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La familia. Maldita desdicha. [Gran Bretaña - Recopilación de rolatos]

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La familia. Maldita desdicha. [Gran Bretaña - Recopilación de rolatos]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Vie Sep 07, 2012 9:29 am

*FdR: Avisar que como no tengo tiempo de ir comprobando mil veces cada frase para que esté bien escribo el rol entero en español, pero tengan en cuenta que se desarrolla en Inglaterra y que está lleno de dulce y sepsy inglés británico... Y también que comienzo a escribir en primera persona para los futuros roles y rolatos XDD *

Día 1

Genial, ¿no? Una reunión familiar urgente. Había tenido que dejar por ella a Ilta y huir de aquel centro comercial como si el diablo me pisase los talones. Era urgente. Si algo podías aprender en mi familia era que si algo llevaba la etiqueta "urgente" es porque de verdad lo era e ir con rodeos era algo poco recomendable. Y sin embargo siempre que llevaba esta etiqueta también era algo secreto. No sé sabía qué asuntos trataría ni la razón de los mismos. Simplemente Urgente.

Sinceramente, estoy desesperándome, y Jason parece estar en la misma condición. Ambos hemos pecado mucho últimamente y ambos estamos asustados de que sea por algo que hemos hecho. Se supone que cuando lleguemos nos darán informe completo de lo que sucedió. ¡Me temo casi lo peor! ¿Le habrá pasado algo al tatarabuelo? Espero que no... ¿Se habrán enterado de Daniel? Bueno, si no lo han hecho aún podré disfrutar de la cara que ponen los jefes. Les encantará saber que la familia no acabará con mi generación. Aunque claro, mis primos también podrían tener algún tipo de hijos aún, pero todos saben que gracias a mi sangre de apellido Martin el descendiente sería mucho mejor.

Verán, mis padres se amaban mucho, pero en un principio no pareció ser así. Eran como perros y gatos, continúamente peleando, pero los obligaron a casarse. Era un matrimonio concertado del tipo de los que se hacían hace siglos. Ambos iban por ahí, revolucionando todo - me pregunto a quién habré salido, - y un día surgió la chispa. He de reconocer que entre ellos había mucha pasión... y también he de reconocer que es de ellos de quien robé mis primeras gomitas para ya saben. ¿Quién me diría que sería mucho más fácil ir a la farmacia directamente?

En fin, sé que era un desastre al principio. Un completo amateur. Pero por aquel entonces mi acceso a la información almacenada en la experiencia del tío Jason no era de los mejores, era como una mala conexión de Internet. Me corrijo, una muy mala conexión a Internet.

Cogí al pequeño Daniel, con sumo cuidado a no despertarlo, y lo dejé acostado sobre mi brazo izquierdo, para con la mano libre poder echarme la bolsa de sus cosas al hombro. Con las prisas había preparado mejor su equipaje que el mío, y el suyo era el que había viajado con nosotros porque obviamente era un pequeño revoltoso que en cualquier momento podría requerir alguna cosa. No me gustaba jugar con el fuego cuando se trataba de él.

En la puerta del aeropuerto nos esperaba el chófer de los Martin, el mismo que en un principio había sido el encargado de llevarme a todos los lugares a los que debía asistir. Raro. Raro. Raro.

- Buenos días, señor Ingram... - saludó con su habitual cortesía. Ted se había detenido, fijándose en lo que llevaba en brazos. -... señorito Theobald - había estado persiguiéndolo durante quince años para que deje de llamarme señorito Theobald, peeero, era un caso perdido. En un tiempo casi había conseguido que diga "Whatsa Di?", y aunque nunca acabó diciéndolo siempre se reía cuando le corregía.

- ¿No saludas al señorito Alphaeus? - le saqué la lengua, divertido. - Tranquilo, señor Ted, es un pasajero autorizado - le guiñé el ojo y reí, sin querer demasiado fuerte por lo que el pequeño se despertó. - Shit! - exclamé por lo bajo y comencé a meser al renacuajo, calmándole lo más rápido posible.

- Theobald, deja a Ted en paz. Parece que la reunión no será porque eres el padre del año - rió mi tío y metió su maleta en el coche y después me ayudó a meter también la mía. - ¿Qué pasa Ted? ¿Te pagan bien? Porque si no lo hacen, sé cómo obligarlos a pagarte mejor - levantó las cejas. Se notaba que el viaje nos había sentado bien. Y también los chupitos de antes de subir a él. Habíamos necesitado algo relajante y el té está demasiado visto para estas cosas. Claro que después tuvimos que lavarnos los dientes y refrescar la boca al menos veinte veces para que no exista el hedor a alcohol (os juro que los abuelos son peores que perros policias).

- El sueldo está bien, señor, pero gracias de todas maneras - sonrió el hombre y nos ayudó a entrar, era una mala manía de los viejos de aquella extraña familia a la que pertenecía que bien podía compararse con las típicas mafiosas que salían en los libros de Mario Puzo. Tanto secreto, tanto negocio, tantas cosas "urgentes".

El camino hasta la mansión familiar donde cabían al menos cinco como el Hogar del Guerrero Borracho se hizo ameno, Daniel durmió durante todo el rato mientras que el tío Jason estuvo bromeando sobre lo que nos esperaba. Sinceramente él ansiaba que le liberaran antes de media noche para poder así salir por ahí y poder ligar, rememorando los viejos tiempos. Tal vez yo también podía encasquetar a Dani a alguien e irme por ahì. Podría decirse que estaba algo necesitado. Desde que había llegado a Valle Perdido que lo estaba, es flipante. Pero mira por donde, lo que había pasado con Erika no era para perdérselo, a pesar de que no me llenaba aún del todo, ¡necesitaba más!

Pero a medida que nos estuvimos acercando a lo que había sido un buen hogar durante las ausencias de mamá y papá el efecto del alcohol parecía irse y la situación se tensaba. Y cuando el coche frenó con Jason rápidamente nos arreglamos el aspecto en lo que pudimos. Estaríamos analizados por unos siete pares de ojos acostumbrados a criticar hasta el más mínimo detalle.

- Tu sales por ahí con Dan mientras los distraigo, ¿te parece, Theo? - preguntó, había que tener una táctica para que no se nos echen encima rápidamente. Asentí con la cabeza y cogí a mi hijo entre brazos, para suavemente deslizarme por la puerta con él mientras Jason hacía lo mismo por el otro lado.

Ambos íbamos de traje bien planchado y que no parecía haber sido el utilizado a la hora de viajar. Apestábamos a colonia y teníamos los pelos perfectamente peinados. Ambos estábamos perfectamente rasurados y teníamos un aliento mentolado que bien podía notarse a una milla. O más aún. Apenas me dio tiempo arreglar la camisa que llevaba Danniel (porque sí, él también iba trajeado, no podía simplemente llevar cualquier cosa encima) cuando caí en el campo de visión de Fredérique. Inspiré hondo y sonreí de oreja a oreja. Como cuando llevaba notas de los profesores a mis padres, que eran sobre asuntos poco importantes pero que igual requerían atención. Si fuese urgente, tenían tanto a mamá como a papá en marcación rápida en sus móviles. ¡No vean qué divertido!

- ¡Abuelo Fred! ¡Cuánto tiempo! - me repetía no dejar de respirar. Siempre que no veías a los jefes durante un tiempo y sabías que habías errado te asustabas y... olvidar de respirar es el menor problema, digamos. Pero igual es bueno no tenerlo.

- Dennis Theobald Cenhelm Martin Ingram, ya estás explicando qué haces con este chico - voz ronca, cara seria y ganas de enterarte ahí mismo. Yo era Theo, Theobald, Cenhelm, Denn o Dennis, ¡nada más! Cuando se decía mi nombre completo era porque había metido la pata bien a fondo. ¡Qué novedad!

Pero antes de poder responder se escuchó otro saludo, tan típico y bonito, además de extra amable, desde luego. - Dennis Theo... - pero decidí cortarla antes de que se me quede mi nombre grabado en la cabeza. Por eso prefería presentarme nada más como Dennis a todo el mundo.

- A ver, ¿me dejan explicar o estarán repitiendo mi nombre durante toda la tarde? - era uno de esos momentos en el que inspiras y el aire te da fuerzas para plantar cara. - Abuelo Fredérique, Thibault, Americh, Isaac, abuela Giselle, Clementia, Haylie - me giré hacia todos a medida que iba mencionándolos, sonriendo sinceramente sólo ante Haylie, ella era la major. Thibault había estado hablando con Jason, pero al escucharme se giró hacia mí como todos los demás. Una aclaración antes de comentar - sí, mi familia era excéntrica y "purista" respecto a la elección de nombres. - Me gustaría presentaros a todos Daniel Alphaeus Abel Martin-Ingram - incliné la cabeza hacia el bebé durmiente. Era desde luego demasiado tranquilo para ser descendiente mío, pero esto era característica heredada de su madre. - Y antes de que digáis nada, sí, es mi hijo - afirmé. - Y preveniendo también otra pregunta, creo que sois ya mayores para que os vaya contando la cosa de la cigüeña, ¿no? - había que decir todo de golpe porque si no se pasaban horas y horas interrogando sobre los mismo. Aburridos. - Gracias por escuchar - igual tenía muchas cosas que confesar, pero esto era lo más importante y lo que más rápido se notaba. Ahora era el turno de Jason para confesar sus pecados, pero él no parecía ser capaz de hacer las confesiones. Ellos se quedaron observándome. Odiaba que me observen, hombre, no siempre, cuando lo hacía una chica sacaba músculo y tal, pero cuando lo hacían ellos no podía más que ahogarme en mis pensamientos. ¿Por qué no me había tocado una familia decente?
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Re: La familia. Maldita desdicha. [Gran Bretaña - Recopilación de rolatos]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Sáb Sep 08, 2012 1:45 am

Día 2

Al día siguiente de la llegada a Londres, a parte de recibir un SMS informando de que no había asistido a clase (era miércoles, obviamente debía haber ido), recibí un par de insultos por WhatsApp y un informe completito de lo que había pasado en la oficina. Los insultos los pasé por alto, eran de una chica a la que había hecho el error de dar mi número y lo demás me dio igual. Decidí apagar el móvil el resto del día, así no me molestaría nada. Y también coger el coche y llevar a Daniel donde Angelina, le gustaría saber que el pequeño estaba bien y tal vez se alegraría de verlo.

Desde ayer que me habían prhibido el alcohol, cuando sin querer mencioné que tal vez me apetecía un poco de vino, me habían quitado las protecciones y también todo tipo de llaves que servían para poner en marcha cualquier cosa con motor. Pero esto no me preocupaba, Jason estaba de mi parte y me pasó las llaves de su coche y me cubrió mientras salía, otra cosa que tenía prohibida. Si es que en nada me quitarían también el mechero y las rasuradora, ¡no era justo! No era un crío. Pero en fin, rápidamente cogí el automóvil de mi tío y atentamente instalé a Daniel en la sillita que habíamos traído como parte del equipaje. Era imprescindible, claro está.

Sé que es imprudente que conduzca sin carnet sacado legalmente (porque tenía uno falso, claro está), pero cuando no tienes otra opción hay que arriesgarse.

Así comenzó aquello que tres horas más tarde acabó en la cama, la mía no, pero sí la de la madre de Daniel. Ella traía la protección, gracias a Dios.

- Deberíamos revisar cómo está Dan... - susurré. Le habíamos dejado dormido mientras... Bueno, ya saben. - Y he de advertirte que no te hagas ilusiones, esto fue sólo un desliz... Cumplir las necesidades humanas, incluso, pero nada más...- tenía que dejarlo claro. Yo ya no albergaba ningún sentimiento hacia ella, excepto tal vez respeto, era la madre del pequeño descendiente.

Ella asintió, dos veces, tras lo cual con dificultad y pereza nos levantamos de la cama para vestirnos y nos dirigimos hacia la habitación en la que estaba Daniel. Pequeño dormilón. Era tan mono mientras dormía que incluso me salían caríes. Le dejé la tarde entera con su madre, que a pesar de todo seguía queriéndole, mientras yo me daba una vuelta por ahí. Estaba preparándome para el sermón de la noche, cuando regresase a casa. Sería el irresponsable e imbécil que no sabía cuidar nada que poseía. No sé si agradecerle a Merlín que hoy llegaban también mis primos, cuyo vuelo no era una hora sino un día entero. Suertudos ellos, no podrían decepcionar a los abuelos más que nosotros con Jason, esto seguro.

Recogí al pequeño alrededor de las cinco y despacio me dirigía a casa. No tenía desde luego NINGUNA prisa.

Se supone que a las cuatro habría llegado el resto de la familia, por lo que ahora estarían algo distraídos con ellos y tal vez ni me notarían al entrar. Ser jefes de algo tan grande debería de ser algo muy duro, ¿no? Y aparatoso. Tenían que organizar toda la mierda de las reuniones y todas estas cosas.

Al llegar aparqué en el garaje junto al coche que conducía Ted, una maravilla de todoterreno que cumplía las expectativas de cualquier conductor, mientras que lo que aparqué era un diminuto deportivo en comparación. Tampoco estaba nada mal.

Bajé y cogí a Alphaeus de su asiento, después, en puntillas, me acerqué hacia la puerta y pegué la oreja para saber si había alguien en la habitación contigua. Parecía que todo estaba silencioso, buena señal en esta ocasión. Abrí con sigilo y es poco decir que casi suelto a Daniel del susto que me pegué. Estaba toda la manada ahí, observando la puerta.

Bien... la había cagado. De nuevo. Me da que con un paso malo más y me desheredaban. Igual siempre podía confiar en Jason para ayudarme con lo que fuese.

- ¡DENNIS THEOBALD CENHELM MARTIN INGRAM! ¿CÓMO TE ATREVES A SALIR CON EL COCHE A PESAR DE LA PROHIBICIÓN? ¡ADEMÁS LLEVÁNDOTE A LA POBRE CRIATURA CONTIGO! ¡ERES UN IRRESPONSABLE! ¡NO SABES OBEDECER!- quien hablaba era Giselle. Bueno, hablar es decir mucho, más bien refunfuñaba gritando. Tan severa parecía que Daniel se echó a llorar. La miré con muy mala cara. E iba a replicar, oh, sí que lo hubiese hecho, pero me importaba más tranquilizar a mi hijo. Podía ser el peor padre del mundo, el más irresponsable y tal, pero jamás sería un insensible, es más, era todo lo contrario.

Sin decir nada me dirigí al pasillo, de donde iría a las escaleras y subiría a mi cuarto, ignorando a todo el mundo por el camino, incluso a Jason. Si le mirase significaría aceptar que fue él quien me ayudó, no podía hacer que cargue también con la culpa, a pesar de que tuviese ya sus años.

Paso a paso subí hasta mi habitación, mientras tanto intentaba tranquilizar a mi hijo. Le habían asustado tal vez más que cuando nos cruzamos con Rosa Ruano. - Venga, Dan, ya pasó - mantenía su cabecita junto a mi pecho y lo abrazaba con fuerzas, había leído que el contacto con la piel tranquilizaba a los bebés, aunque no estoy seguro de hasta que edad lo hacía. - Sht... La abuelita Giselle no quería asustarte, campeón, estaba regañándome a mi porque fui malo - le besé la frente y seguí calmándole. Al cabo de unos cinco minutos y ya en la bañera chapoteando se había quedado tranquilo y en paz. Tras el baño le puse el pijama y le leí un cuento, pero no había llegado ni a la mitad cuando se quedó dormido. Era un angelito.

Entonces le arropé y puse almohadas a su alrededor para que no se cayese de la cama. Cuando hube terminado bajé para ver qué tal iba todo por ahí. Para asegurarme de que el pequeño estaba bien había dejado el portátil encendido y había comenzado una conversación con video por skype con mi móvil y había silenciado el micrófono del mismo, para no despertarle. Así le observaba y escuchaba en paz. Mucho mejor que los métodos convencionales de "seguimiento".

Eran alrededor de las siete y media cuando bajé, encontrándome a la misma manada de antes distribuida por el salón. Había decidido atajar por ahí, pero al haberlos vistos di media vuelta. No quería escuchar otro sermón, simplemente hacerme un sandwich e ir donde mi hijo para cuidarle. Sin embargo no di ni un paso cuando me llamaron. Esta vez no utilizaron el nombre completo, toda una sorpresa.

- Theobald... - era Thibault. Llevaba su nombre, era el más blando de los abuelos, y además marido de Haylie. Tal vez los únicos que no chillaban continuamente y trataban de ver desde otra perspectiva. Los demás reñían, castigaban, prohibían, mientras que ellos conversaban. Mamá tuvo mucha suerte desde luego de tener unos padres así. - Ven aquí, muchacho, tenemos que hablar - rodé los ojos. Yo no quería hablar. Ahora no. Lo único que me apetecía era lo que ya había dicho. Subir donde mi hijo cuyo color de pelo cambiaba según el sueño, que de vez en cuando lloriqueaba y otras veces musitaba tonterías.

Me giré. - Yo no tengo nada de qué hablar... soy el irresponsable, ¿recuerda? Ustedes pueden tratar el asunto que os importe, yo seguiré como si nada y subiré a hacer el tonto en mi habitación - dije convencido de mis palabras para procurar volver a girar, pero entonces habló Haylie. Una anciana bien cuidada y siempre radiante, aunque esta vez no se la veía tan feliz como de costumbre, tan despreocupada.

- Ven aquí, Cenhelm, es un asunto mucho más serio que tus berrinches - enarqué una ceja y me acerqué, para tomar mi asiento. Todos tenían un lugar designado especialmente y nadie se sentaba en el suyo cuando todos estaban juntos. A mi lado había dos sitios vacíos, al verlos bajé la cabeza durante unos instantes. Los echaba de menos.

- Bien, ahora que estamos todos... o casi... - no había reunión desde el funeral, y en aquella no asistí. - ... Comencemos con lo que debemos tratar - hablaba Fredérique, y mientras lo hacía pasó dos pilas de folios, una a cada lado suyo. Todos fuimos cogiendo una. Era la hora de leer los asuntos importantes y asimilar la información. - Como todos sabéis se convoca una reunión urgente cuando surgen al menos diez temas... o sucede algo importante. Ahora tenemos en parte ambas cosas.

- Boda de Richard.
- Nueva oficina de la empresa.
- La salud de Jason.
- La salud de Theobald.
- Dos años desde el accidente.
- Futuro de Theobald.
- Apariciones públicas de Theobald.
- Irresponsabilidad de Theobald.
- Alphaeus.


Realmente me sentía muy... ¿poco agradecido? De salir tanto en los temas que se tratarían. Eran prácticamente 5/8, ¿era normal? No había sido tan malo, creo yo, como para estar tanto por ahí. Aunque me da que las dos últimas habían sido añadidas en el último instante. vaya cosa, sería una reunión divertida.

- Eh, Theo, ¡ni que fueses nominado a los Oscars! - rió Lucas, divertido por lo mismo que ahora mismo me preocupaba, aunque fuese sólo ligeramente. Dejé el móvil reposar en la mesa y le dediqué una mirada a mi primo. Tras lo cual reí también.

- Pues ya ves... Esto me recuerda a la penúltima reunión... ¿recuerdas? La estrella de aquel entonces fuiste tú - sí, éramos estrellas todos, al menos los más jóvenes. - Aunque según me informaron, estoy batiendo tu récord - actuaba como si esto fuese una especie de broma o algo por el estilo, aunque entendía lo serio de algunos asuntos.

Lucas estaba pensando responderme, vi como abría la boca para hablar, pero el tío Eliott le interrumpió. - Chicos, callad - era el padre de Luc. Un hombre demasiado tranquilo por lo general, se casó con la tía Aderyn en secreto, una cosa extraña que sucedió, porque ella estaba prometida con el tío Maxim, quien por otra parte se casó con la tía Alexandra. Los únicos que se casaron como debieron fueron el tío Americh I con la tía Megan. A veces no sé cómo no liaron de alguna manear el árbol de la familia con todas estas relaciones extrañas en un principio. El tío Jason era el único que nunca se casó ni tuvo ningún hijo, y cabe decir que es el más divertido.Tal vez el matrimonio lo estropea todo, ¿no?

- Bien. Comencemos con la boda de Richard... - y comenzaron a hablar y hablar. Yo mientras me distraía observando a Daniel. Parecía estar tranquilo en su sueño. Trataron el tema de la nueva oficina mientras yo seguía embobado en mis cosas. No aparté la mirada del pequeño cambiante hasta que comenzaron a decir que el estado de salud de Jason no se hallaba en sus mejores momentos. Entonces levanté la mirada y busqué a mi tío. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no me había dicho nada? ¿O tal vez él tampoco lo sabía? Solía pasar que los abuelos se enteraban antes que cualquiera. Malditos espías. ¿Cómo podían permitirse saberlo TODO? Que yo supiese eramos ricos, pero nunca sabía poner una cifra a lo que teníamos. Era algo que nadie trataba de averiguar. Todos trabajábamos en la misma empresa y todos ganábamos nuestros salarios en el negocio familiar. Claro que algunos más que otros porque se procuraba esquivar los favoritismos, por lo cual algunos eran jefes de departamentos mientras que otros simples empleados (yo por ejemplo era simple empleado), pero por lo general si demostrabas ser responsable te subían el sueldo. Cosa divertida.

- ¿Qué le pasa a Jason? - enarqué una ceja, interrumpiendo. Americh me miró, como regañándome por hablar. Era el más callado y el más digno de todos mis oponentes. Si las charlas y las riñas no daban ningún fruto de pegaba dos tortazos y te ibas a la cama. Técnica infalible.

- No es nada serio, tranquilo Theo - me guiñó el ojo Jason, pero sabía que mentía, a pesar de todo vivía con él y le conocía bien.

Miré a Thibault, y después a Fredérique, y después a Isaac y por último a Americh. No parecían estar de acuerdo, sus caras estaban serias, extremadamente serias. - ¿Qué le pasa a Jason? - insistí, tal vez era el único que aún no se había enterado. Odiaba ser el último. Observé a todos los adultos - es decir, a todos, yo era el más joven. Nadie respondía mi mirada. ¿Qué demonios les pasaba?

- Theo, tranquilízate - mandó Fred, pero no le escuché, estaba incluso más nervioso. ¿Por qué nadie decía de una puñetera vez qué demonios pasaban?

- Ustedes ya lo saben todo, ¿me permiten salir con Theobald durante unos minutos? Tengo que tratar los dos temas de saludo con él y predisponerle -se levantó Jason y me hizo una señal con la cabeza para seguirle. Estaba tan nervioso que incluso dejé al móvil en la mesa sin siquiera darme cuenta. Mi tío, además de padrino, me llevó fuera a los jardines. Por la noche se descubría una gran imagen, preciosa. Pero no era algo en lo que en aquellos momentos podía fijarme. Estaba nervioso, ansioso por saber. - Theo... sabes que nunca me he limitado en ciertas cosas... como el alcohol, ¿no? No es nada de lo que realmente me avergüence, todos tienen su manera de escaparse del mundo… Pero hay ciertos límites, que si no los alcanzas todo está en norma, pero si los superas… - bajó la cabeza y suspiró. ¿Qué pasaba? ¿Tenía cirrosis enólica? Si era así, yo era compatible con él, podía ser donante… ¿O acaso problemas cardíacos? ¿O cáncer? Las peores imágenes pasaron por mi cabeza. Incluso pensé en la polineuritis. Puede decirse que estaba algo asustado. – Tranquilo, no es desde luego nada mortal y tampoco serio, la verdad es que los viejos exageran mucho – rodó los ojos. Si soy sincero, sí, los viejos exageraban mucho y muchas veces.

- Pero dentro… yo observé a todos, buscando la respuesta y nadie se atrevía a responder… - enarqué una ceja, dubitativo. Si no era nada malo, ¿por qué se habían comportado así? Parecían asustados, o yo qué sé, pero era un comportamiento raro, desde luego.

- No era por mí, era por ti… Lo que yo tengo es la enfermedad de Dupuytren y es en el mismo principio, así que puedo tratarlo con radiación e inyecciones de Triamcinolona, lo único trágico es que tendré que abstenerme porque es producido como síntoma de cirrosis hepática, pero tampoco es algo grave, está en uno de los más primeros pasos, así que puedo tratarla y así retardar lo máximo posible la evolución, y mientras tanto podré esperar a un donante o lo que sea, porque tendré muchos años por delante, no es algo que urge… - explicó. Yo sonreí, así que, no era nada peligroso por el momento. Tenía años. Respiré hondo. – Eres tú quien nos preocupaba. ¿Recuerdas los últimos tests que te hiciste? – mierda, los últimos tests... había saltado unos cuantos de por medio y no era algo que me hubiese parecido malo, desde luego, si me sentía bien no pensaba sufrir haciéndolos, ¿no? Asentí con la cabeza ante la pregunta. – Se ha diagnosticado de la última biopsia que el cáncer ha regresado y… bueno, aún es de células pequeñas y puede tratarse con radioterapia torácica… También con quimio, pero sabiendo lo mucho que la odias… - la verdad es que apenas le escuchaba. No podía creérmelo, simplemente me parecía algo imposible.

Eché a correr. Quería huir de ahí. Despejarme. No necesitaba más.

Entré al garaje lo más rápido posible, abrí la puerta a tope y me metí en el coche de Jason. Metí rápidamente la llave que aún conservaba en mis vaqueros y prendí el motor. Ningún movimiento estaba premeditado, simplemente necesitaba velocidad, adrenalina. Una buena distracción nunca venía mal y menos en casos así.

Mis reacciones siempre fueron algo exageradas, pero mí por lo general necesidad de estar en movimiento continuamente me exigía estas cosas.

Me puse el cinturón de seguridad de alguna manera mientras comenzaba a divisar la acera de la calle. Aumenté la velocidad. Cambio de marcha… No podía pensar, simplemente estaba concentrado en no estrellarme mientras sentía como mi cuerpo se llenaba de adrenalina.

Tal vez me multarían si algún radar me pillase, pero no me importaba, le pagaría el dinero a Jason.

Pisé el acelerador más, iba ya a cien, esto en zona rural parecía como ciento cuarenta en la autovía.

Respiré y cerré los ojos durante dos segundos. Me gustaba sentir la velocidad. Era tranquilizante, de alguna manera extraña.

Estuve así un buen rato. Acelerando y desacelerando continuamente, esquivando los obstáculos, dando giros bruscos. Había llegado a un campo desierto y ahí me había detenido. Pero antes de llegar a él había estado dando vueltas.

Salí del automóvil y grité. Un grito vacío y al aire. Necesitaba descontrolarme, dejar de pensar. Estaba cambiando, altura, colores, longitud de pelo, musculatura. Parecía un licántropo descontrolado en luna llena – y lo gracioso es que de verdad era luna llena. Con la diferencia de que el licántropo sufría nada más una gran transformación.

Me quité la camisa, necesitaba aire y ella simplemente no me dejaba respirar. La dejé caer por algún lugar. No me fijé demasiado. Y después me dejé caer al césped y cerré los ojos. Me dejé llevar por la corriente de imágenes que aparecían, y entonces, estando así, de repente me acordé de que había dejado a Dani dormido y que pronto despertaría, si no lo hubiese hecho ya. Ante tal pensamiento me incorporé como si el diablo me pisase los talones. Recogí la camisa pero no me la puse, la dejé en el asiento del copiloto al entrar en el coche. Me puse el cinturón de seguridad y busqué la manera más rápida de llegar a la mansión.

Pisando el acelerador estuve ahí en un cuarto de hora. Fugaz, desde luego. Miré el reloj mientras intentaba regular mi respiración, eran las diez. El tiempo se había pasado volando. Me mire en el espejo y regulé también mi espejo. Nadie, excepto Jason, Angie y Daniel conocían lo que hacía, al menos no se lo había dicho a propósito a nadie más.

Salí del automóvil tras ponerme la camisa (sin abrocharla) y entré en la cocina, casi corriendo. Había sido un irresponsable dejando al pequeño sólo, pero era algo que se me había ido totalmente de la cabeza. Pasé al lado del salón de estar, donde antes habíamos estado realizando la reunión, pero no me detuve a ver quiénes estaban ni qué pasaba ahí, ni siquiera respondí a la llamada de Thibault. Tenía que buscar a Alphaeus. Seguro que se habría despertado ya.

Pero, no había pasado ni la mitad de la escalera cuando escuché la voz de Jason detrás de mí. – Theo… ¡Theobald! – me giré. Su voz sonaba autoritaria. Pensé que lo que quería eran las llaves de su coche, así que las saqué del bolsillo y se las tiré, luego, antes de que dijese nada me giré para seguir con mi camino. - ¿A dónde vas? – preguntó y escuché como comenzaba a subir escalones detrás de mí.

- A ver a Daniel – respondí sin detenerme, pisando el último escalón.

- Pues te has equivocado de dirección – Jason, siempre tan oportuno. Me di la vuelta, perplejo. –Dani está abajo, le están mimando… ¿Te lo puedes creer? Es el único al que todavía no han reñido – rió. Parecía estar divertido por la situación – y claro, ¿quién no? - Pero te sugiero que abroches tu camisa.

Hice lo que me dijo y bajé por las escaleras, cuando lo alcancé me despeinó y rió. Sonreí. Me gustaba verle sobrio y en todas sus casillas, parecía diferente.

- ¿Crees que es buena idea que aparezca por ahí? Me da que me reñirán de nuevo – arrugué la nariz, en desacuerdo. Él asintió con la cabeza y me empujó para “aparecer por ahí”. Rodé los ojos, a veces era hasta infantil. – Eh… eso… perdón por desaparecer… - me encogí de hombros y me dirigí donde Daniel. El chaval estaba sonriendo de oreja a oreja. Sí, adoraba a que le mimen…

El resto de la noche pasó tranquila, si puedo definirla así, la reunión quedó en pausa, dejando algunos puntos sin discutir aún, pero la verdad es que me alegraba, había temas de conversación que no me gustaría tocar, aunque tuviese que hacerlo a la tarde siguiente.

Todo, aunque nada parecido a como era por lo general, estaba bien, no había ningún tipo de tensión en el aire y nadie le gritaba a nadie, Dani parecía ser el factor sorpresa que cambiaba aquella cosa aburrida y por lo general desesperante por algo divertido y tranquilo.
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