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Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

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Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Dom Nov 17, 2013 4:47 am

"Dani" y "enfermo" son dos palabras que nunca deberían de estar en la misma frase. Y sin embargo lo están. Tengo miedo de que le pase algo malo a mi hijo. Me siento mal padre y no puedo dejar de culparme por lo que está pasando. Si no le hubiese dejado aquel helado a lo mejor ahora estaría bien, y sin embargo no. 
Está con fiebre y supongo que le molestará algo porque no deja de llorar. Iba a ir a la farmacia, pero no tengo coche. Al mini se lo llevaron Theo y Jason cuando fueron al aeropuerto hoy a mediodía, el otro está en el taller, lo traerán mañana. No puedo ir con Dani así en la moto, como mucho lo dejaría peor. Por no decir que no tengo casco para él, y tampoco ninguna medida de seguridad. 
Después iba a llamar a alguien, pero me di cuenta que a no ser que llamase a los abuelos, no tenía amigos que supiesen cómo ayudar en una situación así. Y no era una opción muy aconsejable llamar a los jefes. Ellos entrarían en pánico, pero antes, me echarían la bronca de irresponsabilidad. Acabarían sin ayudarme en absoluto. 
Justo estaba entrando yo en pánico, porque ni el paracetamol que le había administrado a Dani ayudaba, ni se me ocurría qué hacer, cuando de repente vislumbré algo: una tarjeta de visita. La había dejado en mi escritorio hace tiempo, en un lugar seguro debajo del cristal, para no perderla. 
Dra. Adriana Bertrán, psiquiatra.
Vale, era doctora, y madre, y seguro que sabría qué hacer cuando algo por el estilo pasaba. ¿No? 
Cambié a Dani de brazo, sin dejar de tratar de tranquilizarlo, mientras cogía el móvil con el otro y marcaba el número. Me lo sabía de memoria, pero aún así consulté la tarjeta.
Con la mano temblando llevé el aparato a mi oreja, escuchando los pitidos, lentos y largos, que indicaban que se estaba estableciendo una conexión. 
Me impacientaban, y el que mi hijo siguiese lloriqueando sin calmarse lo hacía peor. 
Por favor, responde...
- Doctora Bertán, dígame - respondió tras un rato la voz sexy de la mujer.
Por fin.
- Doct... Adriana, necesito tu ayuda - no había tenido tiempo para repasar lo que diría, así que actúe directamente y sin pensar en rodeos. Sin siquiera presentarme. ¿Pero quién se presenta cuando llama por teléfono a las nueve de la noche? Ni que estuviésemos en un mundo en el que la gente necesitase saber con quién habla, ¿verdad? 
Al parecer Adriana sí que necesitaba presentaciones, porque me respondió con silencio. No sé cuánto duró, pero me pareció una eternidad, y justo cuando había decidido seguir hablando, para presentarme y tal, ella hizo lo mismo. - Dennis, ¿te ha pasado algo? - aquello sonó más como un murmullo, pero era suficiente. En respuesta negué con la cabeza, demasiado desesperado como para darme cuenta de que ella no lo vería. - ¿Es ese tu hijo? - se me adelantó de nuevo, sonaba preocupada. 
Antes de cometer el error de gesticular sin responder, comencé a hablar. - No, sí, es Daniel... Tiene fiebre y el paracetamol no ayudó y no tengo coche y no sé qué demonios hacer porque él no deja de llorar y tiene fiebre y no sabía a quién llamar y entonces vi tu tarjeta de visita y pensé que sería lo más prudente y... - me quedé sin aire y sin nada más que decir, no se me ocurría ni una sola palabra más. 
Lo había soltado todo de golpe, con prisa y nerviosismo. Podría decirse que estaba ansioso en exceso, probablemente a causa de la preocupación. ¿Pero quién no lo estaría? Al menos ahora no sabría decir qué persona sería capaz de pensar con la mente calmada en una situación así, aunque eso podía deberse a mi poca práctica y a que Daniel no solía enfermar. 
Maldita sea, ¿por qué le había dado aquel helado? La próxima vez no le daría uno ni loco. 

FdR: * So thou, thyself outgoing in thy noon, 
Unlook'd on diest, unless thou get a son. 
Soneto número VII de Shakespeare, que diría algo así (según la traducción XD):
Así tú, al declinar sin ser mirado, 
si no tienes un hijo, morirás.
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Dom Nov 17, 2013 1:38 pm

Nunca era mala hora para que el teléfono de mi consulta sonara.

 Había aprendido a no ignorarlo jamás, fuese el momento del día que fuese; era indiferente que me pillara duchándome, durmiendo o preparando la cena, tal y como había ocurrido en esa ocasión. Mis  pacientes  no controlaban el horario de una crisis nerviosa, de la necesidad desesperada de socorro o de susurros tranquilizadores...

No se necesitaba tener cita previa para localizarme en ese sentido.  Dennis no era excepción para esta regla, pese a que su petición se escapara de la norma. Entrecerré los labios y los ojos en lo que intentaba encajar de forma lógica  todo ese barullo de palabras expulsadas inconexamente, titubeantes por la angustia.

Lástima que antes de conseguirlo, unos pasos llegados a tropel desde el comedor me distrajeron. Elisa, en el marco de la puerta, exhibía una muestra de angustia que era discordante con sus dulces rasgos salpicados siempre por aquella alegría inconsciente.

-          ¿Dani está enfermo? –jadeó, horrorizada. Pestañeé, sintiendo que el asombro me hacía fruncir el ceño en arrugas de incomprensión.

-          ¿Cómo lo has...?

Sin molestarse a responder, mi hija se apresuró a avanzar por la moqueta de mi despacho, haciéndome un gesto de impaciencia para que atendiese al teléfono. 

-          ¿Conoces a su hijo? –empecé de nuevo, luchando contra la perplejidad. Ella asintió, con sus ojitos dorados chispeando en el ocular.

-          ¿Qué tiene? ¿La fiebre es alta? ¿Vas a llevarle al médico? ¿Quieres qué...?

-          Está bien, está bien –levanté la mano en señal apaciguador, intentando establecer un orden- Calma. Los dos –remarqué esta vez hacia el inalámbrico, usando la misma cadencia firme y a la vez tierna que empleaba con los pacientes que me perdían los estribos.

Tomé aire en  profundidad, me pellizqué el puente nasal. Y mi primera asociación de ideas hizo que  abalanzase el brazo hacia un bolígrafo, que apoyara este en una de las hojas en blanco que había rescatado de las  perfectamente ordenadas en un montoncito del cajón izquierdo y garabateara con prisas. 

-          Dime tu dirección. Llegaré tan rápido como pueda –afirmé.

Había un chiquillo solo y asustado que me necesitaba. Dos chiquillos solos que me necesitaban. Dennis era solo un pobre niño, al fin y al cabo... un chico inexperto con una vida en sus manos, una responsabilidad que sobrepasaba en mucho su nivel de madurez.

Nadie debería pasar por eso solo.

-          Te quiero en la cama antes de las once –apunté con severidad, mientras anudaba a toda prisa mi chaquetón a la cintura.

Avancé por el pasillo con un taconeo firme que me llevó donde estaban las llaves; mi niña me seguía de cerca, a base de pasitos impacientes. Guardé el papel con la dirección de Dennis en el bolsillo interior del abrigo; el llavero en otro.

-          En Gran Canaria serían las diez –protestó. Rodé los ojos.

-          Ya no estamos en Gran Canaria.

-          Pero yo sigo con Jet Lag –encogió los hombros, felizmente indiferente. Sonreí de medio lado- ¿De verdad no puedo venir?


-          No.

-          ¿Por qué no? –protestó, inflando los carrillos en uno de sus ataques de infantilismo- ¡Yo quiero ver al mequetrefe febril!


-          Y yo quiero ocuparme de él. Lo que menos necesito es tener que hacerlo también contigo –finalicé la discusión sin admitir protesta posible por su parte y, con ternura, deslicé los labios por su pelo de seda. Sonreí- Además, te conozco. No tienes paciencia para soportar los llantos de un bebé. Y no queremos que el hijo de tu amigo salga volando por la ventana, ¿verdad?


Ella rio, dichosa.

-          No, la última vez que lo vi no tenía pinta de ser aerodinámico –sentenció. Roté los ojos.

-          En ese caso, estará más seguro sin ti.

Elizabeth me concedió la razón con una sonrisa traviesa con la que se despidió de mí.
 
El motor de mi coche al arrancar me acompañó por más de media hora de ronroneo solitario. Seguí las instrucciones del GPS hasta que me atrajo a las afueras de Valle Perdido, torciendo una angosta curva a la derecha. No hizo falta más avance en la noche cuando esa mansión, esplendorosa como un faro en la oscuridad, se construyó en medio de mi camino.

Durante un instante, mi mandíbula batiente me hizo pensar en haberme confundido. Al siguiente, recordé los relatos de Dennis sobre lo ricos que eran sus padres y me apeé del coche, calculando el volumen de la susodicha fortuna que habría heredado.

Carambas con el niño rico...
 
Me habría entretenido más tiempo estudiando la infraestructura de aquella portentosa casa, analizando sus detalles, pero no había tiempo para banalidades. Con pisar de tacón decidido, me encaminé hacia la entrada y mi  dedo corrió a presionar el timbre, sintiendo la ansiedad creciente contra el raspar de unas cuerdas vocales que aclaré.

En cuanto la puerta se abrió, expulsé la pregunta urgente que quemaba en mis labios.

-          ¿Cómo está el bebé?
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Lun Nov 18, 2013 4:17 am

Había dejado el teléfono de nuevo en mi bolsillo. Sabía que el camino hacia la casa no era precisamente corto, pero tenía que esperar. Mientras tanto hablaba con el pequeño tornado. 
- Calma, pequeño, por favor... - le supliqué, pasando mi mano por su carita, secándole las lágrimas. Pero él seguía llorando, y seguían cayendo lágrimas. Tenía la cara de un color rosado, como si hubiese estado corriendo, pero por desgracia no era debido a esto, sino a la fiebre y a su lloro. - ¿Te lavamos esa cara tan bonita y dejas de llorar? - pero él no me respondió de ninguna manera, sino que siguió con su llanto, metiendo su pulgar en la boca y succionándolo. 
Este era un hábito que no había podido quitarle. Podía dejarle sin chupetes, pero no podía cortarle el dedo, así que, era algo un poco fuera de mi control. 
- ¿Quieres una galleta? Papá ha comprado de estas que tanto te gustan, con forma de ositos - le decía mientras lo llevaba hacia el baño de mi habitación. Era el más cercano. 
El chico negó con la cabeza. 
- ¿Y chocolatina? - pregunté de nuevo. Sabía los gustos de mi hijo, y él, como todo niño pequeño, se derretía por los dulces y el chocolate. - Vaaale - suspiré. - ¿Y quieres que te cuente algún cuento? - estaba ya casi suplicando, simplemente tenía que encontrar la manera de distraerlo mientras llegaba Adriana, quien sabría más que yo sobre qué hacer. 
Por favor, que sea pronto.
Para mi sorpresa, Dani asintió. Casi iba a saltar de la alegría que me dio, pero lo pensé mejor y me mantuve estable. Abrí la puerta con tranquilidad y entramos en el baño. Dejé que el pequeño se siente en el lavamanos. 
- Así que, leeremos un cuento, pero primero tenemos que lavarte la cara, pequeñajo - pasé la mano por su cabello, alarmándome. El bebé estaba ardiendo. Esperaba que no le hubiese subido la temperatura, aunque al llorar puede que hubiese pasado exactamente esto. 
Abrí el grifo y con suavidad le lavé la cara a mi hijo. Luego, de la misma manera la sequé. Mientras tanto le hablaba sobre el cuento que íbamos a leer. Aunque seguía lloriqueando, ahora parecía estar calmándose. 
Subimos a su cuarto y escogimos el cuento que él señaló, pero como le conocía cogí algunos más, por si acaso. Entonces bajamos y nos sentamos en el sofá. Lo dejé apoyar su cabeza sobre mi pecho, sabía que esto tranquilizaba a los niños, aunque no sabía hasta qué edad pasaba. 
Por algún motivo que no conocía, Dani fue tranquilizándose. Pero aún así la fiebre apenas disminuía, la comprobaba cada cinco minutos y seguía casi igual a la que tenía cuando le administré la medicación. 
En un momento, durante la espera, decidimos... decidí, prepararle un poco de zumo de manzana, su favorito. Había leído que para prevenir la deshidratación, debían consumir líquidos, vamos, igual que los adultos sólo que en cantidades más reducidas. Y aunque Dani en un principio se había negado, al final conseguí que bebiese un poco de su taza. 
Cuando estábamos acabando el cuento y el niño se estaba quedando dormido, por fin llegó Adriana. El sonido del timbre sobresaltó al pequeño, por lo que tuve que comenzar a tranquilizarlo de inmediato, para que no se convirtiese en un llanto como el de antes. 
- Shh, pequeño príncipe, no pasa nada, sólo es el timbre, no llores - le besé la cabecita rubia. - Venga, vamos a ver quién es - me levanté, todavía sosteniéndolo en brazos. Me daba miedo dejarlo por un segundo siquiera, no podía dejar de vigilarlo. Sentía que si lo dejaba, algo pasaría y no podría remediarlo, y eso me acojonaba hasta un punto probablemente exagerado. 
Al abrir la puerta y ver que era, en efecto, Adriana, fue tranquilizante. 
¿Cómo está el bebé? -preguntó esta, directa. 
- Sigue con la fiebre alta, pero ya al menos no llora - me giré de medio lado, invitándola a pasar al interior, mientras Dani se abrazaba a mi con cierta fuerza. Esto era raro, porque era un chico muy sociable, algo en lo que se parecía mucho a mi, y por ello siempre se mostraba feliz de ver a la gente y de entablar sus conversaciones de bebé con todo el mundo. - Hey, sé un macho, pequeño, y no te asustes - le sonreí, intentando buscarle la mirada. - Ésta es Adriana, una de las mujeres más bonitas de todo el mundo, y es muy simpática y desde luego no muerde - le peiné un poco con la mano. ¿Qué le pasaba a mi pequeño? 
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Mar Nov 19, 2013 1:12 pm

Negué, con el cuello tenso y la vista como alambre sobre esa pequeña bolita rubia y desconsolada que, prieta contra la camisa de su padre, -hecha un auténtico desastre, por cierto- parecía intentar fundirse en el blanco, a pesar de lo desconsoladamente roja que tenía la piel.

Me mordí el labio, creciendo en angustia. 

Traía la mente clara, aunque tuviera el pecho comprimido. Sabía bien lo que tenía que hacer, así que,  a pesar de los nervios acumulados en todo el viaje, tomé aire, reordené ideas y forcé a que mi voz saliera modulada, en un susurro comprensivo hacia el pequeño.

-          Y ese es tu padre, Dani, un auténtico zalamero con las mujeres –bromeé, llena de cariñosa suavidad. Me incliné hacia él- Aunque sí tiene razón en que no he venido a morder, solo a cuidarte. Déjame verte, tesoro.

Toqué sus rizos empapados, hasta llegar a la frente cubierta por la palma de mi mano. La descubrí caliente, demasiado caliente.

-          ¿Cuánto rato hace que le ha venido esta fiebre? –quise saber, con los ojos entrecerrados clínicamente.

-          Hoy cuando llegué a casa estaba bien, dejé en su habitación durante media hora mientras preparaba la merienda, se la subí y estuvimos jugando y... Alrededor de las siete, siete y media –casi podía seguir la línea de pensamiento dibujaba en la frente de ese ensimismado jovencito, que trataba hacer esfuerzos por recordar punto a punto todo lo que había hecho, como quien reconstruye la escena de un crimen.

Menos mal que no soy médico forense.


Asentí, concentrada.

-          ¿Sabes la causa? ¿De qué puede haber venido?


-          Le...le di algo de helado después de la comida. Creo que puede ser por eso –titubeó Dennis. Observamos al niño con la misma preocupación, él quizás sumándole un punto de culpabilidad innecesaria a toda la carga emocional.

Casi me da por reír.

Padres primerizos...


-          No debes preocuparte, pueden ser muchas cosas. Si fuese el helado lo más lógico es que su garganta también estuviera algo irritada –le tranquilicé, frotando su brazo con ternura.- Has hecho un buen trabajo en lo que yo llegaba, te lo aseguro.


Padre primerizos... y adolescentes...


Jamás había existido combinación más nefasta. Solo podía ser peor sumándole el nombre de Jorge a la ecuación.

-          ¿Qué paso después?

-          A las tres me fui a la oficina con Jason y Theodore, dejé al chavalote con su niñera y... volví hacia las cinco y media.

-          Ya...

Me pellizqué por unos momentos el puente de la nariz, durante el tiempo que necesite en colocar las piezas del puzzle. Según recordaba, había asegurado darle medicinas y estas no habían funcionado. No podríamos recurrir a eso sin correr el riesgo de una sobredosis dentro de un cuerpo tan pequeño y empeorarlo todo considerablemente. Gustase o no habría que resolverlo por otras vías más... tradicionales.

-          Ven –susurré, empavesando el aire de dulzura.

Tomé en mis manos el pequeño y caliente cuerpecito, de la forma más delicada que sabía; lo apreté contra mí y besé el ardor de su frente con entrega. Pobrecito mío...

-          Tranquilo, todo va bien... –musité a su oído. Miré a su padre unos  segundos y me encargué de aguantar el peso del niño con un solo brazo. El otro se ocupó unos segundos de arreglarle un tanto la corbata, fue inevitable- ¿Qué tal si me traes un termómetro? ¡Oh! Y una toalla, una palangana con agua y algo de hielo, por favor.


Las instrucciones, metódicas, fueron expulsadas con toda la calma que quería que ambos sintieran... y a pesar de todo, ver al pequeño Dani en ese estado enarbolaba en secreto mis constantes  y oprimía mi nuez. Odiaba ver a niños sufriendo.

Y en especial uno tan adorable que hasta tenía loca a la todoterreno de mi hija...
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Vie Dic 27, 2013 10:47 am

Movimientos automáticos e impulsivos. Esto era lo que me definía en estos instantes. Sobre todo porque me aplicaba a seguir las instrucciones de Adriana, las cuales ya habían quedado grabadas a fuego en mi mente. 

Grabadas pero no comprendidas, porque en el momento en el que encontré el termómetro y lo dejé sobre la encimera de la cocina para ponerme a buscar la siguiente cosa que me había pedido... ¡Sorpresa! No tenía ni puñetera idea de lo que era. 

A lo mejor podría haber intuido que se trataba de algo para almacenar agua, pero mi mente no funcionaba en esos precisos instantes y había que hacer el ridículo y preguntar. 

Sí, mejor preguntar antes de hacer cualquier tontería. 

- Ehm... Adriana... - titubeé con la voz suave. - ¿Qué es exactamente una palan... gana... una palan-gana? - casi que tartamudeé la palabra, porque por alguna razón no me salió a la primera. Pero es que es una palabra rara, ¿no es así? 

Palangana. Pa-lan-ga-na. Palangana.

Suena como algo sin sentido. Claro que lo tendría, al menos a juzgar por la expresión de diversión que puso Adriana al escuchar la pregunta, pero... Sí, me suena a chino. 

- Un barreño con agua - me respondió, y entonces todo cobró sentido. - Y procura que esté bastante fría - asentí con la cabeza y volví a mi tarea de cumplir con las órdenes. 

Mi problema era no dar un palo al agua durante las tareas de limpieza de la casa: siempre acababa sin saber dónde mierdas estaba cada cosa. Cabe destacar que lo único que conozco como nada es el armario de las medicinas... por razones obvias. Y luego ya podría apañármelas para encontrar un plato y un tenedor, si acaso llegaba a ser necesario. No solía serlo, obviamente. 

Al menos se me daba bien la técnica ensayo-error, y podía ir abriendo y cerrando los cajones y las puertas de los armarios, para ver si había algo que se asemejase a un barreño, o como Adri lo llamaba: una palangana. 

Con cada puerta abierta iba más rápido - y mira que no eran muchas, al menos no en comparación con la cocina de la casa de los jefes, - y más alarmado. ¿Y si no encontraba ese objeto tan requerido en estos instantes? Se montaría un drama. Perdón, montaría, yo, un drama. Es imposible que no haya ni siquiera uno en toda la casa, ¿no? 

El caso es que ya me estaba desesperando: me quedaban cuatro puertas por comprobar y ya no sabía qué haría si no encontraba uno. Mi imaginación estaba totalmente fuera de combate. Tan alejada que parecía la cobertura de mi móvil encima del Himalaya. No es que hubiese estado ahí, claro, todavía no he tenido la oportunidad, pero tengo entendido que es mala. Eso, inexistente en estos momentos. 

Inspiré y con movimiento drástico y ojos entrecerrados - contribuyamos a lo de "situación dramática", - abrí el armario. El suspiro de alivio fue algo que no pude controlar. Ahí, debajo de un montón de cosas había algo que serviría, ahí estaba el objeto de mi búsqueda.

Me pondría a cantar "Aleluya", si no fuese porque el momento no era el adecuado. 

Me agaché y tiré del barreño. La avalancha de todo lo que había por encima de éste me tumbó al suelo e hizo un ruido estrepitoso. No me había fijado que según las leyes físicas establecidas en este mundo esto era imposible de hacer.

Tampoco, así como dato, me había percatado de que algunos objetos eran de metal. Y no es que esto último fuese tan importante, simplemente era un factor que armaba más alboroto todavía. 

Justo cuando la última cosa dejó de tambalearse, y por consiguiente, de hacer ruido, escuché el taconeo a toda prisa de Adriana, como si estuviese corriendo, y las preguntas disparadas mientras estos pasos se escuchaban cada vez más cercanos. - ¿Qué ha ocurrido? ¿Te encuentras bien? 

- Eh, sí, sí... Encontré un barreño - levanté la mano, con la cual todavía lo sostenía, y eché a reír. Me sentía francamente como un patoso estúpido. Aproveché el momento para ir comenzando a incorporarme. - Y algunas cosas más, que dudo que sirvan, pero al menos ya sabemos dónde están - mi risa era incontrolable, de esas que te entran en mitad de una cosa importante y no puedes contenerlas, porque estás tenso y nervioso y simplemente es el brote de salvajismo que necesitas para liberarte y relajarte. 

- Ejem... Perdón. Es... Soy a veces un poco... torpe - tenía que disculparme por alarmarla. No sé si me tomaría en serio, porque casi que seguía descojonándome por lo incómodo que me sentía por la tontería y el follón que acababa de montar, y sobre todo por las carcajadas incontrolables que habían seguido a esto, pero lo decía en serio... A pesar de la apariencia. 

Definitivamente, dudo que hubiese alguien más patoso que yo, en estos instantes, en el mundo entero.  
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Adriana Bertrán Costa el Vie Feb 07, 2014 1:57 am

Profundicé en todo el desastre de la cocina en un solo vistazo atónito,  que luego trasladé al muchacho. ¿Pero qué...?

 Si no tuviese tan presente que ese pequeñín que tenía en brazos necesitaba cuidados con prontitud, habría sido incapaz de ignorar esa sensación que me corroía el interior. Una que me animaba a dejarlo todo en su correspondiente lugar.

Menudo desastre de cocina...


Había trastos desparramados por doquier, cosa que hacía peligrar en mucho mi capacidad de concentración. El caos es odioso y... caótico.

 Me mordí el labio inferior, observando al chiquitín enrojecido que había entre mis brazos. Luego me aseguré, en un rápido escáner, de que su magullado padre estuviese verdaderamente entero.

-          Descuida. Si te vas a quedar más tranquilo, luego te puedo hacer unas pruebas psicomotrices  –sonreí de medio lado, soltando una risilla ante su gesto aturullado- Comprobaremos qué tal andas de reflejos, ¿hm? Pero por el momento, tú llévanos hasta donde esté el lavabo. Y no te dejes lo que te he pedido.


Sonreí con triste ternura al enredar los dedos en unos bucles del querubín siempre tembloroso, compungido sobre mi pecho. Era tan adorable...

-          Tranquilo, tranquilo... Verás como pronto te pones bien, ¿hm? Vamos a refrescarte –apliqué un beso de adoración en sus cabellos y alcé la mirada hacia su padre, antes de hacerle un gesto para que abriera camino.

Seguí a Dennis a través de la inmensidad de su mansión, hundida en un espectral silencio solo roto por  el taconeo de mis pies hasta las baldosas de un lujoso baño.  El chaval fue eficazmente obediente cuando le pedí por favor que llenara el recipiente que habíamos rescatado con el agua más fría que lograra conseguir.

Lo observé atentamente mientras ignoraba el murmullo del agua al caer;  era difícilmente evitable que mi instinto seleccionara sus impulsos cerebrales con tal de clasificar la naturaleza comportamiento. El ser humano era un puzle tan interesante...

-          Te noto nervioso -afirmé, suave- ¿Dani nunca había enfermado así antes?
 
-          Sí, sí... Pero... Tenía coche... Y había gente en casa...


 Demasiada responsabilidad para uno solo, ¿verdad? Y más siendo así de  joven...


-          Bueno... ahora estoy  yo. Todo va a ir bien, ¿de acuerdo? Puedes respirar –susurré, sonriendo de medio lado, dulce- Te prometo que mejorará... aunque para eso, la situación tenga que ir un poco a peor ahora.


Miré la palangana, a rebosar de agua en su formato líquido y sólido. Mi hastío se convirtió en un suspiro mientras observa los cubitos de hielo flotar en su superficie. 

-          Me temo que a Dani no le va a hacer ninguna gracia esto –me lamenté. Arqueé una ceja en dirección al padre- ¿Es dado a los baños?


-          La verdad es que le encantan.

Puse un mohín y toqué esa frente empapada de sudor cálido.  Dudaba que ese contraste fuese bien acogido por nadie.

Intenté sonreír.


-          Esperemos que sea cierto. 
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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

Mensaje por Dennis Martin Ingram el Lun Feb 10, 2014 2:30 am

- ¿Te vienes con papá, pequeño? - sonreí a mi hijo extendiendo las manos. Dudaba que aceptase que Adri le sumerja en el agua helada que habíamos preparado. 

Conociéndolo, podría tratar de montar una rabieta al darse cuenta de que el agua no era de su agrado, por mucho que adorase los baños. 

Cuando la pequeña bola rosa levantó las manos en mi dirección, le sonreí más todavía y lo cogí. 

- ¿Quieres bañarte? - le pregunté, con la máxima tranquilidad posible. - Venga, como en la piscina - le acaricié la cabecita rubia, con suavidad. - Y si lo haces bien, te prometo que el fin de semana iremos a ver a los abuelitos… Y podrás jugar con Darcy… 

En los manuales y libros que había leído sobre niños, no pocos, por cierto, decían que había que convencer a los niños con cosas a corto plazo. Si montaban, por ejemplo, una rabieta, no habría que castigarlos de por vida, sino por ejemplo, a la tarde no salir, o al día siguiente no hacer no sé qué cosa. Así los castigos serían útiles. 

Acaricié la frente de mi hijo, esperando su respuesta. Parecía algo inseguro, y desde luego no parecía su anhelo el meterse en el barreño. 

- Venga, porfa, puede que no sea lo más divertido, pero te aseguro que si lo haces serás el campeón de papá, ¿no quieres ser un campeón? - me apretaba en el pecho el intentar convencerlo a aceptar meterse en este agua, pero sabía que iría a peor si no lo hacía. Era un mal para erradicar a otro mal. 

Mientras le había estado convenciendo, aparte de olvidarme por completo de la presencia de Adri, había aprovechado para quitarle los calcetines y el pijama, dejándolo en ropa interior. 

No esperé a que Dani me diga si quería entrar o no, simplemente lo levanté y dejé que sus pies rocen la superficie del agua. No debió ser nada agradable, porque los apartó rápidamente. 

- A-así no saldrá - miré hacia Adriana. - Espera... Tengo una idea… - ni siquiera le había dejado tiempo para responderme cuando cogí a Dani con una sola mano, con la finalidad de dejar libre a la otra para poder meterla en el barreño. 

Siempre que iba a la piscina de pequeño hacía esto, me mojaba poco a poco para adaptar la temperatura de mi cuerpo al agua y así luego no tener problemas de este tipo. 


- Vamos, poco a poco, pequeño - le sonreí al pequeño príncipe, sacando mi mano del agua y mojando sus diminutas piernas primero. El niño se arrimó a mi, chupándose el pulgar. No debía de parecerle lo más agradable, aunque creo que comprendía la situación y no lloraba… ¿O estaba demasiado cansado como para llorar como lo hacía antes?

Seguí hablándole bajito mientras continuaba con mi tarea. Su pequeño cuerpecito quemaba, y esto me impulsaba a no dejar de mojarle, para ir poco a poco adaptándolo para sumergirlo en el agua frío y eliminar la fiebre. 

- Muchas gracias por venir - me dirigí hacia Adriana, percatándome de no haberlo dicho hasta el momento. Ella había venido corriendo de casa para ayudarme, y no la pillaba precisamente cerca. 

Ella sonrió, con esa suavidad suya tan delicada y encantadora, la misma que me tiene loco casi desde el día en el que la conocí, y murmuró: 

- No me las des. Es lo que cualquier adulto con sentido de la responsabilidad haría.

A lo que esbocé una sonrisa mientras negaba con la cabeza. 

- Lo cierto es que dudo mucho que sea así - no había muchos "adultos con sentido de la responsabilidad" que aceptasen ayudar. Era triste pero cierto. 

Igual no había llamado a mucha gente, de hecho, sólo a Adri, pero conocía bien a los adultos de mi agenda y muy pocos serían capaces no sólo de ayudar, sino de venir a hacerlo. 

La manera de la que rodó los ojos me hizo bastante gracia, sacándome una sonrisa más amplia. - Al menos lo haría cualquiera que te conociese - ¿soy yo o me estaba sacando los colores? Supongo que si no fuese por el pequeño que estaba temblando en mis manos habría hecho cualquier broma al respecto. - Sabes cómo ganarte rápido el afecto de la gente - oh, y puso esa sonrisa tan suya... 

Estaba seguro de que mi cara estaba algo más sonrojada que antes. - Ehm... gracias - sonreí, tímido. Por primera vez en años, probablemente. No solía mostrarme así nunca. Así que me aclaré la garganta y dije: - Creo que ya estará bien meterlo en el agua - cambié de tema, centrándome de nuevo en el pequeño. - ¿Estás listo? No será lo más divertido del mundo, pero es necesario - le susurré, cogiéndolo con cuidado y esta vez sumergiéndolo de golpe en el agua, salpicando un poco. 

Pero esta vez Dani sí que se echó a llorar, tratando de salir del agua. 

- Sht, calma, Dan... Por favor... Sé que no te gusta, pero... es necesario - sabía que no atendía a lo que le decía y que simplemente se sentía mal, sabía cómo era sentirse mal y que te obligasen a hacer algo que te hacía sentir peor. Y me dolía ver a mi pequeño así, pero me dolería más si le pasase algo más grave y no pudiese solucionarse. Así que le acaricié la cabecita rubia, tratando de tranquilizarlo. - Ya pasará, ya pasará... Tranquilo pequeño campeón - pero claro que no se calmaría con las palabras. Lo que quería era salir del agua que le producía más malestar y le hacía sentirse peor en estos momentos, porque era tan pequeño y frágil que no podría saber que pronto acabaría y se pondría bueno... 
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Dennis Martin Ingram

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Re: Unlook'd on diest, unless thou get a son * [Adriana]

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