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Calma y tormentas | Adriana.

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Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Jue Jul 04, 2013 3:10 am

No soy como los holandeses que lo tienen todo planificado. Y tal vez nunca llegaría a serlo. Por eso tal vez había dejado para el último momento lo más importante: la botella de vino. ¿Cómo iría a la consulta de Adriana sin vino? Acaso estamos locos o qué? 

Observé la hora. Faltaban todavía cuarenta minutos. ¿Dónde había una bodega cerca? ¿Alguien lo sabe? Me metí rápidamente en el coche, dejando a un lado la jaqueta de mi traje. Me molestaba mientras conducía, porque no era del todo elástico.

Comprobé la hora de nuevo. No quería ser impuntual, pero me costaba, la verdad. Encendí el motor mientras buscaba en el móvil. Cuando encontré lo que buscaba me abroché el cinturón y partí hacia el lugar. Me quedaba media hora cuando llegué a la bodega, y cuando salí ya no eran más de quince minutos. Maldije por lo bajo y pisé el acelerador a fondo, tratando de ir por los caminos menos transitados por si acaso a alguien le apeteciese morir hoy. Era guay conducir con carné falso, y también poder cambiar tu apariencia. Así pasaba por alguien mayor, y eso me abría las puertas. Nadie pide identificación cuando aparentas más de veintitrés años. Guay, ¿no? 

Aparqué el coche cerca de la dirección que me había proporcionado Adriana, y antes de salir me arreglé un poco el pelo, comprobé que no se me había desabrochado ningún botón de la camisa y que no se había arrugado demasiado mientras estaba sentado. 

Llevaba un traje casual, que aunque al llevarlo en esa época del año me asfixiaba un poco, me quedaba de miedo. ¿Para qué mentir? Estaba hecho a mi medida, obviamente que me quedaba de miedo. Y en una mano estaba la caja/bolsa del vino (una botella de La Vicalanda, cosecha del 1998).

La verdad es que tal vez no parecía que yo iba a una consulta, y eso que había dejado atrás el ramo de rosas que había pensado comprar y la caja de bombones que había encargado. Me iba a quejar a los del reparto de Daskalidès Chocolatier, menudos irresponsables que eran! Se suponía que la caja llegaría esta mañana y nada. Si hacían que quede mal, los denunciaba y los hundía directamente. O tal vez no, proporcionaban placer a los pobres infelices que se refugiaban en el buen sabor del chocolate belga. Pero iban a tener problemas, de todos modos. 

Llamé a la puerta, apareciendo en mi cara un sonrisa de medio lado. Nunca había tenido una cita de verdad con ninguno de los psiquiatras a los que había acudido, me sentía nervioso. 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Vie Jul 05, 2013 4:24 am

Chasqueé la lengua por cuarta vez consecutiva, con el rostro adusto y ceñudo.

Torcí la cabeza, pellizcándome el puente de la nariz.
Intentaba mirarlas desde un ángulo distinto, darles otro enfoque, quizás. Quería dejar de ser madre un instante para poder mostrarme objetiva, pero...

Todo y con eso, no lograba encontrar el punto inofensivo que Eli le había dado a ese misterio.  Todo lo que sé es que se me encogían las vísceras al pensarlo.
-          ¿Estás intentando desarrollar telequinesia o algo así? Por mucho que las mires van a seguir donde están –anunció una voz, divertida.
Torcí el gesto.
-          Ya lo sé.
-          ¿Y bien?
-          Ya van tres.
-          Tres docenas, sí. Sé contar. ¿Son o no son preciosas?
Elisa mostraba su pletórica felicidad con una sonrisa tirando de sus dos carrillos.
Gruñí.
Esa no era para nada la cuestión, pero mi hija evitaba a toda costa enfrontar el tema que ahí acaecía. No le parecía importante. Nada aparte de divertirse lo era dentro de su atolondrada cabecita.
-          ¿Estás segura que no tienes ni idea de quién...?
-          Barajo posibilidades entre el señor con gabardina que me echó fotos esta tarde, la reina de corazones del país de las Maravillas o el violador de-...
-          Puedes simplemente decir que no y ahorrarte el sarcasmo –informé, molesta. Me dedicó una mirada burlona desde su cama, donde estaba tirada leyendo su viejo libro de poesía.
Su sedosa melena castaña cayendo en cascada hasta casi rozarse con el suelo creaba preciosos brillos mates que parecían resaltar como el agua puesta al sol.
-          Cortas mi creatividad...
-          Y tú me preocupas. Deberíamos denunciar a la policía... –empecé a cavilar, angustiada.
-          Si fuera alérgica al polen quizás aún tendríamos motivos... –suspiró ella, claramente exasperada. Qué inconsciente era, Santo Dios.- ¿Qué les diríamos? ¡Oigan, hay un degenerado que se dedica a enviarme flores...! ¿Flores? ¡Menudo enfermo! ¿Qué será lo siguiente? ¿Golpearme con un pañuelito de seda? ¡Canalla! –al último levantó teatralmente un puño.
Suspiré. Era mejor ignorarla... más recomendable y mucho más fácil si tenemos en cuenta que la inquietud por esos ya tres ramos de lirios decorando su habitación en tres jarrones diferentes era solo para mí. Elizabeth estaba encantada por cómo olía su habitación, me lo había comentado varias veces.
-          ¿No estás ni un poco asustada?
-          Hace falta mucho más que unas flores para que Elizabeth Espel Bertrán se asuste –anunció, haciéndose el gallito.- .Ya te dicho que me encantan. Y que no deberías preocuparte...
-          Pero...
-          Mamá... Que a ti te hayan herido de amor no significa que conmigo vayan a hacer igual –me alentó, esta vez sacando una parte de una dulzura que normalmente escondía con cinismo. Extendió el libro en su máxima amplitud delante de su nariz y, para mi asombro, empezó a recitar:
Y dijo el caballero:

 

Lo lamento hermosa dama

Por romance del pasado,

Bien comprendo el resultado

De su mal y antiguo drama,

Pero es nuevo el panorama

Yo a usted nunca la he olvidado,

Porque estoy enamorado

Y este ser, su amor reclama,

No hay mentira, o una trama

Lo que siento, es demasiado.

 

Y contestó la dama:

 

Sus palabras, mucho aprecio

Pero no soy tan creyente,

Una vez yo fui inocente

Y muy caro pagué el precio,

Fui el juguete de hombre necio

Que me amaba negligente,

Era malo, hombre insolente

Y me dio total desprecio,

Por usted no hay menosprecio,

Mas prefiero ser prudente.

 
Mis labios  titubearon, temblando levemente antes de prensarse por completo, reprimiendo mi molestia. Bufé y incrusté la mirada sobre el marco de la puerta donde apoyaba mi costado.
-          ¿Sabes cómo se llama el poema? Obsesión. Que es lo que tú tienes –susurró Eli finalmente, tras casi medio minuto de pausa. Mis venas ardieron de rabia.
-          Esto no tiene que ver con tu padre.
-          ¿He dicho yo eso? –me retó al fingir sorpresa, juguetona.- Creía que estábamos hablando de flores, me he perdido...
-          Elizabeth... –advertí, dura.
-          Oh, vamos... Intenta simplemente concentrarte en otras cosas... Como en el paciente que tienes esperando en la puerta, ¿qué me dices?
No tuve tiempo a descolocarme y preguntar de qué diantres estaba hablando. El timbre fue más rápido que el ritmo de mi cerebro. Sentí un respingo y a  mis ojos agrandándose.
-          ¿Cómo... cómo lo has...?
-          ¿Intuición femenina? –propuso con aire distraído mientras pasaba páginas de su libro al azar.
Fruncí el entrecejo.
Últimamente se comportaba de una forma tan extraña... Incluso para tratarse de ella, quiero decir. ¿Sería cosa del divorcio o...?
Sacudí la cabeza e intenté deshacerme de la marca de ese enigma en mi rostro antes de abrir la puerta principal de la planta baja. Ella tenía razón, tenía otras cosas con las que distraerme...
Una sonrisa llena de calidez le dio la bienvenida a un paciente más que anhelado.
-          Hola, Dennis –musité, dulce.- Es fantástico que hayas decidido venir.
Por fin...
 Me hice a un lado para que entrara... y supuse que eso habría hecho si la voz de mi hija saliendo de la ventana de su cuarto no hubiese interrumpido.
-          ¡Eh, Mister Potato! –chilló. Me incliné hasta verla asomada  por la cornisa, sonriendo, resplandeciente.- ¿Al final has tocado fondo, eh?  Mira que dejar que mi madre hurgue en tu mente... 
Entrecerré los ojos con severidad.
-          ¿No habías quedado tú con Silvia? –declaré, dura.
-          Oh, sí, sí, ya os dejo solos, por nada del mundo quisiera ser un incordio en vuestra cita...
Rodé los ojos. Menudas ocurrencias...
-          Ignórala, a mí me funciona –le recomendé en un suspiro. Di un golpe amable de cabeza para volver a indicarle que tenía el paso libre.-  Bienvenido
Una cosa estaba clara: si existía alguien capaz de distraer el dilema de mi mente, ese era mi trabajo. Y un proyecto la mar de interesante estaba ahora sobre mi felpudo... 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Vie Jul 05, 2013 7:42 am

 - Sí, supongo - sonreí a Adriana, como respuesta, y justo pensaba, como nunca había hecho con mis demás psiquiatras, dar la bolsita de cartón con el vino a la doctora, cuando Eli me saludó de alguna parte. - Hey, hola! - saludé, cuando mi mirada la encontró. En definitiva, me caía bien esa chica. Y probablemente me caería mejor si dejase de llamarme Mister Potato, aunque si he de ser sincero, comenzaba a caerme bien el apodo. No sé de dónde había aparecido, pero bueno, no estaba tan mal. - Es mejor que un tío de cincuenta años algo obeso y aburrido de la vida, ¿no? - pregunté, divertido. Realmente, casi todos los 'profesionales' que habían acabado 'tratándome'  respondían a esa característica. Era hora de cambiar.

Reí, ante la recomendación de la mujer. - Nah, es simpática - me encogí de hombros, divertido, echando una última mirada a la ventana. - Por cierto - parecí caer en la cuenta de algo. - Mis abuelos siempre me dijeron que cuando vas a la casa de una mujer guapa, tienes que llevar un pequeño obsequio... Eeentre otras cosas, que ya pasaron de moda hace cincuenta años, por lo menos... Y como no sabía exactamente qué traer, me fijé en otro consejo... - sí, recibía muchos consejos. Como si los necesitase de verdad. - Y me decanté por una botella de vino... - levanté la bolsita. - Realmente no iba a traer exactamente éste vino, pero el que encargué no llegó a tiempo - malditos proveedores, - así que tuve que acercarme a una bodega de aquí... Un poco más desastre, pero bueno - comenté, pasándole el "obsequio". ¿Era yo o me había pasado media hora explicando sobre una botella de vino y aún así sin decir nada? Bueno, no andaba mal, ¿no? 

La verdad es que estaba un poco nervioso. No sé porqué, pero me sentía raro. Era mi primera verdadera cita con una psiquiatra. Las anteriores no contaban, desde luego, porque no hubo ni una en la que fuese realmente para hablar de mi, sino para tomarle el pelo a los muñecos de mis abuelos. Era divertido. Algo imprudente, que iba seguido por castigos varios, pero oye, la vida está para vivirla, igual qué más daba pasarte un mes castigado siempre que te pasabas uno divirtiéndote? Además de que te quedaba el buen sabor de la diversión en ese periodo de castigo. 

Y así me iba en la vida, claro. Pero está bien aceptar el castigo, ¿no? Igual que está bien no aceptar el problema... Hm, no, eso último no. ¿Qué había dicho Giselle? "Hay que aceptar el problema y enfrentarse a él." Eso. La verdad es que yo lo admitía, digo, tener que aceptar el problema y todas esas cosas, pero vamos que, ¡yo no tenía problemas! Sólo chicas que no entendían el concepto de "sin compromisos". Como si fuese tan difícil de comprender. Cuando encontrase el amor de mi vida, se lo diría y punto. Por el momento es que simplemente no podía estar continuamente entrando y saliendo de una relación. Y para colmo, no era de las personas que iban por ahí diciendo "Te quiero, eres el amor de mi vida" a personas de cuya existencia estoy al tanto desde hace cinco minutos, y de la que muy probablemente me olvidaré en unos díez minutos más. 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Vie Jul 05, 2013 10:58 am

Me costó horrores poder encajar la mandíbula.

Observé la cajita con el vino que ahora ocupaba un espacio entre mis manos, atolondrada.
-          Oh... Carai... –titubeé, chocada.- Esto es... poco ortodoxo, desde luego.
Dibujé una sonrisa en dirección al chiquillo, a tiempo que acertaba a cerrar la puerta tras de él. Me cuadré.
-          Gracias, pero no tenías por qué, Dennis... Mis pacientes no suelen regalarme nada. Suficiente tienen con pagarme cada visita, que no son precisamente baratas –reposé, con calma. –  Todo un detalle por tu parte –añadí,  una vez hube sacado la botella de su envoltorio para... estudiarla, sí.  

No pude evitarlo. De inmediato, tuve que radiografiar el porqué de ese regalo. ¿Simple cortesía? ¿Una educación exquisita chapada a la antigua? ¿Pretendía comprar mi comprensión antes de que empezase la visita o...?
-          Un gran reserva... –murmuré para mí, frunciendo el ceño por el asombro y la concentración. Quedaba claro que ese chico con escatimaba en gastos... si incluso había encargado otro...
¿Los malos hábitos de consumo serían un síntoma de alguna patología? Tirar el dinero a veces ayudaba a suplir con lo material alguna carencia que desde un punto de vista psicológico puede ser...
Sacudí la cabeza. Tenía que parar de una vez, ni siquiera había empezado con la visita aún...
-          ¿Sabes? Acertaste, el tinto es mi favorito –dejé caer una sonrisa distraída.- Pero como no suelo beber en horario laboral, creo que lo guardaré para después...
Le pedí que me dispensara unos segundos mientras llevaba el obsequio a la cocina, pero en la pequeña fracción de tiempo que tardé en volver, otra cosa poco ortodoxa volvía a reinar en el lugar.

-          ¿Ya te ha enseñado su sala de tortura? –oí que preguntaba mi niña.
-          No llames así a mi consulta –gruñí.
Ella se giró a contemplarme con su risueña sonrisa.
-          Está bien, lo siento... ¿Qué tal “La antesala de la muerte”? ¿Mejor?
-          Largo de aquí –mandé, ahogando una sonrisa de diversión a duras penas.
-          ¡Capitán, sí, mi capitán! –Eli hizo un saludo de soldado de infantería pasota antes de inclinarse a robarme el corazón con un rápido beso en mi mejilla- ¡Hasta luego, mamá! ¡Nos vemos, Dennis!
La vi correr hacia la puerta con  vitalidad, llevando tras de sí esa melena brillante persiguiéndola y recordándome cuánto la quería... y lo preocupada que estaba por ella. Suspiré.
-          ¡Te quiero en casa antes de las nueve! –le recordé.
-          Tomo nota de que no podrías sobrevivir muchas más horas sin mí, mamuchi querida... –canturreó de forma encantadora mientras salía por la puerta.
La verdad es que lo prefería así. Con la fuente de mis mayores alegrías y problemas fuera de escena, tenía más posibilidades de centrarme.
 Le sonreí a Dennis a tiempo que me desplazaba a apoyarme sobre el pomo de una nueva puerta. La abrí para mostrar aquel espacioso despacho, generosamente iluminado gracias a un gran ventanal que daba al jardín trasero. Las paredes color crema cubiertas por mis títulos y las estanterías plagadas de libros que servían para mi disfrute o para esclarecer dudas, eran la única decoración a la vista. Poco más había aparte de un escritorio de manera de roble, butacas de terciopelo y aquél diván que Elizabeth había insistido en que comprara porque si no, no daba el pego para una consulta real.  
-          Puedes pasar a la “Antesala de la muerte”, si quieres, Dennis –me reí entre dientes.- Sé que el nombre no es alentador, pero no tengo pensado morderte, te lo aseguro... 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Sáb Jul 06, 2013 3:08 am

- ¿Hay animales colgados en las paredes? Si no, está todo perfecto - bromeé, recordando a aquel "doctor" que tenía cuernos de ciervo colgados en la pared, y la cabeza de un jabalí, entre otras cosas... Era espeluznante. Creo que le gustaba mucho la caza. Menos mal que conseguí librarme de él a la segunda cita, me daba cosa entrar a su consulta. Y además, olía a piel. Ugh. Era asqueroso. Si he de ser sincero, no sé cómo demonios había conseguido su título, debía ser el peor de su curso, desde luego. ¿Qué persona cuerda decidirá mantener partes de cadáveres animales como decoración? 

Pero de alguna manera no creía que Adriana tuviese cosas así en su consulta. Parecía una persona equilibrada, desde luego (al menos en su parte no maternal, en su parte maternal seguro que estaba igual de loca que todas las madres, aunque eso no esté tan mal), así que carecía de sentido que tuviese animales en descomposición ahí encerradas. U otras máquinas de tortura. 

Al dar el paso hacia el interior del espacio, cabe destacar que me quedé bastante asombrado por la pulcritud y el orden que presentaba. Era bastante diferente a todos los demás que había visto, pero supongo que es porque, de alguna manera, las consultas de los psiquiatras los reflejaban realmente a ellos. Si es alguien desastre, pues, tendría la habitación llena de papeles, por ejemplo... Igual que los tenía yo en mi cuarto el cincuenta por ciento del tiempo, por no decir más porque ya me avergonzaría. Y menos mal que pasaba el ama de casa a ordenarlos, que sino, no se podría entrar en mi cuarto. Sí, qué gran mujer esta! 

Paseé mi mirada por el cuarto. Era inmenso, desde luego, y aún así, minimalísticamente ordenado. Me gustaba el contraste que hacían las paredes con los muebles, y más en concreto los libros con el resto del lugar. Analicé rápidamente las estanterías, por si hallaba algún título conocido, pero luego me di cuenta de que realmente, aunque hubiese algún libro que coincidía tanto en la colección en casa como en esta, no me daría ni cuenta, porque mi tío se había encargado de conseguir todos los libros en Inglés. O casi todos. Algunos que guardaba en mi habitación y en la de Daniel estaban en español... Básicamente porque soy un impaciente y no podría esperar una semana para recibir el libro que quisiese. Ni un día siquiera. Y además, hubiera sido sospechoso y motivo para una reunión familiar urgente si acaso llegaba a comprar libros sobre el cuidado de los bebés por Internet. Bueno, ya no, pero en un principio, vaya si lo habría sido. Habría arruinado la sorpresa, claro. 

- Bueno, creo que no encuentro el lugar de dónde procede el apodo tan... de película de terror que le dio Eli a este lugar - más bien me parecía una especie de mini-paraíso. Era tranquilo y acogedor, a la vez que bastante iluminado y espacioso. Bastante agradable, ciertamente. - ¿Me tengo que asustar por ello o dejarlo pasar? - sonreí divertido, esperando que hubiese sido de verdad tan sólo una broma. Todavía estaba un tanto nervioso. Claro que era tan sólo mi primera vez de verdad en un lugar así, y por primera vez no me había preparado un guión con mentiras varias para atemorizar a la doctora. Tendría que improvisar, y ser yo junto a mi pasado y... sinceramente, me asustaba esto. Por alguna razón desconocida estaba bastante inquieto con lo que pasaría. ¿Es normal?

'Venga, chaval, que es sólo lo mismo de siempre.' - me dije. Y así era. No iba a acobardarme ahora. Habían pasado demasiadas cosas, esto no era nada comparado.
 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Lun Jul 08, 2013 2:43 am

Rodé los ojos.

-           Oh, si no lo encuentras es porque el peligro no está en la habitación en sí –expliqué con calma, mientras cerraba la puerta tras nosotros. Mantener una conversación distendida era lo mejor para que su sonrisa perdiese ese punto de nerviosismo mal disimulado.
Sonreí, analítica.  Era la primera vez que veía flaquear esa confianza  tan ciega en su propia persona. ¿Era por mí? ¿Le imponía? ¿O actuaba igual frente a sus otros psiquiatras...?
Improbable...
-          El mote se debe a que, según Elizabeth, aquí es donde me dedico a extraer y diseccionar los cerebros de mis víctimas –reí entre dientes.- Puede que tenga su parte de razón...pero nunca lo he hecho de forma literal, así que no, no hay motivos para asustarse.
Pase por su lado, apretando cariñosamente su hombro para hacer que sus articulaciones se relajaran.
-          Siéntate donde estés más cómodo, Dennis. Butaca, diván... tú eliges. Enseguida estoy contigo.
Le di la espalda para inclinarme sobre mi escritorio. La mayoría de archivos de mis pacientes estaban guardados en una cantidad ingesta de pen drives y tarjetas de memoria con los que luego me dedicaba a saturar a mi viejo portátil, pero antes de pasarlos a formato digital, siempre tenían sitio en el largo cajón de documentos escritos y ordenados en orden alfabético. Me gustaba tomar apuntes durante las visitas; además de encontrar tremendamente útil el hecho de registrar sus voces en mi grabadora. Siempre había algo que se podía pasar por algo, una palabra o un suspiro que me darían pistas después de escucharlos repetidamente, una y otra vez.
Había veces que, cuando estaba muy obsesionada con algún caso, podía llegar a quedarme dormida sobre mi escritorio con los cascos puestos, escuchando el sonido de una voz llorosa contándome sus penas. Entonces siempre soñaba con mi paciente.
Una vez, a Jorge se le ocurrió la fantástica idea de exhortar a nuestra hija, por aquel entonces de diez años, a que me pintara un bigote hecho de ceras de colores mientras dormía. Aún lo llevaba puesto cuando mi primer paciente llegó. Fue una gran risoterapia y una todavía más grande humillación.
 
Sonreí levemente al recordar como los dos se carcajearon de mí cuando les exigí explicaciones, furiosa. Eli y su padre eran tal para cual...
Incluso había considerado la posibilidad de que fuese él quien le enviaba las flores. Que lo desmintiese había sido como un chorro de agua fría en mi nuca. Que no se preocupara lo más mínimo por ello, otra seria decepción respecto al que fue mi marido.
Estúpido irresponsable...
Mi desesperación por ese asunto había cruzado los límites de mi neurosis como madre. Empezaba a perder opciones, posibilidades y objetividad, así que... tuve que preguntarlo. Seguía quedando esa pequeña alternativa rondándome la cabeza, por lejana que pareciera.
-          Dennis... –llamé, incorporándome para observarle con gravedad.- Antes de... empezar la visita... ¿podría hacerte una pregunta personal? –No. No era habitual. Pero debía, los instintos más primarios de mi especie me lo reclamaban. Cogí una considerable cantidad de aire en mi propósito.- Tú... ¿Eres tú el que le está enviando lirios a Elizabeth? Por favor, dime que sí –acabé suplicando, con las manos juntas, como si rezara.
Por favor, por favor, por favor...
Cualquiera sabría por qué preferiría que un chico –quizás algo mayor para Eli- pero al menos conocido y encantador estuviese coqueteando con ella antes de que lo hiciera un completo desconocido del que no sabía nada en absoluto, ¿verdad? 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Lun Jul 08, 2013 6:05 am

Había aceptado la pregunta pensando que sería algo personal de verdad, pero la verdad es que no era así. No pude contener mi sorpresa y no enarcar una ceja ante aquella cuestión. No, en definitiva no era yo quien le mandaba las flores a Elisa. Digamos que, mi estilo es más de orquídeas que de lirios... Los lirios son flores del amor, muy románticas y todo eso... Eran una declaración pura y dura de los sentimientos. Muy poco propias de mi y de lo que buscaba por lo general. Yo era más de seducir para tener lío de una noche. Por eso las orquídeas eran más apropiadas: mostraban mi intención sin meterme en compromisos inútiles, sin prometer cosas que no cumpliría, sin convertirme en un cabrón fastidiando a la gente y sus sentimientos. Sí, las orquídeas eran muy apropiadas para estas cosas. 

- Yo... lo siento... pero no soy yo - me encogí de hombros, un poco apenado. Se notaba que Adriana quería saber quién era el que le mandaba las flores a su hija. Bueno, no era de extrañar que Elisa tuviese pretendientes, claro está. Era simpática y divertida, yo mismo hubiera estado coladito por ella si tuviese su edad y no conociese sus gustos, y sería yo quien le mandase las flores... Aunque personalmente hubiera preferido las rosas rojas... Un clásico, sí, y además, bonito. Iría mandándole a cada hora una flor, para que supiese que pensaba en ella. Estaría recitando "Romeo y Julieta" debajo de su ventana y probablemente acabaría empapado. 

Bueno, probablemente no. Ya había hecho esto a comienzos de mis quince años, cuando me escapé del hospital una semana después de la operación. Me sentía ligero y enamorado. Sentía un vacío en el pecho y era demasiado tonto como para darme cuenta de que no era un vacío por amor, sino que, macho, me habían vaciado por ahí! Tenía un aspecto lamentable cuando pasé por la floristería y compré unas seis rosas, era el tiempo que había estimado que tardarían en encontrarme. A cada rosa adjuntaba una tarjeta, con mensajes del tipo: "Pienso en ti", "Eres el amor de mi vida", "Ámame, como yo te amo"... Para al final, cuando me quedó nada más una rosa, ya estaba exageradamente cansado, tanto que apenas me mantenía en pie. Y como era obvio, los calmantes habían dejado de funcionar hace una eternidad. Acabé reuniendo fuerzas como si de esto dependiese mi vida y conseguí acertar y llamar la atención de mi amada con un par de piedras que chocaron contra su ventanal. Y luego, con voz ronca y entrecortada me puse a recitar el papel de Romeo. Acabé empapado e inconsciente, además de castigado, después de que Angelina llamase la ambulancia al descubrir quien había sido su Romeo. Ehm, sí, cabe destacar que fue una de las últimas locuras que logré hacer en el hospital, porque luego comencé a tener vigilancia durante las 24 horas del día. No había manera de escaparme de nuevo.

- Será algún chaval cuyo corazón fue robado por Eli, aunque ella no se diese cuenta de ello... Las chicas no suelen darse cuenta cuando dejan a un chico coladito por ellas - sonreí. Y era así en efecto. - Y según sé - mientras estuve en el hospital tuve tiempo de sobra de aprenderme aquel libro que había comprado para poder conquistar a Angie, llamado "El lenguaje de las flores", - los lirios son las flores del amor... ese alguien que se las envía debe de estar bastante enamorado de ella - había dicho eso en un intento, tal vez fallido, de tranquilizar al sentido maternal de Adriana y la preocupación que sentía por su hija. En todo caso, me parecía un poco excesivo, tratándose tan solo de unas flores. 

Pero, el amor adolescente no dura para siempre, por muy fuerte que se sienta. Al final siempre acaba siendo tan sólo una pequeña obsesión, una atracción fuerte hacia alguien, que con el tiempo desaparece. Son, de hecho, muy pocos los casos en los que este amor adolescente acaba evolucionando y convirtiéndose en amor de verdad... 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Mar Jul 09, 2013 10:41 am

-          ¿E...enamorado...?

Enamorado... Enamorado... Bastante enamorado...

Las palabras golpeaban como martillos. Me aturdían. 

Oh, cielos. Lo que daría yo por un diazepam en esos momentos.
Cerré los ojos con fuerza, pellizcándome el puente de la nariz. Aquella situación me iba a acarrear más de una jaqueca, lo tenía muy presente. Suspiré una gran y dramática cantidad de aire.
-          Ya. Sí, supongo que... tiene sentido eso que dices.  
Con lo inconsciente que era Elisa, seguro que sí lo tenía. Podría haberse dibujado un camino de corazones rotos tras sus alegres saltitos y no se habría ni enterado.  Era encantadora, pero solo se preocupaba por ella misma, por pasárselo lo mejor posible... No tenía ni idea del efecto que causaba su sonrisa en la gente.
¿Entonces yo exageraba? Tal vez su "pretendiente" -o desde mi punto de vista, acosador- solo era un chico tímido que buscaba llamar su atención y no sabía cómo. Si todo aquello se limitaba a un inocente flirteo, estaría convirtiendo un grano de arena en una avalancha en la que me asfixiaba. Ojalá Dennis tuviera razón. Ojalá fuese solo eso...
Pero una alarma punzando mi fuero interno me decía que no era así. ¿Un pálpito? Nunca había creído en nada antes de tener pruebas sólidas de ello, pero-...
-          Supongo que... no me acostumbro a que esté en esa edad en la que empiece con los romances –murmuré, dibujando una sonrisa exculpatoria en dirección a Dennis. Encogí los hombros- Ya sé que ahora solo piensa en sus amigos, en divertirse y en los chicos...Esa última parte es la que llevo peor.  Para mí sigue siendo mi niñita, me resulta muy extraño –mordí mi labio inferior.- Una niña muy poco usual, de todos modos...¿Sabes que hasta me contó su primer beso con lengua? ¿Qué clase de adolescente hace eso? Hay cosas que no necesito saber...
Rodé los ojos en gesto exasperado y regresé la atención hacia mi escritorio. Ahí había dejado la grabadora y la libreta. Ya iba siendo hora de hacer buen uso de ella.
-          En fin... Dejemos el tema aparcado, ya tendré tiempo para preocuparme luego de ello. ¿Qué me dices de ti? ¿Te ves con fuerzas para enfrontar los problemas que te conciernen? –le sonreí, amable.
Con movimientos que ya había mecanizado a base de repetición tras repetición, me llevé todo el cabello a lo alto de la cabeza, donde lo dejé atado con la goma que apresaba mi muñeca. Luego saqué las gafas de leer de mi escote, de donde colgaban. Se deslizaron por mi nariz, sin que mis ojos se apartaran ni un segundo de la visión fidedigna de mi paciente.
-          ¿Qué te parece si empezamos ya? –propuse.
Mi dedo presionó el botón de encendido de la grabadora. Eso era como quitarle el seguro a una pistola.
Ya no había vuelta atrás.
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Miér Jul 10, 2013 6:33 am

Pero yo no estaba mucho a la favor de empezar ya... Supongamos que me parecía más interesante el tema del amor adolescente. Era mucho más entretenido. Más ameno. Más bonito... Y además tenía que hablar con Elisa. Me daba la vaga sensación de que no le había contado sus gustos a su madre. Vamos que, es sólo una impresión mía. Sí... tenía que hablar con ella... 

- Hm... ¿te contó su primer beso con lengua? - enarqué una ceja, divertido, retomando el tema anterior. Era más gracioso. - Es una chica atrevida... - sí, lo era. Y bastante. Aunque no fuese sólo por haberle contado su primer beso a su madre. Yo en esa escala era poco atrevido. Poco porque también le había contado ciertas cosas a mis padres... ciertos momentos sexualmente atrevidos y tal... Y muchas veces le contaba todo a Jason. Pero era porque Jason me acostumbró a eso. - Pero si eso... cuando comience a contarte su primera vez, yo que tú la cortaba en el mismo principio... - bromeé. No me la imaginaba manteniendo esa conversación, sinceramente. Mi madre tampoco lo habría soportado... Aunque mi papá si que estuvo escuchando todo el relato... Y luego me contó él el suyo... Fue un tanto raro, la verdad... Pero a esa conversación le guardo bastante cariño, porque fue de las últimas que tuvimos entre "machos". 

Había sido... diferente, en cierto modo. Yo nunca había contado nada parecido a nadie hasta aquel entonces... Y tampoco es que me hubiera pasado, pero vamos, ese tema pertenecía a la clasificación "tabú". Nadie hablaba de su primera vez con su padre, ¿verdad? Al menos no ninguno de mis amigos. Y vamos, mis amigas tampoco. Cuando le pasaba a las chicas era más tabú todavía, desde luego. - Aunque dudo que lo vaya a hacer... Los padres os volvéis mucho más sobreprotectores cuando se trata de las hijas que de los hijos, no entiendo por qué - confesé, dubitativo. Y no era acaso cierto? Siempre se protegía más a las chicas, aunque había algunas que para hablar (sólo para hablar) con ellas, tenías que llevar un equipo de protección completo, más protector aún que el que llevan los astronautas, porque sino acabarás en urgencias. Hm... sí, parece ser que llevo un poco de experiencia... Una acabó tratando de atropellarme. Siempre que me veía e iba en su coche, comenzaba una persecución loca al más puro estilo de las películas americanas. Hasta que al final saqué una orden de distanciamiento del juzgado... Era una mujer peligrosa. 

- Hm... si yo tuviese hija, la trataría igual que a Dani... - enarqué una ceja, para luego soltar una carcajada. - No, qué va - negué riendo. - Le parto la cara a todos los chavales que se le acerquen antes de siquiera haber tenido la ocurrencia de hacer cosas raras e íntimas - confesé. ¿Para qué mentir? A Dani lo felicitaría, por el puro instinto macho, pero si tuviese una hija, la pobrecita llevaría cinturón de castidad seguro. Aunque fuese la burla del instituto, no permitiría que le pasase nada... Hm. Bueno, y si no, la encierro en casa con profesor particular. Que lo mismo me da a mi, hasta me parece mejor que se quede en casa. 

Sería un padre horrible si eso pasase. Y mi hija me odiaría. Y sería un cerrado de mente. Pero bueno, a mi eso me da un tanto igual, ya se sabe que las niñas tienen que estar protegidas porque se enamoran más fácilmente y se rompen con más facilidad aún. ¿Verdad? 

FdR: Lo siento, post pésimo bounce
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Lun Jul 15, 2013 1:37 am

Hice un gesto que demostraba explícitamente mi rechazo ante la sola idea que acababa de proponer. Su primera vez... Puñetas, qué esperpéntico sonaba. Ni siquiera me había atrevido a pensar en eso aún. Resultaba aterrador.

No sería para nada de mi agrado mantener tal conversación con Elizabeth... Y mucho menos conociéndola como la conocía. Suficiente sudé el día que su padre y yo le tuvimos que dar “la charla”. Mi hija lo encajó todo mostrando una naturalidad sorprendente,  preguntando con descaro sobre el tema y mostrando un interés que para mi gusto era desmedidamente acentuado. Al menos Jorge disfrutó riéndose hasta la saciedad de mí...
Suspiré. Desde luego, suponía un auténtico alivio saber que Eli todavía era virgen... ¿Por qué todavía lo era, verdad? Ella aún no habría... Era tan pequeña y tan... Era...
Me mordí el labio con angustia contenida.
Oh, cielos, que siga siendo virgen...
Es más que probable que el chico tuviese razón respecto a mis protectores instintos maternales, pero no me faltaban motivos con la hija que me había tocado. Si pudiese ponerle un cepo entre las piernas dormiría mucho más tranquila...
Mi bolígrafo se deslizaba raudo sobre la libreta. Puede que Dennis no fuera consciente de ello, pero por mi parte, la visita ya había empezado. Resultaba tremendamente interesante aquella reticencia a meterse en sus propios problemas, pero la conversación ya de por sí me había dado el hilo conductor por el que debía tirar. Pronto llegaría al ovillo de lana, al origen de sus problemas.
 La gente no suele darse cuenta del significado que puede tener un comentario que en primera estancia parece banal, pero mis oídos sospesaban todas y cada una de las palabras que cualquiera dijera entre esas cuatro paredes. Por eso el comentario me llamó la atención.
Por eso ese nombre captó mis sentidos.
-          ¿Igual que a... Dani? –repetí, desorientada. Había parado de escribir nada más lo nombró, para poder clavarle una mirada interrogante. Crucé una pierna sobre otra e incliné un tanto el torso sobre la butaca donde me había sentado, con los ojos entrecerrados en curiosidad.- ¿Quién es Da-...? Oh, un segundo –si tuviese una hija... igual que a...La mandíbula se me descolgó ante una deducción que dudaba mucho que fuera errónea. Le puse unos ojos como platos.- Dennis... ¿acaso tienes un hijo? –tuve que hacer esa pregunta muy lentamente, impregnada con incredulidad.
¿Acaso era padre adolescente? No daba crédito.
La situación de mi paciente se complicaba por momentos. Y la mía como doctora se hacía cada vez más retadora... 

Off: Esto sí que es un post pésimo xD
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Lun Jul 15, 2013 10:16 am

 Siempre el tono de sorpresa de los adultos. Claro, ¿quién diría que alguien tan bueno como yo (sobre todo hablando físicamente) no es virgen? ¿Qué pasa? ¿Tan raro es que un adolescente tenga relaciones? ¡Vamos que no se hacían los inocentes los muy cabrones! ¿Acaso ellos nunca fueron jóvenes y alocados? ¡Si es que hasta Romeo y Julieta eran chavales que no pasaban los quince años de edad! Pero claro, hay que preservar los valores morales y todo ese rollo de cosas. Mierda de los adultos, obviamente. Quienes se niegan a aceptar la realidad y le dan la espalda a lo que no quieren ver. Aunque no comprendo porque se niegan a las relaciones sexuales. Vamos, ¿no es puro instinto animal? Porque según sé, los humanos somos sólo otra especie animal que también tiene que cumplir con sus necesidades biológicas. El coito es una de ellas y no hacerlo podía poner en peligro a la vida de otros.

También es cierto que no puedo culpar a Adriana de su reacción, es lo normal en una sociedad como esta en la que vivimos. Eso sí, podría culparla de ponerse la ropa que se pone, porque digamos que si no fuese porque últimamente ando bien servido, acabaría observando su escote de una manera bastante maleducada y sin avergonzarme. Pero ahora pude mantener la mirada fija en sus ojos. En esos ojos de color azul que tratan de analizarme continuamente. Sacarme el alma a través de mi comportamiento y mis palabras. He de reconocer que me gusta ver a Adriana desconcertada. Eso la hace más humana, demostrándome que de verdad existe y no era tan sólo fruto de mi imaginación. Aunque si lo fuese tampoco me quejaría tanto, vamos que, tener una imaginación capaz de imaginar a una mujer así también es para sentirse orgulloso, ¿no? Aunque la prefiero en la realidad.

- Un pequeño príncipe que pronto cumplirá dos añitos - asentí con la cabeza, divertido ante la expresión de la doctora. 

Sí, Daniel es un príncipe de cuento. Un pequeño y adorable príncipe. Tiene el pelo rubio y rizado como su madre, pero su mirada es la mía. Pero cuando se enfada, claro, deja de tener mis ojos para convertirse en un bichito con patas, aunque igual podría calificarlo como un huracán, porque comienza a coger las cosas que tiene a su alrededor y a tirarlas. Y es insistente, no puedes negarle nada porque a la hora ya te ha vuelto la cabeza loca... 

Aunque también es encantador, cuando quiere. Está tratando de convertirse en alguien autosuficiente, aunque todavía sea tan bebé y achuchable casi como cuando Angelina me lo trajo. Todavía no le ha pillado el truco de lavarse los dientes solito, pero está clavando lo de peinarse... Por no decir que se enfada cuando trato de darle de comer, porque quiere hacerlo por su propia cuenta. Claro que acaba manchando más que comiendo, pero bueno, está aprendiendo todavía, así que, está bien. Es un buen niño, desde luego... Por no decir que cumple con lo que se espera de él (y más) para tener la edad que tiene. Nadie diría que es el hijo de un adolescente algo alcohólico, amante del coito, de las velocidades extremas, que además tiene el rollo suicida circulando por sus venas y está enfermo. Y para cerrar el círculo, que es un estudiante. Bueno, claro está que si no fuese por la niñera no sería así, pero dejemos esa minucia aparte.
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Miér Jul 17, 2013 7:05 am

Arqueé ambas cejas, observándole por encima de mis gafas y radiografiando la situación. La naturalidad con la que hablaba de su principito no me decía que su paternidad le pareciese algo fuera de lo común, por muy sorprendente que me resultase a mí.

-          Pero si eres solo un crío... –titubeé, anonadada. Mordí el labio con preocupación y apunté el último dato sobre la libreta que reposaba sobre mis piernas cruzadas. Lo dicho, Dennis nunca dejaba de sorprenderme.
Ser padre no era nada fácil. Y ser adolescente tampoco, así que se suponía que ser un padre adolescente debía ser tarea doblemente complicada. Aquello requería mucha madurez, más de la que podría atribuirle a alguien como él...
Suspiré al recordarme a mí misma que no todos los padres, por norma, suelen tener la cabeza bien amueblada. Jorge era el ejemplo por excelencia de lo que es quedarse atrapado en la edad del pavo cuando ya has cumplido los cuarenta.  Todo un niño grande, un excelente amigo para Eli y uno de los padres más negligentes y consentidores que hubiese visto jamás. Si mi hija se hubiese quedado a vivir con él no me quería ni imaginar a qué niveles malcriados podría haber llegado a estas alturas...
Chasqueé la lengua y rodé mi bolígrafo sobre mi labio inferior, pensativa. Calculando a voz de pronto, Dennis lo debió concebir con, como mucho, dieciséis años. Y la chica con quien  tuvo al crío probablemente tuviera una edad semejante.
Dos niños, un bebé y ningún adulto... No me sonaba demasiado sensato.
Sospesé los datos que acababa de recolectar, sin estar segura de cuál de las cientos de preguntas que se agolpaban en mis circuitos neuronales era la más adecuada, la que merecía ser contestada. Supuse que la que se preocupaba por Dani.
-          Y.. ¿tú te encargas de cuidar de él? –interrogué, con los ojos entrecerrados.- ¿Tú solo? ¿O la madre está con vosotros?
Pensar en un cuadro familiar tan pintoresco me llenaba de un montón de interrogantes más. Tuve que morderme la lengua para dejarle hablar y no taladrarle como un locomotora loca.
Este chico es demasiado fascinante.  
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Miér Jul 17, 2013 11:48 am

Observar a Adriana y a sus reacciones era demasiado entretenido. Tal vez debía cobrar más por sus visitas, seguro que la gente lo aceptaría. Vamos, es sólo una observación mía, pero creo que sería lo ideal. Porque no sólo te ayuda con tus cacaos psicológicos que llegas a hacerte, sino que también tiene reacciones chachis y un aspecto flipante. 

Ante la pregunta de la doctora, asentí. - Desde hace algunos meses lo cuido yo - no sabía exactamente el número de los meses, pero tampoco me importaba. Sé que Angelina me lo había dejado poco después del aniversario de la muerte de mis padres, y eso parece que fue hace una eternidad. - Y de hecho fue cuando me enteré de su existencia... Angie... su madre... decidió, ehm... decidió que sería oportuno contarme que sería padre cuando de hecho llevaba un año siéndolo y de paso me lo dejó - rodé los ojos. La verdad es que no la culpaba por dejármelo,  me encanta tener que cuidar a Daniel, porque es un pequeño desastre y porque es tan adorable y tan achuchable... Y es tan divertido estar con él... y menos mal que ya pasó la época de los pañales porque me niego a cambiar tan sólo uno más. 

Sin embargo si me hubiese gustado que sería padre cuando se quedó embarazada, y cuando lo supo, claro. Aunque andase sedado, podía habérmelo dicho y probablemente habríamos tomado una decisión más sensata que tener que cuidar a un chavalín. No lamento tenerlo, claro, pero probablemente me hubiese gustado esperar un poco más, ya saben, al menos acabar el instituto y entrar a la universidad... O incluso acabar la universidad. Al fin y al cabo era cuando la gente normal solía tener hijos y cuando podía permitirse cuidar a uno. Pero igual me iba bien. 

- Claro que tiene motivos de sobra para demorar tanto, pero... no... la verdad es que en aquella época es que no me hubiera importado lo más mínimo y no habría respondido de ninguna manera - cuando Angie se quedó embarazada, y los primeros meses, yo estaba en otro lugar. Habría sido durísimo tener que cuidar de tu hijo y a la misma vez a un chaval que se parecía en aspecto físico al padre del bebé, pero que parecía un muñeco. Porque por aquel entonces era eso, un muñeco hecho de huesos, órganos y piel, pero no llegaba a más. No había sentimientos ni emociones... - Pero al menos lo sabría y no podría culparla de ello... - me encogí de hombros, dubitativo. 

Lo hecho, hecho estaba, y aunque no me gustase, pues, había que aceptarlo. Y también hay que alegrarse por el presente. Porque las cosas podrían haber sido mucho más diferentes y peores, y sin embargo están saliendo hasta bien. Porque aunque fue duro en algunos momentos, tuve a gente para que me diese el pequeño empujón que necesitaba para recuperarme...

- Hubo momentos en los que pensé darlo en adopción... habría muchísimas familias que sepan cuidarlo mejor que yo o Angelina, pero no pude hacerlo - confesé. Cada vez que miraba a Dani en aquella época, me inundaba la felicidad y la tranquilidad... No darlo en adopción y elegir a una familia más apropiada para él se debió a mi puro egoísmo, porque me hacía sentir tan bien tener a ese pequeño chaval en mis manos... Era diferente y genial, y aunque me sentía asustado en un principio, porque no sabía qué hacer con el niño, no sabía darle de comer, cambiarle el pañal, o ponerlo a dormir, al final acabó todo bien. - Espero no haberle fastidiado el futuro por ser tan egoísta - suspiré. Al fin y al cabo yo seguía siendo un chaval hormonado que no sabía qué hacer con su vida, aunque ya se me iba yendo la estupidez de la adolescencia. 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Mar Jul 23, 2013 12:30 pm

Sonreí, enternecida. Y mi cabeza hizo un leve gesto de negación.


-          No... A mí no me pareces para nada egoísta, Dennis. Más bien todo lo contrario, creo que es muy valiente eso que has hecho, ¿sabes? Poca gente de tu edad tendría madurez suficiente para enfrentarse a una responsabilidad de ese caudal. Ser padre no es tarea fácil. Nunca lo ha sido. Y ya me contarás cuando Daniel llegue a la edad del pavo; puedo prometerte que se volverá incontrolable –esa última frase vino acompañada de un par de carcajadas convertidas en suspiros que salían entre dientes.

Si era como Elisa, sí. Incontrolable sería la palabra.

Por la cadencia de las palabras de Dennis, por la forma en que sus ojos brillaban al nombrar a su hijo, supe muy bien que representaba un refuerzo la mar de positivo en su vida. Así lo apunté en mi libreta.

-          De todas formas, si me permites un consejo, usa protección para tus siguientes ligues, ¿quieres? No creo que te apetezca dejar una ristra de Danis a tu paso... –escondí una sonrisa casi divertida después de aleccionarle.
Dudaba, en el caso hipotético de que se repitiera el desliz, que la madre fuera como aquella tal Angelina. La mayor parte de las chiquillas que se quedaban embarazadas a tan temprana edad solían considerar el aborto como la opción más sensata y cómoda. Es lo que yo habría hecho. Un hijo comportaba demasiadas complicaciones. Demasiado dolor y demasiado compromiso.  

Elisa fue del todo planeada con Jorge al segundo año de matrimonio. Fue nuestra época de oro, floreciente y llena de vida, una de las más esplendorosas que podían llegar a mi memoria. Tener a mi bebé en brazos y a mi marido rodeando mis hombros me ayudó a completar un cuadro de felicidad que iba incluso un paso más allá de lo que siempre había anhelado. Algo que creí que no se acabaría nunca. Algo a lo que nunca pensé que renunciaría...

Tragué saliva.

-          Creo que puedes ser una buena influencia para Dani. Y él para ti. Un hijo te puede ayudar en muchos sentidos... además de agotarte, claro –rodé los ojos. Y en cuanto mi vista bajó a mi libreta, me puse a especular, recolocando las gafas que caían por el puente de mi nariz.- Sobre todo si... lo crías sin pareja. ¿Ya no has vuelto a saber nada de Angelina? –desde luego, debía ser una muchacha que le había marcado. Ni que fuera por el regalito que le había dejado...- Háblame un poco de ella. ¿Estuvisteis enamorados?


Tanta testosterona y tanto romance adolescente me  acabaran provocando jaqueca... Solo esperaba no tener que seguir traduciendo todo eso al caso que tenía con mi hija. 

Malditas flores...
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Vie Jul 26, 2013 10:14 am

 Adriana es adorable, en serio. La manera de hablar, de apuntar, de comprobar sus apuntes... y todos estos detalles que ella tenía, hasta su manera de subirse las gafas, son adorables.  

- Angelina - comenté con aire distraído, regresando a la Tierra. - Es una chica guapa, simpática, amable... Hm... fue mi mejor amiga durante mucho tiempo, así que, la quise y sigo queriéndola... Pero no creo que haya estado enamorado... No así como los adultos lo pintan... - no había sido para nada parecido, pero nada de nada... - Para mi era perfecta tal cual, me gustaba verla, estar con ella, charlar... Y lamento haber sido un cabrón con ella, pero creo que nunca llegué a amarla de verdad... Y creo que ella tampoco llegó a amarme... - me encogí de hombros. ¿La había amado de verdad? No, creo que no. ¿Razones? Pues, tenía muchas cosas que me demostraban que aquello no había sido más que un movimiento llevado a cabo por las hormonas. 

- Se dice que cuando alguien ama de verdad, este amor dura para siempre... Y en él no está el orgullo, la edad, el paso del tiempo... Nada de esto importa, sólo los momentos que están los dos enamorados juntos, y la felicidad y el apoyo... - comenté, realmente sin saber porqué. Simplemente me pareció apropiado. - Lo comprendí poco después de que mis padres murieran, viendo una grabación de ellos dos... Y me temo que con Angie no me pasó lo mismo - musité. Me hubiera gustado que pase lo mismo. Llegar a observarla de esta manera de la que mi padre observaba a mi madre cuando ella no le miraba. Olvidarme de mi orgullo y dejarla acceder hasta mi. Apoyarla en su embarazo, igual que ella había intentado ayudarme al perder a mi familia... Y como me había apoyado en el transcurso de mi enfermedad. Podría haber recurrido a los momentos felices y sacar la relación del pozo en el que la había metido...

Pero no había querido hacerlo... Había decidido cortar la relación y huir. Había sido un cobarde, y no es algo de lo que me sienta precisamente orgulloso... 

- Cuando eres adolescente tu mente está en otras cosas, supongo... - me encogí de hombros. Y creo que ahora estaba en lo cierto, porque cuando recién entras en la pubertad lo único que piensa un chico es en chicas, en chicas y en más chicas. Y por ahí entran también los colegas. Todo se basa en el puro flirteo, hasta que comienzas a liberar hormonas cuando ya has encontrado con quien hacerlo. Y aún entonces es en lo que piensas el 99.9% del tiempo... Lo digo por los demás, claro, a mi no me influyó así... Y era más bien porque consiguieron "calmarme" y tuve tiempo para pensar en otras cosas. Principalmente maneras de volver a psiquiatras locos... este fue un pasatiempo que me duró bastante... Luego estaba el no hacer nada y mirar a un punto durante horas, un hobby agotador, cabe destacar... 

 Pero dejando los flirteos movidos por las hormonas... ¿No está Adriana deslumbrante en estos instante? 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Sáb Ago 03, 2013 10:30 am

Asentí distraídamente, mientras apuntaba en mi libreta la nueva base de datos que me había dado Dennis para sostenerme. Tenía un concepto del amor muy... adolescente, aunque no cupiera a esperar otra cosa, claro.

En la facultad de medicina me habían enseñado que enamorarse no es más que un proceso bioquímico del organismo. Todo el mundo siente más o menos lo mismo, aunque en ese momento te creas que es algo único, especial...
La cosa empieza cuando se activa con una señal hormonal, olfativa incluso y, como diría Ortega y Gasset, produce en las personas un efecto de “imbecilidad transitoria”, que en realidad, no es más que la liberación de compuestos químicos como Timina, Noradrenalina, Endorfinas...
No hay nada mágico. No hay música celestial ni cantos de ángel. Y en realidad, el efecto en sí no se prolonga nunca más de tres o cuatro años. El enamorarse no es amor, sino desear para ti una imagen idealizada de una persona. La esencia de todo enamoramiento son los deseos...
La condena de cada uno es saber o no destruirlos e ir más allá de la mitificación que hemos creado antes de hacernos daño... como me había ocurrido a mí.
Suspiré, amargada.
Quien bien te quiere te hará llorar... ¡y cómo!
Era la mar de frustrante, además de agotador. ¿Por qué tenía la sensación de poder amar a Jorge tanto como la primera vez que le dije un te quiero? ¿Por qué no podía saltar más allá de las heridas, de todo el dolor, de toda la añoranza, de... el odio?
Me sentía una contradicción con patas.
-          Es normal que tu cabeza esté en otras cosas –le concedí, forzando una sonrisa más allá de mis fuerzas. No podía permitir que mi ex marido me estropeara eso también.
¿Mi vida personal? Puede. ¿Mi vida profesional? Por encima de mi cadáver.
-           Aunque la idea del amor, de las chicas y del sexo... Créeme, no lo es todo. Son tus hormonas, que están despendoladas. Ya irás viendo que existen cosas más importantes cuando crezcas –le informé con tranquilidad. Cruce  la pierna izquierda sobre la derecha, repiqueteando mi libreta contra los muslos, pensativa.- Ya sabes, cosas como... los estudios, ¿quizás? –reí, imaginándome la cara que me pondría Eli si me oyese decir algo así.- ¿Sabes qué carrera vas a tomar cuando te gradúes?
Lo parezca o no, preguntas mundanas de ese tipo son las que te hacen llegar más rápidamente a introducirte en la mente de una persona, al menos en la primera visita. Yo moría de curiosidad por profundizar en él...

Y alejarme todo lo posible de mi propio y engañoso cerebro, que no paraba de bailar al son de un solo nombre.

Jorge, Jorge, Jorge...
 
 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Dom Ago 04, 2013 8:14 am

 La obviedad de la respuesta de esta pregunta tan común en las conversaciones con adultos era desquiciante. Pero no era lo importante para mi. Yo podía ser lo que quería ser, me lo habían enseñado desde muy pequeño y creía firmemente en todo esto. Y yo sabía cuál iba a ser mi carrera. En parte influido por lo que Jason estudió, en parte porque me parecía una carrera apasionante... Además, luego me dejaba en una buena posición social y me acercaba a mi objetivo: ayudar.  

La gente no suele tener tan claras sus metas, y lo sé por haberlo comprobado con mis compañeros, pero a mi me parece todo tan claro... Con una excepción. 

Sé lo que cenaré hoy, y mañana, y pasado. La misma dieta para poder "combatir" el mal. Tengo un horario fijo de clases, y luego por la tarde de horas de estudio, de horas con Daniel, de estar en el hospital. Todo minuciosamente organizado, con tiempo también para descansar un rato, para poder hacer el vago y simplemente dejar la mente en blanco. El problema, de hecho, no está en esto... El problema reside en, ¿cuánto durará todo esto? 

Desde hace meses que parece no haber ningún cambio como respuesta al tratamiento. Eso es algo desesperante, que te saca de tus casillas. Te mantiene a la espera, sabes que en cualquier momento podrá empeorar (y de hecho, sabes que lo hará), pero no sabes cuándo, no sabes cuánto tiempo tienes, no sabes nada... Simplemente te tienes que obligar a seguir la misma rutina, porque si haces planes para salir de este estado de monotonía, te decepcionarás seguro. Cuando creas planes y te emocionas, las cosas suelen decidir ir mal. 

- Todavía falta mucho para ello - me encogí de hombros. Si he de ser sincero, me sorprendí a mi mismo con la respuesta que di. Por otra parte, tampoco es que quería convertir esto en un plan emocionante, porque me daba miedo que se estropee todo. Porque todo se estropearía... Y a nadie nunca le gusta esto, y todos desean que no pase, but the world is not a wish-granting factory.* Por desgracia no lo es... Además, quitándole todo el alcohol a esto, se volvía más deprimente que nunca. 

¿Por qué debía ser todo tan complicado? 

Dejando mis reflexiones sobre lo complicado, lo desgraciado, la vida y el mundo, miré a Adriana, tratando de buscar y captar su mirada. - Cuando eras adolescente... ¿sabías qué harías durante el resto de tu vida? - cuestioné, tratando de parecer lo menos curioso posible... Algo difícil porque me moría por saberlo. Qué gracioso. Literalmente me moría... tal vez no por saber ese dato sobre la vida privada de Adriana, pero en líneas generales, ya tenía una pierna en la tumba.

 Esto no tiene sentido.

FDR: * Pero el mundo no es un fábrica que concede deseos (?) No sé cómo se traduce esta cita... XD Le pertenece a John Green y al libro "The Fault in our Stars" ^^ 
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Miér Ago 07, 2013 1:26 am

Mis labios fueron levemente estirados hacia arriba ante el rebote de mi pregunta. A veces no estaba de más compartir experiencias propias con los pacientes. Les daba confianza para después contarte las suyas.


-          Si tengo que serte sincera, he de decir que sí. Cuando era adolescente ya tenía muy claro como quería que fuese mi vida... tal vez, incluso un poco antes. Siempre me ha gustado planearlo todo con antelación –no pude evitar reírme suavemente de mí misma. Elisa me solía comparar a la señorita Rotenmeyer cuando hacía ese tipo de cosas - A los diez años supe que quería ser psiquiatra. Mi madre había caído en una depresión después de la muerte de mi abuelo, siempre estuvieron muy unidos... Y yo la miraba y no hacía más que preguntarme cómo podría ayudarla, cómo aliviar su dolor. Entonces mi padre me explicó que mamá iría a ver un médico que la curaría, no de ninguna enfermedad que pudiera... verse a simple vista, como de un catarro o un hueso roto... Ese medico curaría algo más intangible. Iba a sanar la tristeza de mi madre... –un suspiro ensoñado interrumpió mi relato, el cual me había llevado casi a la abstracción- Me pareció algo fascinante. El poder... ayudar así a la gente. Yo quería curar todo ese dolor, el que no puede verse, pero sí sentirse. Desde entonces supe qué quería hacer en la vida.

Encogí con ligereza los hombros. Para mí había sido sencillo, a pesar de que para muchos, la idea de elegir una meta no era tarea fácil. No había pasado por alto que Dennis se mostraba un tanto reacio a querer enfrontarse a su futuro... ¿por qué?

-          Luego todo se basó en esforzarme para conseguir lo que quería. Estudié como una loca en el instituto, hice lo mismo durante la carrera y... la verdad es que todo salió como lo había planeado si no fuera porque apareció Jorge. Ese fue el único punto inesperado en mi plan de vida...

Nadie me lo había advertido. ¿Cómo imaginar que una persona, un solo hombre, podría girar mi existencia como un calcetín después de la colada? Todo lo que yo tengo de metódica, él lo tenía de improvisador. Me enseñó que se podía saltar sin red, que a veces valía la pena arriesgarse aunque no supieras lo que iba a pasar.  Que divertirse y saltarse los horarios y las normas está bien... de tanto en tanto, claro.

Fue un detonante, un estallido de vivo y peligroso color en mi vida. Mi nuevo comienzo...

-          Luego tuvimos a Eli, que también fue meticulosamente planeada y... todo fue tal y como esperaba... hasta ahora, supongo –suspiré y mis ojos se clavaron en la libreta, sin ver mucha cosa realmente.

Odio saltarme los planes...


-          Todo cambio tiene un... detonante –le hice saber a mi joven paciente, vistiendo mi voz de frialdad profesional. La que debía usar- ¿Y el tuyo? Algo te impulsó a venir hasta aquí, ¿no es así? ¿Qué hacemos tú y yo hablando, Dennis? ¿Por qué has decidido finalmente que necesitabas una psiquiatra?

Fuese cual fuese la respuesta, la punta de mi bolígrafo descansaba ya sobre el papel y mis ojos, brillando de suspicacia, no se iban a retirar de él hasta que empezara a hablar.
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Miér Ago 07, 2013 10:10 am

Pero yo todavía seguía en su relato. Tener todo tan planeado debía ser estresante, porque ir persiguiendo a unas metas tan precisas requeriría muchísimo trabajo y entrega... ¿Y si sus planes no salían? ¿Qué pasaba entonces? ¿Seguía, simplemente? ¿Como le pasaba a los estudiantes, que el día antes del examen se hacían un horario para poder aprender todo de golpe, para luego ir ajustándolo al tiempo que quedaba y eliminando el tiempo perdido? Sólo que ella no había perdido tiempo, al parecer. 

No podía más que admirar a esta mujer, la verdad. Porque era tan... decidida... Segura de lo que hacía y de lo que quería... Me gustaría que tuviese apenas una gotita de toda la determinación que parecía que ella había tenido a lo largo de su vida y no ser tan flojo en todo. 

Retrocedí hacia sus preguntas. ¿Por qué había ido? 

Yo no necesitaba ayuda, hacía mucho tiempo que lidiaba sólo con mis problemas... Ninguno de los muñecos de mis abuelos habían conseguido ayudarme en nada. Simplemente conseguían sacar mi lado macabro y se la jugaban... Podría no haber venido, simplemente haber decidido que pasaría la tarde con mi hijo. O haciendo cualquier otra cosa. Vamos que, estando a nada de los exámenes finales, por ejemplo, no me quedaban cosas por hacer... 

Pero la decisión había sido fácil. Cuando llamé a Adriana aquel día para concretar una cita y todo el rollo este, había acabado de hablar con Thibault y Clementia por Skype... Habíamos estado comentando la nueva orden de alejamiento y cómo el doctor Santos ni se había presentado al juzgado, mandando sólo a su representante, por temor a que yo le haga algo... ¡Pero sí además de cuerdo era un chaval inofensivo! En mi vida había matado una mosca (y no sólo por no poder pillarlas, que también), o había herido un animal... Esto sí, mi tendencia de asustar a los psiquiatras que no me caen bien, pues, bueno, esto es otra cosa aparte... 
- Theobald, ¿qué vamos a hacer contigo? - se había lamentado Thibault. 
- Nada, abuelo, ¡es lo que os intento decir desde hace años! Estoy perfectamente bien, en serio, estoy feliz, tengo a Daniel y Theodore, y Jason ya está bien - le había contestado. Estaba bien y me sentía bien y... a parte de mister Charles que no dejaba de atacar, todo lo demás me había ido bien hasta aquel entonces, y me seguía yendo bien hasta ahora. 
- Pero te vendrá bien un poco de ayuda, Theo... No queremos que vuelvas a recaer... Sé que te sientes bien y feliz, pero en este aspecto preferimos prevenir que curar... - me había dicho Clementia, con la preocupación reflejada en su rostro, que ni la mala calidad de la webcam había conseguido disimular. - Pero supongo que la decisión es todo tuya... Ya eres mayorcito para que vayamos detrás de ti diciéndote lo que debes o no debes hacer.

Levanté la mirada y la dirigí a la doctora Bertrán. - Lo cierto es que sigo pensando que no necesito ayuda... pero no quiero preocupar a mis abuelos más de lo que ya se preocupan por mi con el... - tuve que cortarme antes de soltar cualquier tontería que sobrase. - Simplemente no soy el mejor nieto, digamos, y me di cuenta de que mis acciones repercuten también en mi familia y ellos son buena gente... No quiero molestarlos más... Al menos no en el tema de la salud y no con lo que está en mis manos... - me encogí de hombros. Esto estaba en mis manos, los tranquilizaba porque creían que me ayudaría, y si los tranquilizaba y les ayudaba, por ejemplo, a dormir mejor y más tranquilos, yo me quedaba más que satisfecho, por mucho tiempo que perdiese en algo que consideraba inútil. 

Lo cierto es que llega un momento en el que ya comienza a darte igual esto y lo único que quieres hacer es no ser una carga adicional, pudiendo llegar a aliviar parte del desastre que causas... Claro que yo no iba a dejar de hacer gilipolleces, vamos, lo que me faltaba... Cuando hago cosas estúpidas y tengo energía para ello, me siento vivo y bien, y aunque sé que cabreo a los jefes una burrada, ellos se sienten también más tranquilos... Pocas veces he dejado de hacer trastadas, y fue en mis peores momentos, y sé que en el momento en el que deje de hacerlas de nuevo, será otro alarma para ellos... No hace falta siquiera mencionar que espero que este momento nunca llegue, claro está... O si lo hace que sea dentro de, como mínimo, cincuenta años o así... O bueno, puede que algo antes, pero espero que no sea en un futuro inmediato... 

- Y además, porque eres la primera psiquiatra a la que no quiero tomarle el pelo... y mucho menos recibir una orden de alejamiento - sonreí divertido por esto. Me gustaba la actitud de Adriana, más allá de su inteligencia, su figura y todo esto. Me gustaba cómo se comportaba, sus reacciones sobre todo, como cuando aquel día en la carrera se entusiasmó con el tema de los "gemelos separados al nacer", porque no me había mirado con aquella cara de fingida lástima que ponían los demás y simplemente había sido ella. Y es que con los demás que se creían doctores no me pasó. Eran unos troncos que te dejaban hablar, o actuar en mi caso, y en ocasiones hasta me parecía que ni me hacían caso... ¡Qué rabia me daba en aquellos momentos! Porque preparar un guión y aprendértelo carrece de sentido cuando no te hacen ni puñetero caso y están en sus mundos... Aburridos de la vida y de lo que hacen, quejicas por todo... Menos mal que ya me lo tomo en serio, y he encontrado a una persona que sabe lo que hace, porque ya se me estaban acabando las ideas sobre qué maldades hacer... Y es que llega un momento en el que has pasado por tantos psiquiatras que no caer en la repetición se vuelve casi imposible... 

FdR: Lo que está en cursiva es la cita de la llamada XD
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Vie Ago 16, 2013 10:44 am

Arqueé una de mis cejas, perpleja, hasta un punto divertida, diría yo. Casi.

No se me permite divertirme en horas de trabajo.
-          Vaya... Pues, gracias... supongo –solté una risilla exasperada, negando con la cabeza- Me lo he de tomar como un cumplido, ¿no es así?
Mordí mi labio inferior en medio de reflexiones ensimismadas hasta que, finalmente, decidí tomar un nuevo apunte en mi libreta.
Niega necesitar apoyo psicológico.
Interesante. Hice virar el bolígrafo entre mis dedos y mi esforcé para que mi voz sonara como un murmullo alentador, justo después de analizar aquellas tres últimas líneas.
-          Así que...no consideras que realmente necesites ayuda... Sin embargo, los demás sí creen que te hace falta. Con esto no quiero decir que no te conozcas a ti mismo, pero... a veces es importante tomar el punto de vista ajeno. Ya sabes, en la distancia se distingue el humo antes de que se pueda ver el fuego.
Una sonrisa amable se acomodó en mi boca mientras observaba al que se había convertido en mi paciente predilecto, al menos, dentro de ese pueblo.
Cuando Iris me recomendó ese sitio para perderme, tuve serias dudas respecto a ir a un lugar tan yermo del bullicio de mi antigua ciudad, tan distinto, sin el calor de la arena ni palmeras que adornasen una costa azul. Ahora vivía rodeada de abetos y césped recién cortado, de asfalto y parques coquetos que nadie conocía.
Realmente, el pueblo hacía honor a su nombre, pero fue al poco de llegar cuando me di cuenta de que perderme no era realmente lo que me proponía. Yo pedía olvidar, cosa distinta y de una dificultad bastante más notoria.
Puedes escapar de todo, pero no puedes huir de ti mismo. Ni de los recuerdos.
Estos últimos los había traído conmigo.
-          Nadie puede ignorar su pasado –musité, con un deje hasta distraído en la punta de la lengua. No supe si me lo estaba recordando a mí misma o a él, pero era aplicable a ambos. Los ojos cálidos de Dennis sobre mí me arrancaron otra sonrisa, una que tenía un punto de ternura- Es más que evidente que has sufrido, Dennis... y sea lo que sea lo que tengas dentro, si no te enfrentas a ello y lo resuelves, llegará un día en que volverá para golpearte. Para atormentarte... Da igual lo feliz que seas hoy, los recuerdos nunca se borran, están ahí, encerrados –señalé mi propia sien, hacia esa masa de piel sangre y huesos que tanto preciaba. Era donde guardaba el secreto de todo, absolutamente de todo. Algo realmente fascinante- A veces dejan una marca de fuego. Puedes intentar olvidarlo y seguir adelante, pero... si algún día ocurre algo que haga de detonante, algo que apriete el gatillo... entonces se te comerán vivo.
Con calma, me recoloqué en mi asiento, rescatando un mechón de cabello que había escapado de mi coleta. A veces uno mismo es incapaz de verse en el espejo tal y como es realmente. Con objetividad, sin capas inconscientes de autoengaños; esos que ocultan desde miedos infantiles hasta fobias fuera de control, sin culpa, sin cargar con el peso de algo que has dejado atrás, algo que nunca ataste como deberías...
-          Quién sabe... –suspiré, encogiéndome los hombros- puede que por eso jamás te hayas llevado bien con tus psiquiatras, ¿no? Ellos intentaban hacerte mirar algo que tú nunca quisiste ver. Así que era más sencillo y, cómo no, terriblemente más divertido atormentarles... –escondí mi sonrisa, esta vez indiscutiblemente divertida, por debajo de mi libreta- ¿Se puede saber que hiciste para que te pusieran una orden de alejamiento?
De acuerdo, he de admitir que esa pregunta no entraba precisamente dentro de las protocolarias...
Pero la curiosidad era demasiada como para callarla.
Realmente, Dennis me estaba divirtiendo.
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Dom Ago 18, 2013 3:55 am

Me rasqué detrás de la cabeza y comencé a tantear las palabras adecuadas con una mueca poco menos que divertida. * Lo cierto es que no sabía cómo contestar a la pregunta de Adriana, porque había dos maneras de abordarla y una de ellas sería más correcta que la otra, obviamente, pero en estos instantes no tengo ni puñetera idea de cuál es la más... idónea, y por cuál camino tirar. 

- Bueno... digamos que... ehm... la pregunta más adecuada sería más bien qué es lo que no hice... - me mordí el labio inferior, tratando de no dejar escapar la carcajada que quería escaparse de mi. Había pasado por unos catorce psiquiatras, quince contando a Adriana, y once de ellos me habían dado esta especie de obsequio... Lo cierto es que nunca había pensado que los abuelos serían tan... resistentes... Digamos que en mi maravilloso mundo, mi ida de psiquiatra en psiquiatra hubiera acabado con el señor Colbert, pero al parecer no todo era como me gustaría... Desventajas de vivir en un mundo material, supongo. 

Lo cierto es que, a pesar de haberme divertido bastante a costa de estos pobres señores y señoras, creo que podría haber hecho mucho más... Pero claro, había que quedarme en el margen, justo antes de que traten de meterme en un reformatorio o algo por el estilo. Aunque creo que si no fuese por mis abuelos y sus abogados, habría acabado en uno antes de siquiera comenzar con los planes... 

- Y supongamos que no es sólo una... sino... ehm... unas cuantas más, una decena, aproximadamente... - me encogí de hombros. - ¿Pero quién las cuenta? - Reí entre dientes. Sí... ¿Quién intentaba contarlas? Desde luego los abuelos no. Seguro que con mirar el gran cajón de documentos y tonterías que me hay en la biblioteca familiar ya les basta para quedar en un estado medio KO para al menos un par de horas. Si es que, con nietos así, ¿para qué tomar analgésicos? 

Lo gracioso es que mi 'expediente' sólo se igualaba al de mi padre, quien también se pasaba de bromista y se clasificaba perfectamente en la etiqueta "rebelde sin causa". Realmente no pueden culparme de nada, son cuestiones de la genética. Pero esto sí, tuvieron la consideración de asegurar que no llegaría a los archivos de mi padre, por si acaso llegaba a encontrar alguna cosa de lo que él había hecho interesante. Tipos listos, ¿para qué mentir? Pero se les pasaba el pequeño detalle de que mi padre ya se había encargado de enseñarme algunos trucos y cosas que él hacía... Hay que perpetuar lo bueno y convertirlo en tradición, ¿verdad? 

- De todos modos, puedo asegurarte, que en ningún momento al entrar en esta preciosa consulta quedarás sorprendida por animales, bichos, plantas carnívoras, agua, fuego, y otras sustancias que pueden llegar a cubrir parte o la enteridad de la superficie... Bueno, al menos puedo prometerte que no será culpa mía - sonreí de oreja a oreja, como si volvía a tener cinco años y tenía que prometer que lo que acababa de hacer no volvería a ocurrir... Con la diferencia de que, cuando tenía cinco años, solía repetir algunas cosas que había hecho, y ahora pues, no tenía ninguna intención de hacerlo.

FdR: * Véase en el vídeo del spoiler, minuto 1:05, más o menos, donde tratan de ver cómo describir lo que ha pasado XD Es que no tengo ni la más mínima idea de cómo describir esta cara XD
Spoiler:
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Mar Sep 03, 2013 9:54 am

Arqueé ambas cejas, sacudiendo luego un tanto la cabeza.

-          Ya... aah... jamás había esperado poder encontrarme con eso en mi consulta. Y la verdad es que es un alivio poder seguir sin preocuparme con ello, gracias –solté una risilla al final de la frase, todavía asombrada.

¿Fuego, animales, plantas carnívoras...? Carai. 

¿Se trataba solo de una sensación mía o ese chico cruzaba los lindares de un comportamiento civilizado cuando se trataba de gastar una simple broma?

Arrugué la nariz en lo que intentaba reprimir una sonrisilla de ternura. A quién me recordará...

-          Ahora entiendo por qué Elisa y tú os lleváis tan bien... Ambos tenéis el misma diabólica definición de lo que es divertido –rodé los ojos, exasperada- Me temo que te va a salir una grata mano derecha en tus bromas pesadas... Mi hija es una experta. Ha sido el azote de sus profesores desde la escuela primaria, y lo que les queda por aguantar, a los pobres.

Eché la espalda hacia atrás, sobre el acolchado de la butaca. Rodé los ojos al rememorar la primera vez que una profesora llamó a casa para juntar la palabra “Elizabeth” y “delincuente” en una misma frase.

-          Recuerdo que cuando apenas tenía diez años recortó la parte trasera del hábito de una de las monjas... la pobre mujer ni se enteró y estuvo todo el día enseñando el culo al alumnado –se me escapó una risa, negando con la cabeza- Hasta a mí me regañaron, preguntándome qué clase de educación cristiana le daba yo a la libertina de mi hija.


De cristiana, he de decir que ninguna. Al ser totalmente atea, la única influencia que esperaba que recibiera de un colegio católico era la rectitud moral y la disciplina; pero a la vista estaba que Elizabeth le había ganado el pulso a esos dos valores. Siempre fue indomable, más cuanto mayores eran los intentos por domesticarla.

-          Y el día de su comunión, cambió el agua bendita de la iglesia por el whiskey que robó del mueble bar de su padre... Creo que fue gracias a eso que se extendió el rumor de que al clérigo le gustaba darse a la bebida entre bautizo y bautizo...


Con razón insistió tanto en seguir el reglamento cristiano. Regalos y bromas pesadas, era lo único que le interesaba. Mi hija ni siquiera era creyente de otro Dios que no fuera el de sus caprichos.

-          Pero el colmo, sin duda, fue el día que se rompió una pierna por estar haciendo el cafre con sus amigos... y cuando su profesora le preguntó qué le había ocurrido, no tuvo mejor idea que decir: “Oh, nada, es que a mi madre no le han gustado mis notas. En la próxima evaluación me esforzaré más, necesito ambos brazos para poder hacer judo ” –bufé, haciendo repiquetear mi bolígrafo contra la libreta, con molestia. Mi sangre se enarbolaba de rabia solo al recordarlo- Imagínate la cara que se me quedó cuando se plantó la policía frente a mi casa acusándome de malos tratos. Estuve a esto –señalé lo cerca que había puesto mi dedo índice de pulgar, enfrente mi nariz- de azotarla pero bien para no tener que desmentir lo dicho por la policía. Me hace la vida imposible –Hice una pausa, frunciendo los labios. Era una chica imposible.

Una sonrisa de tintes dulzones calentó de repente mi pecho, llenándolo de ternura cuando visualicé ese rostro angelical, las ganas que me daban a veces de estrangularla... y siempre de abrazarla. 

Elisa...  


-          Pero no podría vivir sin ella –acabé susurrando, ensoñada- La naturaleza es muy sabia, hace que amemos a nuestra progenie pase lo que pase... Seguramente eso te pase con Dani o lo recordarás de tus padres, ¿no?

Le eché un vistazo suspicaz a mi paciente. Su pasado seguía siendo una puerta cerrada. Me podía asomar a través del cerrojo y fisgar, pero de todo el manojo de llaves, de todas las posibilidades, seguía sin saber con cuál podría abrir.

Era algo que solo Dennis podía decirme.
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Miér Sep 04, 2013 10:31 am

Claro que me acordaba de cómo me trataban mamá y papá... También de los trucos que tenía para manipularlos, algunos bastante semejantes a los que había observado en Elisa aquel día en la cafetería. 

También está Daniel. 

Este niño, igual que hacía Elisa con Adriana, me desespera continuamente, pero no podía culparlo de nada, porque lo hace de una manera tan adorable que no me puedo permitir reñirlo... 

Aunque esto pase continuamente: que si haciendo las compras, cuando él sabe aprovechar a la perfección todos los momentos posibles en los que se le quita la vista de encima para llenar el caro de la compra con chucherías y dulces; que si haciendo batallas dignas de una guerra de verdad por no querer comerse las verduras; por no mencionar que lo de vestirse no es algo que le haga mucha gracia.

Jaj, y los viajes con Dani son peores aún... Entre hacerle la maleta (mientras él la deshace), ir siempre llegando tarde por lo mismo, el estrés de no olvidarte de algo, vamos, la cabeza se te vuelve loca y acabas exhausto. 

Al final, claro, los nervios van más tensos que la cuerda de un violín a punto de romperse, pero el pequeño va, y se queda dormido, o hace algo mono y pues se te olvida... Creo que estoy llegando a la conclusión de que los niños tienen esos poderes mágicos que te hacen olvidar rápidamente. Y los utilizan sobre todo cuando saben que en cualquier instante van a quedar castigados. Al menos esto pasa con mi hijo. Sabe cuando está rozando los límites del castigo y aprovecha para ser encantador. 

- Puede decirse que sí - tuve que admitir. - Es un pequeño e inquieto cabezota mimado que me saca de quicio, pero es tan jodidamente adorable que no hay manera de reprocharle nada... - negué con la cabeza, divertido por la situación, cuando tal vez debería de preocuparme un poco por ello. Si seguía así, iba a malcriarlo, y eso no molaría para nada. 

Supongo que tampoco podría quejarme tanto, porque a pesar de ser alguien desobedeciente (cómo se nota que es hijo mío, ¿verdad?), pues es un niño muy listo, y no sólo por superar la media de palabras de vocabulario que se estima que debería tener a esa edad, y eso me hace sentir bastante orgulloso. 

Y me hace mimarle más. 

Maldita sea, acabaré de verdad convirtiéndolo en un crío malcriado. Hay que comenzar a educarlo bien pero ya. A la próxima travesura que haga, ¡castigado! Como debería ser... Se supone... 

Con lo genial que sería que los niños vengan con un manual de instrucciones... Por no decir que facilitaría mucho la vida de millones y millones de personas... Y como no hay otra manera, yo sería también una de esas personas. Y estaría feliz por estar educando a mi hijo bien, según el manual, y no habría manera de meter la pata en ningún momento. ¡Qué bonito es soñar!
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Lun Sep 09, 2013 3:11 am

Rodé los ojos.

-          Ya... Espero entonces que no te conviertas en el tipo de padre que es mi ex. Tiene la gran habilidad de malcriar a Elizabeth hasta puntos enfermizos –resoplé, mostrando así mi molestia. Luego estaba claro a quién le tocaba ser siempre la mala...- Que yo recuerde, nunca le he oído regañándola. Eli podría quemar la casa y Jorge pensaría que es para lo mejor.
 
Era un problema que siempre habíamos tenido; aquella debilidad insana que le quitaba toda autoridad enfrente a nuestra niña y lo ponía a la altura de poco más que su colega de parrandas. Elisa ponía un puchero, por nimio que fuera, y ya teníamos a Jorge perdiendo litros de babas por su princesita. Habría bajado la  luna y la habría envuelto como regalo si ella se lo hubiera pedido. La idolatraba demasiado.

- ¡Se acabó! ¡Sube a tu cuarto, estás castigada! -elevé el dedo índice hacia las escaleras, a tiempo que Elisa soltaba un sonido de indignación. 

- ¡No es justo! -se rebotó, con los brazos cruzados sobre el pecho.

- ¿Qué no es justo? -repetí, molesta ante el morro que podía gastar una cría de doce años. Adolescentes...- ¡Le has roto un brazo a ese pobre chaval, Eli! 

- ¡Empezó él! -gruñó, apretando los puños en señal de frustración- ¡Le estaba levantando la falda a mis amigas! Y a mí me iba a hacer lo mismo, el muy cerdo...

- Reconócelo, Adri, ese pedazo de zoquete es un pervertido en potencia. Seguro que de mayor robará braguitas usadas a sus vecinas. 

Me giré hacia mi marido, ceja en alza. Lo que me faltaba. 

- ¿Disculpa?

- Agradece a la niña que haya parado a ese monstruito a tiempo -miró a Eli de reojo y una sonrisa incontenible se deslizó por sus labios- Es una heroina. Deberíamos darle un premio.

- Darle un premio por mandar a alguien al hospital... -repetí lentamente, en un susurro incrédulo. Sacudí la cabeza- Sí, gran idea, Jorge. ¿Y qué tal si le damos otro cuando empiece a fumar? 

- Si no querías que me defendiese, no haberme apuntado a judo -apuntaló la pequeña, haciéndose la desentendida.- Además, apenas si voló unos metros...Tuvo mal aterrizaje, eso es todo.

- Encima no era ni aerodinámico, está claro que poco se ha perdido -Mi marido rió entre dientes. Y, cómo no, Elisa se unió a él en cuanto sus miradas se cruzaron, cómplices. 

Entrecerré los ojos, haciendo saltar mi vista severamente, del uno al otro. Si había algo que me enfadara más que el incívico comportamiento de mi hija, era el apoyo que recibía por parte de su padre en ese sentido. 

Así no iba a conseguir otra cosa que convertirla en una delincuente.

Cogí aire profundamente, seria, y en cuanto hube regulado mi temperatura, hice retumbar mi voz con gravedad

- Me da igual lo que te hiciera; no hay nada que justifique un arranque tan violento de tu parte. Vas a llamar a ese chico, te vas a disculpar y luego estarás castigada todo un mes. Sin tele, sin ordenador, sin play y sin quedar con tus amigos. Del colegio a casa, de casa al conservatorio de música y de ahí al gimnasio para que sigas las clases de judo. Eso es todo. 

Eli volvió a resollar y esta vez, su gemido de protesta vino acompañado de una patada contra el suelo. Jorge chasqueó, con disgusto.

- Venga, Adri... Tampoco te pases con la pobre niña, fue autodefensa...

-De eso nada. Fue una agresión -hinqué la vista en su piel morena, quemándole con un exceso de rabia contenida que dejé escapar con un tono de hiel- Ahora ella subirá a su cuarto y tú, por una vez, me vas a apoyar en este asunto. Ya estoy harta de ejercer de madre soltera, ¿entendido? Ahora te toca hacer de padre.

Mi tono no dejó réplica a la vista. Por parte de ninguno. 

Ilusa de mí, llegué a pensar que mi marido por fin se pondría de mi lado. O eso creí hasta que descubrí, una semana después, que Jorge había estado cada noche colándose en el cuarto de Elisa para jugar con ella al Fifa.

Suspiré. Siempre habían sido incorregibles, esos dos. 

-          Los niños necesitan límites. Horarios. Una disciplina. Si no saben organizarse de pequeños, el caos va aumentando a medida que crecen –informé, mientras subrayaba distraídamente algunas palabras de Dennis que me habían parecido claves.- Todo cerebro necesitaba unos patrones de conducta concretos y más cuando, de pequeño, las neuronas espejo imitan todo lo que el niño ve y lo añaden a su aprendizaje por defecto. Por eso se dice que hay que predicar con el ejemplo.

Intercambié el peso de mis piernas, substituyendo el cruzar de una sobre la otra. Alisé mi falda, procurando que no quedara ninguna arruga. Entonces le sonreí.


-          Te puedo ayudar con la parte “no divertida” de criar un hijo si algún día te hace falta –me ofrecí con amabilidad. Tras eso entrecerré mis párpados de una forma milimétrica, mirando a Dennis a través de mis pestañas- Todos los padres quieren a sus hijos con una devoción semejante, pero hay cientos de variantes a la hora de tratarlos... ¿A ti cómo te trataron lo tuyos? –encogí los hombros- No sé... cuéntame, ¿qué tal era tu relación con ellos?
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Re: Calma y tormentas | Adriana.

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Jue Sep 19, 2013 8:32 am

Me reacomodé en mi sitio, apoyándome en el respaldo del diván. 

Era mi postura de indagar en el pasado. Además de que ya estaba cansado de estar sentado de la otra manera. Pronto probablemente me cansaría también de esta pose, pero ya habría tiempo para ello. 

- Siempre fui el hijo único de una pareja que podiá permitírselo todo, por lo que supongo que me mimaron en exceso. Claro que, no me puedo quejar por ello - sonreí de medio lado. ¿Quién se quejaría de ser mimado? Yo desde luego que no, y menos cuando había tenido todos los juguetes que había querido. - Y sus castigos eran castigos de niño pijo, que a mi en aquel entonces me parecían una pesadilla, pero que ahora me parecen ridículos... Ya sabes, castigos del tipo: vas a estar arreglándote la cama una semana entera - cité a uno de los castigos que mi madre solía imponerme. Entre los otros castigos se podrían citar el nada de juguetes nuevos hasta nuevo aviso, nada de tele durante equis tiempo, ayudar a la señora Philips, no salir, etcétera. En definitiva, mis padres no eran para nada serios en los castigos. Sobre todo cuando la señora Alexis Philips (era el ama de llaves o algo así, realmente hacía muchas tareas) se negaba a recibir ayuda mía, calificándola como ayuda del diablo. Algo por lo visto considerado pecado o algo así. Pero eh, que yo no tenía nada que ver con ello, porque el que la líe siempre que me encargase algo para hacer no era para nada algo que pudiese controlar. 

- Señora Joanne, comprendo que quiera castigar al pequeño Theobald, pero no comprendo porque quiere castigarme a mi también - se lamentó Alexis mientras gesticulaba con las manos.

- Mándale a pelar patatas o algo así - respondió mi madre, aparentemente exhausta. - Es eso o mandarlo a una academia militar... Y aunque sea una idea tentadora, será castigar a toda la gente que trabaje ahí, además de a los chavales con los que tendrá que convivir - no supe nunca si en aquel momento me sentí halagado u ofendido, pero tampoco traté de averiguarlo, me había librado de ir a una academia militar por ser cómo era! Y también por ello se habían planteado mandarme a una, pero esto son minucias. 


- Siempre se debe elegir el mal menor - musitó la mujer. Acto seguido me había cogido suavemente del hombro y me había llevado a la cocina. 


En aquella situación tendría unos nueve años, o así, y era poco después de mi pequeña aventura en Egipto. ¡Qué situación más divertida! Bueno, no, a nadie le hizo gracia que tratase de domesticar a un escorpio. Bah, gente que no sabe asumir riesgos. 

Una vez me castigaron sin ir a un viaje familiar que teníamos planeado... Lo cierto es que me lo había merecido bastante. Había sido un cabrón con un chico de mi clase y pues, además de que me expulsen del instituto tuve que despedirme de algunos "privilegios" más... Y fue el último castigo antes de que enfermara. Por eso me acuerdo, claro, porque antes hubo otros castigos semejantes. Y bueno, el último gran castigo que mis padres me impusieron. Recuerdo que me puse furioso por el castigo, pero ahora viéndolo desde otra perspectiva, tal vez me lo mereciera... Y mucho... 

- Supongo que de algo sirvieron estos castigos, al fin y al cabo. Soy una persona medianamente civilizada... - me encogí de hombros, divertido, para luego añadir algo más. - En ocasiones... 

Vale, lo confieso, puede que no tanto. Pero sé comportarme, y esto es algo. Sé tratar a los superiores con respeto, aunque los ponga de los nervios de mil otras maneras y bueno, cosas así. Gracias a Merlín todos mis fallos en el comportamiento se quedan escondidos tras mi adorable y perfecta visión, por no mencionar mi humildad y jodidamente sexy y buen sentido del humor.

 Puede que haya mentido en la frase anterior... Soy más que humilde. 
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Dennis Martin Ingram

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Re: Calma y tormentas | Adriana.

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