡Por cierto! –recordé- como no me vas a dejar levantarme y además te lo he prometido, píllate un billete de diez euros en mi cartera… ¿Con eso te dará, no? Bueno, da igual. Está en mi mesa… coge lo que creas necesario. –susurré sin despegarme de las mantas.

Tirité. Tenía mucho frío… ¿Y si iba a por un edredón? ¿Me dejaría Lucas levantarme para abrigarme más? ¿O su vena paternal me impediría incluso eso? Sería lo más probable así que lo mejor era irse a lo seguro.

- Ah... –comenté de forma casual- y antes de que te vayas… ¿Me traerías un edredón, plis? Está en el armario del pasillo… -Lucas se quedó un poco pasmado… supongo que le extrañaba que ya no presentase batalla- ¿Has visto? –solté al cabo de unos segundos- estoy siendo buena… -me cachondeé haciéndome la niña pequeña. Aún se me hacía muy raro esto de no moverme y dejar que otro hiciese todo por mí. Me hacía sentir muy inútil, como si hubiese regresado nuevamente a mi infancia.

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Miér Feb 29, 2012 12:03 pm

- ¿Has visto? –musitó poniendo su mejor cara de cándida inocencia. Tan puñeteramente adorable que me entraban ganas de pasar por alto mi castigo auto impuesto y devorarla- estoy siendo buena…

Bufé, en clave burlona.

- Ya. Ya lo veo.

De forma inmediata, hice caso a sus peticiones (hay que golpear cuando el hierro está doliente) y la cubrí con el edredón prácticamente al estilo kebab, hasta la altura de su barbilla. Me sentía como su hermano. No, peor. Como su Padre… pero si él ya no podía cuidarla, alguien tendría que hacerlo ¿No? Porque yo a su tía no la vía demasiado predispuesta… Siendo realistas, nadie se procupaba de Silvia a excepción de mí.

Por eso quería asegurarme de que estaría bien cuando yo me fuera.

Para cerciorarme, no me importó nada quedar como un maníaco con un trastorno obsesivo-compulsivo. Me aseguré de dejar su móvil bien a su alcance, justo al lado de la mesita de noche… y por si las moscas, también traje el enorme fijo del comedor al que pode enchufar al ladrón del interruptor, ya sobrecargado.

- Si necesitas algo, llámame ¿Vale? Sea lo que sea –fue la frase con la que me despedí, dejando escapar una angustia que Silvia consideraba del todo innecesaria.

Ni modo alguno. Con la carrera que me pegué para lograr llegar a la farmacia batí tiempo récord, mismamente como si algún secuaz de Padre hubiese decidido seguirme el rastro. O como si acabara de llamar enano a Pablo.

A cada bocanada, el aire de la noche me rasgaba la garganta ya sobrecargada y me hería, del paladar hasta los pulmones. No me permití el lujo de compadecerme de mi mismo. Sería repateante si lo compraba en el estado de mi novia…

Además, estaba convencido de que me quedarían fuerzas suficientes para volver a hacer la misma carrera de vuelta… o eso pensé hasta toparme con una persiana metálica barrándome el paso y un cartel de “CERRADO” cachondeándose de mi estampa, a mala leche. Fantástica idea de cerrar, sí señor. Embuché las manos en los bolsillos de los vaqueros, soltando un vaho blanco al suspirar de frustración.

Y ya me ves pateándome de cabo a rabo todo Valle Perdido para encontrar otra maldita farmacia de guardia. Cuando conseguí localizar una, tuve tentaciones de, aparte del ibuprofeno, comprarme un ventolín para la taquicardia que me atacaba en ese instante, o unos juanola para mi cuello castigado.

Supuse que eso ofendería demasiado a Silvia, así que lo dejé correr. Justo cuando regresaba de mi Odisea, una hora después, caí en la cuenta. Me estaba quedando sin tiempo y… sin unas malditas llaves. No había forma de entrar de nuevo a la casa de mi novia. Y la única habitante (cuerda) era ella.

Muy a mi pesa, tuve que llamar a Silvia al teléfono para que bajara a abrirme. Y por su voz de zombie comatoso, supe que la cosa iba a estar chunga.

¿Debería comprarle un taca-taca para ocasiones así?


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 01, 2012 11:36 am

Una vez que Lucas salió de la casa, me quedé a ver cómo seguía la peli. Sí, me la sabía casi de memoria, pero eso no quitaba que no me dejase de gustar. Por eso me fastidió tanto cuando mi cabeza me suplicaba que cerrase los ojos de una vez y me evadiese del planeta. Estaba claro que tenía que hacerla caso ya que, teniendo en cuenta que el termómetro había sentenciado que tenía fiebre y que además no era necesario quitarle hierro al asunto al encontrarme sola, me dejé ir. Apagué la tele e intenté dormirme.

Obviamente no conseguí ese objetivo. Tenía múltiples razones para no conseguirlo. El primero era mi temperatura. Si antes tenía frío, ya no sabía cómo denominar a esta sensación. Hace unos días había experimentado el calor más absoluto, pero ahora parecía que era el frío el que quería integrarse en mi cuerpo… era insoportable. Me parecía que de un momento a otro se me fuesen a gangrenar los pies o las manos. Lo cierto es que era un fastidio sentir las quemaduras. Era la única parte en la que no había frío, pero sí dolor, picor y ardor. Una mezcla de sensaciones estremecedoras y verdaderamente extraña. Pensándolo objetivamente, quizás no me vendría mal tomarme algo de ibuprofeno…

Como no conseguía entrar en calor a través de las mantas, probé con la fricción. Fue un absoluto fracaso. En cuanto mi pie notaba más tela de la necesaria, se quejaba y ya me devoraba en cuanto la tocaba. Así que, teniendo en cuenta esto, ni me esforcé en calentarme los brazos. Sería una tarea inútil.

Así que el resultado fue de lo más deprimente. Estaba sola, con frío, con un dolor de cabeza más que molesto y con un ardor inaguantable. Asimismo… ¿Qué me quedaba hacer? Muy fácil, rendirme ante mi malestar, sintiendo cómo cada partícula de mi cuerpo me decía lo mal que me encontraba. Fue un tiempo irreal. No sabía cuánto tiempo estuve así, entregándome a los espasmos producidos por el ambiente tan gélido en el que me encontraba.

Sonó el móvil.

Me cagué en todo lo cagable. ¿Por qué tenía que estar tan alto el volumen? Rozando la migraña, cogí el teléfono con dificultad, intentando por todas las formas posibles no mover mi brazo derecho en el intento. Tuve suerte, pero muy a mi pesar era Lucas. Quería que le abriese la puerta. Una petición bastante escabrosa…

Resoplando, me incorporé a duras penas. Lo flipé en colores cuando solo por hacer ese simple movimiento las paredes de mi habitación empezaron a bailar un vals a mi alrededor.

Vale, la cosa iba a ser chunga…

Conseguí sentarme en el colchón, ya con los pies al punto de tocar el suelo. Me fue imposible no arrepentirme más.

¡Pero qué frío hacía!

Como pude, cogí el edredón que me había pasado antes mi novio y me lo eché sobre mis hombros. El siguiente paso sería alcanzar el picaporte de mi cuarto sin caerme…

Me preparé mentalmente para emprender mi marcha. Lentamente, anclé mi mano en mi mesilla de noche, por si acaso. Nada, fracaso absoluto, fue mantenerme de pie de esa forma cinco segundos y pifiarla. Casi saboreo el suelo…

Volví a sentarme de nuevo, pensando a la velocidad que podía qué podría hacer…

Solo me quedaba una cosa: correr.

Si alcanzaba mi destino antes de caer redonda, ya se podría encargar después Lucas de la situación…

Así pues, con ese pensamiento renovado, emprendí la marcha con mi edredón a cuestas. Ese trozo de tela me sería de lo más útil si rodaba escalones abajo. Caería en una superficie más blandita… Abrí mi cuarto con mi mano izquierda como un rayo mientras que la derecha, con dolor reprimido, me mantenía el poco calor que tenía gracias al grosor del edredón.

Los próximos pasos fueron más complicados. Aquí la mente ya me empezaba a pasar malas pasadas… parecía que estaba en el cuadro de El grito de Munch. Pero me serví de mi memoria para saber cómo estaba organizado el pasillo… lo siguiente fueron las escaleras. Agradecí desde lo más profundo de mi corazón la existencia de la barandilla. Me estaba salvando la vida, o como mínimo me libraba de chichones. Llegué de puro milagro al final, al laminado del recibidor. Ahora me faltaba un último esfuerzo. La vista ya me estaba fallando casi por completo y el equilibrio otro tanto más de lo mismo así que, con las restantes fuerzas que me quedaban, abrí a tientas una rendija en la puerta.

Fue lo justo para que Lucas entrase casi empujándola y con ello a mí, ya que la puerta era mi medio de equilibrio. En cuanto la movió a gran velocidad, di un traspiés que por poco termino en la tarima... Fue una suerte que mi novio me interceptase antes… Creo recordar que llegó a gritar mi nombre de forma preocupada. No me extrañaba.

Tuve que cerrar mis ojos, ya no daban para más y mi cabeza tampoco… parecía que era cuestión de segundos que se me desenroscase de mi cuerpo. El mareo era brutal, nunca había sentido algo tan fuerte… por lo general caía inconsciente antes de llegar a este estado…

No me quedaba otra que admitir la realidad.

- Tienes razón, no estoy bien –susurré, surcando la semiinconsciencia.

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Vie Mar 02, 2012 5:08 am

El pánico se me incrustó en el esternón en cuento la puerta se entreabrió y yo, impaciente y preocupado por su tardanza, me tomé el lujo de acabar de empujarla para entrar. En el intento casi me cargo a Silvia.

La vi derrumbarse, frágil, flácida, envuelta en su edredón a modo de protección contra el frío que debía sentir. Tuve el tiempo justo para abalanzarme hacia ella y zafarla antes de que se comiera el suelo.

- ¡Silvia! –chillé su nombre, estrangulado por la angustia.

La pobre apenas lograba aferrarse a mí, con sus manos temblorosas, de las que emanaba una irradiación de calor que ella no parecía percibir. Tenía un aspecto horrible. Parecía que hubiese envejecido durante la hora que yo había estado fuera. Más que pálida, podría decirse que era translúcida. Su piel tenía un tono cetrino que me daba muy mal rollo y sus ojos, perdidos, parecían hechos de vidrio. Estaba seguro de que no lograba ver nada más allá de sus narices.

- Tienes razón, no estoy bien –acabó por musitar al cabo de poco, con voz casi inexistente.
- Es lo que te llevo diciendo desde hace unas cuatro horas –bufé, preso de una oleada de terrible ansiedad. Yo no podía acarrear con todo eso. Era como si me estuvieran succionando el alma. Como cuando la vi sufrir en casa de “Padre”.

Tragué saliva, sintiendo mi garganta en congestión. Había dejado de intentar acallar la voz que me echaba las culpas. Ya está, es oficial. Soy el mayor cretino de la historia. Yo había provocado todo aquello.

Sacudí la cabeza.

- A ver…supongo que no le pondrás muchas pegas a que te suba en brazos ¿Verdad? –no tenía razón cuando apenas podía aguantarse sola. En realidad, lo que no tenía eran opciones.

Silvia soltó un dramático suspiro y negó con la cabeza, resignada. Aferró su brazo bueno entorno a mi cuello, mientras yo soltaba un quejido al levantarla a ella más el peso del grueso edredón.

Fue realmente difícil lograr subir las escaleras de esa guisa, sin que ninguno de los dos nos partiésemos la nuca, tal como parecía que iba a pasar en cada espacio que había entre escalón y escalón.

La desesperación estaba punzando mis entrañas.

Sabía que no podía hacer mucho más que estirarla en su cama, bien tapada, volver a tomarle la temperatura y encomendarme a algún ángel de la guardia (porque el suyo parecía haberse tomado un año sabático) para que cuidara de ella.

- Si esto sigue así tendremos que llevarte al hospital –acabé por murmurar cuando el termómetro pasó de 38,5 a 39,6. Y subiendo. No tenía pensado cómo lo haría para que no me pidieran ningún tipo de explicación o de papeles, pero me las apañaría. Siempre lo hago.

Prensé su cuerpo con fuerza, contra mi costado. Silvia hacia lo posible para seguir medio reclinada en mi pecho, en una busca inútil de mi calor corporal. Había preferido eso antes que la almohada que tenía al lado, mucho más impersonal. Observé su aspecto demacrado.

No me molaba para nada esos tiriteos que hacían chocar sus dientes. Eran mortificantes en exceso. Dolorosos.

La tapé más con su edredón y con el brazo libre, le alcanzaba el vaso de agua que había dejado en su mesita de noche. Se lo puse en una mano, para después ocupar la otra la con una pastilla de ibuprofeno.

Sinceramente, dudaba mucho que sirviera para algo a esas alturas. Solté un vaho, entristecido.

- Me gustaría poder hacer más –me lamenté al sentir una especie de ácido nadando por la superficie de mi piel. - Anda, tómate eso.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 02, 2012 8:47 am

Hice caso de sus indicaciones y me la tomé sin rechistar. Hablando claro, me sentía hecha una mierda. El cansancio me llegaba hasta los huesos y el frío también. Pero no era para menos si teníamos en cuenta todas mis peripecias… La llegada hasta el recibidor había sido una de las cosas más complicadas que había hecho en mucho tiempo…

Le tendí el vaso a mi novio cuando hube acabado y me cobijé en su pecho. Pero esta vez no era para escuchar su corazón. Ahora lo único que quería era calor…

¿Con la pastillita esa me quedaría como nueva? ¿O solo parcialmente nueva? ¿Y el dolor del codo? ¿Remitiría? ¿Y si no me hacía efecto el ibuprofeno? ¿Tendría que ir al hospital?

- Yo no quiero ir… -le avisé incrustada en su pecho, protestando como si realmente él fuese mi padre y yo una niña pequeña.

Suponiendo que el termómetro de verdad marcaba los 40ºC, estaba segura que Lucas se estaría asfixiando… al menos eso sería lo lógico si teníamos en cuenta que para que yo no pasase demasiado frío, él había decidido meterse dentro del edredón junto a mí. Era un amor de chico.

- Si voy al hospital, tendré que andar en torno a una media hora y ahora mismo no creo que lo soportase… -No, seguro que no. Casi me abro la cabeza abriendo a Lucas, así que me sería imposible andar tanto…

Estaba fatal, podría llegar al punto de considerarme una inválida por el simple hecho de que ahora todo me costaba una barbaridad… lo que más me apetecía en el mundo era quedarme tal y como estaba. Encontrarnos abrazados, frotándome él suavemente la espalda por medio de la fricción y estando yo con los ojos cerrados para descansar la vista. Sí, en este momento eso era mi paraíso.

Ni siquiera tenía ganas de saber por qué no quería tocarme… ya lo descubriría… cuando no estuviese ardiendo gélidamente.

Estuvimos en esa posición, yo acurrucada a él, durante lo que yo consideré un incontable tiempo glorioso. Pero fue entonces cuando, para desgracia mía, me cercioré de que Lucas no había abierto la boca desde que me tomé la medicina... Todavía no me había dicho que no iríamos al hospital…

Oh, oh…

- Lucas… -susurré aún con los ojos cerrados. Él emitió un leve sonido como respuesta- dime que pase lo que pase, no iremos… -esta vez le mostré mis iris y, aunque sufriendo por la luz y por el movimiento de cabeza tan rápido que debía hacer, lo observé. Quería ver sus rostro, su expresión. La verdad.

Sí, seguro que estaba hecha una pena, pero lo cierto es que me daba absolutamente igual. Esto era más importante.

Por favor… no quiero estar en una ambulancia no… n-no p-puedo… -tartamudeé. Un espasmo recorrió mi cuerpo. Ya ni sabía si era de miedo o de frío…

Me veía incapaz de poder subirme a una ambulancia… había demasiados malos recuerdos… con la ambulancia había empezado a pasar todo lo malo… mis padres, mi poder, mi tía, mi perro…

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Vie Mar 02, 2012 10:34 am

- Por favor… no quiero estar en una ambulancia no… n-no p-puedo…

Sentí como la silueta de su cuerpo, enmarañado a mí, vibraba. De fábula. Su trauma al ataque de nuevo.

- Silvia… -empecé con cautela, intentando que la súplica de sus ojos no me hiciera mella- Tú sabes que no… que no puedo prometerte eso.

Su rostro, recargadamente pálido, se contrajo en una mueca horrorizada. Parecía que acabase de soltarle la peor blasfemia de la historia. Le di un fuerte apretón, angustiado.

- ¡Eh! ¡Tranquila, tía! No hay para…

Ponerse histérica perdida, que es justamente lo que le sucedió. De inmediato, tuve que clasificar su estado como ataque de ansiedad en toda regla, ante esas convulsiones feroces debajo las mantas y ese sonido seco, parecido al corte de una sierra, saliendo de su garganta en forma de sollozo de pavor. Sentí el temblor de sus piernas en las mías.

Me inspiró muchísima lástima.

Pero no me veía capaz de mentirle para tranquilizarla. No estaría bien decir que no llamaría a una ambulancia en caso de que la necesitara, porque sí que lo haría. Claro que lo haría. De momento, lo único que se me ocurría en respuesta a su miedo, era atraerla de nuevo hacia mi pecho.

Normalmente oír latir a mi corazón era algo que le serenaba. Esperaba que en su etapa de crisis también, a pesar de que su hiperventilación parecía robarme todo el aire que nos rodeaba y su proximidad aceleraba mis pulsaciones hasta el síncope.

La estreché. Fuerte, intentando consolarla a pase de caricias del pelo a la espalda. Ahí dentro, entre el edredón y ella, estaba sufriendo un calor infernal. Aunque claro, después de conocer a Juliette… con chiquitas a mí. Lo soportaría. Por Silvia… por Silvia cualquier cosa.

- Ey… que no te va pasar nada ¿Vale? –le susurré, cerca de su coronilla. Usé mi registro más dulzón al comprobar que esa afirmación no mitigaba sus hipidos de pánico- Escucha, lo más probable es que te encuentres bien dentro de poco, cuando te haga efecto la pastilla de las narices. Mientras tanto… ¿Por qué no intentas dormir, mmm? –negó con la cabeza, con la nariz todavía prieta cerca de donde estaba mi cadena metálica. Tensa- ¿Qué crees que te haré? ¿Aprovechar que te has dormido para meterte en la ambulancia de cabezas? Tampoco soy tan cabrón… -mi novia levantó un tanto su vidriosa mirada, intentando enfocarme. Le sonreí. O eso pretendí a pesar del exterminio acontecido en mi interior al ver su estado- Confía un poco en mí ¿Quieres?

Estaba seguro que no se le había pasado por alto que el hecho de que no había prometido nada, así que me sonó un tanto injusto pedirle un voto de confianza. Pasara lo que pasara siempre haría lo mejor para Silvia.

Aunque ella no quisiera.

Deslicé una mano, dejando escapar a mi brazo del edredón para palpar la pared, hasta encontrar el interruptor. A oscuras, fue mucho más fácil ignorar que la garganta se me cerraba, por la irritación y los remordimientos, cada vez que mis ojos se ponían en su herida, en toda ella.

Seguí sintiéndola contra mí, tumbada, respirando de forma entrecortada.

- Duérmete ya, Silvia –repetí de forma cansina.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 03, 2012 5:56 am

- Silvia… Tú sabes que no… que no puedo prometerte eso.

¿Qué? No, no, no… no puedo, no puedo ir… no…

Pude notar cómo en cuestión de segundos la sangre se piró de mi cuerpo. Solo había una palabra en mi mente: ambulancia.

No podía, me era imposible…

Mi cuerpo empezó a temblar con más intensidad que antes. Quería correr, escapar. No podía ir allí, montar en una ambulancia era impensable. Un suicidio. Sin quererlo, fui consciente de que estaba a punto de gritar. Gritar de pánico. Solo con imaginarme lo que iba a hacer Lucas, las lágrimas proclamaban salir en fila india.

No, no podía. Estar en una ambulancia significaba la muerte, el malestar, angustia, dolor, impotencia, debilidad… no quería revivirlo de nuevo. Antes prefería delirar en la cama.

Intenté ponerme en marcha dispuesta a esfumarme de mi casa, de su alcance. Pero no tuve ocasión. Lucas me recogió en su pecho, con amor, angustiado. Tampoco me opuse en exceso. Lo único que buscaba ahora mismo era respirar. Aire, quería aire.

Mi novio en cambio intentaba calmarme. Me apretó más fuerte contra él, casi imponiéndome que escuchara sus latidos, acariciándome cariñosamente el pelo, surcando mi espalda con sus dedos.

Poco a poco, intenté tranquilizarme. De momento con que me entrase más aire en los pulmones me valía…

-Escucha, lo más probable es que te encuentres bien dentro de poco, cuando te haga efecto la pastilla de las narices. Mientras tanto… ¿Por qué no intentas dormir, mmm? –intentó razonar.

Negué con la cabeza. No, no quería dormir. ¿Qué me haría entonces? Bastante débil estaba ya como para que encima la poca fuerza que pudiese imponer me la negase… De ninguna manera.

- ¿Qué crees que te haré? ¿Aprovechar que te has dormido para meterte en la ambulancia de cabezas? Tampoco soy tan cabrón… -le miré con desconfianza. Él estaba más preocupado que yo con mi propia salud así que, teniendo en cuenta que se palpaba a la perfección mi decadente estado, sabía que pasaría ampliamente de lo que yo dijese. Pero en cierto modo lo entendía. Él no había vivido lo que yo y pensaría que era una exagerada…- Confía un poco en mí ¿Quieres?

Hice el silencio. ¿Que confiase en él en qué sentido?

¿Sería cierto que no se aprovecharía de mi cansado estado para ello?

Lucas decidió apagar la luz. Supongo que no querría discutir. Yo tampoco. Si había dicho algo cierto era que la pastilla debía hacerme efecto… al menos eso esperaba…

Seguíamos en la misma posición en la que estábamos antes, pero con la diferencia de que yo ya me encontraba bien de temperatura… ¿estaría haciéndome ya efecto? Qué rápido…

-Duérmete ya, Silvia -mencionó al cabo de un rato.

Sí, claro… qué fácil era decirlo… a él casi no le dan un infarto… Todavía seguía con el tema del hospital… aunque luego no me hablase, debía utilizar todas mis cartas…

- Tampoco puedo ir a un hospital… ¿Qué va a pasar si me intentan curar? ¿te vas a encargar tú de que esa gente me toque únicamente con guantes de látex o qué? –rebatí con el último argumento que me quedaba.

Ya no tenía nada más que decir así que ya lo dejé correr. Sabía que con eso me sería suficiente. Parecía un plan de lo más descabellado si de verdad se animase a realizarlo… y así, feliz ante esta perspectiva, me cercioré de algo. Tenía calor…

Con un movimiento brusco de mi mano izquierda, me deshice de mi abrigo. Pero no lo alejé mucho de mí. No me creía que este calor fuese a durar demasiado… Y tenía razón. Fue cuestión de segundos volver a taparme. Seguro que estaba volviendo loco a mi novio, pero es que no encontraba la temperatura…

Al menos conseguí encontrar la posición para adormecerme. No tengo ni idea de cuánto tiempo estuve así pero no me importaba. Estaba muy cansada y quería dormir. Quería surcar el mar del sueño. Un lugar donde no se sentía dolor ni malestar. Al fin lo conseguí. Me sentaba bien.

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Sáb Mar 03, 2012 10:54 am

Incluso yo tuve un dilema con el frío y el calor al cabo del rato, victima de los constantes cambios de temperatura de mi novia. Tan pronto veía la manta llegando por la izquierda, casi cubriendo nuestras cabezas, como desaparecía más allá de los pies.

El peso de Silvia, dando fastidiosos bandazos, mecía el estrecho colchón como si fuera una balsa. Una balsa soporífera e hipnótica que al parar dejó un eco lejano, junto con el recuerdo de que, curiosamente, yo también me sentía agotado. Mentalmente destripado.

Me di el lujo de vencer mis párpados. Apenas un instante que se me antojó más que efímero. Poco después, me hundía, en la oscuridad, en petróleo denso.

Entonces, en medio de la inmensa nada, escuché una risita. Armoniosa, cálida, familiar.

El corazón se escapó de mi pecho, al parecer sin motivo aparente. Me sentía perdido.

No sabía ni cuando ni cómo se había subido sin que yo me enterara, pero de repente, tenía a Silvia encima de mí. A horcajadas. Sugerentemente sonriente, totalmente sana. Calada.

Empapada hasta las cachas, como si acabara de salir de la ducha o le hubiese pillado un buen chaparrón. Arrugué el ceño, confuso, taquicárdico por su proximidad, por el relieve que el agua había dejado en sus curvas, delimitadas por sus caderas, sus pechos. Los ojos de Silvia resplendecían de forma sedienta. Había algo que no encajaba en esa escena, estaba seguro.

Me medio incorporé sobre mis codos, aturullado. Quise acoplarlo con algún recuerdo que se me escapaba. Me habría gustado decir algo. Pero se me olvidó el comentario ingenioso que tenía rondado por mente cuando, sin pudor, sin permiso, aplastó nuestros labios. No llevaba ningún tipo de guantes, ni de protección que me impidiera sentir que sus manos se habían colado debajo mi camisa con todo el descaro del mundo. Jadeé en contra su boca, alterado. Me pilló con la guardia totalmente baja. No pude esquivarla y tampoco me apeteció hacerlo.

Mis hormonas se pusieron en consonancia, todas de acuerdo para rugir al son de sus caricias.

¿Qué autocontrol ni qué niño muerto? Yo no quería parar. Curiosamente, tampoco podía. Al sentir su lengua acariciándome los dientes, todo lo demás fue perdiendo sentido, apagándose, sólo para aumentar la intensidad del momento.

De improvisto, Silvia pasó de besar a morder. Todo se volvió…más salvaje. Primario. Animal. No podía entender que estaba pasando, el ritmo era demasiado acelerado para mí. Toda una gamma de sensaciones demasiado nuevas, caóticas, feroces.

Mi cuerpo eligió por mí. Con el sistema nervioso imprimado en la yema de mis dedos, hice un recorrido que bajó al ritmo de estudiada lentitud por su cuello, por sus pechos, su cintura, sus muslos. Me sabía a tierra y paraíso.

Dimos una vuelta sobre nosotros mismos. Me permitió quedarme encima de ella, quemándome por dentro y esta vez, con una fuerza imperiosa nada desagradable. Los labios de Silvia se me deslizaron garganta abajo, apretando firmemente mi espalda, clavándome contra ella, contra su pelvis. Contuve un gemido carnal al sentir el roce de nuestros tejanos.

Normalmente, me encantaban esos pantaloncitos cortos que dejaban tan poco a la imaginación… pero esta vez sobraban. Cualquier rastro de ropa sobraba, en realidad.

La quería entera. Para mí. Toda.

Dibujando la silueta de su trasero con mis manos, sintiendo suspiros de satisfacción cerca de mi oído, que mordía con torturadora paciencia. A mi me urgía una prisa irracional.

Me sentía impaciente, carnívoro de su esencia.

Casi ni me enteré cuando dio ese leve tirón con el que acabó de quitarme la sudadera. Estaba inmoderadamente caliente, excitado, demasiado centrado en ella… ¿Quién habría tallado su cuerpo? ¿Miguel Ángel? Hasta entonces había tenido la firme opinión de que Silvia era el ser más angelical del planeta, pero eso era porque todavía no la había visto desnuda. Me costaría trabajo encontrar un nuevo calificativo.

Me tomó la cara entre sus manos de marfil, atrayéndome hacia ella, sometiéndome de nuevo a sus labios. Empezando un vaivén de corrientes placenteras y fuera de control que ni ella ni yo éramos capaces de controlar.

No pude hacer más que susurrar su nombre con el corazón yendo a la velocidad más rápida que había alcanzado jamás.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 04, 2012 3:10 am

Calor. Otra vez ese estado. Mi sueño estaba siendo el más fantástico de todos. Lo gozaba con locura. Estaba con Lucas en una piscina. Ambos tomando el sol y, cuando este pegaba demasiado, directos al agua que íbamos, jugando, abrazándonos, besándonos…

Frío otra vez.

Salíamos al césped, a jugar bajo los calientes rayos del sol, divirtiéndonos. Haciéndonos cosquillas sin ropa de por medio, devorándonos con la mirada y dispuestos a explorar más de la cuenta el cuerpo del otro.

Empezó Lucas. Abrazó mi abdomen desde atrás. Sentaba bien. Demasiado.

Era tanto el placer que hasta me desperté. Y, extrañamente, eso no había sido un sueño. ¡Lucas me estaba abrazando de verdad! ¿Ya no le importaba tocarme? ¿O quizás estaba con su sonambulismo?

En cualquier caso me hacía feliz. Preferí quedarme como estaba y disfrutar del momento antes de cagarla abriendo la boca.

Lucas respiraba de forma más o menos tranquila. O eso sucedió en un principio… luego me llegó a parecer que su ritmo cardíaco estaba levemente disparado…

Definitivamente estaba durmiendo pero… ¿Qué soñaba? No podía verle la cara, pero si hacía un movimiento en falso hacia atrás, quizás mi novio me tocase algo más que mi pelo… sería muy peligroso para él si después sentía mi piel por segunda vez…

Al poco, sucedió algo un poco… embarazoso… Parecía que Lucas andaba… ¿Cómo decirlo? ¿Disfrutando más de la cuenta? Me sorprendió. Sentir cómo se tensaba ese músculo en concreto y que además se estirase tan próximo a mis glúteos era un poco desconcertante. ¿Qué podía hacer? ¿Me apartaba? ¿Lo despertaba? Ninguna de las dos opciones me gustaba… La primera porque esa situación sería lo más parecido a una relación real que jamás podría llegar a tener y segundo porque… ¿No se supone que no hay que despertarlos? Pero lo más preocupante de todo no era eso, sino… ¿Quién sería la afortunada de sus sueños? ¿Con quién se estaba pegando el lote? ¿A quién era a la que de verdad deseaba?

- Silvia, Silvia, Silvia –Pronunció de forma muy veloz y casi imperceptible…

¿Me llamaba despierto o se desfogaba con mi nombre?

- ¿Estás despierto? –le susurré. Si no lo estaba no quería ser yo la que arruinase su espléndida experiencia…

Y efectivamente, seguía fantaseando conmigo. He de decir que me gustó la idea. Que en la vida real no pudiésemos tocarnos como las parejas normales, no significaba que no pudiésemos hacerlo en los sueños… ¿Cómo iba yo a privarle de ese derecho?

La cosa es… ¿podría saber exactamente qué era lo que supuestamente estábamos haciendo?

Al parecer sí.

Sin darme tiempo a reaccionar, me lo encontré encima de mí, a horcajadas. La luz de la luna me fue suficiente para distinguir que tenía los ojos abiertos, pero luego… ¡Se convirtió en mí! No me lo podía creer…

¿Yo misma me estaba acosando? Interesante y a la vez mazo de inquietante…

Quise apartarme. Primero por su bien y segundo por mi salud mental… No me molaba nada que yo misma me quisiese besar… ¿Podría considerarse esto lesbianismo? ¿O quizás egolatría? Ni idea… probablemente habría que inventarse alguna palabra como “egofilia” Estaba segura de que esta experiencia sería la primera vivida por el hombre…

¡Pero qué raro era esto! Lucas o… yo… bueno, la persona que me tenía inmovilizaba era insultantemente fuerte… Si era mi propio cuerpo… ¿Por qué narices no podía usar la misma fuerza? ¿Todo era por la fiebre? ¿Tan débil me hacía? Más golpes duros para mi orgullo… ya ni siquiera podía defenderme contra mí misma…

Qué penoso…

Lucas, que estaba convertido en mí, seguía intentando acercarse a mi boca. Pero para bien o para desgracia, que hubiese inmovilizado mis muñecas (menos mal que hoy sí que estaba a prueba de roces) le impedía acercarse en exceso hacia mí. Al menos con mis forcejeos estaba más centrado en no caerse o en retenerme que en besarse. Lo malo es que mis intentos fallidos de quitarme a mí misma de en medio no hacían más que cansarme y provocarme un profundo dolor en mi codo malo…

¡Cómo ardía!

Por no despertarle, suprimí como pude los gritos de dolor. Quizás en su sueño él lo consideraba como gruñidos de placer por mi parte porque entonces se volvió más incontrolable…

Volvió de nuevo en su forma real y a pesar de todo seguía gozando de alguna manera lo que fuese que estuviese soñando…

Vaya envidia…

Yo no compartía la misma opinión… ¿Cómo podía deshacerme de él sin despertarlo? Si antes era complicado, la cosa se dificultó…

Mi novio seguía en su estado original, con TODOS los músculos desorbitados, pero ya algo más… ¿calmado? ¿Tranquilo?

Decidió que era la monda relajarse sobre mí, como si fuese su colchón. Mi tripa todavía seguía algo perjudicada como para poder aguantar todo ese peso sin rechistar, pero no me quedaba otra. Mi única opción era soltar un pequeño gruñido de dolor e intentar que no lo escuchase.

Y ese fue el resultado. Lucas me tenía inmovilizada con su cuerpo a la vez que sus manos se encargaban de mis muñecas. Aparte, él estaba tan tenso en cierta zona que ya el simple roce con la parte de debajo de mi pijama no paraba de provocarme una pasión nada recomendable en mí.

Ahora mismo… ¿Por qué estaba ardiendo? ¿Por la fiebre o por el deseo contenido? Si era por lo segundo tenía muy claro que la situación se complicaría mucho más como a Lucas le diese por tomarme… Sería muy complicado detenerme…

No me apetecía nada pararle.

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Dom Mar 04, 2012 5:12 am

Me sentía en el Everest de las sensaciones. Las mejores y más intensas del mundo.

Eran tantas que el cerebro se me había desconectado… mi cuerpo, ser autónomo totalmente independiente de mi mismo, se encargaba de hacer los movimientos que provocaban esas descargas de genuino placer. En la vida había probado nada mejor.

Se me había olvidado respirar. Cada bocanada se resignaba a convertirse en un jadeo que sofocaba contra el cuello de Silvia. Y ella me abrazaba, apretándome contra su piel, anclando las piernas alrededor de mi cintura, guiando cada embestida con un suave suspiro. A mi me venía genial. No quería que hubiese espacio entre nosotros.

El calor de su saliva, su lengua, sus dientes, sus caricias… eran más alicientes que acompañaban a cada palpitación. Estar dentro suyo, ser parte de ella… era todo lo que siempre había deseado. Lo que más anhelaba. Perfecto.

- Silvia, Silvia, Silvia… -casi ni me daba cuenta de lo que estaba diciendo. Pero necesitaba algo con lo que sobrellevar las ráfagas de placer que me atacaban sin piedad. Tenía el sistema circulatorio totalmente descoordinado.

Mi novia enredó sus dedos en el pelo de mi nuca, pidiéndome más entre suspiros ¿Quién habría sido capaz de negarse? Por descontado que no yo. Había perdido por completo el oremus, llevado al cielo por cada impetuosa sacudida.

Se me ocurrió una idea estupenda en medio del caos de besos, caricias y arañazos de pura ansia. Inmovilizarla por sus muñecas. Daba muchísimo morbo, eso era innegable. Todo aquello me encantaba más de lo debido.

Silvia se mordió el labio inferior, removiéndose debajo de mí, intentando sin éxito reprimir unos gemidos que me daban una satisfacción personal flipante. Todo era flipante.

El sabor de su piel, su extraordinario calor, sus labios, el sudor, la tensión expectante de cada segundo, que parecía vaticinar muchos otros aún mejores… por mí, podía seguir con aquello eternamente.

Aceleración. Concentración. Descontrol. Espasmos. Falta de aliento. Más intenso, más profundo… más Silvia. La quería. Toda mía.

Eso quería clamar a los cuatro vientos al rozar el éxtasis, la explosión interna que sofoqué apretando mis labios en los suyos, con arrojo. Oí como se le escapaba una exclamación sofocada en mí, siendo consciente de todas y cada una de mis terminaciones nerviosas.

Me derrumbé encima de ella, llevando conmigo el cansacio de haber corrido una maratón, todavía con el eco del potente instante anterior.

Luego, con voz temblorosa, susurró algo como “hagámoslo otra vez”.

Y lo encontré una idea estupenda.

Volví a besarla.


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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 04, 2012 7:06 am

A pesar del dolor en mi abdomen y mi codo, estaba en el paraíso. Me encantaría realizar la fantasía de Lucas con él, en la vida real. Quería hacerlo y quería hacerlo YA. Pero no podía. Y eso era algo me estaba atormentando.

Sentirle tan cerca de mí me encantaba, me excitaba. Me sentía extasiada. Quería más, lo quería a él. ¡Quería sentirlo en mí!

Pero de nuevo, me vino ese pensamiento. No podía. Nunca lo podría tener…

Una auténtica lástima.

Pero no por ello mi cuerpo se subyugaba a la razón… ojalá…

Aunque inmovilizada y con esos impulsos tan poco decorosos recorriendo por mis venas, sentir el calor procedente de Lucas me venía de perlas, pues el frío que estaba sintiendo en aquel justo instante era de lo más gélido.

Así que, respirando entrecortadamente entre su peso y el gasto inútil de energía que me había supuesto al intentar escabullirme de él, me dejé ir. Disfruté de cada milésima de segundo en esa posición. El placer fue brutal cuando mi novio planeó otra juerga con mi cuerpo. Sin darme tiempo a reaccionar, sentí sus labios impactando con los míos.

Los disfruté como pocas veces había podido… hasta que fui consciente de algo…

Lucas seguía dormido y por tanto el pobre no tenía ni idea de lo que hacía ni de cuánto tiempo teníamos para sentir nuestras pieles… Estupendo, me tocaría a mí todo el trabajo…

Con un suspiro envuelto con una nota de angustia y excitación aparté, como pude, mi boca de la suya. Aunque aquello no impidió que contraatacase avivándome más al saborear mi lóbulo derecho…

¿¡De verdad tenía que apartarme!?

Lamentablemente, sí. El tiempo se estaba agotando e iba surgiendo dentro de mí la más absoluta desesperación…

Lucas estaba imponiendo su fuerza contra la mía. Parecía un violador y yo tenía que escapar. Él era el fuerte y yo la débil. La que tenía que luchar como fuese para que no me atrapase, por su bien.

Ya no importaba el insufrible dolor que me daba mi codo… Si quería que Lucas no la palmase, tendría que revolverme…

Agitada, empecé a retener menos mis alaridos. ¡Pero Lucas se ponía más cachondo! ¿¡Con qué mierda estaría soñando!?

Intenté retorcerme de mil y una formas en los microsegundos que me parecía tener. Flexionando mis brazos, arqueando la espalda, probando sin ningún resultado mis piernas… Estaba empleando una energía que ni si quiera sabía que tuviese. Hasta que al fin, no tuve otra que recurrir a lo más rastrero… No teníamos tiempo.

Así pues, gastando casi todas las fuerzas que me quedaban, le propiné un fuerte rodillazo en sus partes. Él gritó varias octavas por encima. Pero solo así pude apartarle hacia mi lado derecho para que yo pudiese escapar por el contrario. No tenía otra opción…

Escapé de mi cama a la velocidad de un rayo, negándome incluso el derecho a pillar algo de abrigo… Gastando toda la batería que me había aportado la adrenalina. Al negarme siquiera a acercarme donde se encontraba mi castrado novio, me dirigí a mi armario. Seguro que encontraba alguna chaqueta calentita…

Pero entre que estaba oscuro, que apenas me quedaban fuerzas en mi interior y que la cabeza me decía “nunca máis” con esos mareos tan bestiales, no paraba de dar tumbos por mi cuarto. Fue entonces cuando mis piernas se compincharon con mi cabeza y me fallaron. El resultado era evidente. Había llegado a mi límite. No supe si mis ojos me fallaron o no, porque con la oscuridad solo me quedaba el desconcierto. A pesar de todo intenté agarrarme a algo. Todo en balde, por supuesto. Lo único que conseguí fue arrastrar a algunos objetos conmigo.

Y en mi trayecto al suelo, tuve un atino increíble. De nuevo, mis autorreflejos me jugaron una mala pasada y me hicieron caer sobre mi codo pocho. Solté un alarido estremecedor. Ya no supe quién había ganado con sus gritos… si Lucas o yo.

Pero algo tenía claro. Estaba exhausta, agotada. Ni siquiera podría incorporarme por mí misma.

La cosa pintaba muy mal…

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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

Mensaje por Lucas Castillo el Lun Mar 05, 2012 12:13 am

Hay cosas peores que despertarse sintiendo una cascada de agua fría contra tu piel, tal y como había experimentado con Juliette.

Que te desvelen con una patada en los huevos sería un buen ejemplo de ello.

¿Dónde ha quedado eso de: “Buenos días, te apetece una taza de café”?

El chillido que profesé debieron oírlo hasta en el siglo pasado. Rápidamente, después de sentir un potencial empujón que me tumbó hacia Dios sabe donde, me llevé ambas manos a la entrepierna, donde había pasado de sentir unas oleadas de estremecedor placer a un dolor que muy poco tenía que ver.

Mi mente había desconectado de golpe con esa (ahora lo veía) escena imposible y había sido lo bastante rápida al captar que, en la realidad, en ese cuarto, sólo había una persona que había sido capaz de devolverme la conciencia de una forma tan puñeteramente brusca. Y yo me iba a cagar en todos sus antepasados.

El tremendo dolor (sólo superado por el juego de Juliette) palpitó a mala hostia, a base de pinchazos inmundos que fueron los protagonistas de las bonitas palabras que le dedique a mi chica.

- ¡AU! ¡Joder! ¡Mierda! ¡Silvia! ¡LA MADRE QUE TE PARIÓ! ¡QUÉ DAÑO! –me quejé a voz de grito, retorciéndome entre las mantas. Me acordé del día que me rompí la nariz en ese mismo cuarto… y casi lo prefería. Gemí, con los ojos cristalizados- ¡¿Pero a ti qué mierda te pasa?! ¡¿Eh?! ¡Serás…!

Substituí cualquier posible insulto por otro grito a todo volumen. Escocía horrores.

Pero claro, tuve que parar con mi festival de lamentaciones en cuanto escuché un desconcertante escándalo y el posterior derrumbe de un peso. Los alaridos angustiados de mi novia substituyeron a los míos casi de inmediato.

- ¿S-silvia? –gemí, con la voz ronca, desconcertado. Entonces me di cuenta. Que ese sonido no procedía de una garganta inflamada, si no de mi maltrecha entrepierna. Me había curado. Bueno, no en lo que mis partes nobles se refiere, pero… una cosa por la otra.

Apabullado, aún hecho un ovillo, me permití separar una mano de la zona adolorida para palpar la pared, queriendo encontrar el interruptor. Esperaba que eso le diera un poco de sentido a todo, porque yo no entendía ni “j” de lo que estaba pasando.

Fue deslumbrarme con la luz y ya me entró el pánico. Pánico del duro.

La primera escena fue a mi novia desplomada en el suelo, agarrando su codo malo con saña y haciendo muecas que expresaban un dolor casi superior al mío, por imposible que parezca. Creo que estaba más cerca de perder la conciencia que de seguir gimiendo.

Contra sorpresa, intenté encajar piezas lo más deprisa que supe o pude. Sueño erótico, golpe en mis partes, Silvia huyendo despavorida, mi garganta curada, soy sonámbulo…Hice el clic. ¡Soy sonámbulo! Abri la boca y justo ahí, colapsé de horror ¿Acaso había intentado…? No, por favor. No…

Mi sangre no se decidía entre huirme de la cara o amontonarse toda en mis pómulos. El caso es que tendría tiempo más que de sobras para decidirlo. La preocupación le ganaba la mano a la vergüenza. Silvia me necesitaba.

Corrí hacia ella (bueno, lo intenté como buenamente supe), agachándome a su altura, dejando escapar maldiciones a cada movimiento que hacía.

Vale. Aceptaba perfectamente que la idea de acostarnos no le inspirara puta gracia, pero ¿Acaso era realmente necesario dejarme incapacitado el resto de mi vida para hacerlo?

- ¡Ey! –chasqueé los dedos frente a ella, ayudándola a fijar su perdida vista en algún punto fijo.

Verle la cara de cerca provocó un bamboleo en mi pecho. Parecía un cadáver recién fallecido, con los párpados casi morados y la piel prácticamente gris. Angustiado, intenté volver a alcanzarla entre mis brazos.

Y no me dejó. Usó sus últimas fuerzas para intentar apartarse de mí, cosa que me sentó como otro rodillazo más.

- No… no te voy a hacer nada –le prometí, un punto dolido. Genial. Ahora me tenía miedo ¿Pero qué leñes le había hecho…? La respuesta me daba pavor- Silvia estás muy mal… te tengo que tomar la temperatura.

Se lo supliqué de forma anhelante. La cosa va de mal en peor y tiro porque me toco.


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Lucas Castillo
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Re: La terapia del fuego contra el fuego (Silvia, +18)

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