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Día imperfecto [Lucas y Silvia]

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Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 30, 2012 10:30 am

Me encontraba en el colegio Astoria, el que sería mi instituto a partir de ahora pero yo no iba para aprender como la mayoría de los chicos, yo tenía una misión principal que me había encomendado Padre: acercarme a los Castillo. Insistí en que aquello no era para mi, que podría hacerlo otro chico con más don de gentes pero se empeñó en que tenía que ser yo... por lo que me comenzaba a mentalizar que tenía que trabar una especie de amistad con alguno de ellos como agradecimiento a Padre.

Las clases pasaron lentas y aburridas hasta que por fin el timbre marcó el final. Todos recogieron rápido y comenzaron a hablar con sus amigos, yo iba a mi bola y metí mis cosas en la mochila para luego salir del recinto, justo cuando doblaba la esquina, me di cuenta que me había dejado la libreta en mi pupitre y volteé casi instantáneamente, sin pensarlo, para ir a buscarla con tan mala suerte que choqué con un chico algo mayor que yo.

-Lo siento, ha sido mi culpa, tengo algo de prisa- dije al momento mirándolo fijándome en que debía ser apenas un curso superior que yo y sólo me sacaba media cabeza de altura. Él me miró con una ceja alzada.

-Claro que ha sido tu culpa, renacuajo- me habló bastante despectivo, entonces supe que era el típico chulito de clase y mejor no buscar follón.

-Ah... hasta mañana- me despedí tratando de evitarlo y caminé hacia el colegio para ir a buscar la libreta pero me detuvo y me hizo andar alejándome del colegio alegando que “Teníamos que hablar”.

Me dejé llevar suspirando esperando cualquier momento para irme corriendo pero no pude ya que su brazo pasaba por encima de mis hombros simulando amistad y a la vez impidiéndome escapar.

-A ver que tienes aquí- murmuró una vez nos alejamos lo suficiente del Astoria y me quitó de un tirón la mochila, abriéndola y tirando todos mis libros, lápices y demás materiales escolares al suelo -Anda ¿Y esto? ¿Te gustan los dibujitos raros?- se burló mirando un dibujo tipo manga que había hecho en el libro de matemáticas, no era perfecto pero se conseguía distinguir que estilo quería dibujar.

No respondí y suspiré cansado por lo que me gané una colleja bastante fuerte y le aparté la mano bruscamente comenzando a enfadarme, logrando así divertirlo más y que continuara con sus burlas.

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Re: Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 31, 2012 6:55 am

- ¿Cómo pueden hacernos sufrir de esa manera? Las matemáticas a última hora tendrían que estar prohibidas. Bueno no, tendrían que estar prohibidas siempre.

Ambos nos echamos a reír, cómplices.

El día se había hecho pesado con las asignaturas tan apasionantes como son las mates pero ya la tarde cambiaba radicalmente. Estar sola junto a Lucas era el Paraíso aunque había un problema…

- ¿Oye, a qué casa vamos al final?

Era una cuestión difícil, la verdad. Si íbamos a la suya, habría buen rollo pero nada de intimidad, pero si en cambio íbamos a la mía, conseguiríamos justamente lo contrario. Era lo que tenía que a tu propia tía no le molase vivir contigo… Una lástima.

Nos quedamos divagando a la vez que andábamos por las calles hasta que la fastidiosa risa de Pablo nos distrajo desde la lejanía.

Oh, oh… mal rollito…

- ¿Qué pasará? –pregunté más para mí que para él.

Me acerqué un poco hacia donde él se encontraba. Parecía que estaba acosando a un pobre chaval.

Miré a Lucas preocupada.

Vaya, ¿hacía cuánto que estaba a mi lado?

- Tienes que detenerle… -susurré angustiada.Parecía que lo estaba pasando muy mal.

Sabía que él no era muy dado para las peleas pero como fuese yo acabaríamos en funerales y sería muy desconsiderado hacer como si no lo hubiésemos visto. No, mi conciencia no me lo permitiría. Tuve una idea para convencer a mi pareja.

- Venga… que luego te beso si te pasa algo –sonreí como pude.

Tenía ganas de encontrarme con sus labios. Hacía tiempo que llevábamos sin conseguirlo, así que sentirlos de nuevo no me disgustaba en absoluto.

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Re: Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Lucas Castillo el Sáb Mar 31, 2012 11:41 am

Ruidos. Risas despectivas. Piques. Un conjunto que me sabía de memoria y que no molaba en absoluto.

- ¿Qué pasará?

Tragué, siguiéndola de cerca hacia el origen del escándalo. Me hacía una idea más bien aproximada. Por desgracia, mis temores se acabaron de confirmar cuando a mi deducción se le sumó el concepto de “enano” más un “desconocido con aspecto de flojo” más el de “pobre desvalido con mala pata” ¿Igual a…? Paliza. Si lo sabré yo.

Demasiadas mates aún en mi cabeza.

- Tienes que detenerle…

AHam ¿Yo y qué ejército?

Reboté sobre las plantas de mis pies, para después hacer lo más humano que se me ocurrió: mirar a mi chica como si hubiese perdido una tuerca por ahí. O eso, o como si acabara de sufrir alzheimer prematuro.

¿Hola? ¡Soy Lucas! ¿Desde cuando evito las palizas del resto? Prefiero ahorrarme alguna yo. La prueba estaba en que antes de saber planearlo, mi instinto de cobarde ya me pedía por una huída improvisada. Podía convertirme en cualquiera para pasar por la puerta y hacer como que todo aquello no iba conmigo, ni de lejos. Lo sentía por el chaval, pero… más lo sentía por mi cara.

- Venga… que luego te beso si te pasa algo –susurró, intentando sonar elocuente.

La verdad es que no le hacía ninguna falta serlo. A mi la coherencia me parecía secundaría si luego el premio era ella e incluso me atrevería a pasar por las delicadas manos de Pablo… y a saltarme el protocolo de seguridad que tenía incrustado en mi cerebro desde siempre. La miré de reojo, con todos los sentidos activados. Tenía la intención de preguntarle para que servía entonces la promesa que había hecho sobre no dañarme a mi mismo cuando era ella la que me enviaba a una muerte segura…pero eso había provocado una pelea entre nosotros en vez de solucionar la que teníamos enfrente.

- Pues más vale que sea un buen beso –murmuré entre dientes.

No sabía si estaba acojonado o encantado por las posibles expectativas de que me diesen duro ¿Contradictorio? Tal vez. Avancé hacia aquel par. No las tenía todas conmigo.

- O-oye Pablo, tío ¿Y…y si le dejas en paz? Es que no… no entiendo porqué te metes siempre con los nuevos…–cojonudisísimo. Ya había conseguido desviar su atención, del chico con pinta de conejo a segundos de degollar, hacia mí. El que ya se veía ahorcado.- Seguro que no ha hecho nada.

Mi querido compañero de clase arqueó una ceja, interesado.

- ¡Hombre friki! –me saludó con falsa alegría. Y con una colleja. Qué majo- ¿Vienes a apuntarte a la fiesta? ¡Fantástico! ¡Cuantos más seamos más reiremos! Dame tus cómics, que los juntaré con los dibujitos de este alelao…

La cara del pobre “alelao” era un poema. No sabía si en él predominaba la angustia, el miedo o el cabreo, pero un poema era.

- Devuélveselos, anda –le pedí, suspirando. Señor, cárgame de paciencia.
- Hmmm… -fingió pensárselo un microinstante- ¡Nop! Ahora, que si os dais un besito, a lo mejor me lo pienso y todo…

Y al poco de acabar la clase, el muy condenado echó mano de mi cabeza y de la del chaval más pequeño, haciendo chocar con violencia nuestras sienes. El golpazo fue de aúpa. Di unos pasos hacia atrás para equilibrarme, intentando superar el mareo del impacto. Mi mollera no era ni de lejos tan dura como me habría gustado.

Me palpé el dolor latiente.

- ¿Y ahora qué? ¿Vais a corréis como gallinitas sin corral? Es que si os pillo es más divertido…

¿Traducción? Si os persigo antes de la paliza me lo paso dabuti. Asco de tío...


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Re: Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 31, 2012 1:48 pm

Al parecer ese chico no me iba a dejar marchar por lo que, o renunciaba a mis cosas y me largaba corriendo un par de calles donde me esperaba el coche de la organización para volver a casa o le plantaba cara, terminábamos en pelea y, seguramente, yo perdería. Mientras pensaba las posibles consecuencias de cada acción (una era que iba a seguir molestándome por cobarde o flojo) continuaba recibiendo leves golpes en la nuca cosa que me estaba desesperando de una manera increíble.

Abrí la boca para reclamarle, decirle que me dejase en paz y que si no tenía otra cosa más importante que hacer pero, entre que me acobardé en el último segundo y escuché otra voz cortada defendiéndome, no lo dije. ¿Quién sería? No tenía pinta de ser el chico más valiente del colegio pero tampoco era como los demás: que se limitaban a pasar de largo y apartar la mirada total... a nadie le importaba que se metieran con el nuevo del colegio.

Me giré para ver al chico y abrí los ojos sorprendido, sencillamente no me lo podía creer... era Lucas, el chico que podía transformarse en otras personas, según había explicado Padre, el que en su día le traicionó para largarse con los Castillo, lo tenía al lado y estaba defendiéndome de un abusón. ¿Había podido ser más fácil? Quizá éste día no fuese tan malo como esperaba... Pero no cantaría victoria aun porque no nos habíamos librado de Pablo.

Seguramente mi cara demostraba mi sorpresa por lo que traté de ponerme serio de nuevo, poner una expresión adecuada a la situación pero ya me había desconcentrado y no sabía que sentir: si miedo, furia o que... Tan sólo podía pensar que tenía que acercarme a Lucas de alguna manera y de menuda manera me acerqué a él, nuestras sienes impactaron por culpa del gracioso de Pablo. Me mareé al instante sintiendo un fuerte dolor de cabeza que me hizo perder el equilibrio, pude ver como a Lucas también le pasó lo mismo pero yo caí al suelo sentado por mi falta de estabilización.

Llevé mi mano a mi sien para masajearla un poco sintiendo como el dolor menguaba poco a poco, suspiré levemente aliviado y mi vista se dirigió hacia mis libros y mochila que estaban en el suelo y luego a los pies de Pablo, por aquello que dijo pude deducir que nos iba a zurrar a los dos ahora.

Ni si quiera lo pensé, quería largarme de allí cuanto antes mejor y, debido a mi posición, lo único que pude hacer fue una especie de zancadilla con bastante fuerza, lo justo para desequilibrar a Pablo y tirarlo al suelo. Con un movimiento rápido cogí la mochila y un par de libros, los que pude, y me levanté deprisa.

-Corre, vamos- fue lo único que le dije y continué corriendo hacía el lado contrario donde estaba Pablo pudiendo ver a una chica que estaba mirando todo, su cara me sonaba de haberla visto en alguna ocasión pero no le di importancia, tampoco le dije que corriese ya que si estaba observando no le pasaría nada y, si iba con Lucas, seguramente nos seguiría.

-Maldito enano- murmuró Pablo desde el suelo pero se levantó al instante -Así que decidís jugar...- comentó divertido y nos comenzó a perseguir.

Yo solía considerarme pacifista pero me puse nervioso y fue lo primero que se me pasó por la mente... si hubiese estado solo podría haber ido al coche de la organización y haberme ido de allí sin problemas pero con Lucas y la otra chica cerca mejor sería buscar un escondite o la forma de despistar a Pablo. De momento el plan era correr como locos.

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Re: Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 03, 2012 5:39 am

¿Me unía a aquél chaval para correr o no? Teniendo en cuenta que ese tío quería sobarme hasta traspasar lo asqueroso y que por tanto descubriría mi secreto, decidí hacer caso a aquel chico.

Empezamos a correr sin rumbo fijo. Fue tal la de calles por las que pasamos que llegué a perderme. Mi sentido de la orientación se nubló.

- Por aquí –les indiqué sin saber muy bien por dónde.

Giramos a la derecha.

Quise cogerle la mano a mi novio pero entonces descubrí que él no nos seguía. Fantástico.

Pero ya me lucí en exceso cuando descubrí que estábamos en un callejón sin salida. Raudos como el viento intentamos corregir nuestra dirección, pero entonces Pablo nos encontró.

- ¿Adónde creéis que vais? –Más que al nuevo me lo decía a mí. Sonaba igual que sus amiguitos borrachos cuando estaba en la piscina.

¿Le molaban los callejones para hacer de violador o qué?

Asustada, tragué saliva.
- Vamos –le ordené al nuevo.

Tal vez hubiese un hueco por el que escapar… o como mínimo algún vecino que quisiese defendernos… o bueno, defenderle a él. A mí con que no me tocase directamente me sentiría bien.

Corriendo con el resto de nuestras fuerzas al límite, llegamos hasta el final. Me sentí como una cobaya. Iba a ser el nuevo sujeto de experimentos de la ciencia por culpa de Pablo. Sí, cuando aquél estúpido me tocase (O el nuevo me viese), se chivaría a las autoridades de lo peligrosa que era y me tendrían inmovilizada a base de pastillas…

Estaba en peligro, bueno no. Estábamos en peligro. A él le destrozarían la cara y a mí la vida (más de lo que ya estaba).

¡Lucas, ¿Dónde estás?!


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Re: Día imperfecto [Lucas y Silvia]

Mensaje por Lucas Castillo el Mar Abr 03, 2012 11:47 am

Estaba harto de correr como un pollo sin cabeza. Era demasiado frustrante ¿Por qué siempre tenía que acabar igual? Siendo perseguido, ya sea por el perro de un vecino, por una maldita organización rapta-niños o por enano con complejo de superioridad y unos derechazos especialmente dolorosos ¿Qué sacaba de todo aquello? ¿Se sentiría más importante? Lo que faltaría.

Fue más o menos entonces, doblando una esquina, cuando lo decidí. Pablo se iba a tener que comer su propio ego con patatas. Alguien tenía que demostrarle que él no tenía autoridad, al menos en esa ocasión.

Haciendo uso de una maniobra rastrera, conseguí desviarme del camino de huída de Silvia y el chico nuevo. Pegué un frenazo, derrapada y (otra cosa no, pero ágil soy rato) me escabullí hacia el lado opuesto a los demás, ocultándome estratégicamente tras un cubo de basura. Visto y no visto.

Cualquiera habría dado mi aventura finalizada en ese momento… pero secretamente, yo sabía que el show apenas había empezado.

Todavía aturdido, cerré los ojos, recobrando mi tembloroso aliento. Lo necesitaba a espuertas, sobre todo teniendo en cuenta de que una respiración irregular dificulta en mucho la concentración. Era fundamental aportar el cien por cien de mí, de cada célula, para poder adoptar una nueva forma. La forma de alguien que no había tocado recientemente. Algo que había aprendido a hacer hacía relativamente poquísimo tiempo.

Era más complicado que sentir el hormigueo de una esencia por tu piel. Tienes que ir más allá. Sumergirte en las profundices encefálicas y activar un chip, en mi disco duro. Cierto que tenía buena memoria, cosa que solía facilitarme las cosas, pero no por eso dejaba de ser un reto. Solo esperaba poder recordar con suficiente exactitud la ropa que había visto llevar a la nueva directora aquella mañana.

Sentí que me comprimía. Que me expandía después. Oí el crujir de huesos. No importaba el tiempo que pasara…seguía siendo una sensación mazo de rara. Y muy mía.

- ¡Señor Irazabal! ¿Puedo saber qué está haciendo? –el tono autoritario que derrochó mi voz me sorprendió a mi mismo. Ya ni hablar de las personas atrapadas en ese callejón sin salida, que se quedaron estáticas al verme aparecer por la boca calle.

Avancé hacia ellos, con decisión. Quise interpretar lo mejor posible mi papel de “mujer-fatal” contoneando las caderas, pero solo me sirvió para tropezar con mis propios tacones… digamos que el efecto no fue el deseado.

- ¡Coño! –maldije entre dientes, balanceándome para recuperar el equilibrio una vez estuve a la altura de los demás. Carraspeé, colando mi collar de camaleón por el escote de Julia. Compostura.
- ¡Oh! Emm… nada dire, aquí estaba, pasando un rato con mis amigos.

Pablo se excusó con una tensa sonrisa, mientras pasaba un brazo alrededor de los hombros de mi Silvia, como si fueran coleguillas de por vida. Me puso enfermo.

- Quítale las manos de encima –ordené con afilada dureza, a lo que obedeció ipso facto. Menudo subidón de poder. Me crucé de brazos para mostrar mi cabreo, aunque rápidamente abandoné el gesto al darme cuenta de que mis nuevas peras estaban molestaban demasiado.
- ¿Amigos, eh? Pues que yo sepa, a los amigos ni se les persigue ni se les amenaza… Que es lo que estaba haciendo usted en la entrada del centro, si no me equivoco.

Guau. La acusación había quedado más potente de lo que yo mismo había planeado. Bien por mí.

- Emmm… yo… yo es que… -me sentí la mar de satisfecho al ver que Pablo empezaba a sudar la gota gorda. Oh, sí, era realmente reconfortante.
- Usted va a volver ahora mismo al Astoria y va copiar en una pizarra… –lo pensé un instante. Una sonrisa maliciosa trepó por las mejillas de Julia- “Soy un enano merluzo y paticorto”. Unas cien veces… ¿Queda claro? –abrió la boca, evidentemente con intención de protestar. De eso nada, monada- Me da igual que no estemos en jornada lectiva, lo que empieza en mi colegio, se acaba en mi colegio. A no ser que...que prefiera que llame a sus padres, claro está…

No lo prefirió para nada. Salió escopeteado del callejón, dispuesto a cumplir su ridículo castigo tras pedir perdón varias veces. Soltar una risilla fue algo muy humano. E inevitable.

- Estoo… -posé la vista en Silvia, la cual me dedicó una sonrisa de complicidad al verse salvada. Estaba claro que me había calado- Veo que ustedes están… bien y eso, así que… ¡Chao!

Puede que me diese demasiado brío a la hora de salir del callejón, pero temía que la metamorfosis no aguantara indefinidamente. Fueron justamente esas prisas las que consiguieron hacerme tropezar conmigo mismo al doblar la primera esquina, quedando fuera de vista de cotillas. Antes de chocar con el duro cemento, ya volvía a ser yo.

Un yo con ambas rodillas en carne viva, pero que no podía evitar reír. Reír al imaginarme a Pablo copiando mi frase en la pizarra y por mi propia pastosidad también. No me molesté en levantarme del suelo cuando oí los pasos de aquellos dos aproximándose.

Ya se me ocurriría alguna excusa que soltar frente al nuevo. Ese era mi minuto de gloria.

- Vaya hostia me he metido –me carcajeé para mi mismo.


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